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“CAMILO, AQUÍ ESTÁ EL CHE”
Los meses previos al triunfo de la Revolución dejaron en
suelo espirituano una huella de esa relación entrañable
entre Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, recogida
en las páginas del libro El Joven Kmilo, del
también invasor William Gálvez.
Humberto
Concepción Toledo |
La Habana
Radio Rebelde, la emisora guerrillera, hizo inmortal la
frase que todavía hace vibrar a quienes la escuchan.
Octubre la reitera desde que la historia quiso atrapar
en un mes la dimensión de sus hazañas. Como si el
contacto de los jefes de las columnas invasoras a través
de las hondas de la planta fundada por el Che a
principios de ese propio 1958, hubiese quedado
eternizado como símbolo de una amistad que hasta en los
más duros momentos encontró espacio para la broma, para
la amistad sincera y el respeto de los héroes.
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Los meses previos al triunfo de la Revolución dejaron en
suelo espirituano una huella de esa relación entrañable
entre Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara, recogida
en las páginas del libro El Joven Kmilo, del
también invasor William Gálvez.
(...)
El
25 de noviembre, Camilo y parte de su tropa acampan en
Juan Francisco; los restantes continúan hacia la
comandancia, en los montes de Alicante. Ese día Pinares
es designado para operar con su pelotón en los
alrededores de Camajuaní. También se recibe el tan
esperado mensaje de Che, en que cita a su entrañable
hermano de armas para El Pedrero, en el Escambray. Rumbo
a ese destino, a caballo, parte el Señor de la
Vanguardia con varios invasores el 27 de noviembre. En
el cruce de la Carretera Central abordan un jeep, y en
él arriban a su meta en la noche del 29 de noviembre.
El
encuentro entre los dos ya legendarios comandantes
invasores se manifiesta a la altura de su profunda
amistad. Ambos se muestran sinceramente emocionados por
verse de nuevo y estar juntos en aquella provincia. Más
tarde vienen las conversaciones relacionadas con los
problemas en dicho territorio y cómo se van
solucionando. Por su parte, nuestro jefe narra los
encontrados en la zona norte y las soluciones que les ha
venido aplicando. Luego tratan sobre los planes de
continuar la invasión. Como colofón, por supuesto, no
faltan las bromas que Camilo hace a Che. Almuerzan y
hacen práctica de tiro con pistola.
El
30 de noviembre, segundo aniversario del alzamiento en
Santiago de Cuba, Che comunica a Camilo que por la
subida de Fomento a El Pedrero vienen dos tanques
Sherman, una tanqueta y más de cien “casquitos”. Nuestro
jefe asume el mando del personal que está emboscado en
El Pedrero. Ordena disparar sólo cuando el enemigo esté
bien cerca, y tiro a tiro, para ahorrar parque. Una
avioneta se mantiene dando vueltas sobre el territorio
rebelde.
Por la tarde llega la noticia de que los guardias que
vienen por el camino de Santa Lucia, siguen avanzando y
pronto llegarán a Manacas, donde el Che acampa. En ese
lugar también se encuentran el transporte de la tropa de
la “Antonio Maceo” y las bombas que se espera poder
trasladar a nuestra Zona Norte. Guevara ordena hacer
otro frente, entre El Pedrero y Manacas, para defender
dicha posición. Ante la inminencia del peligro, se
trasladan todas las mercancías para lugares seguros y se
manda a buscar a los milicianos, con el propósito de
cavar trincheras y abrir una zanja en el terraplén, para
evitar el avance de los tanques y carros blindados. Más
tarde se recibe la noticia de que los vehículos y las
demás unidades militares han comenzado a retirarse.
Donde se encuentran los invasores de la “Antonio Maceo”,
el enemigo no se ha dispuesto a entrar en combate, lo
que permite que se cocinen algunas gallinas y se
descanse. Luego Camilo y sus acompañantes se dirigen en
un jeep donde se encuentra Che, pero el primero se
muestra preocupado por no tener noticias de su tropa.
(...)El 1 de diciembre, bien temprano, Camilo extiende
más la línea de fuego y coloca personalmente a los
combatientes. Se tirotea un poco al enemigo, que no
avanza; al mediodía, éste comienza a retirarse, y en la
huída abandonan obuses de bazucas. Antes de regresar a
su zona de operaciones, Camilo y Che conversan
nuevamente sobre los planes futuros; acuerdan que el
capitán Ángel Frías (Angelito) se quede como jefe de las
tropas que operan en lo que ellos han denominado “el
Frente Norte de Las Villas”, para lo cual debe
trasladarse hacia ese territorio con nuestro jefe, quien
ordena recoger las bombas para, luego de la despedida,
iniciar el regreso.
El
mes de despedida de 1958 atesora la historia de la
consolidación de las acciones rebeldes en el centro de
la Isla y en toda Cuba. La desmoralización de las
fuerzas batistianas hace que prácticamente el ejército
se encierre en los cuarteles ante la ofensiva
guerrillera. Mientras las tropas de la Columna 8 y del
Directorio Revolucionario 13 de Marzo consiguen la
liberación de Fomento, Guayos, Cabaiguán y Sancti
Spíritus, en la zona norte, Camilo y sus hombres también
hacen de las suyas hasta concentrar esfuerzos en
Yaguajay, en cuyo cuartel encuentran una tenaz
resistencia.
El
Ejército Rebelde posee un menor número de hombres con
buen armamento, aunque mayor cantidad total que el
enemigo si contamos la milicia campesina. En cuanto a la
correlación en armas, el enemigo tiene efectivos
superiores a los de los revolucionarios, pues para poder
atacar con probabilidades de éxito a una tropa que está
a la defensa, se necesita duplicar o triplicar su número
en hombres y armamentos. El Ejército Rebelde no tiene
esa fuerza, aunque cuenta con otra superior, que
sobrepasa los cálculos logísticos: su moral combativa,
su disposición de lucha por una causa justa, así como el
apoyo de la población.
(...)
El
experimentado jefe guerrillero (Camilo), después de
estudiar la situación, decide tomar el pueblo primero,
es decir las posiciones que ocupa el enemigo, y luego el
reducto militar.
El
encalve militar es una sólida fortificación situada en
una explanada, sin construcciones ni vegetación en unos
cien metros a la redonda, lo que hace extremadamente
difícil su asalto. Las posiciones dentro del pueblo, sin
embargo, son más vulnerables, ya que los insurrectos
pueden acercarse a ellas protegidos por las
construcciones aledañas. Camilo ordena concentrar el
mayor número de combatientes en esos objetivos, para,
una vez tomados, equilibrar la correlación de fuerzas
contra los acuartelados.
Al
iniciar el fuego a sus posiciones desde la noche del 22
de diciembre, se logra que las avanzadas y patrullas
existentes en el pueblo, se retiren. El 23 de diciembre,
luego de conocer con exactitud la situación de los
soldados y de concretar los últimos detalles, el Jefe
decide estrechar el cerco y desalojarlo del pueblo. Con
las primeras sombras de la noche se inicia el ataque.
Mientras da instrucciones, recibe la visita del Che.
Camilo monta en el jeep junto con su querido jefe y
amigo, y con otros combatientes se dirige al batey de La
Caridad. Allí analizan y acuerdan cómo desarrollar las
acciones futuras.
El
jefe rebelde del MR-26-7 en la provincia coincide con el
plan de Camilo y, a su vez, le informa que va a atacar a
Remedios y Caibarién, para lo cual le solicita algunos
hombres. Indica a su mejor alumno que debe permanecer
allí para concluir la toma del cuartel; ambos coinciden
en que será la posición más difícil si el enemigo, como
parece hasta ese momento, se empeña en defenderlo.
A
la hora de la retirada, Che, queriendo fastidiar a
Camilo, le dice irónicamente:
― Voy
a tené que mandarte mi pelotón suicida para ayudar a vos
a tomar ese cuartelito.
Risueño e imitando la manera de hablar de su amigo,
Camilo le pasa el brazo por el hombro y responde:
― Vos
teené un pelotón suicida, pero toda mi columna es
suicida... Mira que vos sos descarado, argentino
cobardón... Tené que hacer eso, para que te saquen de
tus apuros... Pero yo no lo necesito, porque no corro
en los combates como vos... Andá, montate en el jeep y
no te ocupés, que si tenés miedo, mándame a buscar.
― Está
bien, chico... Pero acordate que yo soy tu profesor... –
Expresa Guevara con la misma alegría.
Camilo lo abraza y responde con ternura...
― Tienes
razón. Toda la vida lo serás.
El
abrazo de Che no se hace esperar. Luego de la simpática
y cariñosa despedida, Guevara sube al jeep y ya en
marcha, le grita a su querido hermano:
― ¡Acordate
de no hacer locuras, Camilucho...!
Mientras las fuerzas del Che logran avances
impredecibles y se hace más cruento el hostigamiento a
las posiciones enemigas en Santa Clara, la tropa de
Camilo proseguía su combate en el cuartel de Yaguajay,
bajo la incidencia de las bombas de la fuerza aérea
batistiana, que en la mañana del 25 de diciembre lanza a
los sitiados alimentos y parque, que en su mayor parte
cae en manos guerrilleras.
Lo
más importante del día es la nueva visita de Che. Éste
recomienda a nuestro jefe que mantenga la calma y no
intente tomar por asalto el cuartel, pues eso originaría
una gran pérdida de hombres. Él considera que puede
dominar la situación de Santa Clara con las fuerzas bajo
su mando, en cooperación con las del Directorio
Revolucionario 13 de Marzo.
Se
determinan los posibles lugares por donde los sitiados
pueden recibir refuerzos y dirigirse en caso de que
intentaran romper el cerco para ser evacuados. Esto sólo
lo pueden hacer por algunos de los embarcaderos de los
centrales situados en la costa norte, incluyendo los más
cercanos a Camaguey.
Luego de retirarse el jefe de la Columna No 8 “Ciro
Redondo”, su colega de la “Antonio Maceo” me ordena
situar emboscadas en la carretera entre Mayajigua y
Chambas, minar los puentes entre ambos pueblos, también
los de los embarcaderos de los centrales Nela y
Victoria, y situar personal en el aeropuerto de
Mayajigua.
Las fuerzas batistianas en el cuartel de Yaguajay bajo
el mando del capitán Abon Lee continúan cercadas el 28
de diciembre, en espera del prometido refuerzo que sus
superiores le vaticinaban, mientras les inculcaban que
resistieran.
En
horas de la noche, Camilo se dirige a Santa Clara en
unión de otros combatientes. Va a un cambio de
impresiones, a analizar el desarrollo de la situación y
en busca de una bazuca o un mortero, seguro de que con
esa arma rendiría al cuartel.
Aunque está conciente de que no puede sacrificar
hombres, se le nota ansioso por terminar de una vez el
combate de Yaguajay. Se ratifica la misma táctica: no
desesperarse, no sacrificar hombres. La marcha a
occidente aún se mantiene, le reitera Che. Su querido
compañero le informa del desarrollo de las acciones en
la capital villareña, y le entrega una busca y un cañón
antitanque, aunque este último requiere reparación; le
promete, además, ir a visitarlo y llevarle un mortero.
Amanece el penúltimo día de 1958 y la situación dentro
del cuartel de Yaguajay se hace cada vez insostenible,
pero ante la terquedad del jefe de la plaza, la
guarnición sigue resistiendo, aún cuando la moral de la
tropa es baja.
Esa misma noche nos visita por tercera vez el comandante
Guevara acompañado de varios combatientes. El encuentro
se efectúa en el batey del Narcisa.
Sesenta años atrás, un glorioso internacionalista
vivaqueaba con su tropa en este propio batey, sufriendo
la ignominia de un triunfo escamoteado y una
independencia mediatizada, por la oportunista y rapaz
intervención de los Estados Unidos. El General en Jefe
del Ejército Libertador, nuestro querido Máximo Gómez,
al finalizar la segunda Guerra de Independencia, en
1898, se vio obligado a permanecer en este territorio de
Yaguajay hasta el 2 de enero de 1899. En esta ocasión,
la historia no se repetiría: los jefes invasores serían
los primeros en entrar triunfantes en La Habana.
Camilo le informa acerca del “Dragón I” y lo útil que
puede ser fabricar varios para atacar posiciones
situadas en llanazos, como el cuartel de Yaguajay. Che
toma la idea como buena. A su vez, le informa de la
situación en Santa Clara, del sitio del Escuadrón 31;
aunque el regimiento y otras posiciones aún no han sido
tomados, se mantienen cercados y considera que con las
fuerzas existentes podrá hacerle morder el polvo de la
derrota.
Entrega a su compañero de armas una bazuca con escaso
parque y le promete mandarle al siguiente día un mortero
con su tirador. El comandante Cienfuegos le solicita el
envío de una avioneta para bombardear a los cercados, y
Che le responde que se la mandará durante la tarde del
próximo día. Camilo se ve impaciente, y nuevamente su
jefe y hermano le pide calma.
Le
explica que los personeros de la tiranía hacen hincapié
en que Fidel y los principales dirigentes del Ejército
Rebelde y el Movimiento revolucionario 26 de Julio son
comunistas y están apoyados por ese partido, por lo cual
es probable que se produzca una división del país: desde
los límites entre Las Villas y Matanzas hasta Pinar del
Río, se mantendría el régimen, y desde esos límites
hasta Oriente quedaría en manos nuestras, como ha
sucedido en Corea y Vietnam. En este caso los gringos le
facilitarían a la tiranía tropas para la defensa de su
territorio, tal como ha hecho en esos países. Por todo
esto, es necesario contar con suficientes fuerzas para
enfrentar las futuras situaciones, le concluye.
CAMILADA
La
presencia del famoso guerrillero argentino atrajo a
muchos vecinos del batey. Al percatarse de la curiosidad
de los pobladores del lugar, Camilo se dirige a Che:
― Tú
sabes que cuando triunfemos me voy a hacer rico contigo.
― Dejate
de bromas, que tengo que irme...
― No,
no es broma... Te voy a meter e n una jaula y recorreré
el país cobrando a medio la entrada para verte.
― Tú
siempre con tus camiladas, ―expresa Che,
sonriente.
Un
día después, la toma de Santa Clara y la rendición del
cuartel de Yaguajay engrandecería la hazaña de los
invasores y abriría el camino para el recibimiento del
enero luminoso de 1959. Camilo y Che emprenderían nuevas
acciones, pero su estancia en suelo espirituano
contribuiría a reafirmar la solidez de una amistad
eterna.
Periódico Escambray |