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SERIE
CAMINOS DE REVOLUCIÓN
Haciendo caminos al andar
Joel del
Río|
La Habana
La serie Caminos
de Revolución —dirigida a seis manos por cineastas
tan experimentados como Manuel Pérez, Daniel Díaz Torres
y Rebeca Chávez (cada uno se encarga de dos capítulos,
excepto Rebeca Chávez, que dirigió tres de estos
documentales)— entiende el cine y la condición
audiovisual al modo de espejo que recorre un largo
camino, como testimonio emotivo de los empeños
emancipadores de varias generaciones, como misiva
amorosa y agradecida a la obra colosal y palpitante de
hombres y mujeres que entregaron todas sus fuerzas y su
tiempo, al punto de juntarlos con el tiempo de la
Historia, y así labrar esos caminos que conducen a una
sola dirección, esos caminos que se escogen como única
solución, por emplear los términos de la célebre
canción-guaguancó de Pablo Milanés que le sirve de
leit-motiv a toda la serie.
Che Guevara: donde
nunca jamás se lo imaginan,
de Manuel Pérez, y Los cuatro años que estremecieron
al mundo, de Daniel Díaz Torres, se destacan por la
habilidad puesta en práctica por sus creadores para
relatar, con prístina habilidad narrativa y encomiable
destreza para la síntesis, las circunstancias más
difíciles y complejas, esas que tomadas en conjunto y
sucesión engranan la Historia con mayúsculas. Estos dos
capítulos se mantienen a salvo de la acumulación más o
menos inconexa de secuencias e imágenes que tanto abunda
en los llamados documentales de archivo, y en cambio,
hilvanan aristotélicamente, de modo racional y
emocionante, toda una monumental biografía, en el caso
del primero, y el relato del periodo 1959-1962, en el
caso del segundo.
Perfectamente define
Manuel Pérez su documental sobre Che Guevara cuando
asegura que se trata “de una síntesis con imágenes
inéditas que nos acercan a este hombre excepcional. No
importa el ángulo desde el cual se juzguen sus ideas y
su acción, que trascendió su generación, y llega hasta
hoy como un referente de capacidad de sacrificio, coraje
y ternura”. Y lo propio hizo Daniel Díaz Torres con
Los cuatro años que estremecieron al mundo: “En
menos de lo que dura un mandato presidencial en
cualquier país, la Isla vivirá una serie de dramáticos
acontecimientos que culminarán al borde del Apocalipsis
nuclear. Imágenes rescatadas del tiempo, poco conocidas
o casi inéditas algunas, entregan el épico recuerdo de
unos años fundacionales que cambiaron el rumbo de la
historia en América Latina...”
La eficacia indudable
de estos siete documentales que conforman la serie,
todos con narración (voz en off) de Julio Acanda, se
aposenta sobre todo en cuatro factores: la ya mencionada
profesionalidad de los directores-guionistas para
ensamblar las imágenes al modo de la fábula verista; las
capacidades y el conocimiento de los editores
respectivos para manejar estas imágenes de archivo y
extraerles el máximo impacto; el diseño de la banda
sonora que nos entrega clamores y canciones a manera de
convincente apoyatura, y por encima de todo, la mirada
diestra de los creadores implicados para seleccionar
imágenes y testimonios inéditos, o muy poco conocidos,
que se tornan en sólidos puntales de estos siete
palacios de la memoria, edificados a despecho de la
sinrazón, la mentira y el olvido.
Antes del 59,
Andante
Cantabile (Arte y Revolución)
y
Momentos con Fidel, se titulan los tres capítulos
que dirigió Rebeca Chávez, con el pertinente interés de
convertir en sumario, y en sucinta o gráfica exposición,
temas instalados en el corazón de la vida nacional a
todo lo largo del siglo XX. Sobre la realización, y el
propósito, de una de sus tres obras en esta serie
Caminos de Revolución cuenta Rebeca Chávez:
“Encontré secuencias fílmicas, viejas fotos, discursos
en inglés y los personajes principales..., un paisaje
político que testimonia el drama de una nación en busca
de su identidad, conquistando (y perdiendo a veces),
pulgada a pulgada, su independencia. (...) Antes del
59 es solo la punta del gran iceberg en una historia
que se escribe todavía”.
Una Isla en la
corriente
asume el tema de la emigración desde los años 60 hasta
el presente y, dirigido también por Daniel Díaz Torres,
es otro de los más impresionantes documentales de esta
serie, sobre todo por su estilo adecuadamente
desapasionado, razonador, argumentativo y coherente.
La solidaridad internacional (Patria es Humanidad),
de Manuel Pérez, se mueve más hacia el estilo del
documental de entrevista, pero sin derivar hacia el
estatismo ni mucho menos a la languidez expositiva. Son
tantas las secuencias de impacto visual, que alternan
con el testimonio verbal, resultan de tal fuerza
dramática los episodios y los personajes elegidos, que
las entrevistas llegan al espectador en su justa
dimensión de apoyatura insoslayable.
No solo los
interesados en la historia y la cultura de este país,
sino todo aquel que aspire a nombrar las cosas ocurridas
en el hemisferio occidental durante este largo siglo XX
que ¿dejamos atrás? hace unos cuantos meses, la serie
Caminos de Revolución representa una invitación
prometedora y atrayente, en el sentido laxo de ambos
términos.
Estos son los
reclamos que nos permiten volver a mirar con
detenimiento y a recontar. Al son del poeta iluminado
que recuerda se hicieron estos trabajos, y por ello me
trajeron a la memoria aquellos versos que Fina García
Marruz incluyera en su poema “Del tiempo largo”:
Costó dolor, muerte costó, la vida./ Y al tiempo, breve
o largo, siempre corto,/ como el relámpago del amor, se
le mira/ ya sin recelo ni amargura/ como a las heridas
de la mano, en el arduo/ aprender de su oficio,
contempla el aprendiz.
De seguro será
difícil en el futuro, cuando se intente el acercamiento
a la épica, la mística y la iconografía de los últimos
cuarenta y cinco años de historia cubana, no tomar como
referencia la serie documental Caminos de Revolución,
cuyos siete capítulos pasan por cines de estreno en
Cuba, luego de haberse ganado extraordinarias simpatías
en España.
Hablan los realizadores
Dice Manuel Pérez
sobre Che Guevara: donde nunca jamás se lo imaginan:
“(Es) la intensa y apasionante vida del revolucionario
argentino-cubano que a los 39 años, en 1967, fue
asesinado en Bolivia en su último intento guerrillero
por llevar adelante la lucha por un mundo más justo.
Ernesto Guevara de la Serna, el revolucionario
argentino-cubano que ha quedado en la historia con el
breve y afectuoso apelativo de Che, fue ejemplo impulsor
y después bandera paradigmática de jóvenes y no tan
jóvenes que combatieron de diversas formas en aquellos
años, combinando certidumbres, intuiciones y búsquedas.
Hubo de todo pero no faltó derroche de generosidad,
valor y heroísmo. Sucede que los que fuimos
contemporáneos de los tiempos del Che, los que vibramos
con aquel llamado de su hora y hoy somos, o nos
consideramos, "sobrevivientes" de diferentes tesituras,
pasamos desiguales facturas al pasado, al histórico, al
personal y al de sus proyectos, los logrados y los
frustrados. Recordamos al Che y sus circunstancias con
nuestra objetividad parcializada, de acuerdo a nuestra
percepción de lo que le sucedió a él y nos ha sucedido a
cada uno de nosotros. Le ajustamos cuentas a partir de
lo pensado y repensado sobre el curso de aquellos años,
lo que ha ocurrido y llega hasta hoy, lo que somos ahora
y lo que queremos o no que sea el mundo en que vivimos.
¿Todavía pensamos que es cambiable para mejor, o hay que
resignarse a aceptar el que existe?
“Con estas ideas y
sentimientos sobre su persona y su contexto es que he
realizado este documental de imágenes de archivo,
limitado a 54 minutos, para dar una breve información e
interpretación de su paso por la vida. Creo haber sido
tan objetivo como parcial en esta obligada síntesis.
Confío que guste y motive un acercamiento tan cálido
como crítico a sus textos de juventud y madurez; y a su
excepcional vida, para la que busco apasionadamente una
motivación esencial desde su más temprana juventud”.
Rebeca Chávez sobre
Antes del 59:
“Narra
los momentos esenciales y más relevantes de la historia
republicana de la Isla de Cuba desde el fin de la Guerra
de Independencia en 1899 hasta la entrada de Fidel
Castro en La Habana, en enero de 1959, al frente del
Ejército Rebelde. ¿Se puede pensar Cuba sin EE.UU.? Cuba
versus EE.UU.: David contra Goliat. ¿Cuántos años tiene
este conflicto que invade tu vida aunque no lo quieras?
¿Y, cuántos más puede durar? ¿Cómo empezó esta relación
de Amor-Odio? Independientes de España y de EE.UU.,
escribe José Martí en 1890. Treinta años de guerrear no
dieron a Cuba su independencia. La Republica de 1902
nace bajo la intervención norteamericana, con soberanía
mutilada por la Enmienda Platt. EE.UU. desea a Cuba,
intenta comprarla, la ocupa, instala bases militares,
ejerce su control político, tiene cómplices encargados
de mantener las apariencias de Estado Independiente,
enmascarando propósitos..., esos son los hechos... La
República se hace en medio de estos conflictos.
Daniel Díaz Torres a
propósito de Los cuatro años que estremecieron al
mundo: “En cuatro años, el tiempo que dura una
administración norteamericana, un pequeño país que
comienza una Revolución es sometido a centenares de
actos de sabotaje, a una invasión a gran escala, a un
bloqueo económico y se coloca en el vórtice de un
posible holocausto nuclear... Esta es la crónica, en
elocuentes imágenes, de los Cuatro Años que
estremecieron al mundo... Son los cuatro primeros años
de la Revolución Cubana... mil cuatrocientos días que
abarcan desde sus inicios en enero de 1959 hasta los
sucesos de la Crisis de Octubre, o de los Misiles, en
1962. El documental comienza con la llegada de los
rebeldes a La Habana... y la imagen del águila del
monumento a las víctimas de la explosión del Maine. El
águila había sido derribada por el
ciclón de 1926. Pero esta vez será echada abajo
por otro evento de revolucionaria magnitud... para jamás
volver a su lugar. El simbólico acto revelará el
contenido polarizado de una difícil relación de
confrontación entre la pequeña Isla y el poderoso vecino
del Norte.
“El contubernio entre
los EE.UU. y la contrarrevolución alcanza su clímax con
la Invasión de Girón o Bahía de Cochinos en 1961. Las
tropas mercenarias son derrotadas en menos de 72 horas.
Cuba decide tomar el camino del Socialismo en aquel
abril de 1961... y alto será el precio que la Isla
tendrá que pagar, sin dejar a un lado las
transformaciones de la sociedad. En el plano regional,
la OEA (Organización de Estados Americanos), siguiendo
claros dictados norteamericanos, hace lo posible por
aislar al país en el contexto latinoamericano. La Isla
estrecha sus lazos con la URSS y el entonces campo
socialista. Los EE.UU. se tornan más agresivos... La
situación desemboca en la Crisis de Octubre, o de los
Misiles, en 1962. El pueblo, fiestero y soñador,
enfrentará el peligro de la conflagración nuclear entre
la osadía y la ingenuidad, a golpe de alegres congas...
¡Malanga sí, chicles no!... Quedará cerrado un ciclo que
marcará para siempre la voluntad de un líder y el
destino y la vocación de un pueblo”.
Una Isla en la
corriente,
del propio Daniel Díaz Torres, le motivará los
siguientes comentarios: “Más de un millón de cubanos
viven fuera de Cuba, y en la Isla más de 11 millones de
cubanos viven, luchan y enfrentan las secuelas de su
controvertido e ineludible destino: estar demasiado
cerca de EE.UU.
De la primera oleada
de batistianos en fuga, en enero de 1959, y Mariel, a
los “balseros
en los 90" y al dramático caso del
niño Elián, al comienzo del presente siglo. Diez
administraciones norteamericanas, con diversa intensidad
en su animadversión hacia el "caso cubano", han acosado
y presionado militar y económicamente al país, con las
secuelas objetivas y subjetivas que esta política
agresiva ejerce sobre una población a 90 millas del país
más rico y poderoso de la Tierra”.
“Andante Cantabile —dice su
directora y guionista Rebeca Chávez— es una muestra, de
las tantas posibles, donde la música, la danza, la
pintura, el debate y la polémica, se funden con orishas
y santos creando un mestizaje infinito que marca la
Cultura cubana. Las fotografías de la época (años 60)
registran con precisión los hechos que se suceden con
una rapidez de luz. La Revolución deslumbra, conmueve y
estremece a los artistas que también son convocados a la
aventura de cambiar el país. Se inicia un proceso tenso
y contradictorio que llega hasta hoy y abarca varias
generaciones, sobre cómo debe (y puede) desarrollarse el
proyecto cultural cubano. A los conflictos de la
creación ahora se le suma el desafío permanente que
plantea la compleja relación entre los intelectuales y
artistas y la sociedad. La Revolución cambiará la vida,
la percepción del mundo y la estética de unos. Otros
encontrarán el ámbito social (tantas veces soñado y
esperado) en el que la obra artística será valorada y
apreciada no mejor ni peor que antes, sí de manera
diferente. Los demás descubriremos el disfrute y el gozo
en el arte y la cultura: se abre un mundo nuevo y con él
—como era de esperar— afloran contradicciones y
conflictos, pasiones desbordadas que van renovándose en
el tiempo”. |