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Carolina Poncet y de Cárdenas
UNA MUJER EN LAS LIDES DEL PENSAMIENTO

Josefina Ortega
| La Habana

Una mañana de febrero de 1915 una joven acudía presurosa a la Facultad de Pedagogía de la Universidad de La Habana. Iba al encuentro con un adusto tribunal examinador.

Intentaba ganarse una plaza en dicha facultad por el tradicional método de oposición. Era la única dama del grupo de pretendientes, y llevaba un curriculum envidiable para cualquiera de los aspirantes a la cátedra.

Sin embargo, a pesar de una brillante defensa la mejor de todas, según se afirma no le fue otorgado el puesto en la casa de altos estudios.

En los corrillos universitarios se comentó que la negativa tenía que ver con la resistencia de gran parte de los maduros académicos de la audiencia a aceptar una persona joven, pero dado el historial sobresaliente que poseía la candidata, se especuló que la razón era otra, tan sencilla como la primera: la impedimenta era por ser mujer.

La destacada concursante se llamaba Carolina Poncet y de Cárdenas, y tenía 36 años.

La actitud retrógrada del tribunal provocó un debate universitario. Al siguiente día la polémica cobraba alcance nacional, en el que participaba incluso el reaccionario Diario de la Marina.

En su edición del día 16 de febrero apareció una nota que declaraba... “si no hay modo de oponer a la señorita Poncet un aspirante con brío para derrotarla, vale rendirse a la evidencia y darle el puesto con todos los honores”.

Por su parte, el diario La Prensa consideraba que era Carolina...“joven que honra a su país, por su general cultura y los vastísimos conocimientos que posee en materia pedagógica”.

Días después la propia Carolina Poncet terciaba en la polémica, con una declaración terminante y demoledora, que daba fin al conflicto: “Tengo el honor de de comunicarle que habiendo obtenido por oposición la cátedra de Gramática, Composición, Elocución, Literatura Española y Cubana, de la Escuela Normal para Maestros de La Habana, y alcanzado el honor de ser elegida por mis compañeros de claustro como directora de este establecimiento, he resuelto renunciar a mi calidad de opositor a la cátedra de profesor auxiliar de la Escuela de Pedagogía de la Universidad de La Habana.”

¿Quién era aquella mujer que denotaba tan fuerte personalidad, irradiaba tanto respeto y mostraba tanta sapiencia? Había nacido en Guanabacoa el 13 de agosto de 1879 y comenzó su vida laboral como maestra, con 18 años, en la Escuela para Niñas # 12 de La Habana.

En su libro Florilegios de Escritoras Cubanas, el investigador Antonio González Corquejo escribiría sobre tan destacada personalidad... “se llega a la conclusión halagadora de que es la señorita Poncet uno de los más brillantes exponentes de la capacidad de la mujer cubana para las lides del pensamiento”.       

Una rápida ojeada a su hoja de servicios da a conocer que en 1903 en calidad de “Mejor Maestra del País”— viajó a la Universidad de Harvard en EE.UU., para recibir un curso de Pedagogía. Por la fecha la joven usaba sus propios manuales en las clases que impartía, y de tal manera tuvo frutos, que en 1905 la Junta de Superintendentes aprobaba su volumen Lecciones de Lenguaje, como texto oficial en las escuelas públicas cubanas.

En 1910 obtenía el primer lugar en un concurso auspiciado por el Colegio de Abogados de La Habana con un trabajo titulado Biografía de Joaquín Lorenzo Luaces.

En 1913, con su tesis de doctorado El Romance en Cuba obtenía un premio en el certamen de la Academia Nacional de las Artes y Letras.

En un viaje a España conoció al lingüista Menéndez Pidal, en quien reconocía a una de las personalidades más destacadas en el conocimiento del la lengua española.

Carolina Poncet durante muchos años miembro de de la Sociedad Amigo de la Biblioteca Cubana, impulsó el estudio y las representaciones del teatro —español fundamentalmente—, y en 1931 dicta una conferencia magistral sobre la Condesa de Merlín, que Mirtha Aguirre publicaría íntegramente cinco décadas después.

Ese mismo año era separada de su cargo en la “Escuela Normal” por funcionarios de la tiranía de Machado. Cuatro años más tarde participa en la huelga de marzo del 35, por lo que vuelve a perder el empleo.

Fue una de las primeras personalidades en estudiar el universo folklórico cubano, a partir investigaciones sobre el romance, un género de origen hispánico que tenía en América y en Cuba sus propias vertientes.

Gracias a sus indagaciones sobre Romancerillos de Entrepeñas y Villar de los Pisones —entre otros—, muchas niñas cubanas cantan hoy el conocido… mambrú se fue a la guerra.

Designada como miembro de la Academia Cubana de la Lengua membresía ratificada por la Real Academia de la Lengua mostró una pasión por la cultura cubana durante toda su vida.

De ella diría Mirtha Aguirre: “…era, no obstante, contradictoria. Librepensadora hasta los 50 años, a partir de entonces comenzó a derivar lentamente hacia el catolicismo, hasta terminar en ferviente religiosa (…) aunque nunca tuvo ideas de izquierda, sino más bien conservadoras, (…) libró batallas pedagógicas encaminadas al establecimiento de una política educacional revolucionaria”.

En 1969 moría en Marianao, Carolina Poncet y de Cárdenas.
 

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