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BELÉN GOPEGUI. EL LADO
FRÍO DE LA ALMOHADA
"VIVIMOS CON CRITERIOS DE
LA CLASE DOMINANTE"
Juan
Carlos Rodríguez |
Madrid
La
Razón
Hoy por hoy, en el
panorama de la literatura española, la voz de Belén
Gopegui es, por varios
motivos, inusual. Por la fuerza de su narrativa, por su
talante literario, por el sonido personalísimo, por las
aspereza de su discurso, que se clava, a la vez, en el
estómago y en el corazón.
¿Es esta su mejor novela?
Si he logrado contar que la izquierda no estaba
equivocada sino que ha sido derrotada, derrotada de
forma tan brutal que a veces necesita y desea convertir
su derrota en equivocación, entonces quizá sea una buena
novela.
Esta es, de sus cinco novelas, la más comprometida
y la más literaria... ¿Es consciente?
Puesto que no es cierto que puedan separarse la forma y
el contenido en una novela, me imagino que, dentro de un
tiempo, si alguien estudiase esta novela, una de las
reflexiones que se haría es hasta qué punto la economía
de mercado se había convertido en un dogma en estos
años, y cuántas vueltas debía de dar un autor para
impugnar ese dogma y lograr ser levemente oído.
Como siempre, la realidad está por encima de su
"ficción"... ¿Ha investigado mucho?
He investigado, leído y observado bastante. No
obstante, mi novela trata menos, aunque también trata,
de la Revolución cubana, y más de lo que la
Revolución
cubana pone en cuestión en las ideas y fantasías de los
habitantes de democracias representativas como la
nuestra.
Hablemos del trasfondo. Cuba. ¿Por qué reivindica
ese "sueño fragoroso" de la
Revolución cubana?
No todos los sueños son iguales. Mientras que algunos
ayudan a avanzar, otros en cambio nos acobardan o bien
nos empujan a llevarnos al débil por delante cuando se
interpone entre nosotros y nuestros sueños. La novela
cuenta, y yo lo suscribo, que el sueño de la
Revolución
cubana es uno de esos sueños que ayudan a avanzar. Por
eso lo reivindica.
El escritor no necesita justificación, pero Mateo
Orellán, su escritor,
afirma: "Yo necesito de la
Revolución. Pero no puede
pedirle a nadie que resista por mí". ¿Es esa su postura?
Es también mi postura. Para mí Mateo
Orellán era una figura
necesaria en la medida en que yo vivo en España y he
escrito una novela sobre una realidad que me concierne,
sí, pero indirectamente.
El envoltorio de esta obra es una novela de intriga
que tiene como escenario Madrid. Pero, como ocurre en
todas sus novelas, son muchas cosas: amor, sueños,
soledad, desilusión... ¿Teme que se rechace su novela si
se "mal lee"
únicamente desde una óptica política...?
Todas las novelas se leen desde una óptica política, lo
que ocurre es que cuando esa óptica es la dominante,
entonces no parece política, parece la mirada de lo
cotidiano. ¿Miedo al rechazo? Claro, si no existiera ese
miedo y el ejercicio del dominio y de la violencia por
parte de quienes pueden rechazar, hace tiempo que habría
desaparecido la sociedad de clases.
Aunque en la novela usted, sus personajes, muestra
siempre las dos visiones (La Habana y Miami) de muchos
problemas, ¿teme que la acusen de
pro castrista?
Lo que me pregunto es qué ha pasado en España para que
una gran parte de la izquierda ya no defienda la
Revolución cubana. Y digo qué ha pasado en España, no en
Cuba, porque la defección de esa parte de la izquierda
no ha sido debida a lo que ha pasado en Cuba sino en
España.
En la embajada de EE.UU. en Madrid no gustará
demasiado su novela.
Hay tantos textos para que
gusten en esa embajada, que de vez en cuando uno que no
les guste debe de resultarles incluso ameno.
No quiero preguntarle por el desenlace de Laura (por
no adelantar el final...) y lo que supone para la
interpretación del resto de la novela... pero su
"decisión"
debe estar presente para juzgar "políticamente"
la novela, ¿es así?
Sin desvelar la decisión, el hecho es que Laura muere,
y de esa muerte se obtiene que el agregado
norteamericano pueda seguir soñando. El juicio político
tendría que venir de esa consecuencia, esto es: para
mantener qué sueños, y de quiénes, es preciso que
fracasen aquellos proyectos que intentan acabar con el
dominio económico.
Sí por dos frases de sus últimas páginas:
"El final estaba fuera de esta
novela y dentro de este mundo".
Más abierto imposible...
Con esa frase quería contar que son las relaciones de
fuerza que existen en la vida real las que hacen que
algunos finales parezcan inverosímiles y que otros
parezcan necesarios. Y que esas relaciones sí están
abiertas, es decir, pueden cambiar.
Laura. Hall. Como opina
Orellán aparentemente de
otro libro: ¿trata en realidad su novela de la
desolación? Una agente de seguridad del Estado cubana y
un agregado político norteamericano. Ese
"espejismo"
amoroso entre "el error y la dicha" que viven les
marca... y marca mucho la novela.
Cuando Orellán opina eso,
está pensando realmente en otro libro, en concreto uno
de Javier Pascual, titulado ¿Pero
existe el caballo de Mestanza?,
si bien no menciona el título porque lo que quiero
contar ahí es sobre todo el estado de ánimo de
Orellán. No, esta novela no
trata de la desolación. Enamorarse es proyectar una
fantasía, y esta novela trabaja con la fantasía de la
doble vida. A menudo la fantasía de la doble vida nos
acompaña hasta el final, hasta la muerte. Pero hay
circunstancias que a veces nos obligan a enfrentar esa
fantasía con lo real, circunstancias como la relación
amorosa en que se ven envueltos los dos personajes.
Las "cartas al director"
que escribe Laura. Ahí, me da la impresión de que usted
se ha volcado en todos los sentidos...
He procurado escribirlas con todo el cuidado posible,
volcando en ellas una individualidad colectiva, una
intimidad de muchos.
¿Por qué eligió que fueran cartas a un director de
periódico?
Fue a partir de una que escribí al director de un
periódico y que se publicó. Entonces me pregunté cuál
sería la reacción de un director de periódico
progresista ante unas cartas que cuestionaran su
discurso. Y decidí tratarlo en la novela.
En una de esas cartas pide explicaciones
"a los que son de izquierdas y
viven como si fueran de derechas".
Permítame que precise la cita, porque el matiz es
importante: no es viven, sino vivimos. Estamos, tal vez
usted y yo y muchos lectores de esta novela, inmersos en
la burguesía, vivimos con criterios y con actos que son
los de la clase dominante, aunque nuestra capacidad de
dominio sea escasa, aunque fuera inexistente. La
cuestión es si podemos, siquiera, no dar por buenos esos
criterios y esos actos.
Escribe usted: "Todos los
sueños se comunican [...] por eso existe la literatura"
o "amamos la literatura por lo
que engendra [...], por lo que rebasa".
Resulta extraño leer esas frases fuera de la novela,
quizá deba añadir aquí que a veces también la odiamos,
odiamos la literatura por darnos paciencia cuando
necesitamos impaciencia, porque nos ayuda a seguir con
este modo de vida cuando debería decirnos cómo construir
las condiciones para, una buena mañana, levantarnos e
irnos. La novelista publica
su quinta novela, El lado frío de la almohada, en la
que resuenan sus obsesiones, sobre todo, las ilusiones
perdidas. Y que usa la Revolución cubana como reflexión
sobre nuestros sueños. |