|
LA GUERRA: DIARIO DE NUEVA YORK
James Petras |
EE.UU.
Estaba
leyendo el Diario de Berlin de William Shirer- el
relato de un periodista sobre la propaganda política
nazi durante los años 30- mientras veía las “noticias”
de los informativos sobre el terrible asalto a Faluya.
Las “informaciones” de los medios de comunicación
estadounidenses, el estilo, los contenidos y,
especialmente, su lenguaje recuerdan en un grado
portentoso a sus predecesores nazis de hace 70 años.
¿Coincidencia? ¡Desde
luego! En ambos casos había ejércitos imperialistas que
conquistaban otros países, arrasaban ciudades y
masacraban a la población civil, y los medios de
comunicación- de propiedad privada formalmente pero
apéndices del Estado en la práctica- difundían las
mentiras más escandalosas, en defensa y alabanza de los
‘victoriosas tropas’, bien fueran las SS o los
marines . En ambos casos, la Alemania nazi y los
Estados Unidos actuales, los medios de información nos
han contado que los ejércitos invasores “están
liberando” el país de “guerrilleros extranjeros” y de
“terroristas armados” que impedían a la gente seguir con
su vida cotidiana. Si bien sabemos que de los 1.000
prisioneros sólo cuatro son extranjeros (3 iraníes y 1
árabe); y que los hospitales iraquíes han informado de
que menos del 10% son combatientes extranjeros. Es
decir, que el 90 % de los rebeldes son iraquíes, la
mayoría de los cuales han nacido, se han educado, y han
constituido familias en las ciudades en las que están
luchando.
Como los medios de
información de los nazis, las principales cadenas de
radio y televisión de Estados Unidos sólo informan de lo
que consideran “víctimas militares”, y ocultan los
100.000 civiles muertos desde el principio de la guerra
y los millares de mujeres y niños muertos y heridos
desde que empezó el ataque a Faluya. De la misma manera
que en la Alemania nazi, los medios informativos
estadounidenses presentan informes no fiables del
ejército de Estados Unidos sobre los asesinatos,
decapitaciones y secuestros realizados por “terroristas
extranjeros”. El apoyo incondicional de los medios
nazis-estadounidenses a las matanzas se percibe mejor en
sus informes sobre el masivo bombardeo de los barrios
densamente poblados de la ciudad. La cadena de
televisión NBC, describe el lanzamiento de bombas de 500
libras en la ciudad de Faluya como dirigido a una “red
de refugios subterráneos de los insurgentes existente en
la ciudad”, mientras que las casas, zocos, tiendas- las
mujeres y niños que se encuentran encima- se
esfuman en una niebla rosada. Y su existencia, nunca es
reconocida por los principales reporteros y locutores.
En su famoso ensayo
político, Politics and the English Languaje,
George Orwell escribió hace tiempo que el “lenguaje” era
una de las víctimas principales de las guerras
imperiales. El lenguaje político de la máquina de matar
estadounidense en Iraq y sus propagandistas
“incrustados” no son sino una sarta de eufemismos al
servicio de esa máquina de matar.
Casi la totalidad de
la población del Iraq no kurdo se opone al ejército
estadounidense y a su régimen títere- aunque la prensa a
los patriotas que defienden su país de los invasores
imperiales los llama “insurgentes” y minimizan el
sentido de un movimiento patriótico de liberación en
todo el país. Uno de los eufemismos más surrealistas es
la referencia constante a las “fuerzas de la coalición”,
expresión con la que realmente se alude a los
conquistadores colonialistas estadounidenses y a los
mercenarios y sátrapas que los dirigen y controlan.
Los ataques
terroristas contra viviendas, hospitales y edificios
religiosos llevados a cabo por centenares de aviones y
helicópteros de combate se describen en los media
como encaminados a “asegurar las elecciones libres en la
ciudad”.
La “liberación de la
ciudad de los insurgentes” incluye el asesinato
sistemático de amigos, vecinos y parientes de cada uno
de los iraquíes que viven en Faluya.
“Tener rodeados a los
rebeldes” significa el corte de suministro de agua, de
electricidad, y de la asistencia médica para 200.000
civiles de la ciudad y el obligar a decenas de miles a
abandonarla ante la amenaza de una epidemia de tifus.
“Pacificar la ciudad” implica convertirla en una
desolación de escombros emponzoñados.
¿Por qué Washington y
los medios de comunicación recurren a tan burdas y
sistemáticas mentiras y eufemismos? Básicamente, para
reforzar el apoyo del país para las matanzas masivas en
Iraq. Los medios de masas fabrican una red de mentiras
para asegurar la legitimidad de los métodos totalitarios
con el fin de que las tropas estadounidenses continúen
la destrucción de la ciudad con total impunidad. La
perfeccionada técnica de Goebbels en Alemania, y
practicada en Estados Unidos, consiste en repetir
las mentiras y los eufemismos hasta que se convierten en
“verdades” aceptadas, y se incorporan al lenguaje
cotidiano. Los medios, al convertir eficazmente
en rutinario ese lenguaje, implican a los que lo
escuchan. Las preocupaciones tácticas de los
generales y mandos que dirigen las matanzas (la
pacificación), y los soldados que asesinan a civiles se
explican (y se consumen por millones de oyentes y
espectadores) por la complacencia de los periodistas y
presentadores famosos ante las autoridades a quienes no
se atreven a contradecir. La unidad de objetivos entre
los que llevan a cabo las matanzas masivas y el público
medio estadounidense se fija por medio de los
“informativos”. Los soldados “escriben los nombres” de
sus mujeres y novias en los tanques y blindados que
destruyen las familias iraquíes y convierten Faluya en
ruinas. Se “entrevista” a los soldados que regresan de
Iraq quienes afirman que quieren volver a Iraq para
“estar con su pelotón y aniquilar a los terroristas”.
Pero no todas las fuerzas de combate estadounidenses
sienten la alegría de disparar contra civiles. Estudios
médicos informan de que uno de cada cinco de los
soldados que vuelven sufren graves traumas psicológicos,
sin duda por haber participado o presenciado las masivas
matanzas de civiles. La familia de uno de ellos, que se
suicidó recientemente, contó que él constantemente
hablaba de haber matado a un niño desarmado en las
calles de Iraq, por lo que se consideraba un “asesino”.
Al margen de esas excepciones notables, los medios de
propaganda masiva utilizan varias técnicas para
apaciguar la conciencia de los soldados estadounidenses
y de los civiles. Una de ellas es “la inversión de los
papeles” mediante la cual atribuir los crímenes de las
fuerzas de invasión a las víctimas: no son los soldados
quienes causan la destrucción de las ciudades y las
matanzas, sino las familias iraquíes que “protegen a los
terroristas” y “atraen sobre ellas los brutales
bombardeos”. Otra, es la de informar exclusivamente de
las víctimas estadounidenses provocadas por “atentados
terroristas” y omitir cualquier mención a los miles de
civiles iraquíes muertos a causa de la artillería y
bombardeos estadounidenses. Tanto los nazis como la
propaganda de Estados Unidos ensalzaban el “heroísmo”, y
el “éxito” de sus fuerzas especiales ( las SS y los
marines) al matar a “terroristas” o “rebeldes”, y
cada una de las víctimas se contabiliza como “sospechoso
de simpatizar con los terroristas”.
Los militares
estadounidenses, como los alemanes, declaran que
cualquier edificio civil es un “depósito” de armamento o
un “refugio” de terroristas, de ahí que hagan caso omiso
de las leyes de guerra de la Convención de Ginebra. La
práctica de la “guerra total” por parte de los nazis y
de Estados Unidos, en la que comunidades enteras,
barrios y ciudades completos son culpables
colectivamente de esconder “a terroristas buscados”, es
por supuesto una forma habitual de comportamiento del
Gobierno de Israel.
Estados Unidos ha
difundido los castigos crueles y poco frecuentes
infligidos a los iraquíes “sospechosos” (cualquier varón
comprendido entre 14 y 60 años): entre ellas, las
imágenes publicadas en Time y Newsweek de
hombres descalzos, maniatados y con los ojos vendados,
desalojados de sus casas e introducidos en camiones para
llevarlos a los “centros de obtención de información”.
Para muchos de los lectores estadounidenses esas
fotografías forman parte del éxito de la historia, ya
que se les dice que son “terroristas” que podrían hacer
saltar por los aires los hogares estadounidenses. Para
la mayoría que ha votado a Bush la masiva propaganda de
los medios les ha llevado a creer que el exterminio de
centenares de miles de ciudadanos iraquíes se lleva a
cabo para servir mejor a sus intereses: ellos pueden
dormir tranquilos mientras nuestros “muchachos”
matan“allí” a la gente.
Por encima de todo,
los medios propagandísticos de masas han hecho lo
posible para negar que exista una conciencia nacional
iraquí. Todos los días las referencias de cualquier tipo
son las de las lealtades religiosas, las identidades
étnicas, la pertenencia a etiquetas políticas del
pasado, y los clanes tribales y familiares. El objetivo
es el de dividir para vencer, y el de presentar al mundo
un Iraq “caótico” cuya única fuerza estable y coherente
es el régimen colonial estadounidense. El propósito de
los salvajes ataques coloniales y del etiquetado
político es el de destruir la idea de que existe
una nación iraquí y sustituirla por una serie de
pequeñas entidades gobernadas por los sátrapas
imperiales dóciles a Washington.
Hoy, domingo 14 de
noviembre por la mañana, Faluya está siendo violada y
arrasada, y a los prisioneros heridos se les descerraja
un tiro en las mezquitas. Mientras tanto en Nueva York,
las grandes alamedas están a rebosar de multitudes que
hacen sus compras.
El domingo por la
tarde los marines han impedido que entren en
Faluya alimentos, agua y medicinas, mientras millones de
hombres estadounidenses se sientan ante la televisión
para ver el fútbol americano.
Shirer reseñaba que
mientras los nazis invadían y hacían estragos en
Bélgica, y bombardeaban Rotterdam, los cafés de Berlín
estaban llenos de gente, la orquesta sinfónica daba sus
conciertos y la gente paseaba a sus perros en las
soleadas tardes de domingo.
Domingo 14 de
noviembre de 2004. Por la noche pongo la televisión, el
popular programa 60 minutos y veo una reposición
de antiguas entrevistas de Mike Wallace a Yasir Arafat.
Al igual que en el resto de los programas “estrella” no
habla de la invasión israelí de Líbano ni de la masacre
de miles de palestinos cometida por Sharon, ni de la de
ocupación militar de Palestina, ni de la desenfrenada
destrucción de Jenin y Gaza. Wallace acusa a Arafat de
ser un mentiroso, un terrorista, un corrupto y un
ladino. Treinta millones de hogares estadounidenses
contemplan este escandaloso espectáculo de un apologista
del sionismo ultraderechista alardeando de los “ideales
occidentales” que resultan tan útiles para arrasar
ciudades, bombardear hospitales y exterminar un país.
Sí, existen
diferencias entre lo que cuenta el señor Shirer sobre la
propaganda nazi en defensa de la conquista de Europa, y
lo que difunden los medios de información
estadounidenses que defienden la invasión de Iraq y las
matanzas que realiza el Estado judío con los palestinos.
Aquella se cometía en nombre del Führer y de la
fraternidad, ésta otra en nombre de Dios y de la
Democracia. ¡Vayan a contárselo a los hinchados
cadáveres roídos por los perros entre las ruinas de
Faluya!
Traducido para Rebelión por Felisa Sastre.
|