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presentación de la revista cubana de hip hop
TERCER MOVIMIENTO
Miguel
Ángel Fernández Oro|
La Habana
Los vientos y las lluvias que el ciclón Charley desató
sobre La Habana durante el pasado mes de agosto,
impidieron que por esos días se realizara la décima
edición del Festival de Rap Habana Hip Hop. Pero la
entidad auspiciadora, la Asociación Hermanos Saíz, no se
quedó con los brazos cruzados y ha venido trabajando
durante los meses posteriores, para que desde ayer y
hasta el domingo este hecho cultural sea realidad en el
tradicional Anfiteatro de Alamar y en el Salón Rosado de
la Tropical.
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En la
mañana del
5 de noviembre dio comienzo el coloquio de
este festival, evento teórico que desde un principio ha
estado presente en este espacio de fiesta y reflexión.
Antes de la presentación y discusión de las ponencias se
presentó el tercer número de Movimiento,
la Revista Cubana de Hip Hop. Para ello, su director
Ariel Fernández Díaz trajo a la mesa a Fernando Martínez
Heredia, ensayista y profundo e incansable trabajador de
nuestro pensamiento y su imbricación en el contexto
universal. Y también a Fernando Rojas ensayista y
director del Centro Nacional de Casas de Cultura, que
desde hace años estudia a pie de obra el origen,
comportamiento actual y perspectivas de las diferentes
vertientes, de lo que pudiéramos llamar, el movimiento
juvenil cultural cubano.
Rojas
hizo necesaria memoria de la situación que afrontaba el
rap en Cuba, cuando se realizó el primer festival y aún
era prácticamente imposible aquilatar la dimensión
cultural que tenía y tendría el rap para nosotros. No
pocas veces rodeados de personas o instituciones poco
entusiastas o rechazadoras de esta manifestación
artística. Y este momento actual en que los raperos
cubanos han podido ganar más amplitud en la radio, la
televisión y los diferentes tipos de prensa, contando y
con una agencia para la mejor proyección de su trabajo,
reflejado en la revista movimiento, que les pertenece.
Martínez
Heredia, que agradeció que le hubieran invitado, porque
al no ser un especialista en materia rapera, había
tenido que leer con más detenimiento los materiales
incluidos en el tercer número de la revista. A partir de
lo cual había podido tener cabal certidumbre de la
importancia que ya tiene el rap en la Isla, como
auténtica expresión de la cultura cubana. Ser
precisamente una parte de la cultura cubana, desde donde
se manifiestan preocupaciones, reflexiones, sentimientos
de pertenencia al cuerpo general de la identidad
nacional, que difícilmente podrían brotar de otro sitio.
También significó que en contacto con este tercer
Movimiento, se puede advertir con claridad que los
raperos cubanos no renuncian
—ni
tienen por qué—
a
la posibilidad de divertirse al hacer sus canciones,
pero no se quedan en el ejercicio de la fiesta vacía.
Los textos de sus temas son un llamado constante a la
reflexión y al compromiso con las causas mejores.
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Yanet, Duricep y Yudith, Grupo Instinto |
El
número tres de Movimiento abre con su editorial
donde se advierte: “Cuando se trata de captar los
momentos fundamentales de un fenómeno sociocultural
trascendente como si el hip hop en Cuba, la cosa no es
para juegos. Cualquier omisión o alteración de los
hechos y sus personajes, inmediatamente incorpora a
nuestra vida adversarios eternos. Mas ese es el riesgo
de quien va tras la saga de pequeñas y grandes
historias. ¿Qué más se puede hacer, sino intentarlo? Por
tanto, y con el nivel de exigencia con que nuestra
conciencia dialoga, asumimos, con total responsabilidad,
el reto.”
En mi
opinión este número especial de la revista, con motivo
del décimo aniversario del Festival de Rap Habana Hip
Hop, cumple su cometido, a través de los diferentes
trabajos, que no necesariamente coinciden siempre en sus
puntos de vista sobre determinados detalles, pero de
manera esencial potencian el elocuente ser cubano de
esta música.
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Rodolfo Rensoli y Balesy Riviero, promotores del
Primer Festival de rap Habana Hip Hop. |
Cabe
destacar en esta publicación Se buscan: textos
urgentes para sonidos hambrientos (Siete notas de
viaje sobre el hip hop cubano en los diez años del
Festival de Rap de La Habana) de Roberto Zurbano. Haber
sido dirigente de la Asociación Hermanos Saíz, por mucho
tiempo único apoyo institucional de este movimiento, le
permite entrar en consideración los principales hitos,
asumiendo consideraciones medulares, que no pocas veces
pueden incitar a la polémica.
Los
principales protagonistas van tomando la palabra, a
través de trabajos de investigadores o periodistas
regularmente vinculado a Movimiento o llamados
para esta ocasión. Se encuentra ¿Está ocupando el rap
su lugar en la vida?, de Antonio Paneque, donde los
pioneros Rensoli y Balesy hacen memoria. El propio Ariel
Fernández Díaz entrevista a Pionero Pando y al grupo
Instinto, integrado por tres muchachas que se encuentran
entre lo más importante de nuestro rap. No solamente
relevantes por su empeño de reivindicar los derechos a
la verdadera igualdad social de la mujer, no por
manifestar otras preocupaciones, que van más allá de la
condición sexual.
“Black
August: Agosto Negro.
Apuntes
para la historia de un proyecto integracionista y
solidario” y “Dead Prez. ‘Radicalismo a toda costa’”,
de Dj. Asho, son muy valiosos trabajos para adentrarse
en la problemática del rap en su lugar de origen.
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“El hip hop en la isla de las utopías”, un artículo
valorativo de los sucesos del rap en Cuba, desde su
aparición aquí, hasta nuestros días, escrito por
Bladimir Zamora Céspedes, cierra este número de
Movimiento. En sus líneas conclusivas dice: “Para el
rap en Cuba han quedado atrás los tiempos de
incomprensiones e intolerancias esenciales, aunque
todavía quede un trecho de camino por recorrer en ese
sentido. Por la autenticidad de su trabajo y las
instituciones que les apoyan, han logrado una presencia
cada vez más grande en los escenarios de todas las
provincias, así como en la radio y la televisión. Sin
embargo, ahora se imponen otros retos a nuestro rap. No
dejarse seducir por proposiciones de grosero
mercantilismo y cuidar con mucho celo un discurso
radical, que se ha ganado el derecho de expresar su
desacuerdo con todo o que a escala individual o
colectiva le afecta. Es el único modo de mantenerse en
la vanguardia de nuestra música, e incluso influir en otras zonas de nuestra cultura (...)
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