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DEFENDIENDO A CUBA NOS DEFENDEMOS
Belén
Gopegui |
España
No hay
razón ni principio ni argumento posible con qué defender
el bloqueo a Cuba de los EE.UU. y de todas las empresas,
situadas en distintos países del mundo, vinculadas
económicamente a empresas de los EE.UU.
El
bloqueo no es una mera sanción económica abstracta, sino
que detrás del bloqueo, como siempre ocurre en la
economía, hay vidas concretas. Solo dos ejemplos:
Uno: La
firma Intervet, de Holanda, suministraba a Cuba una
vacuna de inmunización animal. Pero el gobierno
norteamericano informó a esa empresa del riesgo que
corría. La vacuna contiene un tanto por ciento de un
antígeno producido en los EE.UU.: A los directivos de
Intervet-Holanda se les notificó que de continuar con
las ventas se les podría, además de multar, cerrar sus
sucursales en territorio estadounidense. Vidas
concretas, vidas de los trabajadores de esa empresa
holandesa, vidas de los animales en la isla, vidas de
las personas que trabajan con los animales, etcétera.
Segundo
ejemplo: Los niños cubanos con tumores óseos no pueden
tener acceso a las llamadas endoprótesis para sustituir
amputaciones. Estas endoprótesis aumentan de tamaño a
media que el niño va creciendo, se solicitan de manera
individual y deben estar listas en el momento de la
operación. Como los EE.UU. no acceden a vendérselas a
Cuba, es difícil que lleguen a tiempo desde otros países
más lejanos. Vidas concretas, la diferencia entre crecer
con dos piernas o con una sola, con dos brazos o con uno
solo.
Son
ejemplos de entre cientos de miles que podrían tomarse.
Mientras dura, cada uno de los días desde hace cuatro
décadas, esa agresión ilegítima, los que defendemos a
Cuba tenemos en nuestros países que atender a otra clase
de agresión, sin duda, menor pero constante y ante la
que resulta difícil combatir en igualdad de condiciones.
Se trata del uso de la mentira amparado y no solo
amparado, a menudo propugnado por los grandes medios de
comunicación.
Tenemos
que leer día tras día cómo hubo 75 disidentes que fueron
condenados a penas de prisión en Cuba, se dice, se
miente, por expresar libremente sus ideas. Es muy
sencillo demostrar que no fue así. Lo fueron por
ejecutar hechos con el objeto de que sufriera detrimento
la independencia del Estado cubano. Lo fueron por
colaborar con la ley norteamericana del bloqueo, y
sabemos que, por ejemplo, en Canadá colaborar con esa
ley también es un delito, pues de tal modo se entiende
que atenta contra el derecho que tiene todo Estado a
elegir, sin injerencias externas, su sistema político,
económico y social.
Lo
sabemos, pero es cansado saberlo y no poderlo decir
públicamente. En este sentido, cuando tanto se habla de
libertad de expresión, algún día debiera empezar a
decirse que la libertad real de expresión consiste, como
mínimo, en poder replicar en el mismo medio y con el
mismo espacio a cada mentira que haya sido publicada.
Quienes
defendemos a Cuba tenemos que buscar la verdad en
lugares distintos a los grandes periódicos o las grandes
emisoras. Pero la verdad está, por el momento al menos,
accesible aunque no sea por caminos llanos.
Debemos
seguir buscando esa verdad. Y no porque la Revolución
cubana necesite que lo hagamos, sino porque nosotros y
nosotras lo necesitamos. Porque defendiendo a Cuba nos
defendemos. Porque si abandonáramos la Revolución cubana
nos abandonaríamos a nosotros mismos.
Entre
las mentiras que se lanzan contra Cuba figuran a veces
supuestas violaciones de los derechos humanos.
Deberíamos recordar a quienes tanto usan esas dos
palabras que los derechos humanos a los que acuden
tienen una legitimidad revolucionaria. Fueron
proclamados después de luchas duras y difíciles. Aún
así, sabemos bien que son muy pocos quienes disfrutan
realmente de esos derechos, pongamos a la educación, a
la asistencia médica, al trabajo, pongamos incluso a la
vida.
Sabemos
más, sabemos que esos derechos a veces están formulados
de manera confusa: ¿qué es el derecho a "un nivel de
vida adecuado"?, ¿adecuado tal vez en función de la
clase social a que se pertenezca? ¿O qué es, por
ejemplo, el derecho a una limitación "razonable" de la
jornada de trabajo? ¿Razonable para quién, para el
empresario, o para el trabajador?
Sabemos, por último, que la lucha de la Revolución
cubana, que es la nuestra, es la lucha contra los
mecanismos que impiden que esos derechos lo sean de
todas las personas, mecanismos que, en ocasiones, pueden
estar incluso dentro de la misma declaración. Derecho a
la libertad, de acuerdo, derecho a todas las libertades
menos, decimos, a la libertad de unas personas de
explotar a otras.
Defendemos a Cuba porque no queremos que nos exploten,
que nos mientan, que nos llenen del miedo pequeño y
servil que va haciendo las ciudades más angostas, las
calles más oscuras, las habitaciones más solas, las
vidas más diminutas y tristes y acobardadas.
Defendemos a Cuba con las mismas palabras que Bertolt
Brecht escribió un día en su canción de las buenas
gentes.
"A la
Revolución cubana resulta mejor cuando se la conoce. La
Revolución cubana invita a mejorarla, porque, ¿qué es lo
que a uno le hace sensato? Escuchar y que le digan algo.
Pero,
al mismo tiempo, mejora al que la mira y a quien mira.
No solo porque nos ayuda a buscar comida y claridad,
sino, más aún, nos es útil porque sabemos que vive y
transforma el mundo.
Intervención de la escritora y guionista
española Belén Gopegui en el acto de solidaridad con
Cuba y contra el bloqueo norteamericano, celebrado el 25
de octubre de 2004, en el Círculo de Bellas Artes de
Madrid. Además de la escritora que acaba de publicar
El lado frío de la almohada, intervinieron en el
acto Marcos Roitman, profesor titular de Sociología de
la Universidad Complutense, y la embajadora de Cuba en
España, Isabel Allende. |