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ALEMANIA-CUBA-ESPAÑA
CADUTA LIBERA O LA BELLA DURMIENTE
Limpieza y sentimiento. Temprana juventud y ganada
experiencia. Música de extremo a extremo. Sentido culto
al lirismo y la belleza.
H. R. Silva
| La Habana
Fotos:
Nancy Reyes
Bailarines de tres nacionalidades concurrieron en dos de
las propuestas “garcialorquianas” (en alusión a la sala
donde se presentaron) del 19no. Festival Internacional
de Ballet de La Habana.
Mientras el ya experimentado alemán Patrick de Bana y la
joven cantábrica Aida Badía bailaban Caduta libera,
con coreografía del propio germano y música de Oumou
Sangare, el primer bailarín cubano Joel Carreño, en el
personaje del príncipe Desiré, cargaba sobre sus hombros
con ejemplar estoicismo a la también española Alicia
Amatriain, convertida en la princesa Aurora en el pas
de deux del III acto de La bella durmiente.
CADUTA LIBERA
La coreografía clasifica en el género de danza
contemporánea. El escenario se presenta y se mantiene a
oscuras, salvo dos pequeños pedestales de madera sobre
los que caen, respectivamente, las luces de otros dos
reflectores.
Ella (Aida Badía) sale en ropa blanca interior. Sus
movimientos semejan a los obtenidos con una cámara
lenta. Sus manos van arriba, da un paso hacia adelante,
mueve una pierna a un costado y hacia atrás. Avanza.
Repite el mismo movimiento. Se detiene. Reinicia la
rutina. Gira hacia la luz de la derecha, sube al
pedestal y permanece en cuclillas, inmóvil.
De un salto, por la izquierda, entra él (Patrick de Bana),
con el torso desnudo, pelado al rape, vistiendo amplios
y blanquísimos pantalones de pescador, para terminar
ubicándose en el segundo pedestal... La música evoca
intensas melodías tribales africanas.
Ambos permanecen largo tiempo sentados, bajo las luces
de los reflectores, contoneando sus cuerpos de la
cintura hacia arriba...
En subsiguientes evoluciones intercambian sus lugares.
Ella, de nuevo con movimientos de cámara lenta, concluye
en la izquierda y él en la derecha. Hacia el final suben
de nuevo a los pedestales para quedar congelados, en
diferentes actitudes, cual estatuas que rinden tributo a
su propia humanidad...
La santanderina Aida Badía, con solo 20 años, debutó en
el mundo de la danza profesional apenas en enero de este
2004 por intermedio de la niña Clara, personaje de
Congelado en el tiempo, una de las últimas
producciones del Centro Coreográfico de Teatres de la
Generalitat Valenciana (TGV). El Centro es, hoy día, uno
de los pocos, sino el único, de su tipo en España,
impulsor de las actividades de promoción de la danza a
escala autonómica y nacional.
La joven bailarina cántabra aceptó el reto, primero en
Valencia y ahora en La Habana, de medirse en el
escenario con el maduro bailarín Patrick de Bana, quien
ya en febrero de 2003 había creado su propia compañía,
Nafas Dance Company, asociada en la actualidad al
Centro Coreográfico.
BELLA, BELLA, BELLA
La escena está bien iluminada, abierta, solo cortada por
el telón de fondo. Se celebran las bodas de la princesa
Aurora con el príncipe Desiré. Atrás quedó el
ceremonioso baile de conjunto. También bailaron los
cortesanos amigos de la princesa, y los personajes de
los cuentos infantiles...
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Alicia Amatriain
( la princesa Aurora)
y Joel Carreño
(Príncipe
Désiré)
en La bella durmiente |
Con coreografía de Alicia Alonso sobre la original de
Marius Petipa, y con música de Chaikovski, danzan la
princesa (Alicia Amatriain, española, actual bailarina
del Ballet de Stuttgart) y el príncipe (Joel Carreño,
cubano, primera figura del Ballet Nacional de Cuba). Los
rodea el regocijo de los espectadores.
Visten de blanco, con adornos dorados. Ella es mucho más
alta que él. En los giros lanza hacia atrás la cabeza
con fuerza inusual, por impetuosa, mientras él la apoya
vivamente.
La música va in crescendo. El despliegue corporal
de Alicia Amatriain, su elasticidad, es asombrosa,
comparable, para que se tenga una idea, con el de
nuestra Sadaice Arencibia...
Las variaciones se convierten en desafío. Él salta y
gira a un mismo tiempo, con la velocidad que lo
caracteriza, hostigado por la música que ahora es un
látigo de domador... Ella se desborda en concisión.
La ceremonia del matrimonio concluye en una gran
apoteosis que envuelve a la pareja y al público
presente. Pocas princesas Auroras reflejan, como ella,
la esencia de una bella durmiente. Su lirismo inunda la
sala...
Ha sido una gran experiencia haber tenido la oportunidad
de bailar con la Amatriain ―manifestó Joel Carreño. Es
una bailarina formidable, hemos compaginado bien, nos
hemos entendido desde el principio, y eso nos ha ayudado
mucho.
Pero tuvimos poco tiempo. Para Giselle (viernes
29 de octubre) tuvimos un primer ensayo y luego el
ensayo general, y ya está, y para este pas de deux
de La bella durmiente, lo mismo. A causa de eso
tuve que estar prácticamente adivinando cual sería su
próximo movimiento. Todo era nuevo para mí...
¿Cómo calificas su baile?
El baile de Alicia Amatriain podría calificarse con los
adjetivos de limpieza y mucho sentimiento.
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