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SUIZA SE EXHIBE EN LA HABANA
Tania
Cordero |
La Habana
Luego que Cuba
participó hace dos años, en calidad de país invitado, en
el Festival de Cine de Locarno, Suiza, comenzó a
fraguarse la idea de reciprocar la experiencia. Ahora se
concreta en la muestra que la nación helvética presenta
en este 26 Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano. Ya es sabida la vocación cosmopolita de
la cita habanera a la que en otras ocasiones habían
concurrido cintas suizas, pero es casi inédita esta
participación representativa. La relación suiza con el
cine cubano se había dado de manera más próspera y
permanente a través de la colaboración de la Agencia
Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude), muy
vinculada a la Escuela Internacional de Cine de San
Antonio de los Baños y más recientemente al Festival de
Cine Pobre de Gibara, Holguín.
A La Habana han
llegado seis películas con la mayoría de sus
realizadores. “Venimos con el objetivo de presentar
filmes nuestros de hoy y de ayer, tanto documentales
como de ficción. Nos interesa también donar a Cuba tres
películas emblemáticas: Nuestra música, de Jean-Luc
Godard; Los hombros sólidos, de Ursula Meier y
Memorias del saqueo, de Fernando Solanas, producida
también por nosotros”, comenta Micha Schiwow, director
de Swiss Films, institución que promueve la producción
cinematográfica del país y su historia fílmica.
“Quisimos componer una muestra paradigmática, que
tuviera en cuenta a cineastas experimentados y jóvenes,
hombres y mujeres procedentes de las tres regiones
fundamentales de nuestro país: la Suiza alemana, la
francesa y la italiana”.
El breve intercambio
con Peter Luisi, el más joven de los realizadores de la
propuesta suiza, se internó en los temas que con mayor
frecuencia enseña esta filmografía. Mientras el veterano
Godard (amigo de Francois Truffaut y Andre Bazin)
escruta el mundo hostil de hoy, sus grietas en vidas
reales o imaginarias; Meir da riendas sueltas a un
discurso acerca de la sexualidad femenina con una
película que le hizo merecer el Premio al mejor
largometraje suizo en el 2002; o Fredi M. Murer (Plenilunio)
convoca a detenernos ante el mundo de los niños, Luisi
optó por volver al cine dentro del cine. “En todas
partes se nos hace muy difícil a la gente joven hacer
cine, pues ya se sabe que es un arte muy costoso. Ese
hecho fue la mayor inspiración para rodar esta película
acerca de lo laborioso de un rodaje. Por supuesto, no es
solo eso. Esta historia tiene de trasfondo una relación
amorosa. Solo espero que guste en este Festival tan
agradable y con un público tan ávido”.
Al parecer, la
realidad suiza para los cubanos será algo más que la
tradicional paz de sus lagos, sus exactos relojes o la
exquisitez de los chocolates. Esta entrada masiva a sus
matices y complejidades nos acercarán más a esa, no
pocas veces, lejana nación. |