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Si no hago esto,
no podría vivir tranquilo
Rosario sintió un dolor profundo en el pecho y las
lágrimas se escaparon de sus ojos. Jamás lo había tenido
cerca, solo lo había visto en las manifestaciones de
apoyo a la Revolución, pero quería a Camilo, admiraba a
ese Comandante sencillo y natural, risueño, simpático y
sobre todo, tan valiente, que desde la Sierra Maestra se
había convertido en una leyenda.
María
de las Nieves Galá|
La Habana
La noticia era impactante, apenas podía creerlo. Rosario
Gómez alzó un poco más el volumen de su viejo radio y
escuchó con atención.
Se hace saber por este medio a la opinión pública, que
en el día de ayer, 28 de octubre, a las 6:01 p.m. salió
del aeropuerto de Camagüey, el avión bimotor de las FAR,
marca CESSNA 310 No. 53 de cinco plazas, rumbo a La
Habana, conduciendo al Jefe del Estado Mayor del
Ejército Rebelde, Comandante, Camilo Cienfuegos quien
iba acompañado por el piloto de dicho avión, 1er Tte.
Luciano Fariñas Rodríguez y el soldado rebelde Félix
Rodríguez, los que desgraciadamente, no han llegado a su
destino.
Las búsquedas efectuadas hasta ahora, han resultado
infructuosas, las que se reanudaron hoy en toda el área
comprendida entre La Habana y Camagüey. La existencia de
turbonadas a esa hora entre Ciego de Ávila y Matanzas,
pueden haber ocasionado algún accidente, estimándose que
haya ocurrido en un punto norte de la provincia de
Camagüey, Las Villas o Matanzas.
Las FAR, auxiliadas por la aviación civil y unidades del
Ejército Rebelde, realizaron un esfuerzo en el día de
hoy, por encontrar el avión desaparecido.
Rosario sintió un dolor profundo en el pecho y las
lágrimas se escaparon de sus ojos. Jamás lo había tenido
cerca, solo lo había visto en las manifestaciones de
apoyo a la Revolución, pero quería a Camilo, admiraba a
ese Comandante sencillo y natural, risueño, simpático y
sobre todo, tan valiente, que desde la Sierra Maestra se
había convertido en una leyenda.
Sin peinarse siquiera salió a la calle. Ya toda la
cuadra estaba llena. Había confusión. Alguien aseguraba
que no podía ser verdad, que ese hombre no podía morirse
así como así, y a lo mejor dentro de un rato la noticia
era otra.
No lo pensó dos veces. Junto a su amiga Juana María fue
para el Malecón. Era el pedazo de mar más cercano que
tenía. Quería ser testigo del retorno. Allí estuvo,
oteando hacia el horizonte hasta que la noche y las
estrellas se hicieron dueñas del tiempo.
Sucedieron horas de angustias, de esperanzas contenidas.
El periódico Revolución informaba cada día los esfuerzos
que se hacían por hallar al querido Comandante: el
propio Fidel dirigía la infructuosa búsqueda.
LAWTON LO VIO CRECER
En la humilde casa de la calle Pocito número 71 en
Lawton, en la barriada de Jesús del Monte, en La Habana
se respiraba alegría. Un hermoso niño había llegado a la
familia de Emilia y Ramón ese 6 de febrero de 1932. No
sospechaba la amorosa madre que entre sus brazos
acariciaba, quien años más tarde se convertiría en un
entrañable héroe de la Patria.
Pronto el intranquilo niño de pelo rubio le haría sus
primeras trastadas a Doña Emilia. Tenía apenas dos años
cuando se les perdió. No aparecía por ninguna parte. Ya
estaban dispuestos a avisar a la policía, cuando de
detrás de una puerta salió el pequeño, que había
permanecido escondido, oyendo el ir y venir de sus
padres y hermanos.
Creció dándose a querer, sin admitir injusticias.
Humberto Cienfuegos, recordaría: Estaba en la escuela
pública 1105 y un grandulón cometió una injusticia con
uno más pequeño y Camilo nos llamó a Osmany, a Ivo, a
Tato, a Giralt y a mí para esperar al abusador y
formamos una bronca de altura. Después nos respetaban.
Él era el valiente en defensa de los más débiles.
Al terminar octavo grado, Camilo decidió ingresar en la
escuela de San Alejandro, con el fin de convertirse en
escultor, pero dejó los estudios para trabajar en la
tienda El Arte: Camilo se brindó muy decidido y hacía la
limpieza y mojaba las telas para los trajes. Ahora, yo
no sé cómo se las arregló para hacerse una tarjetica con
el siguiente texto: Camilo Cienfuegos, dependiente,
Sastrería el Arte. Se la dio a cuanta persona conocía,
la repartió por dondequiera, con esa gracia innata e
invitaba a hacer los pedidos. Los amigos llegaban a la
tienda y pedían que el dependiente Camilo Cienfuegos los
atendiera y hasta gente de buena posición pidió verlo,
así que los gerentes decidieron pasarlo a ese cargo.-
recordó su hermano.
EL DEBER PRIMERO
El 21 de septiembre de 1956 Camilo llega a México
procedente de Estados Unidos, país en el cual trabajó
algún tiempo con el fin de mejorar su situación
económica. En tierra azteca su fin es uno: incorporarse
al grupo de revolucionarios que allí se preparaba.
Inmediatamente hizo contacto con Reynaldo Benítez: Fui a
ver a Fidel y le planteé la decisión de Camilo de venir
junto a nosotros. Fidel se negó a que ingresara en el
movimiento, alegando que ya todo estaba terminado y que
solo faltaba arrancar. No me desilusioné, sino que fui a
ver a Raúl y le insistí en la cosa, pero también se negó
a aceptar un nuevo hombre. Camilo permaneció varios días
en casa. … Pese a lo reiterado de la negativa, continúe
haciendo esfuerzos y volví a hablar con Fidel. Hablamos
largo rato, hasta que accedió y me dieron la dirección
de un campo de entrenamiento para él.
En carta a un amigo Camilo confesaría: Desde el mismo
momento de pasar la frontera sentí una gran tranquilidad
que significa ir a cumplir con lo que yo considero es
hoy el deber primero, el deber para con la Patria,
créeme, que si no hago esto no podía vivir tranquilo más
nunca…
Después del desembarco de los expedicionarios del yate
Granma, Camilo demostraría su capacidad como
guerrillero. Camilo fue imponiendo sus condiciones hasta
convertirse en el teniente de la vanguardia de nuestra
única y querida columna, que luego sería la Columna
número 1 José Martí, comandada personalmente por Fidel
―escribió el Che, quien más adelante comentó en un
artículo publicado en la revista Verde Olivo, cómo
Camilo pasó a capitán de su columna. Inició allí su
nueva carrera de proezas, con una actividad infatigable
y un celo extraordinario: se movilizaba una y otra vez
en todos los sentidos cazando guardias.
Una vez mató al soldado de la vanguardia enemiga y el
fusil que este llevaba lo recibió en el aire sin que
tocara el suelo, tan cerca estaba de él…Ya Camilo era
Camilo, señor de la vanguardia, guerrillero completo que
se imponía por esa guerra con colorido que sabía hacer.
En el segundo ataque a Pino del Agua, Fidel ordenó al
Che que se quedará con él y dejara a Camilo la
responsabilidad del ataque por uno de los flancos.
La idea era sencilla ―diría Che― Camilo debía atacar y
tomar un extremo del campamento y después sitiarlos,
pero llegó el huracán y él y sus soldados tomaron la
posta y siguieron avanzando, metiéndose en el poblado.
Fueron conquistando casa por casa, hasta que al final se
organizó la resistencia del enemigo y una lluvia de
plomo empezó a mermar en nuestras filas en la que
grandes compañeros como Noda y Capote dejaron allí sus
vidas.
El ametralladorista iba avanzando con la tropa, pero en
un momento dado se encontró en medio del huracán de
fuego y con sus sirvientes muertos, dejando la
ametralladora. Ya era de día, el ataque se había
iniciado de noche. Camilo se precipitó sobre la
ametralladora para defenderla y salvarla, dos balas le
dieron, una le atravesó el muslo izquierdo y la otra le
perforó el abdomen; después celebrábamos su suerte, pues
la bala había entrado y salido por el abdomen sin
interesar los intestinos ni ningún órgano vital.
Su osadía fue reconocida y con justeza ganó los grados
de Comandante que traería durante la invasión a
Occidente al frente de una columna. El 19 de septiembre
de 1959, durante un vuelo de La Habana a Camagüey,
Camilo declararía que entre los momentos más complejos
estuvo el desembarco del Granma: “Donde nos vimos
dispersos y casi nuestras fuerzas fueron totalmente
destruidas por el ejército de Batista y después también
una de las más difíciles fue la Invasión esa de la que
le hablo, ya que la situación era sumamente difícil para
nosotros que, con un número de cien hombres, teníamos
que avanzara campo descubierto por más de 500
kilómetros, desde la Sierra Maestra hasta Las Villas,
perseguidos por cientos de soldados mercenarios de
Bastista y al mismo tiempo atacados día y noche por la
aviación, los tanques y todos los efectivos que movilizó
el ejército de la dictadura para impedir que las
columnas invasoras que habían salido de la Sierra
Maestra, llegaran al punto fijado.
DESPUÉS, LA TRISTE VERDAD
Quienes lo esperaban en el aeropuerto de Ciudad Libertad
se extrañaron de la tardanza del Cessna donde viajaba
Camilo, en el cual había partido a las seis y cinco
pasado meridiano desde Camagüey. Según recoge en su
libro Camilo, Señor de la Vanguardia, William Gálvez,
luego de algunas horas de espera, el capitán Manolo
Espinosa Díaz decidió llamar al capitán Osmany
Cienfuegos, quien permanecía como ayudante ejecutivo de
Camilo. En un principio no hubo mucha preocupación, pues
comenta el escritor que se realizaban viajes sin
informar itinerarios ni el tiempo de duración. La orden
fue, esperar hasta las primeras horas del día
siguiente...
El legendario Comandante no aparecía y la preocupación
creció. Luego vendría la búsqueda desesperada. No quedó
un rincón de la Isla por donde no pasaran los ojos de la
gente, en océanos, ríos, montes y llanos. Entre ellos
estuvo Rosario, insomne, sin perder la esperanza,
pendiente de las noticias de la radio. Así anduvo mucho
tiempo hasta que llegó la certeza de la muerte. Desde
entonces, cada octubre se tornó en flores que sin
deshojarse van hacia el lecho del Héroe.
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