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LA HABANA:
485 AÑOS A LA VERA DE UNA CEIBA
Cuando indagas entre los protagonistas de la
revitalización de La Habana todos coinciden en que el
aniversario de la villa es la tradición más importante,
pero no es motivo para grandes inauguraciones
oficiales. Más bien se le regala día a día, durante
todo el año, con cada sitio rehabilitado.
Melvis
Sarduy Castellanos |
La Habana
Es una
noche de fiesta para los habitantes de La Habana. Los
extranjeros se acercan curiosos a la alegría folclórica
del cubano, que baila, canta y ríe en las plazas y
calles adoquinadas de la añeja ciudad, declarada por la
UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1982, y que hoy
está salvada gracias al proceso restaurador que se
inició en sus predios hace ya diez años.
Esta
parte de intramuros recuerda a cada paso su ocupación
colonial, que duró varios siglos —interferida por una
efímera toma inglesa— y un tránsito doloroso por la
seudorrepública. El esplendor o la decadencia de cada
época no solo se guarda en archivos, también lo
atestiguan las tradiciones y la arquitectura, que en
ocasiones no se salvó de la malsana tendencia de
sustituir lo viejo por lo nuevo, dejando hasta hoy
vacíos irrecuperables o “moles de concreto” entre
refinados estilos arquitectónicos.
En el
olvido moría la capital cuando la máxima dirección de la
Revolución se detuvo ante tanta desidia y le otorgó al
patrimonio ese valor que hoy defienden la Oficina del
Historiador de la Ciudad de La Habana, en la persona de
Eusebio Leal Spengler y un equipo de trabajadores
consagrados a su salvaguarda.
Cuando
indagas entre los protagonistas de la revitalización de
La Habana —constructores, albañiles, restauradores,
proyectistas, hasta los propios habitantes— todos
coinciden en que el aniversario de la villa es la
tradición más importante, pero no es motivo para grandes
inauguraciones oficiales. Más bien se le regala día a
día, durante todo el año, con cada sitio rehabilitado.
Salvar La
Habana Vieja para sus habitantes
Más de
100 000 habitantes pernoctan en unos 33 000 inmuebles de
esta comarca —incluidas edificaciones de los siglos XVI
y XVII. En sus calles estrechas y bulliciosas se
desarrolla un proyecto singular, donde “cada manzana
tiene una obra social de envergadura”, a decir de
Eusebio Leal en sus andares mañaneros por la ciudad.
Aunque
el 33 % del territorio ya está recuperado, y esto incide
en la vida de la población, no hay descanso en la
atención a los grupos más vulnerables: niños, gestantes,
discapacitados, ancianos y mujeres, tienen hoy un futuro
mejor gracias a ese empeño que nació en 1993, cuando se
activaron nuevos mecanismos económicos que han permitido
al Centro Histórico un despegue en todos los sentidos.
La
generación de empleos que incide en el incremento de los
ingresos personales es otro beneficio recibido por la
población residente en el territorio y en los municipios
aledaños, principalmente. Eso, junto a la rehabilitación
puesta en función del bienestar social son ejemplos
concretos que tienen nombre: hogar materno, clínica de
rehabilitación infantil, centro geriátrico, residencias
protegidas para adultos mayores, escuelas y círculos
infantiles.
La
escuela taller Gaspar Melchor de Jovellanos forma a
jóvenes en los oficios de la restauración, lo que
garantiza la fuente de trabajo para las empresas de la
Oficina del Historiador. El Centro Estudiantil José de
la Luz y Caballero da la posibilidad a niños y jóvenes
de sumarse a Círculos de Interés de las diferentes
especialidades artísticas donde desarrollan sus
capacidades e inquietudes.
Las
personas más necesitadas no deambulan por las calles,
tienen su protección y surgen también hermandades y
asociaciones para rescatar tradiciones y oficios
antiguos como tejedoras y bordadoras, zapateros,
carpinteros, plateros, al tiempo que enseñan a los
jóvenes en círculos de interés.
Rutas y
Andares se nombra el programa a través de la cual miles
de familias cubanas han podido constatar in situ
cada verano, la riqueza del proyecto revitalizador. A
tales efectos se abren al público los gabinetes de
restauración y arqueología, las oficinas de proyectos,
obras en construcción, museos temáticos, entre otras
ofertas que han permitido descubrir una Habana rica en
tradición y cultura.
Y la
gente lo sabe, lo siente… reconoce el mérito de esta
obra esencialmente humanista que se gesta en el Centro
Histórico de La Habana. Por eso los cubanos todos buscan
“la otra ciudad que se levanta” y consideran suyos los
monumentos rehabilitados, las calles, las casas, y
comienzan a mirar con respeto esta zona que estuvo
prácticamente apuntalada y que hoy es orgullo de la
nación.
Vocación por
la revitalización
La
centenaria ceiba del Templete reconoce al 2004 como un
año de logros. Antiguas y emblemáticas edificaciones
como el Convento San Felipe Neri, dedicado al arte
lírico y operático recobró el esplendor de antaño. El
Museo Numismático en la calle Obispo que atesora una
importante colección temática abrió nuevamente al
público y se ganó un espacio abierto en la calle
Amargura como sede del Grupo de Teatro Retazos.
Renace
un edificio de la Plazuela de Belén para la escuela de
baile español Lizt Alfonso y el museo de la farmacia
habanera La Reunión, en la manzana 148, queda terminado
primorosamente.
Pero
sobresalen las viviendas terminadas en el edificio de la
Cruz Verde, cuya planta baja acoge el Museo del
Chocolate, y otras que se construyen en viejas casonas
coloniales.
Próximamente quedarán expuestos para el reconocimiento y
el estudio del edificio en sí, por los grandes valores
arquitectónicos que contienen, las casas de Arango y
Parreño en Amargura 65 y la de Prat Puig en Aguiar y
Teniente Rey.
La
Oficina del Historiador enaltece y revive con su obra de
rehabilitación integral la vocación cultural del Centro
Histórico de La Habana, esa vocación que siempre la ha
caracterizado y que constituye su principal pilar.
Hotelería
colonial, una modalidad con perspectiva
En todo
el proyecto de revitalización sobresale la llamada
"hotelería colonial " esa red de hostales y hoteles con
un sello distintivo que ha proliferado en los últimos
años. A la usanza de los albergues al estilo español, la
hostería sirve de complemento perfecto a la industria
del ocio, con ese toque de intimidad y sencillez que los
coloca rápidamente en la preferencia de los visitantes.
“Somos
del criterio de que la hotelería llamada a triunfar,
ahora y en el futuro, es la que logre dar atención
personalizada a los individuos. Los grandes hoteles
serán necesarios en otros espacios urbanos, pero quienes
vienen a los centros históricos, quieren exactamente lo
que nosotros mostramos: belleza, memoria, confort,
pureza y seguridad”, explica Eusebio Leal al referirse
al tema.
Y es
cierto, muchos de los turistas que transitan por La
Habana Vieja se sienten encantados de hospedarse en las
silenciosas hosterías que antes fueron convento o
habitaciones de condes y duquesas, a la vez que están a
“un paso” del genuino cubano de a pie, dispuesto
siempre a una atención con el visitante.
La
misión de la Oficina del Historiador es también
protegerse frente al impacto de la avalancha turística y
conservar los rasgos de identidad, al tiempo que
propicia un ambiente donde las familias, los jóvenes,
los profesionales y la población se relacionen de forma
natural con los visitantes.
“De esa
manera, frente a uno de los más prestigiosos hoteles
está el hogar materno infantil, frente a la preciosa
inmobiliaria está la más bella escuela, frente a la más
bella escuela, el espléndido hotel, y cerca de todos las
instituciones culturales, esa es la doctrina”, explica
el fundador de tantas ideas, para explicar más adelante
que “Si hubiésemos hecho lo contrario habría sido fácil
construir una Disneylandia en La Habana Vieja, un parque
temático donde se habrían distribuido uniformes y
disfrazado a la gente del barrio, cantando falsos
pregones por las esquinas y vendiendo recuerdos. Todo
eso habría sido fácil. El desafío verdadero está en
salvar el patrimonio de la humanidad, y el principal
patrimonio es la humanidad misma”. |