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III Feria Titiritera en el
Guiñol
Zoila Sablón
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La Habana
Tres años se
cumplieron ya desde la primera vez en que Armando
Morales y el Teatro Nacional de Guiñol decidieran
celebrar un encuentro de espectáculos unipersonales con
títeres.
En medio de un
panorama pleno de eventos, esta convocatoria se insertó
de manera definitiva en la temporada “Julio Teatro
Agosto, otra estación del verano”, organizada por el
Consejo Nacional de las Artes Escénicas.
A raíz de una
evidente proliferación de espectáculos unipersonales
durante la década del 90
1,
más visible en el teatro para niños y jóvenes, y con la
llegada a la dirección del Guiñol Nacional de Armando,
uno de los más activos y experimentados maestros del
teatro de muñecos en Cuba, era lógico, pues, que una de
las acciones para recuperar la actividad del Teatro
Nacional de Guiñol como centro de referencia histórico y
del presente titiritero, fuera un encuentro de este
tipo.
Estimulante por su
llamado a todos los titiriteros del país y por tratarse
de un concurso, la Feria Titiritera, celebrada siempre
alrededor de los días feriados de julio, conformó su
programación de este año con la asistencia de los grupos
Teatro Caballito Blanco y la pieza Lo necesario para
un cuento (Pinar del Río), la Compañía de Marionetas
“Hilos Mágicos” con Los sueños de Beatriz
(Juglaresca Habana, CH), Teatro Callejero Andante y el
espectáculo El mago y el payaso (Granma), Teatro
Dramático Guantánamo con la obra Amor con amor se
paga y My Clown y el montaje de Aventuras del
Cangrejito Eusebio (Cienfuegos).
El jurado, compuesto
por Freddy Artiles, presidente, Ricardo Garalt y Maité
Hernández-Lorenzo, debía compartir sus discusiones entre
esa muestra escénica y una zona teórica que incluye
trabajos investigativos, críticas, reseñas, comentarios
de opinión, reportajes, etc. Por un lado, el Premio
Pelusín otorgado a la mejor interpretación, y por otro,
el Premio Guiñol, para el mejor texto teórico sobre el
universo del teatro de muñecos.
El premio Pelusín fue
entregado en la última jornada a Miguel Pérez,
intérprete y codirector de Aventuras del cangrejito
Eusebio; mientras que el Premio Guiñol recayó en la
investigadora y crítica Yamina Gibert por su excelente
recopilación y análisis de los diez años de Teatro de
las Estaciones, grupo en el cual funge como asesora
teatral.
A pesar de que su
promoción se diluía en la gran avalancha publicitaria
del Verano para ti, las funciones de esta tercera Feria
estuvieron repletas de público, espectadores pequeños
que, en no pocos casos, repetían su visita.
En ese ambiente de
regocijo titiritero, se celebraron los seis días de
representaciones. Morales, fiel a su espíritu y
excelente anfitrión del encuentro, abrió las jornadas
con su clásico El panadero y el Diablo, de Javier
Villafañe, acompañado por activo coro de niños, atentos
a lo que acontecía. El panadero… confirmó su
vitalidad en unas manos técnicamente brillantes y con la
aureola de picaresca y cachiporra, que centran el
espectáculo.
Con funciones en las
mañanas y en las tardes, la muestra puso de relieve la
diversidad estética e interpretativa de las propuestas,
ejemplo a menor escala de lo que sucede en el teatro
para niños y jóvenes hoy; pero también tocó la llaga en
cierto cansancio en la búsqueda de soluciones más
imaginativas, más experimentales y riesgosas, tanto en
su discurso estético, como también en la comunicación
con el público.
Esa posibilidad de
tantear el estado del teatro para niños y jóvenes en el
formato unipersonal, no fue, de hecho, muy aprovechada
por los propios críticos que siguen con mayor énfasis
esa zona del movimiento teatral. Creo que por rigor, ha
sido esta una instancia deficiente que completaría la
mirada hacia esta particular convocatoria.
Especial atención
merece, sin duda, Aventuras del cangrejito Eusebio,
no solo por haber sido este el espectáculo ganador, sino
también porque el montaje expresa a nivel comunicativo
una tensión con el espectador que la convierte, a la
vez, en la cualidad esencial del desarrollo de la
puesta en escena.
Lo primero que llama
la atención de Aventuras… es la sencillez y la
limpieza de elementos, incluyendo la decisión conceptual
de emplear títeres planos, que sin llegar a ser
descriptivos ni figurativos, sugieren en muchas
ocasiones, esas tensiones entre el protagonista y el
niño, en especial.
Por otro lado, ese
minimalismo residente en la propia historia de Samuel
Feijóo, poeta y escritor de infinitas sensibilidades y
resonancias poéticas en todo lo que hacía, hasta en su
propia vida y espíritu, están coherentemente tejidas al
espectáculo. Simpático, de gran dominio escénico, y con
una lúdicra capacidad de improvisación, sin ninguna
concesión a la ñoñería o a la complacencia con el
auditorio, todo lo contrario; Miguel Pérez, con este
trabajo también sintetiza su trayectoria en el clown,
que le permite, de igual manera, una destreza técnica
equilibrada, puesta a disposición de las exigencias de
un espectáculo de esa naturaleza.
La Feria es también
parte esencial de ese diálogo entre los titiriteros del
país. Hace algunas semanas en este espacio hicimos
balance de los resultados de Manos para un títere,
encuentro que organiza el Guiñol Guantánamo en esa
provincia, esta vez el títere vuelve, en su capacidad de
juglar, trujamante, para hacernos meditar sobre una
práctica que siempre vigorizará al teatro cubano en su
totalidad.
Notas:
1. A finales de los 80 surge el Festival
de Monólogos y Unipersonales, que durante un período
respondió orgánicamente a la imparable producción de
montajes en este formato, surgidos al calor de muchas
causas, económicas, organizativas, etc. |