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RETRATAR EL ALMA DE LA HABANA
Como un regalo especial para la capital de Cuba en su
485 aniversario, calificó Eusebio Leal al título Sólo
detalles, una selección de instantáneas de la otrora
Villa de San Cristóbal, tomadas por los artistas del
lente, Liborio Noval y Julio Larramendi.
Magda
Resik Aguirre|
La Habana
Detalles que escapan
a la visión fugaz del transeúnte de paso apurado, preso
en la vorágine cotidiana. Imágenes engrandecidas por el
zoom del lente de una cámara fotográfica cuyo ojo avizor
descubre al talento, cazador de instantáneas y enamorado
de una ciudad sorprendente. Fotografías a color y en
blanco y negro, que nos muestran el poder de esa pátina
del tiempo sobre la arquitectura de todas las épocas y
sobre todo, la lectura que puede hacerse de una urbe,
desde esas pinceladas del saber en que se trastocan
vitrales, esculturas, lápidas, aldabas, rejas,
guadacantones y guardavecinos.
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El libro Sólo
detalles, cuyos textos y edición estuvieron a cargo
del arquitecto Fernando López, recorre los rincones más
inusitados de La Habana, atisbados sólo en la pesquisa
minuciosa y el ojo agudo de dos fotógrafos de gran
experiencia y talento: Liborio Noval y Julio Larramendi.
El blanco y negro y
el color, nos develan en su contraste, esos gestos
sacados a la piedra, el metal y el vidrio, con la
singular visión de dos profesionales del lente,
acostumbrados a esa otra mirada de nuestra realidad.
El alma de la Habana
nos conmueve en estas instantáneas que al decir de
Eusebio Leal, “está en los azulejos y esculturas y en el
arte de estos maestros donde se confunden las dos cosas
maravillosas: el retrato y al mismo tiempo el universo
que rodea a las cosas. Por eso las esculturas, las
fuentes, los bronces, los yerros de La Habana, cobran
vida en la belleza de estos cromos.
Sobre el trabajo
editorial del arquitecto Fernando López, Leal afirmó que
“sin proponérselo, ha sido legatario de grandes
esfuerzos editoriales en los cuales aparece exaltado el
tema que más nos motiva: la Ciudad de La Habana, su
arquitectura, su urbanismo, los detalles de belleza que
conminan a amarla en todas partes del mundo.”
La obra de Liborio
Noval y Julio Larramendi, se lleva nuevamente “una
corona de laurel”, al decir del Historiador de la
capital de Cuba. “El libro es precioso –aseguró -. Evoca
la restauración de La Habana, porque en su portada se
repite algo que para mí es importante: la magia del
antes y el después. Cómo las cosas recuperan su dignidad
cuando son apreciadas, cuando la caricia de una mirada
se posa en algo que hasta ese momento resulta
imperceptible. Esta es precisamente la esencia del
espíritu del fotógrafo.”
En su opinión, se
trata de “un libro sólido que se va a conservar por
mucho tiempo y se incluirá por derecho propio dentro de
una bibliografía consultable sobre La Habana que hoy
restauramos; una Habana que se ha puesto en valor y todo
el mundo reconoce; que comienza a despertar sentimientos
de adhesión en todas partes del mundo.
“Siempre pude contar
con estos dos artistas – dijo Leal al concluir sus
palabras de elogio -, a ellos debo gran parte de esas
visiones de La Habana y de esa relación enriquecedora de
amistad que no me priva de inclinarme y reverenciar la
magnífica obra de tan celebrados talentos.”
Sólo detalles
nos atrapa desde su portada, donde dos aldabas añejas
emparientan un rostro humano y una faz leonina. La
magnificencia de esas joyas que aún tocan los portones
habaneros, recuentan el devenir citadino en esos
detalles decidores de historias, que se nos revelan en
el original acercamiento de estos dos maestros del
lente, a su ciudad amada. |