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MÁS ESQUINAS DEL TEATRO VENEZOLANO
Y DE OTRAS PARTES

Omar Valiño | La Habana

Como en 2002 me permitió Guanare y en 2003 Barcelona, ahora en 2004 de nuevo esta ciudad del oriente venezolano me concede el placer de  tomar el pulso a la escena del país y asomarme a producciones de muy diversos lugares del mundo.

El Festival Internacional de Teatro de Oriente (FITO) anda ya por su vigésimo novena edición, constatando una vez más el compromiso y la dedicación de sus organizadores. Se abrió con el conocido TECAL, de Colombia, y su Canción breve para una ciudad frágil, bajo la autoría y dirección de Críspulo Torres. La puesta, de ritmo vertiginoso, repasa a través de cuatro historias los avatares de distintas épocas colombianas, centrando su sentido en cómo se repite el absurdo de la incomunicación, la guerra y la violencia en Bogotá y en el país. Ejecutada con la eficacia y el estilo habituales del grupo (escasos elementos escenográficos, actuaciones sencillas, empatía con los espectadores…), confirma, siempre mediante el humor, la consecuencia estética del colectivo.


Grupo TECAL, Colombia

De Puerto Rico se presentó Maskhunt, que no es más que la combinación del oficio como mascarera de Déborah Hunt, artista neocelandesa radicada en la isla caribeña, y la posibilidad de asumir el teatro desde la perspectiva de tan difícil arte. Hunt, quien este año impartió un taller en Cuba, realiza una hermosa demostración de las máscaras que ella misma esculpe y de la concepción teatral a través de la cual les da vida, a partir de un collage de distintos espectáculos suyos.


Maskhunt

Abrego Producciones, de España, trajo La última vez, de Aureo Gómez, con dirección de Pati Doménech y María Vidal, mirada a una pareja que reconstruye su historia de lugares comunes, cargado hacia un enfoque de género en defensa de la libertad femenina y contada con múltiples referencias al mundo del espectáculo, la televisión, los deportes con un lenguaje sencillo y una perspectiva lúdica.

La Máquina Teatro, de Caracas, propuso La serpiente en el templo, un montaje ubicado en la España republicana, de escasa elaboración teatral, sumamente binaria tanto en las oposiciones cromáticas de la escenografía como en los conflictos humanos que intenta ilustrar. También de la ciudad capital es Omar Gonzalo, actor de larga y destacada trayectoria en el teatro venezolano, quien con El fetichista confirma su gusto por el monólogo. Sin embargo, entre un texto inútil y un actor que solo intenta resolverlo mediante su oficio, la puesta en escena carece de interés.

De Ciudad Bolívar es La Barraca, agrupación con más de treinta años de trabajo, que asume la clásica Profundo, de José Ignacio Cabrujas, en versión y dirección de Juan Pagés, con la virtud de dejar que ese texto nos siga hablando de una visión antropológica del venezolano común, inmerso en su cotidianidad, tensado por la superstición, la religiosidad y el humor. Destaca además el diseño visual de los personajes y la acentuación de sus características, como en una pintura naif.


La Barraca, de Venezuela

Y del estado Miranda, los integrantes de Metáfora Teatro, bajo la tutela de Moisés Mirele, proponen la muy visitada obra de Marco Antonio de la Parra, La secreta obscenidad de cada día, cuyo texto original va siendo paulatinamente vulnerado por una “adaptación” que agrega escenas y parlamentos sin justificación alguna, pues el texto del chileno no necesita ser justificado ni por las ideas ni por el lenguaje.

En Caracas radica la Compañía Nacional de Teatro. Trae al festival una pieza del importante dramaturgo venezolano José Gabriel Núñez con puesta en escena de Franklin Tovar. Los peces del acuario, de 1966, es una obra comprensible entonces, pero algo vieja hoy, sensación acentuada por el montaje de Tovar. El juego con el teatro dentro del teatro, la aclaratoria sobre el símil entre los peces y los humanos, la vocación fragmentaria, panorámica de su dramaturgia no resultan suficientes para “atacar” el paisaje temático recorrido: las costumbres, el chisme, la moral, la prostitución, los concursos de belleza, el sexo, la burocracia. Todo tiene un gusto resabido, agrandado por un espectáculo externo, light y exhibicionista. Sorprende en una compañía de ese renombre un elenco tan desentrenado, con serios problemas vocales y actorales.

De Argentina arriba el actor Raúl Monzón, quien da vida a Invisibilidad, de su autoría y con dirección de Marco Esqueche. En el oficio del actor con su simpatía natural se centra un montaje sencillo, concebido para el espacio público, aunque todavía con escasa conciencia de él. Monzón recorre la crisis argentina desde la perspectiva de un desempleado que gana como puede su sustento en la calle.

Esta vez la Compañía Regional de Teatro de Anzoátegui, con la guía de Giuditta Gasparini, presentó una parte de su Siete para seis, basado en diferentes monólogos, ahora cruzados sobre el escenario. Aquí tres personajes, asumidos por tres actrices, mezclan sus discursos. Una reflexiona sobre el teatro y la condición de actriz, otra se emborracha mientras aborda la situación política de su país, Argentina, la tercera confiesa una intensa relación lésbica al final de su vida. El trabajo se basa en el desempeño de las jóvenes actrices, quienes van creciendo con el desarrollo de sus historias paralelas.


Bica, de Portugal

Portugal mediante Bica Teatro ofrece una visión sobre los inmigrantes. La obra se llama No Estaleiro Geral, de Luis Carlos Patraquim y dirección de Joao Mota. Un mozambicano y un ucraniano se refugian en una obra en construcción, son ilegales y viven pendientes de las amenazas provenientes del espacio exterior: puede llegar la policía o acreedores a cobrar quién sabe qué deudas. Encerrados allí repasan sus vidas, sus orígenes, la condición pasada y actual de sus países. La escena muestra una imagen muy cuidada tanto en la recreación de ese espacio donde se esconden como en los efectos de sonido y en las presencias actorales.

Así va el actual FITO, visiones diversas de las realidades del planeta, llegadas en los baúles de teatristas de distintas regiones de Venezuela y de, al menos, tres continentes.
 

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