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artesanos venezolanos en
fiart
Encantados de estar en Cuba
M.
Enriqueta|
La Habana
Fotos: Diego
La Feria
Internacional de Artesanía de La Habana (FIART) —que
abrió sus puertas el pasado 12 de diciembre en la
fortaleza de San Carlos de la Cabaña— constituye, sin
lugar a duda, una magnífica oferta del Fondo Cubano de
Bienes Culturales que no pocos agradecen. Como en las
anteriores, en esta, su décima edición dedicada a
México y al mueble artesanal, se conjugaron la
artesanía, el arte y la amistad entre los pueblos.
De este modo, entre
las naciones que acudieron a la cita anual en La Habana
se encontraba la República Bolivariana de Venezuela que
estuvo representada por diez artesanos.
Esta cifra no milita
ciertamente entre las más representativas de los
asistentes extranjeros a FIART. Pero ello obedeció a que
“es la primera vez que participamos. En Venezuela existe
un gran desarrollo de la artesanía y una gran variedad
de artículos, pero como desconocíamos las
características de la Feria cubana, no nos expusimos a
traer más productos. Solo trajimos una pequeña muestra.
Durante nuestra estancia en La Habana hemos aprendido
mucho de los artesanos cubanos y de otros países
participantes. “Cuando regresemos divulgaremos estas
experiencias y estamos convencidos de que nuestros
artesanos se animarán y nuestro país tendrá una mayor
participación en la próxima edición de FIART”, declaró
para La Jiribilla, Claudio Navarrete
representante del Banco de Comercio Exterior de
Venezuela, institución que aglutina a los artesanos y
patrocina la participación de los mismos en eventos
internacionales.
De cualquier manera,
los artesanos venezolanos provienen de diversas
regiones, y sus artículos ofrecen un amplio abanico de
los distintos tipos de artesanías que se elaboran en el
país. Así, por ejemplo, Edith León, pertenece al gremio
de las artes textiles. Se dedica a la artesanía desde
hace treinta años y con manifiesto orgullo nos habló de
su taller: “le puse por nombre Tejedor Gualequer, que
significa araña en lengua guayú.
“Los guayús eran una
raza de aborígenes nativos de Venezuela.”
A raíz de su creación
en el taller laboraban Edith y sus dos hermanas, pero
con el transcurso del tiempo se han ido “incorporando
jóvenes que han desertado del sistema educativo y del
sistema laboral. Estos muchachos no poseen ningún oficio
y yo los he ido cautivando para integrarlos a mi taller.
Es decir, que realizo una especie de trabajo social en
mi comunidad. Ya tengo un total de diez jóvenes que han
aprendido la técnica del tejido y algunos de sus
trabajos se encuentran aquí en la Feria”.
Entre los artículos
confeccionados por el taller Gualequer cuentan prendas
de vestir, hamacas, manteles de mesa, bolsos… “que son
objetos muy tradicionales en el país. Todas fueron
elaboradas utilizando distintas técnicas y con distintos
tipos de fibras vegetales como el yute, que comoquiera
que es una materia prima nacional procesada
industrialmente, logramos los artículos tejiéndolos
artesanalmente”.
Edith reside en el
poblado de Latillo, perteneciente al estado de Miranda.
Allí en su pueblo, mientras trabaja, escucha el lenguaje
de “cada técnica, de cada fibra, de cada diseño y solo
cuando se aprende a leer ese lenguaje del tejido es que
se comienza a amar verdaderamente nuestra profesión”.
Lenguaje similar
probablemente escuchará José Oreñanes cuando en sus
trabajos como orfebre se dé a la tarea de unir piedras
preciosas a metales o viceversa.
Este joven artesano
venezolano se dedica a la orfebrería desde la edad de 15
años, ahora cuenta con unos 30. “No me inicié en la
artesanía con la orfebrería, sino trabajando el cuero,
con el cual elaboré infinidad de artículos. También
trabajé la cerámica y el vidrio. Pero paseando por las
calles de Caracas observé el trabajo de algunos
artesanos que trabajaban el metal. Ellos me sirvieron de
inspiración y comencé a amar la orfebrería que me atrapó
por completo.”
Oreñanes dirige un
taller en Algodonar, en el estado de Caracas y aunque
sus conocimientos los ha adquirido de forma autodidacta,
los trasmite gustoso a 15 adolescentes comprendidos
entre las edades de once hasta dieciséis años, en el
museo Jacobo Borges.
En la elaboración de
sus piezas, Oreñanes utiliza corales, piedras preciosas
y metales, como bronce, oro y plata. En esta fusión
combina lo tradicional con lo moderno para sacar a la
luz artículos de excelente calidad, en los cuales se
evidencia la imaginación, maestría y el buen gusto de su
creador.
Finalmente aseguró
que “la orfebrería en Cuba tiene un gran desarrollo y
esta Feria me ha dado la posibilidad de conocer nuevas
técnicas. En Venezuela esta rama de la artesanía ha
tomado repunte, pues en los últimos años se está
desarrollando con mucha fuerza y hay una gran variedad
de artículos.”
En el pabellón de la
hermana nación se mostraban además objetos de artesanía
utilitaria confeccionados en madera, como cajas de
tabaco, floreros, centros de mesa y adornos elaborados
en cerámica, que junto a sus creadores evidenciaban
sentirse encantados en Cuba, al tiempo que anunciaban
un pronto regreso.
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