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Bladimir Zamora Céspedes
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La Habana |
EL SON DE LA HABANA
A estas alturas ninguno de nosotros duda de que el son
nació en las montañas, entre Guantánamo y Baracoa, y que
después llegó a Santiago, cuando a esa caliente ciudad
oriental solo le llamaban Cuba. Que anduvo allí en el
caracoleo de su perfilación hasta que cogió camino al
occidente de la Isla, al terminar nuestra última guerra
con los españoles y llegó a La Habana, para experimentar
un primer hito de su desarrollo.
Los
soneros que llegaron de Oriente, sin mucha definición
todavía en su formato, fueron enseguida a dar con la
gente humilde. Con el pueblo que se quería quitar los
maltratos de la vida diaria, con la sabrosura de aquella
música potente. Nada querían saber, por entonces, y
estoy hablando de los principios del siglo pasado, los
siempre aburridos y aristocráticos de la burguesía.
Y aunque
les parezca increíble a quienes siempre andan
distinguiendo entre quienes nacimos en Yateras o en La
Habana Vieja, a la capital el país legó en aquellos años
un llamado Cuarteto Oriental, que resultó ser el núcleo
del Sexteto Habanero, que se fundó en 1920.
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Sexteto Habanero, en 1926 |
Sus
integrantes originales fueron Felipe Nery (canto y
maracas); Gerardo Martínez (canto y calves); Carlos
Godínez (tres); Guillermo Castillo (guitarra); Antonio
Bacallao (guitarra) y Oscar Sotolongo (bongó). Después
de un lustro de hacer la música para la gente pobre de
La Habana, en 1925 la floreciente industria discográfica
norteamericana los llevó a su país, para grabarle sus
sones, boleros y guarachas, que muy poco después se
empezaron a escuchar en los salones de las casas
pudientes de Cuba y otras plazas del mundo, en aquellas
victrolas de cuerda, que hacían sonar las placas de 78
revoluciones por minuto.
En 1927
El Habanero se convirtió en Septeto, porque se le
incluyó la trompeta, por un poco tiempo interpretada por
Enrique Hernández y después soplada por el legendario
Félix Chapotín. A pesar de las penurias atravesadas a lo
largo de muchas décadas, los sucesivos integrantes de
esta agrupación, se aferraron siempre a su son, y
mantuvieron el mismo entusiasmo de la primera
oportunidad en que pudieron amenizar una cumbancha.
El
Habanero es una institución de primerísima importancia
en la historia de la música cubana no solo porque es la
primera en su tipo, sino porque en ella se verificó, por
primera vez, la fusión entre el son primigenio venido
del oriente del país y la rumba, ya en un ambiente de
más contundencia urbana.
El año
próximo se cuentan ochenta y cinco años de la fundación
del Sexteto Habanero y por suerte se puede hablar de él
como de un ser vivo. La agrupación no ha dejado de
existir y desde la década del 90 anda siempre por
diversas plazas del mundo, enseñando nuestra música. Y
lo más importante, si usted asiste ahora mismo a un
baile con El Habanero, puede escuchar “Maldita timidez”,
la primera pieza que grabaron en 1925, o un son que hace
muy pocos días ha salido de su director Pedrito Ibáñez.
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