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OPUS HABANA
¿LATINAJO O AJIACO?
"Opus Habana
desde un inicio marcó las pautas de lo que debía ser: el
testimonio de la gesta rehabilitadora del Centro
Histórico". Entrevista con Argel Calcines, Editor
General de la revista.
Estrella
Díaz |
La Habana
Fotos:
Alain Gutiérrez
Si mencionamos los nombres de Roberto Fabelo, Eduardo
Roca Salazar (Choco), Cosme Proenza, Nelson
Domínguez, Zaida del Río, Ernesto Rancaño, Pedro Pablo
Oliva, Manuel Mendive, Alfredo Sosabravo o Ángel
Ramírez… la referencia es inmediata: se habla de un
grupo de artistas tremendamente representativo de lo
mejor de las artes plásticas contemporáneas cubanas y
eso no sería nada nuevo.
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Sin embargo, al añadir que todos ellos —hasta completar
veinticinco— han realizado una pieza especialmente para
la portada de Opus Habana, publicación que
testimonia la obra de restauración de La Habana Vieja,
entonces queda claro que la revista quizás sin
proponérselo se ha ido convirtiendo en sus casi ocho
años de existencia en una suerte de galería permanente
de papel que, además, posee el encanto y la calidez de
la cercanía.
Una exposición —por muy selecta y rigurosa que sea— está
marcada por la finitud; pasado un tiempo se "desmonta" y
queda para la memoria, quizás, un buen catálogo, el
placer de lo disfrutado por el espectador o un hito en
el curriculum del pintor, dibujante, grabador o
ceramista… Pero Opus Habana atesora en cada
número y para la posteridad no solo las mejores huellas
del arte cubano, sino el contexto en que se mueve. Y ese
escenario, ese telón de fondo, es, justamente, la Villa
de San Cristóbal de La Habana, la capital de todos los
cubanos, que con sus 485 años y en renovación permanente
exhibe sus arrugas, pero también sus encantos. Simbiosis
perdurable: La “Habana”, protagonista; “Opus”, su
memoria.
Opus Habana
es también una revista de colección y aunque la frase
pueda parecer algo frívola, cada uno de los números
—visto juntos o por separado— muestra eso que llaman
"estilo" y que está dado por lo hermoso del empaque de
cada ejemplar, ¿acaso es pecaminoso lo bello?
La imbricación y/o yuxtaposición entre la profundidad de
los contenidos y la manera de presentarlos evoca al
ajiaco, ese tradicional plato de la cultura culinaria
cubana, que se caracteriza por, en forma de caldo, sumar
de manera ordenada y a la vez caótica varios
ingredientes. Dijo el sabio cubano Don Fernando Ortiz:
"Cuba es un ajiaco en el cual los ingredientes que cada
día se agregan a la mezcla anterior van conformando la
sustancia resultante".
Así, cubanísima también vemos a Opus Habana que
en la portada de cada ejemplar muestra el trazo de un
consagrado (a) de la plástica nacional, pero que con
solo voltear esa primera página —en el reverso— vemos
las manchas y las líneas inseguras de algún niño que
habita y estudia en el recién restaurado Centro José de
la Luz y Caballero o en la confortable escuela primaria
Ángela Landa, ambas ubicadas en La Habana colonial.
Igual, cada número cierra con alguna deliciosa crónica
de Emilio Roig de Leuchsenring, Historiador de la Ciudad
de La Habana desde el primero de julio de 1935 hasta su
deceso en 1964, y en la contraportada una foto que puede
ser una vista de la bocana de la bahía habanera a
principios del siglo XX o una imagen de la calle Obispo
también de centurias atrás.
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Según el Editor General de la revista Argel Calcines,
Opus Habana es un latinajo que significa obra: la
obra de La Habana, y nació en 1996 por iniciativa del
actual Historiador de la Ciudad, doctor Eusebio Leal
Spengler.
"El primer número de Opus Habana incluyó varios
trabajos de gran importancia; un inédito de Leal sobre
la familia de Loynaz del Castillo y también, quizás, una
de las últimas entrevistas que concedió la Premio
Cervantes, Dulce María Loynaz.
También una sección de fotos inéditas de Chinolope
tomadas a dos grandes de las letras iberoamericanas José
Lezama Lima y Julio Cortázar cuando hicieron esa especie
de viaje a la Catedral de La Habana. Posee un trabajo
del director del Gabinete de Arqueología, Roger
Arrazcaeta, relacionado con el hallazgo de un esqueleto
perteneciente a un hombre negro que se encontró en la
Iglesia del Convento de San Francisco. Ese texto se
tituló Separados, pero iguales y reflexiona en
torno a un hecho curioso y polémico: el haber hallado
los restos de un hombre negro en esa iglesia que, por su
importancia y relación con la nobleza, muchos
historiadores consideraban improbable que se hubiesen
enterrado allí a personas que no fueran blancas.
De ese primer número hasta ahora han transcurrido ocho
años y 25 ediciones de la revista. ¿Diferencias?
A diferencia de otras publicaciones, Opus Habana
desde un inicio marcó las pautas de lo que debía ser: el
testimonio de la gesta rehabilitadora del Centro
Histórico; por eso ha mantenido un formato, una
proyección, que —con altas y bajas como es normal— ha
sido la misma desde el punto de vista de su diseño
formal y de su gestión de contenido.
Recuerdo una frase del escritor romántico francés Víctor
Hugo que asegura: "la forma es el contenido que emerge a
la superficie". Algo que se solucionó desde un primer
momento es tener bien claro cuál era el contenido que
debía salir a la superficie en la revista.
Un contenido que empezó en 1967 cuando el actual
Historiador de la Ciudad —entonces un arqueólogo
empírico— empezó la batalla que hoy continúa en el
Centro Histórico: orgullo de los habaneros e imagen que
nos identifica ante el mundo no solo como capitalinos,
sino como cubanos.
Creo que el acierto fue haber concebido un formato, una
manera de diseñar la revista que daba cabida a todo lo
que acontece en el Centro Histórico tanto desde el punto
de vista teórico, desde el punto de vista práctico y
desde el punto de vista de lo inmediato, de lo efímero,
pero que también contribuye a la espiritualidad que, sin
duda, ostenta hoy esta parte del territorio cubano.
En la intimidad, ¿cómo organizan cada número?
Como Editor General te aseguro que trabajo con una gran
libertad, pero una libertad responsable. Considero que
el ejercicio verdadero de la libertad se hace desde la
responsabilidad que contraes. Es decir, si el
Historiador de la Ciudad —que es el director de la
revista— me otorga una libertad en cuanto a forma y
contenido, tengo que ser lo suficientemente ético para
saber que esa libertad implica una tremenda
responsabilidad.
Nosotros colegiamos cuáles serán los contenidos de los
números que vendrán, pero esos contenidos cambian porque
estamos inmersos en una intensa dinámica. Por ello hemos
tenido que renunciar al hecho de tener diez o quince
números preparados en "colchón editorial" porque la
realidad varía.
Por ejemplo, con el número 25 —que se presentará el
venidero viernes 26 a las cuatro de la tarde en el
Convento de San Francisco de Asís— han concurrido azares
que le conceden una connotación y una poesía que ni
siquiera imaginamos cuando lo estábamos concibiendo.
La portada es de Carlos Guzmán, un artista joven que
tiene una enorme profundidad antropológica; tenemos un
artículo del maestro Cinto Vitier sobre su relación con
La Habana, también una entrevista a María del Carmen
Barcia (Premio Nacional de Ciencias Sociales y Premio
Casa de las Américas, ambos en el 2003), una estudiosa
de los procesos que han contribuido a conformar la
nacionalidad cubana. A ellos se agrega un artículo sobre
la cómoda de sacristía, esa refinada expresión del
barroco cubano en la ebanistería. Todo eso se planificó
y a la vez no.
Hay que poner punto final al número y muchas veces se va
cerrando por sí mismo. A veces sucede que poseemos una
cantidad de trabajos diseñados para una cantidad de
páginas —hay que cuidar los costos— y de pronto todo,
como un gran rompecabezas, termina uniéndose. Es como si
el dictado del azar hiciera que Opus Habana salga
como algo preconcebido, pero muchas veces está hecha
como resultado de un proceso que combina libertad y
magia.
¿Cómo convocan las plumas?
En un principio era difícil, sobre todo porque partimos
del presupuesto que en la revista tenían que estar las
grandes firmas y también los especialistas de la Oficina
del Historiador de la Ciudad.
Uno de los mayores aciertos de Opus Habana es que
junto a esas imprescindibles plumas, también aparecen
los especialistas que día a día trabajan en el Centro
Histórico y que muchas veces hacen un gran esfuerzo
porque no tienen casi tiempo para sentarse a escribir.
Esa es una perenne convocatoria nuestra y creo que
confiere al resultado final un valor agregado. Concurren
personas interesadas en que Opus Habana publique
sus trabajos y a nosotros nos interesa que, junto a esas
personas que tienen un gran prestigio intelectual, estén
siempre aquellos que de una manera u otra contribuyen a
que el Centro Histórico se mantenga vivo y que sea un
taller perenne de investigación.
Sería muy fácil concentrarnos en intelectuales
conocidos, incluso "refritar" artículos de figuras como,
por ejemplo, el destacado novelista cubano Alejo
Carpentier, Premio Cervantes, de quien se cumple el
centenario de su natalicio y armar un número. No,
nosotros vamos por el camino más difícil.
Tenemos un semanario digital (vía correo electrónico)
que puede consultarse también en Internet
(http://wwww.opushabana.cu/archivos.php),
el cual nos exige trabajar de manera ardua todos los
días. Los especialistas del Centro Histórico aportan sus
trabajos y hemos contribuido, y eso es realmente un
mérito, a que arqueólogos, sociólogos, historiadores,
museólogos, entre otros especialistas, reflexionen en
exclusiva para el semanario y para la revista impresa.
¿Es protagónico el diseño en la concepción de Opus
Habana?
La revista ha tenido disímiles diseñadores y sentimos
que los verdaderos son los cientos de trabajadores del
Centro Histórico. Somos un grupo que tiene la tarea de
hacer emerger ese aporte, y no es responsabilidad de un
solo diseñador-estrella, ni de un artista consumado,
sino de un trabajo en equipo. Opus Habana tiene
carácter editorial y no es una revista que prioriza la
forma a ultranza.
¿Algún peligro de agotamiento por ser reiterativos con
el tema Habana?
Ninguna revista se agota de ningún tema, quizás se
agotan los seres humanos que la llevan a cabo o que
están detrás de ellas. Orígenes, que pretendió
tener 32 números, nunca se agotó… aún hoy tenemos su
impresionante legado. De hecho, ese rumor de la cubanía
todavía está presente en la revista Opus Habana.
¿Eso se apagará?: Imposible.
Podríamos tocar los mismos temas, repetirlos incluso,
pero desde la perspectiva de espiral del conocimiento.
Hoy podemos escribir una cosa, cambian las
circunstancias del tiempo, las históricas, y se puede de
nuevo abordar el mismo problema. El conocimiento es
infinito e inagotable al igual que nuestras ganas de
luchar por un sentimiento de identidad, por un
sentimiento de cubanía. Habrá Opus Habana, Orígenes,
Espuela de Plata, Ciclón… habrá todas las tendencias
posibles en tanto son vertientes y aristas que refrendan
nuestra identidad como diferencia, como cubanos, como lo
que somos.
¿Se sufre por un número?
Por todos se sufre. Si lo estás haciendo sinceramente,
el acto creativo es un sufrimiento y bien lo saben los
pintores; el lienzo en blanco es la primera agonía para
un artista plástico; el vacío espacial lo es para el
arquitecto… aquí se trata de 72 páginas en blanco.
Opus Habana
se enfrenta a un lector múltiple y eso es una angustia,
pero al final tienes una gran recompensa que, a veces,
no es inmediata. En ocasiones hojeo un número de hace
unos tres o cuatro años atrás y me pregunto, ¿cómo
pudimos hacer esto si recuerdo que cuando terminamos ese
número estábamos completamente hastiados de lo que
habíamos tratado de lograr? El reto que se plantea
Opus Habana es hacer síntesis de un sentimiento, del
sentido de la cubanía en la hora actual, y por eso
quedará como testimonio. Lo más difícil es hacer
síntesis, sobre todo, si se trata de algo espiritual.
Pues hay que racionalizar con el corazón.
Como Editor General, ¿cuál es el número soñado y aún no
alcanzado?
Aquel que proyecte La Habana del y hacia el futuro.
Ojalá se pudiera hacer un número que tuviera la
suficiente virtud de predicción para mostrar cómo será
La Habana en el año 2050 o en el 3000.
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