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Bladimir Zamora Céspedes | La Habana

EL SON DE LA HABANA
 

1. Maldita timidez Carlos Valdes Brito. Sexteto habanero (1925)
2. Se fue Ernesto Lecuona. Sexteto habanero (1926)
3. Sexteto habanero Guillermo Castillo. Sexteto habanero (1927)

A estas alturas ninguno de nosotros duda de que el son nació en las montañas, entre Guantánamo y Baracoa, y que después llegó a Santiago, cuando a esa caliente ciudad oriental solo le llamaban Cuba. Que anduvo allí en el caracoleo de su perfilación hasta que cogió camino al occidente de la Isla, al terminar nuestra última guerra con los españoles y llegó a La Habana, para experimentar un primer hito de su desarrollo.

Los soneros que llegaron de Oriente, sin mucha definición todavía en su formato, fueron enseguida a dar con la gente humilde. Con el pueblo que se quería quitar los maltratos de la vida diaria, con la sabrosura de aquella música potente. Nada querían saber, por entonces, y estoy hablando de los principios del siglo pasado, los siempre aburridos y aristocráticos de la burguesía.

Y aunque les parezca increíble a quienes siempre andan distinguiendo entre quienes nacimos en Yateras o en La Habana Vieja, a la capital el país legó en aquellos años un llamado Cuarteto Oriental, que resultó ser el núcleo del Sexteto Habanero, que se fundó en 1920.

Sexteto Habanero, en 1926

Sus integrantes originales fueron Felipe Nery (canto y maracas); Gerardo Martínez (canto y calves); Carlos Godínez (tres); Guillermo Castillo (guitarra); Antonio Bacallao (guitarra) y Oscar Sotolongo (bongó). Después de un lustro de hacer la música para la gente pobre de La Habana, en 1925 la floreciente industria discográfica norteamericana los llevó a su país, para grabarle sus sones, boleros y guarachas, que muy poco después se empezaron a escuchar en los salones de las casas pudientes de Cuba y otras plazas del mundo, en aquellas victrolas de cuerda, que hacían sonar las placas de 78 revoluciones por minuto.

En 1927 El Habanero se convirtió en Septeto, porque se le incluyó la trompeta, por un poco tiempo interpretada por Enrique Hernández y después soplada por el legendario Félix Chapotín. A pesar de las penurias atravesadas a lo largo de muchas décadas, los sucesivos integrantes de esta agrupación, se aferraron siempre a su son, y mantuvieron el mismo entusiasmo de la primera oportunidad en que pudieron amenizar una cumbancha.

El Habanero es una institución de primerísima importancia en la historia de la música cubana no solo porque es la primera en su tipo, sino porque en ella se verificó, por primera vez, la fusión entre el son primigenio venido del oriente del país y la rumba, ya en un ambiente de más contundencia urbana.

El año próximo se cuentan ochenta y cinco años de la fundación del Sexteto Habanero y por suerte se puede hablar de él como de un ser vivo. La agrupación no ha dejado de existir y desde la década del 90 anda siempre por diversas plazas del mundo, enseñando nuestra música. Y lo más importante, si usted asiste ahora mismo a un baile con El Habanero, puede escuchar “Maldita timidez”, la primera pieza que grabaron en 1925, o un son que hace muy pocos días ha salido de su director Pedrito Ibáñez.
 

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