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LA CRÍTICA DE ALEJO CARPENTIER
EN LAS ARTES PLÁSTICAS Y
LA LITERATURA UNIVERSAL

 
Rolando Toledo Rosabal | La Habana
Ilustraciones: Isbel María Álvarez Temes

 

“A través de ese medio, tendrás la gloria del mundo,
y toda oscuridad se apartará de ti."

LA TABLA DE ESMERALDA DE HERMES TRISMEGISTO


Alejo Carpentier (1904-1980)


CARPENTIER EN EL SUBSTRATO DE LA HISTORIA

I. AFLUENCIAS Y CONVERGENCIAS DEL PENSAMIENTO HUMANO

Para un análisis concienzudo de la magna obra carpenteriana, nos sería como una señal benefactora, adentrarnos por los caminos refulgentes de la óptica artística-literaria que abordó exitosamente con sus criterios y apreciaciones, el autor de esa obra monumental La consagración de la primavera, siendo casi imposible, con toda seguridad, darle agotamiento a la quintaesencia que se desprende de toda su obra, vida y extrarradiante pensamiento, dentro de este reducido marco de homenaje a una de las más grandes figuras de las letras hispanas y universales.

Pudiéramos iniciar el diálogo observando, entre la multitud de sus obras, aquellos textos que están enmarcados por una aureola misteriosa del verbo, como los referentes: a los muchos artículos, crónicas y reseñas, donde con un juicio acertado de los temas, el contenido de las fuentes y la variedad que se desprende de sus trabajos periodísticos, confluyen en un valor de conjunto, los arduos aspectos que tanto preocuparon su espíritu investigativo, siendo, por ende, su prosa legítima un riachuelo de luz para el esclarecimiento y la búsqueda de la verdad.

Si miramos la historia como la forma de un ente que se desplaza horizontalmente sobre un panorama vertical, tendríamos que admitir que Alejo Carpentier hizo posible, metafóricamente, el sueño de los sabios antiguos, al referirse a la Cuadratura del Círculo como percepción que une la línea con la curva en un solo plano de realización. No hay dudas que esta asimilación de los conocimientos humanos, estaba intrínsecamente unida a su innata manera de aprehender la nueva visión desprendida del océano vital que encierran las cosas.

La perspectiva uniforme de los escritos que nos dejó Carpentier, encierran aquellos enigmas paraliterarios que pueden servirnos de guía en el maremagnun de reflexiones actuales en torno a los dilemas de la multiculturalidad; el hecho mismo se hace evidente, si retomamos entre sus aportes a la literatura hispanoamericana, aquella visibilidad que tuvo para apreciar el arte, la poesía y la cultura en general, como un medio de alcanzar la liberación espiritual de la evolución histórica de la humanidad.

De este modo, Carpentier se nos presenta, en su justa medida áurea, como el alquimista que sabe combinar cada uno de los ingredientes que han sido engendrados a través de las distintas épocas y etapas en el devenir secular de la propia creación humana.

2. CONFLUENCIAS Y DILEMAS DE LA IMAGO MUNDI

La imagen de la realidad es aquella que se oculta a la mirada exterior de las cosas. Con este postulado abordaremos la crítica que ejerciera Carpentier dentro del ámbito de las Artes plásticas. Trataremos, por tanto, de señalar que en el primigenio artículo dedicado a la muerte del genial pintor ruso León Bakst, encontramos algunos de los aciertos importantes, que se va a constituir en uno de los principales pilares, de toda su escritura filosófica y sociocultural, escrita con la polaridad de un imán que atrae siempre lo mejor.

El peculiar modo de enfocar la vida artística de los grandes genios de la pintura, colocando la teoría de la universalidad del arte en primer peldaño, nos invita a la humanización reflexiva, cuando dice, refiriéndose al eximio artista: "Su nombre está unido íntimamente a las mayores concepciones teatrales de principios de este siglo. Fue durante mucho tiempo, con Golovine, Alexandre Benoit y Roerich, el animador de las obras maestras que presentaron los Ballets rusos." Lo que constituye en el leit motiv de Carpentier es la Ley de correspondencia que ofrecen sus puntos de vista, patentizándolos junto a las conquistas cimeras de lo más sagrado que hay en las entrañas del fuego de la creatividad. Incluso, Carpentier es capaz de penetrar con su aguda crítica, en los difíciles mundos de los temperamentos pictóricos de cada uno de los grandes genios del arte. Al decir: "La santa Rusia de las tradiciones milenarias, vive en el temperamento místico, conventual, de Roerich; Bakst era harto inquieto para recluirse en el claustro de su folklore, y su imaginación volaba demasiado lejos para detenerse en objetos inmediatos." Lo que agudiza aun más la justeza de Carpentier, es su tratamiento específico que le dá a cada enjuiciamiento suyo una fuerza criteriológica insuperable.


Nicolás Roerich (1874-1947)

En este mismo artículo finaliza diciendo: "Bakst, por su temperamento, vivía entre Bagdad y Bizancio. Mientras Roerich místicamente eslavo, tomaba a la ciudad de los Comnenos sus evangeliarios, sus monasterios, sus simandras y Cristos lívidos, Bakst estrechaba entre sus brazos una Teodora cubierta de pedrería, contemplaba el Cuerno de Oro, con sus remolinos de agujas centelleantes, y asistía al desfile de dromedarios grises de polvo, que volvían con riquezas inauditas de misteriosas comarcas donde jamás se supo de las siete cúpulas de la Santa Sabiduría."

En este típico ejemplo, Carpentier, asume y demuestra hasta dónde puede llevarse la unificación del arte con el ocultismo. Hay que recordar que el mundo había experimentado una barbarie con su crisis de valores espirituales, luego del holocausto de la Primera Guerra Mundial, se hacía necesario ir en busca del espíritu.

En otro memorable artículo "Stravinsky y sus pintores"', Carpentier osa decir: "Para la escenografía de sus ballets, Stravinsky ha tenido la suerte de poder contar con la colaboración de algunos de los pintores y decoradores más notables de esta época: Picasso concibió las decoraciones de Pulcinella, en tanto que Matisse pintó las de El ruiseñor. La consagración de la primavera nació a la luz de las candilejas en compañía de Roerich, artista singular, muy afecto a las artes primitivas rusas, de quien mucho se hablaba a comienzos de este siglo."

Sobre este Ballet, del cual Alejo Carpentier tomó el título para escribir su ya legendaria novela, La consagración de la primavera, veamos cómo el mismo Stravinsky describe la idea que le inspiró su extraordinario y ponderado ballet "Un día, cuando estaba dando los últimos toques a El pájaro de fuego, tuve una imprevista visión. Me vi ante una antigua ceremonia pagana: viejos hechiceros sentados en círculo, alrededor de una adolescente que danzaba hasta morir. La sacrificaban para hacer propicia a la diosa primavera. Debo confesar que esta visión me causó un profundo efecto y se la describí a mi amigo el pintor Nicolás Roerich." La culminación del ballet se llevó a cabo con la estrecha colaboración del propio Roerich, donde Stravinsky trazó una composición dividida en dos partes principales: 1- La adoración de la tierra; 2- El sacrificio.

No se debe ignorar que Carpentier conocía perfectamente la cultura europea como uno de sus propios ciudadanos que hubieran nacido en algunas de las ciudades del Viejo Continente. por esa razón, no queremos olvidar, aquel bello artículo publicado en El Nacional de Caracas, que tituló "Un pintor poeta", dedicado al excelente artista y escritor Max Ernst, quien supo alcanzar una estatura magistral a través de sus poemas y collages pictóricos, plenos de una exuberancia esotérica y surrealista, como muy pocos habían alcanzado hasta aquel momento.

Carpentier logra sintetizar en ese maravilloso texto toda la magia del gran bardo pintor, hasta sublimizar los acordes de su lira con palabras insuperables, al testimoniar: "Mirar, para Max Ernst, es descubrir la secreta historia del mundo, la misma que Debussy hallaba en el relato del viento que pasa".

Al comentar acerca de estos pasajes en la obra de Carpentier, he querido hacerlo con un motivo especial de recordación en este año de su Centenario, específicamente refiriéndome a sus crónicas y reseñas periodísticas relacionadas con la vida y obra de algunos de los grandes artistas de la plástica mundial que iluminaron el panorama del quehacer cultural en el prolífico tiempo del que también fue protagonista el célebre autor de El siglo de las luces.

La realidad oculta de la imagen vuelve a evocar su nombre y su figura, como otra nueva confluencia histórica-metafísica, junto a los dilemas que hoy vive el mundo, tras la imago mundi de los sueños y las esperanzas de un mundo mejor.

3. TRAS LA BÚSQUEDA DEL LOGOS CARPENTERIANO

Acontece muchas veces que el conocimiento de la palabra se vuelve un boomerang para lograr descifrar los enigmas de las ideas. Hay que afirmar que Alejo Carpentier fue un escritor de gran alcance en las ideas. Sobre todo de aquellas que tuvieran una amplia visión de los mundos inteligibles del ser pensante y humano. En este sentido, sus crónicas mantenían siempre la expectativa de ir más allá de los conceptos relativos, a que comúnmente se tiene acostumbrado a la inmensa masa de lectores de sus sempiternas y excepcionales obras. Por esta recurrencia, al penetrar en el jardín del logos carpenteriano, debemos dejar abiertas otras nuevas posibilidades cognoscitivas dentro del discurso por donde sus escritos consignan la gama de sabiduría, que reflejan fundamentalmente, no sólo el oficio consumado de una escritura, si no también, los valores de un talento natural disponible a cada instante, a ver la esencia primordial de la realidad del espíritu y sus múltiples facetas gnoseológicas.

Queremos revalorizar los criterios de Alejo Carpentier sobre la crítica literaria emprendida acerca de los tópicos de la poesía en sus relaciones con los escritores del pasado que sostuvieron vínculos con las distintas doctrinas esotéricas.

Para este propósito, centraremos nuestro interés en varios artículos que escribió para el periódico El Nacional de Caracas, publicados entre los años 1951 y 1961, haciendo gala de un extraordinario magisterio con su prosa encendida de lúcidos discernimientos, profundos buceos intuitivos y de una amplitud de conceptos universales, que precisan en cada lector, de un bagaje intelectual bastante amplio y poco común, en la interiorización de acertadas lecturas.

Es notorio, apreciar en Carpentier una especie de escritura de orfebrería, cuando, por ejemplo, revisamos su artículo "Una antología del ocultismo", sus códigos lingüísticos se adaptan perfectamente a la materia que es objeto de sus interpretaciones. En este mismo pasaje de sus críticas, es digna de admiración la forma en que hace partícipe al lector avisado, de los aspectos más relevantes de la tradición ocultista en el campo de la literatura.

Carpentier llega, empero, a alertar a los más crédulos, con un testimonio, fehaciente de reflexión filosófica, al afirmar: “Claro está que en una tarea de esta índole, debe uno andarse, como suele decirse, con pies de plomo".

En esta postura debemos distinguir, al novato del sabio. Pues, Carpentier sabe que las tradiciones herméticas poseen sus cofradías iniciáticas, verídicas y reales. En tanto, que se puedan unir, el espíritu del saber con el alma de la experiencia. Por eso,  llega a reafirmar a los autores auténticos de los improvisadores, lo cual le da el pie forzado a escribir: "Pero al lado de esos casos dudosos, están en muy buen lugar los textos medioevales referentes al misterio del Santo Grial, Las bodas del cielo y el infierno de William Blake y algunos textos de esos perfectos escritores escritores además de ocultistas―, que fueron Fabre d’ Olivet y, sobre todo, el admirable Claudio de Saint-Martin." La seducción que llegó a sentir Carpentier por el ocultismo es innegable. De ahí  que es muy probable, casi seguro, que llegara a estudiar la obra de este último autor, calificándolo, como él mismo asevera, de "admirable", por el hecho consabido que Louis Claudio de Saint-Martin fue una de las grandes lumbreras del movimiento místico-espiritualista de finales del siglo XVIII.

Otro dato importante en esta disquisición, es la amplitud del compás de su abanico en la crítica literaria, donde llega a plasmar en ese mismo trabajo su magnífica apreciación pluricultural del ocultismo, que lo hace expresar: ",...el cántico del amigo y del amado de Raimundo Lulio, que es, con su neoplatonismo matizado de influencias arábigas, uno de los textos "ocultistas" más hermosos que se hayan escrito nunca."

Por otra parte, hay que leerse, además, la opinión que da Carpentier en una de las reseñas periodísticas más emblemáticas sobre la suerte que corrieron estos libros y autores después de sus muertes. En "Una polémica sin solución", dice Carpentier al inicio de esta pieza: "Todo escritor, al morir, deja forzosamente una gran cantidad de textos inéditos." Así también explica, más adelante: “¡¿Acaso no tienehoy un inestimable valor literario ciertos textos inéditos de Rimbaud, de Baudelaire, de Lautréamont, publicados después de sus muertes...?”


Isidore Ducasse - Conde de Lautréamont (1846-1870)

Los temas tratados por Carpentier abarcan desde el sentido poético de la vida, en el auge de la creación y la perseverancia del alma humana, hasta los confines, de un simple hecho acaecido en cualquier rincón de la Tierra, si en este lugar hay alguna connotación para su pluma y su toga de crítico excelso.

En un artículo dedicado a Rémy de Gourmont, "Un gran olvidado", Carpentier introduce su participación en la polémica acerca del enigmático Conde de Lautréamont, aseverando que "'Gourmont, fue el verdadero descubridor" de este insigne poeta francés, que muchos reclaman su nacimiento en Montevideo; lo mismo que descubre "sus Cantos de Maldoror, que tan enormemente influyeron en el nacimiento y auge del superrealismo", al cual dedica Rémy de Gourmont "una acuciosa investigación acerca de su personalidad y obra, dando con las poesías, textos que eran perfectamente ignorados por los escritores de su tiempo."

Carpentier profundiza aún más en esta temática en un inolvidable pasaje sobre el “50 aniversario de los raros”, en un homenaje al maestro del modernismo Rubén Darío; haciendo alusión que "En una reciente bibliografía del Conde de Lautréamont, un crítico francés señalaba que el ensayo de Rubén Darío sobre el autor de Los Cantos de Maldoror era uno de los primeros que se hubieran escrito en su elogio anticipándose con esto, sobre los surrealistas, en cerca de treinta años."

Seguidamente, Carpentier fustiga con su pluma: "En cuanto al Conde de Lautréamont, su verdadera gloria lo se inició hacia el año 1920, cuando la evolución de los movimientos poéticos mundiales confirió a los Cantos su insospechada escala.'"

En memorable texto titulado "Poesía y ocultismo”, Carpentier hace un derroche de virtuosismo literario para sintetizar doctrinas y tendencias y gustos alrededor de la vida y obra de muchos de los genios de la poesía mundial, en sus estrechas relaciones con las genuinas tradiciones esotéricas, que sirvieron de acicate a la proliferación de sus obras más famosas. Tenemos el caso, excepcionalmente, de los avatares poéticos de Goethe, de Mallarmé, de Rilke, de Lamartine, de Baudelaire, de Rimbaud, de Wagner, de Víctor Hugo, de Claudel, de Shakespeare, de Bacon, de Walter Raleigh, de Claudio de Saint-Martin, de Shelley y William Blake.

Todos ellos "pueden considerarse como poetas cuyas obras encerraban un mensaje oculto." Un razonamiento que validamos con entera justicia histórica.

La conclusión ha que llega Carpentier en este somero estudio, nos evidencia, que "El poeta hace suyo cualquier mito que se relaciona con su visión del universo   ―encuéntrelo donde lo encuentre."

En este Centenario se revitaliza la memoria de uno de los escritores cubanos que más ha repercutido sobre la literatura cubana de finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Con el estudio de su obra se perfilan nuevas generaciones de escritores bajo el emblema de su guía literaria.

Los intelectuales del mañana volverán a hojear los libros de Carpentier con la convicción de encontrar en ellos, no sólo reflejos de la historia humana, sino de aquellos valores eternos de la creatividad al servicio del pueblo, y mucho más que ello, la misma razón de ser del hombre ante el compromiso de servir a la humanidad. Aún resuenan en nuestros oídos sus palabras legendarias:

“... el hombre nunca sabe para quién padece y espera. Padece y espera y trabaja para gente que nunca conocerá, y que a su vez padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada más allá de la porción que le es otorgada. Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse tareas. En el Reino de los Cielos no hay grandezas que conquistar, puesto que allí todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por eso agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida, en el Reino de este Mundo."
 

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