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19 FESTIVAL DE BALLET DE LA HABANA
Alicia y sus maravillas
 
Mario Jorge Muñoz | La Habana

La Habana calienta su cuerpo, comienza a moverse al compás de su Festival Internacional de Ballet —recién comenzado este jueves 28—; al ritmo de Alicia, la mítica bailarina que desde una añeja casona de El Vedado capitalino ha puesto a los pies de la danza cubana los mayores elogios de todo el mundo, no solo por su virtuosismo, sino por la extensa pléyade de excelentes bailarines formados.

Para la prima ballerina assoluta, sus 83 años y la falta de visión no han sido freno a la hora de continuar su labor al frente del Ballet Nacional de Cuba, compañía que dirige desde hace más de 40 años apoyada por un grupo de reconocidos profesores, bailarines y coreógrafos.

De esa fuerte aleación: profusa maestría técnica y artística, talento indiscutible, duro entrenamiento, más la sensualidad que llevan en el cuerpo y la sangre los naturales de estas tierras —descendientes de bailadores africanos y españoles— se ha forjado la joven escuela cubana que, para bien de sus hijos, además ha sabido beber lo mejor de las más añejas compañías del planeta, en especial de la rusa, la francesa y la inglesa.

La alquimia de Alicia Alonso, alma de la compañía, generó una mezcla altamente explosiva. Y era de esperar, delante estaba su ejemplo: muestra de amor a la danza, de fuerza de voluntad, la prima ballerina assoluta no dejó de bailar hasta casi cumplir los 70 años. Entonces no resulta extraño el interés mostrado hacia sus bailarines por empresarios, directores y famosos coreógrafos.

Algunas importantes compañías de ballet ostentan entre sus principales figuras a cubanos: En EE.UU., Lorna Feijóo y su esposo Nelson Madrigal bailan en el Boston Ballet; su hermana Lorena Feijóo lo hace con el San Francisco Ballet.

A pesar de los constantes problemas económicos que provocan cierta desatención de la cultura, sobre todo de manifestaciones artísticas tan costosas como el ballet, en Latinoamérica también se ha hecho sentir la presencia de la escuela cubana, que ha brindado colaboración profesional durante más de 15 años. Destacados bailarines, profesores y coreógrafos criollos han ofrecido sus conocimientos y experiencia en compañías de ballet de Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y México.

Dos de los bailarines cubanos que acaparan la atención del público y de los especialistas de todo el mundo son Carlos Acosta (31 años), primer bailarín del Royal Ballet de Londres, premiado por los críticos como el mejor bailarín de Gran Bretaña en la temporada 2003-2004, catalogado en la categoría de grandes bailarines como los rusos Rudolf Nureyev y Mikhail Baryshnikov.

El otro es José Manuel Carreño (37 años), quien recientemente recibió el premio Dance Magazine 2004 por sus contribuciones al ballet. Bailarín principal del American Ballet Theatre, de Nueva York, durante casi una década, su director artístico, Kevin McKenzie, lo considera "un cruce entre un felino y un príncipe".

Acerca de los porqués de tal atracción hacia los bailarines cubanos, Carreño le explicaba hace poco a la agencia Reuters: "tenemos algo diferente en la forma de bailar. Tal vez nos distinguimos por la manera tan expresiva como nos proyectamos en el baile. Fuimos entrenados para ser muy viriles y caballerosos".

El prestigio de la escuela cubana ha llegado al punto de que numerosos bailarines del llamado Primer Mundo viajan cada año a La Habana en busca de una oportunidad dentro del Ballet Nacional de Cuba. Y es que a la experiencia indiscutible de convivir con los cubanos, de aprender in situ, sumarán la posibilidad de perfeccionar la técnica y la capacidad artística. Razón muy válida.

Naturalmente, la fórmula para tal despliegue de valores no tendría efecto sin el sistema de enseñanza artística, por demás gratuita, desarrollado por el Gobierno cubano después del triunfo revolucionario. Hoy la Escuela Nacional de Ballet gradúa unos 40 profesionales de la danza al año y más recientemente se organizaron talleres vocacionales en los que participan más de 3 000 niños.

Sin duda, con tal arsenal de su lado, tiene sentido que Cuba hoy se yerga como uno de los baluartes de la danza mundial.

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