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SVETLANA BALLESTER
JAVIER SÁNCHEZ
MARÍA DEL CARMEN HECHAVARRÍA

BENEFACTORES DE LA FLAUTA:
TUTORES DEL BALLET
 
Pantomimas, caras y burlas. Riqueza y profusión de ideas. Confianza y capacidad de adaptación. Deberes y privilegios. Temor y puro nervio desde que abre hasta que cierra la cortina del estreno.


Hilario Rosete Silva | La Habana
Fotos: Nancy Reyes

 

Svieta, María del Carmen, Javier... Así, simplemente por sus nombres, con respeto, mas con familiaridad,  llaman los bailarines y bailarinas del Ballet Nacional de Cuba (BNC) a los tres asistentes del montaje coreográfico de La flauta mágica.

Despacio, sin prisa, La Jiribilla conversó con ellos, por teléfono o en la propia pata del Gran Teatro de La Habana, y constató que amén de los conocimientos que atesoran, los asiste una pasión desenfrenada por el ballet y un singular pundonor a la hora de contar sus méritos.

SVETLANA BALLESTER

Estuvo prestando servicios en el extranjero como maître de Ballet.  Fue la tercera en incorporarse a los ensayos, cuando María del Carmen Hechavarría y Javier Sánchez ya trabajaban y pulían el montaje coreográfico con el auxilio de Alicia Alonso.

¿Sobre cuáles momentos de La flauta mágica le gustaría llamar la atención?

Hay varios momentos: casi todas las pantomimas del Marqués, ejecutadas por Víctor Gilí, la cara que pone cuando ve a Elisa (Viengsay Valdés), o las poses que asume cuando baila con las amigas de la hija del granjero y ellas se burlan de él; la salida del Juez, recreada por Rolando Sarabia Martínez, un juez borracho, al que se le cae la peluca; el instante en que Lucas (Octavio Martín) va a tocar la flauta... Son coyunturas que no pueden pasarse por alto.

¿Cuáles son sus impresiones sobre el trabajo con la Alonso?

Me maravilla la capacidad de trabajo de Alicia, la cantidad de ideas que bullen en su cabeza, una riqueza que alcanzaría para montar cuatro Flautas mágicas más, con otros tantos guiones, personajes y pasos. Ella es de las que dice, “hagamos ahora esto así, aunque, un momento, también podríamos hacerlo de esta otra forma, ¿qué ustedes creen?”... Y nosotros qué vamos a decir, si las dos variantes son válidas... Trabajar con Alicia me da mucha confianza: es bueno sentir que la maestra tiene fe en lo que hacen sus alumnos.

Como espectadora de La flauta mágica, ¿percibe los 111 años transcurridos desde el estreno del ballet por Ivanov, el coreógrafo ruso?

El hecho de que no los note está dado por la capacidad de la coreógrafa de adaptar la danza a la época actual, sin traicionar el estilo, sin salirse de la historia, empleando la misma música. En efecto, el de La flauta es un lenguaje danzario contemporáneo, e indica que, a diferencia de lo que muchos afirman, el ballet no envejece, no es un arte caduco, sino que es una expresión cultural rica en posibilidades y oportunidades de renovación.

JAVIER SÁNCHEZ

Para él, compartir con Alicia es tan difícil como enriquecedor, una especie de pesca milagrosa, un crear de la nada, un montaje fundado en la más pura e intensa imaginación.

Javier Sanchéz (a la izquierda) en El grajero, padre de Elisa.
Ballet La flauta mágica

Después del privilegio de trabajar con la Alonso, utilizando fichas o chapas para fijar, sobre la mesa, lo que luego será la definitiva ubicación de los bailarines sobre el escenario, Javier tiene la obligación de trabajar, ya en el salón, con los intérpretes de cada personaje protagónico, y con los miembros del cuerpo de baile, para transmitirles las sugerencias y disposiciones de la artista-coreógrafa.

Hablando de La flauta mágica, y del acople con los bailarines, ¿qué personaje o intérprete requirió mayor dedicación?

Lo difícil y trabajoso de todos los montajes es el movimiento de las grandes masas, el “emparejamiento” del cuerpo de baile, la precisión del tiempo y la forma en que entra y sale cada grupo. De aquí se deduce que los deberes encargados a los personajes principales forman parte de una tarea más exclusiva. Por cierto, Alicia suele trabajar directa y personalmente con quienes interpretan los personajes de carácter, y aprovecha el momento para indicarles, con asombrosa exactitud, lo que quiere de ellos.

En tu condición de Granjero, padre de Elisa, ¿qué lugar de la obra interpretas con vivo deleite?

Me causa mucha gracia cuando el Lacayo del Marqués (Yosek Prieto) toca a la puerta del granjero, y el dueño de la granja, junto con la granjera, su mujer (Ivette González), creyendo que se trata de Lucas o de Oberón vestido de mendigo (Félix Rodríguez), lo empujan y le caen a escobazos. Momentos como ese se van enriqueciendo sobre el escenario, nunca quedan iguales.

Para montar La flauta mágica, ¿se dividió su único acto en varias escenas?

Conforme al significado de la voz inglesas track, digamos que lo dividimos en surcos, pistas o franjas musicales. Así montamos, uno por uno, los 19 tracks que componen el acto, sin que manejáramos el vocablo “escena”. Innovaciones como esta son típicas en nuestros métodos de trabajo. El track de mayor lucimiento técnico, sin prejuicio del histrionismo, corresponde a la última ejecución de Elisa, ubicada en lo que sería el segundo y último pas de deux. Dicha variación fue preparada por Alicia especialmente para Viengsay Valdés.

MARÍA DEL CARMEN HECHAVARRÍA

Acostumbrada a participar en casi todos los estrenos del BNC, por primera vez vio los toros desde la barrera, mas no sin trabajar como asistente del montaje: fue ese su grano de arena.

Está convaleciente de una operación en sus dos rodillas, por eso no hablamos con ella cara a cara, sino por teléfono. Después de la esclarecedora conversación, producida a pocas horas del estreno, le enviamos un trío de preguntas por correo electrónico.

Como espectadora, ¿qué momento de La flauta mágica te resultó más divertido?

El instante en que todos comenzaron a mover los pies por influjo del sonido producido por la flauta mágica que tocaba Lucas. Aquí estaba prevista la interpretación personal, casi espontánea, de cada intérprete, y cuando los vi bailar en la escena me divertí mucho, no sabía a quién mirar, todos lo hicieron muy bien.

Como asistente de montaje, ¿qué momento aguardaste con mayor tensión, temiendo que quedara “por debajo”? 

Desde que se abre la cortina de un estreno, y hasta que se cierra, al asistente del montaje todo le da temor. Si la música de la orquesta no tiene el mismo tiempo de la grabación con la que se ensayaron los movimientos, los bailarines pueden perder el sincronismo, y algunos, con menos experiencia, pueden adelantarse o retrasarse. La utilería  también es fuente de preocupación, aunque se realicen los ensayos generales, suelen suceder cosas inesperadas. Las luces son imprescindibles, casi siempre el luminotécnico trabaja de último, después que se completó el montaje escénico, con gran presión. Si de pronto las luces resultan fuertes, bien muy blancas o bien muy oscuras, peligra la ejecución de ciertos pasos coreográficos, en especial de los más difíciles desde el punto de vista técnico. El diseño de vestuario también puede influir en las “cargadas” y “parneos” complicados...

Así es, mientras no se cierra la cortina de un estreno, todo es desasosiego; el trabajo del asistente no termina hasta tanto no se escuchan los aplausos y los bailarines saludan al público.

Sin distinción de sexo, ¿qué personaje de La flauta... te gustaría interpretar?

A lo largo de mi vida profesional interpreté muchos personajes. Aún cuando me hubiese gustado participar del elenco de La flauta..., por esta vez mi mayor aporte debió ser en calidad de asistente del montaje coreográfico. El hecho de ayudar a las nuevas generaciones me hace feliz.

¿Algún agradecimiento especial?

Quiero agradecerle al director de orquesta Richard Bonynge su presencia en el Festival. Igual reconozco la participación de otras tantas personalidades, no puedo mencionarlas a todas, son muchas. Le entrego mi corazón a la maestra, coreógrafa y gran señora Alicia Alonso. Ella, que me enseñó todo lo que sé, es un ejemplo de voluntad y trabajo. Ojalá que, como dice ella misma, ¡viva más de 200 años!
 

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