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JAZZ. CUBA JAZZ
 
Es natural que la música cubana, justamente considerada como una de mayor relevancia mundial, haya contribuido al enriquecimiento de varias músicas hechas en los EE.UU. y especialmente al jazz. Teniendo como tienen esa música nacida en el Norte y mucha música cubana, el definitorio ingrediente del África negra, no fue difícil que se entregaran mutuamente sus vectores estéticos.


Bladimir Zamora Céspedes| La Habana

 


Irakere en el año 1981

El jazz debe haber tocado tierra cubana muy poco después de producirse su florecimiento en EE.UU., en los inicios del pasado siglo. De la misma manera que por esas mismas fechas músicos nuestros debieron disfrutarlo también en su país de origen. Las razones pueden buscarse, claro, en circunstancias extraartísticas de índole política y económica. Pero hay que reconocer que si el intenso intercambio entre la Isla y Norteamérica se debe a sus nada disimuladas ambiciones de esta floreciente potencia imperialista, en el plano de la música ello ha provocado, a lo largo del tiempo, intercambios de mucho provecho.

A los clubes cubanos, preferentemente de La Habana, antes de los años 20 ya llegaban pequeñas bandas de jazz que aunque no fueran las más significativas ni procedieran de Nueva Orleáns, portaban los signos tipificadores de esta reciente música, y el formato de estas agrupaciones  se tornó tentador a los cultores cubanos del son, que justamente por esos días estaban consolidando sus cánones estéticos, en los más humildes salones de la capital cubana. De tal suerte los sextetos soneros pasaron  a partir de 1927 a ser septetos (El Habanero, El Nacional, Boloña…) al introducir en su formato una trompeta.


Sexteto Habanero, en 1926

El furor de los septetos, haciendo son y  los demás géneros tributarios, duró toda la década del 30 y en las puertas de los 40, el afán constante de lo cubano por legitimarse a fuerza de tomar cualquier elemento valioso venido del resto del mundo, que se pudiera injertar en nuestras raíces, volvió a contar con los aportes del jazz, que para estos años había consolidado mucho más sus agrupaciones, enfatizando en los instrumentos de viento y el piano. Consecuencia clara es la aparición de los denominados “conjuntos”. Al antiguo septeto se le añadía otra trompeta, el piano y las tumbadoras. Manteniéndole de la anterior agrupación, el bongó, la guitarra, el tres, las maracas, las claves y el contrabajo. Entre los más destacados estuvieron el el Arsenio Rodríguez y el Casino.


Arsenio Rodríguez

En esa misma progresión se produjo en la década del 50 la explosión en Cuba de las jazz band. Existían en la Isla estas formaciones desde mucho antes. La connotada Orquesta de los Hermanos Castro fue fundada en 1929, ya con el propósito de que todos sus instrumentistas fueran del país y no traídos de EE.UU. Pero, sin duda, en la medianía del siglo, surgen o llegan a la mayor popularidad bandas cubanas con formato de jazz, demostrándose como la mejor vasija para el cultivo del son, el bolero, la guaracha, el chachachá, el mambo…Brillan entre ellas la Riverside y la legendaria Banda Gigante de Benny Moré.


Benny Moré y su Banda Gigante

Después de 1959, atentos a la memoria del pasado musical cubano, y muy en contacto con lo que a esa altura sonaba en materia de jazz desde los EE.UU. y también desde el llamado viejo mundo, se han sucedido muy valiosas agrupaciones que han resuelto su quehacer desde los colores del denominado jazz latino. En los años 60 se popularizaron aquí el Grupo de Felipe Dulzaides  y el Combo de Chucho Valdés, que a inicios de la década siguiente iba a fundar el paradigmático Grupo Irakere. El cual se mantuvo en el tiempo y fue regando semillas que han fructificado y fructifican por doquier, hasta nuestros días.


Chucho Valdés

Hombre, es natural que la música cubana, justamente considerada como una de mayor relevancia mundial, haya contribuido al enriquecimiento de varias músicas hechas en los EE.UU. y especialmente al jazz. Teniendo como tienen esa música nacida en el Norte y mucha música cubana, el definitorio ingrediente del África negra, no fue difícil que se entregaran mutuamente sus vectores estéticos. Esto es visible sobre todo en la percusión. El jazz existiría, no se puede dudar, aunque en La Habana no hubiera nacido Chano Pozo, pero sin duda, en los últimos años 40 no hubiera podido alzarse con la mayor brillantez si nuestro Mario Bauzá no se lo hubiera presentado al importante trompetista Dizzy Gillespie, quien lo integró a  su orquesta. Quedando muy claro desde entonces que sin la percusión cubana las mayores proposiciones del jazz no serían posibles.


Chano actuando con la Orquesta de Miguelito en Nueva York en 1947

Después de Bauzá y Machito desembarcaron en Nueva York allá por los años 40, con sus Afro Cuban, para los primeros pitazos claros de lo que ahora con toda comodidad se llama jazz latino. Muchos cubanos más, allí mismo en esa nación dieron muestra y dan de que nos alimentamos del jazz pionero y de lo que ha ido produciéndose después…y a cambio les entregamos una contribución auténtica, saltando por encima de los más “brillantes” mimetismos.
 

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