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ENTREVISTA CON ABEL
PRIETO, MINISTRO DE CULTURA DE CUBA
"LA REVOLUCIÓN CUBANA LES RECUERDA A
MUCHOS INTELECTUALES LO QUE FUERON
Y HAN DEJADO DE SER"
Alejandro Massia y Julio Otero
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España
A
simple vista pudiera no parecer un Ministro. Su estilo
informal y juvenil (pelo largo e indumentaria
desenfadada) lo convierten en uno de los dirigentes más
peculiares de la isla caribeña. Sin embargo, a punto de
cumplir los 54 años, Abel Prieto cuenta con todo un
historial a sus espaldas el cual avala su trayectoria y
el cargo de responsabilidad que ocupa actualmente.
Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica, Abel Prieto
ha sido escritor de relatos, profesor de Literatura,
director de la editorial Letras Cubanas y presidente de
la Unión de Escritores y Artistas, antes de ser nombrado
ministro de Cultura de Cuba. En el marco de las jornadas
sobre "Cultura y libertad en Cuba", celebradas
recientemente en Cádiz, tuvimos la oportunidad de
escucharle hablar sobre la política cultural cubana. Al
término de su conferencia, el Ministro aceptó
amablemente la invitación de conversar con Tiempo de
Cuba. Esto fue lo que nos contó...
¿Cuáles son los principios fundamentales por los que
se rige y sobre los que se asienta el modelo cultural
cubano?
En primer lugar, el modelo cultural cubano se
caracteriza por el principio de la democratización
masiva, es decir, que llega a todo el mundo sin
distinción de ningún tipo. Para eso contamos hoy, por
ejemplo, con unas 50 escuelas de arte repartidas por
todo el país, cuyo cometido es evitar que se pierda el
talento dondequiera que surja, ya sea en la montaña, en
el campo o la ciudad. De modo que si hay un muchacho
dotado para la música o para la plástica, ese muchacho
ha de tener la opción de estudiar arte, viva donde viva.
Luego, un segundo principio es el de la formación de un
público receptor culto para todas las manifestaciones
del arte, incluidas aquellas manifestaciones
tradicionalmente más sofisticadas. Para nosotros es
trascendental la idea de crear a nivel de masas una
capacidad para apreciar y dominar los códigos artísticos
de una forma profunda. Y tenemos ejemplos de cómo
algunas manifestaciones minoritarias —como el ballet
clásico, el teatro experimental o la pintura conceptual—
han ido formando un público conocedor a una escala
relativamente masiva.
Un tercer elemento es que esa masividad vaya acompañada
también de una exigencia de calidad, que no se promueva
basura ni se fomente una pseudocultura para consumo del
pueblo. Eso sería ofender al pueblo. En este sentido, es
importante señalar el uso que en los últimos tiempos
venimos haciendo de las nuevas técnicas de la
comunicación y la información, (como la televisión, el
vídeo o la computación) para la difusión de la educación
y la cultura.
Por último, otro principio básico sería la defensa de la
cultura nacional, si bien desde una vocación universal,
sin caer en chovinismos ni provincialismos. En nuestra
política cultural hay una defensa de la tradición
cubana, tanto de la cultura popular como de la llamada
alta cultura. Pero al mismo tiempo trabajamos muy duro y
en condiciones muy adversas por difundir la riqueza de
la cultura universal dentro de Cuba.
¿Qué tipo de cultura extranjera es la que se difunde
en la Isla?
Existe una enorme variedad. Por citar algunos de los
ponentes que participaron en estas jornadas, os diré que
hemos publicado libros de Andrés Sorel, de Alfonso
Sastre y ahora de Belén Gopegui. También hemos divulgado
muchísima literatura latinoamericana. Y, una cosa
curiosa, hemos realizado un gran trabajo con la
literatura norteamericana. Porque ser antimperialista
para nosotros no equivale a ser antiestadounidense. Nos
consta que los grandes creadores de EE.UU. son también
víctimas de la llamada industria del entretenimiento y
tratamos de establecer lazos con la gente honesta que
hay en ese país. Un gran número de escritores y
cineastas norteamericanos han venido siempre a nuestros
festivales de cine y ferias del libro hasta que Bush les
retirara la licencia para viajar a la Isla. Llegado este
punto quiero dejar claro que los intercambios culturales
con EE.UU. han estado siempre limitados por la
Administración norteamericana; nunca por nosotros que,
al contrario, hemos propiciado por todas las vías
posibles el diálogo con lo mejor de la cultura
norteamericana.
¿Y qué es lo que hace a Cuba, culturalmente hablando,
diferente al resto de países?
Yo diría que mientras en otros lugares el mercado es el
que dicta las reglas del juego, en Cuba lo utilizamos
solo para promover nuestra cultura internacionalmente.
Nosotros pensamos que el mercado es un gran enemigo de
la cultura y del verdadero arte. De hecho, cuando en las
últimas décadas ha aparecido alguna manifestación
artística con un sentido crítico, el mercado siempre ha
tratado de mutilarla. Por eso solo recurrimos a él como
medio de promoción, pero sin hacer concesiones. Nuestra
política cultural no la decide el mercado como sucede en
otros sitios, donde la gente puede no conocer a un gran
escritor o músico de su país y, sin embargo, saber
perfectamente cuáles son las intimidades de Michael
Jackson.
¿Cómo afecta el bloqueo de EE.UU. al campo de la
cultura? ¿Qué impacto tiene en el desarrollo cultural
del país?
Un impacto realmente duro. Ten en cuenta que a nosotros
nos saldría muchísimo más barato comprar en EE.UU. la
mayoría de los insumos, empezando por los instrumentos
de música o el material de artes plásticas para nuestras
escuelas de arte. Pero debido al bloqueo no podemos. Si
nos referimos por ejemplo al ámbito musical, resulta
imposible saber cuánto dinero perdemos en derechos de
autor de nuestros músicos. La música cubana ha tenido
históricamente un mercado tradicional enorme dentro de
los EE.UU. No se puede calcular, por tanto, lo que
representaría para nuestras empresas estatales del disco
y para nuestros músicos el acceso al mercado
norteamericano. Como tampoco se puede calcular lo que
significaría en términos económicos que nuestros
artistas plásticos pudieran entrar en las grandes
galerías y casas subastadoras de los EE.UU. Pero las
pérdidas no son sólo de tipo económico, también las hay
de tipo promocional. Hoy EE.UU. es lamentablemente
esencial y decisivo para la promoción artística.
Uno no puede olvidar tampoco las cosas horrendas que le
han hecho pasar a muchos de nuestros artistas, como
Ibrahim Ferrer o Chucho Valdés, a quienes se les ha
negado la visa para entrar en EE.UU. aplicando un inciso
por el que se les consideraba "personas peligrosas para
los intereses y la seguridad nacional". ¡Como si fueran
terroristas! Por último, te diré que el pueblo
norteamericano también es víctima en cierta medida del
bloqueo, ya que se le niega el acceso al mensaje
cultural de Cuba.
¿En qué contexto surge la Batalla de Ideas y cuál es
su significado político, social y cultural?
Bueno mira, la Batalla de Ideas surge en el contexto de
la lucha por el regreso del niño Elián González, que fue
secuestrado en Miami hace unos años. Toda Cuba se
estremeció entonces con este caso y fueron muchos los
artistas y profesionales del mundo de la prensa y de la
cultura los que participaron, junto al pueblo, en
innumerables actos de reclamo del niño. De esa época
nace la idea de Fidel de trabajar por formar un cubano
con una cultura general integral y al mismo tiempo de
llevar esa cultura a todas partes. En el aniversario 150
del natalicio de José Martí, Fidel dijo que la tarea
principal de la gente honesta en este mundo era la de
"sembrar ideas, sembrar conciencias". Y sembrar tanto
dentro como fuera del país. Por eso frente a la
estupidez, la barbarie y la ley del más fuerte que hoy
se pretende imponer a nivel mundial, nosotros tratamos
de defender otro mundo posible. Frente al modelo
neoliberal, esa versión feroz del capitalismo que
reserva para una ínfima minoría el lujo del consumo y
excluye a ¾ partes de la población mundial, nosotros
proponemos la defensa de los valores de justicia social
y auténtica democracia. Pensamos que lo que hay que
globalizar, no son las bombas ni el odio, sino la paz,
la solidaridad, la salud, la educación para todos, la
cultura, etc. Por eso, cuando nuestros médicos van a
ayudar a otros países, aunque su misión es trabajar por
la salud, también están siendo portadores de nuestros
valores y de nuestras ideas de solidaridad.
Esa es en esencia la Batalla de Ideas. Llamamos Batalla
de Ideas a un trabajo de carácter ideológico que hemos
estado haciendo a través de distintas vías, incorporando
por cierto a mucha gente joven. El protagonismo actual
de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en la vida del
país tiene mucho que ver con esto. Y, a su vez, la
Batalla de Ideas está muy relacionada con los miles de
trabajadores sociales que hemos formado para ayudar a
los sectores más desfavorecidos; los instructores de
arte que hemos preparado por todo el país; y el uso de
las nuevas tecnologías de la comunicación para difundir
la cultura, la educación (hoy contamos con dos canales
educativos de TV), pero también para llevar la verdad de
Cuba —a través de internet— a todas partes. Todo eso
forma parte de la Batalla de Ideas, que hoy está más
orientada hacia lo que sucede en Venezuela y el modelo
de colaboración solidario que se está gestando entre
este país y Cuba.
Uno de los temas analizados en estas jornadas ha sido
el papel de los intelectuales y el alejamiento que
progresivamente han ido escenificando con respecto a la
Revolución cubana. ¿A qué achaca esa posición de
rechazo, e incluso de condena, en tantos casos?
Yo diría que eso tiene mucho que ver con todo el trabajo
que se ha hecho desde la derecha para dañar la función
crítica del intelectual. Si te fijas, hoy casi todos los
circuitos de legitimación intelectual están en manos de
la reacción. Se ha empleado mucho dinero para que los
intelectuales abandonen su posición crítica frente al
sistema. Yo pienso que muchos se han ido contaminando de
esos códigos y algunos, incluso, han sido honestamente
confundidos por las campañas de difamación contra Cuba.
Pero otros sencillamente han dejado de ser lo que eran y
se han acomodado. En este sentido, la Revolución cubana
les recuerda lo que fueron en su juventud y lo que han
dejado de ser. Por eso la causa de Cuba les molesta
especialmente, porque se les aparece como una especie de
fantasma que les hace avergonzarse y les dice que
finalmente claudicaron.
De todos modos, esto está muy relacionado con lo que
anteriormente comentaba del papel del mercado. Yo a
veces me pregunto qué pasó con la canción protesta
norteamericana de los años 60. ¿Qué hicieron los
americanos con aquella gran canción de autores como Bob
Dylan o Joan Baez? Todo eso fue anulado por el mercado,
que fue mutilando el sentido crítico de aquella
expresión artística. Lo mismo ha sucedido con el rap o
el hip-hop, que nació en los barrios negros de Nueva
York como un tremendo grito de protesta. Y, sin embargo,
toda esa autenticidad y esa rebeldía original del rap,
que denunciaba la discriminación racial y tantos
problemas sociales, ha sido también paulatinamente
aniquilada por el mercado. Ahora nos están promoviendo
un rap light, como el de Eminem, que habla de la
sensualidad, del sexo...pero que no tiene nada que ver
con las raíces de esa manifestación. Así es cómo el
mercado se encarga de quitar de la agenda las cosas que
pueden dañar al sistema.
¿Y no teme que con la apertura al turismo se vaya
introduciendo en la población cubana una mentalidad
consumista, fundamentalmente en los jóvenes? ¿No se
corre el riesgo de que los valores e ideales de la
Revolución sean sustituidos por los propios del mercado
y de las sociedades capitalistas?
Yo creo que el reto hay que afrontarlo. En el mundo
globalizado en que vivimos no es posible pensar en una
isla utópica rodeada de una gran muralla china, en este
caso cubana. Eso es absurdo y además imposible. Los
cubanos no estamos metidos en una probeta de laboratorio
o en una especie de área estéril de hospital. Estamos en
este mundo y hay que ser consciente de que la
contaminación va a entrar siempre por todas partes. Lo
que tenemos que hacer, por tanto, es preparar a la gente
para que pueda hacerle frente a esa contaminación, ya
sea creándole hábitos culturales tempranos, ya sea
enseñándole a pensar por sí misma. Hoy está más vigente
que nunca la frase de Martí de que "ser cultos es el
único modo de ser libres". Uno solo es verdaderamente
libre cuando está formado y posee profundas referencias
culturales, además de un amplio conocimiento del mundo
en que vive.
Al hilo de esto, no creo que la solución tenga que venir
a través de la vía de la prohibición. Ese no es el
camino de nuestra política cultural y educacional, que
por cierto quedó sintetizada muy bien en una frase de
Fidel, allá por los años 60: "No le decimos al pueblo
cree, sino lee". Ahí queda recogida la esencia de
nuestra política cultural, que no tiene que ver para
nada con formar fanáticos o fundamentalistas, sino con
formar a gentes que asuman el compromiso con la
Revolución a partir de la cultura. Por eso nosotros
ponemos todas las películas que nos llegan del satélite
y algunas —créanme— son realmente malas y perniciosas,
pero se ponen igualmente. Porque le damos mucha
importancia al hecho de que el cubano no sienta que le
estamos prohibiendo productos de esa cultura de masas.
Nuestro objetivo ha de ser, pues, el de intentar que la
gente esté preparada interiormente para decidir por sí
misma qué ve y qué no ve. Y pienso que para afrontar
este reto la clave está en la calidad de la educación,
por un lado, y en el trabajo de los medios de
comunicación, por otro. Por fortuna en Cuba no tenemos
medios privados y podemos contar con ellos para
promocionar la lectura e impulsar nuestros planes
culturales. Algo que en otros países no se puede
hacer.
¿Cómo son actualmente las relaciones culturales entre
Cuba y el estado Español? ¿Hay posibilidades de que
mejoren a raíz del cambio de gobierno que se ha
producido en nuestro país?
Está claro que durante el gobierno de José María Aznar
se hizo todo lo posible por dañar la relación con Cuba,
no solo en el aspecto cultural, sino en todos los
campos. Pero también es verdad que, al margen de las
autoridades, siempre ha existido una relación de
carácter cultural entre los dos pueblos, y eso ningún
gobierno lo puede bloquear. Con la ministra Carmen
Calvo, además, hay una buena relación desde que era
consejera en la Junta de Andalucía y pienso que tiene
una posición favorable a colaborar con nosotros. Por
nuestra parte tampoco hay ningún tipo de obstáculos. Es
más, estamos interesados en diversificar la presencia
cultural del mundo en Cuba y, particularmente, la
presencia española. Nosotros nunca politizamos la
relación cultural; al contrario, hacemos un énfasis
especial para que haya siempre una presencia en nuestros
escenarios, salas de cine y teatro de la cultura europea
y universal. En todo caso, hay que estudiar los próximos
pasos que se van a dar. Me parece que es todavía
temprano para percibir cambios en las relaciones
culturales entre ambos países y considero aventurado
lanzar en estos momentos un pronóstico en tal
sentido.
¿Cómo ve el futuro? ¿Qué importancia atribuye a la
cultura en la pervivencia y desarrollo de la Revolución
cubana?
Mira, Fidel ha colocado la cultura en el centro de la
resistencia cubana. Hoy la cultura goza de un papel
protagónico y de un prestigio social en Cuba como nunca
antes había tenido. Mi opinión es que este auge cultural
tiene que ir de la mano de una Cuba que haya resuelto
sus problemas materiales para las mayorías y que esté
vacunada frente a la propaganda consumista. En estos
momentos estamos tratando de lograr un socialismo
todavía más humano si cabe, pero eso no quiere decir que
asumamos los patrones del consumismo. Nosotros no
podemos diseñarle al cubano un futuro en que cada
familia tenga —como salen en las películas yanquis— dos
automóviles, una piscina o un chalet. Pero sí hemos de
garantizarle condiciones dignas de vida y al mismo
tiempo que esa vida sea rica en términos espirituales y
culturales. Se trata de concebir la cultura como una
forma de crecimiento y realización personal, que tiene
que ver con la calidad de vida. En este sentido,
nosotros estamos convencidos de que la cultura puede ser
un antídoto frente al consumo y frente a esa idea tan
repetida de que solo comprando se puede ser pleno y
feliz en este mundo. Creo que esa debe ser nuestra meta.
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