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EN EL CORAZÓN DEL PUEBLO
El
pueblo vio a Camilo multiplicarse en sus actos, hasta
que se perdió para siempre. Durante 15 días se le buscó
sin descanso con la esperanza primero de encontrarlo
todavía con vida, y después de hallar siquiera sus
restos. Se registró la Isla pulgada a pulgada. Una gran
tristeza agobiaba a Cuba de extremo a extremo.
Ciro
Bianchi Ross|
La Habana
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Hay una imagen de
aquellos días iniciales de 1959 que se quedó grabada de
manera indeleble en cuantos la vieron. Es el 8 de enero,
el Comandante en Jefe Fidel Castro, al frente de su
tropa rodeado de un mar de pueblo, entra en La Habana y
a su lado viene un hombre que desde meses antes comenzó
a gozar de una popularidad y un cariño sin límites.
Viste el uniforme verde olivo del Ejército Rebelde y sus
grados son de Comandante. Se toca con un sombrero alón y
lleva una ametralladora en la mano. Exhibe una sonrisa
franca y espontánea. No ha cumplido aún los 27 años de
edad y, todos lo saben, es un héroe. Su nombre es Camilo
Cienfuegos, y apenas le quedan diez meses de vida.
Cuando en vísperas de la salida del yate Granma llegó a
México y pidió que se le incluyera en el grupo que
reiniciaría en la Sierra Maestra la lucha armada contra
la tiranía batistiana, solo uno de los futuros
expedicionarios lo conocía de cerca. Como aval de sus
sentimientos políticos Camilo podía mostrar únicamente
entonces la cicatriz del balazo que recibió durante una
manifestación estudiantil y una devoción sin grietas por
Fidel, nacida, sobre todo, a raíz de la lectura de La
historia me absolverá. Cuando dos años después
terminaba la guerra con el desplome batistiano, era,
dice Ernesto Che Guevara, “el más brillante de todos los
guerrilleros”, “señor de la vanguardia”, “el más grande
jefe de guerrillas que dio esta Revolución”. El 28 de
octubre de 1959 su rastro se perdió para siempre. Días
antes, en compañía de Fidel había conjurado la sedición
del comandante Hubert Matos, jefe de la plaza militar de
Camagüey, en la porción oriental de la Isla. Poco
después volvía a esa provincia. Al atardecer del 28 lo
esperaban en la capital, pero no llegó nunca. Al avión
en que viajaba, un Cessna 310 de color rojo, se lo
tragaron la noche y la tormenta. Fueron inútiles los
esfuerzos por encontrar siquiera sus restos. Aquel viaje
que debió concluir en La Habana, dice William Gálvez, el
más exhaustivo biógrafo de Camilo, concluía para siempre
en el corazón del pueblo.
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RETRATO
¿Quién es ese hombre
que desde los días iniciales de la guerra de liberación
comenzó a tejer la urdimbre de su leyenda? Che, que fue
su jefe durante largos meses, se enorgullecía de haberlo
descubierto como guerrillero. Ganador de 100 batallas y
protagonista de 1 000 anécdotas, fue el hombre de
confianza de Fidel en los días más difíciles de la
contienda. Un jefe preocupado hasta el detalle por su
tropa. Modesto, con agudo sentido del humor y dotado de
clara inteligencia, don de gente y una simpatía personal
extraordinaria. Nació en La Habana, en 1932. Fue un niño
de carácter rebelde. Las privaciones que conoció en su
infancia no se trocaron, sin embargo, en amargura.
Gustaba del baile, la música, los deportes. En su
juventud disfrutó con la lectura de obras de García Lorca, Nicolás Guillén y José Martí, con cuyo ideario
estableció una identificación apasionada. Cuando viajó a
EE.UU., como emigrante económico, llevaba en su libreta
de notas poemas de Martí copiados a mano, y más adelante
consideró que las razones de la Revolución cubana eran
las de los ideales de liberación, y de justicia social,
política y económica por los cuales había muerto el
Apóstol de la Independencia de Cuba, a quien Fidel
consideró el “autor intelectual” del asalto al cuartel
Moncada. Su trayectoria en la guerrilla fue meteórica.
El 16 de enero de 1957 sobresale en el combate de La
Plata, primera victoria del naciente Ejército Rebelde. Y
el 28 de marzo participa ya como teniente del pelotón de
la vanguardia en el combate de Uvero. En agosto pasa al
pelotón del centro, con el cual marcha Fidel, y en
octubre se le asciende a capitán. De la Columna número 1
José Martí, que encabeza el Comandante en Jefe, se
desprende una nueva bajo las órdenes del Che, y Camilo
es el responsable de su primer pelotón. En 1958 será el
primer jefe guerrillero en salir de la Sierra Maestra a
fin de combatir en los llanos. Sus hazañas le valen
entonces el ascenso a Comandante. Fidel reclama su
presencia en la Comandancia General para enfrentar la
ofensiva del ejército batistiano contra el territorio
rebelde, y liquidada esta asigna a Camilo la difícil
misión de conducir una columna hasta Pinar del Río, la
más occidental de la provincias cubanas. Camilo responde
a la orden: “La bandera cubana llegará a su destino”.
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¿VOY BIEN, CAMILO?
Establece su campamento en el norte
de la provincia central de Las Villas y se empeña de
inmediato en consolidar la unidad entre los
destacamentos revolucionarios que operan en la zona. Sus
acciones combativas concluyeron con la ocupación de casi
todo el territorio del norte villaclareño, en tanto que
el Che liberaba prácticamente todo el sur. Su última
batalla en la región fue la toma de la ciudad de
Yaguajay y lo consiguió tras 11 días de fieros combates,
el 31 de diciembre de 1958. El tirano huye del país en
las primeras horas del año nuevo de 1959 y Camilo recibe
la orden de trasladarse a La Habana. Aquí se gestaba una
maniobra que debía impedir que la Revolución llegase al
poder. Un supuesto golpe de Estado que desalojaba a
Batista no resultó fórmula salvadora para el régimen ni
tampoco que el ex coronel Ramón Barquín, preso desde
1956 por sus trajines conspirativos, se hiciera cargo de
la situación. Desde Oriente, Fidel orientaba al país la
huelga general en apoyo a la Revolución y el pueblo
respondía afirmativa y masivamente. El 2 de enero
Camilo, ya en La Habana, entra en Columbia, la mayor
fortaleza militar del país. El 8, Fidel llega a la
capital, y Camilo se suma a su comitiva. Desde el
polígono de Columbia, el Comandante en Jefe habla a toda
la nación y en un momento de su discurso se vuelve hacia
su compañero y pregunta: ¿Voy bien, Camilo? Y este
responde: “Vas bien, Fidel.” El breve diálogo queda
registrado para la historia y queda prendido para
siempre en la memoria. Después el pueblo vio a Camilo
multiplicarse en sus actos, hasta que se perdió para
siempre. Durante 15 días se le buscó sin descanso con la
esperanza primero de encontrarlo todavía con vida, y
después de hallar siquiera sus restos. Se registró la
Isla pulgada a pulgada y también las isletas, cayos y
mares adyacentes, así como todo el norte de las Bahamas,
desde Cayo Hueso hasta las islas Andrews. Una gran
tristeza agobiaba a Cuba de extremo a extremo. Hubo un
rumor acerca de su aparición y el pueblo se volcó a la
calle lleno de júbilo para volver casi enseguida a su
tristeza. La noche y la tormenta habían jugado una mala
pasada al Cessna en que viajaba el Comandante, y el mar
se lo tragó.
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