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MedicSteal
Los jubilados
se aprietan el cinturón
Daniel Shoer Roth
El
Nuevo Herald
Olga
y Darío Miyares se han hecho expertos últimamente en
''ajustar el cinturón'' a la hora de gastar sus
pensiones. Las añoradas salidas dos veces por semana a
almorzar en La Casita se han reducido a un ritual
mensual. La asistencia a los conciertos en el Miami-Dade
Auditorium la planean con cautela, y cuando salen al
supermercado, se arman con una plétora de cupones de
descuentos.
La pareja de
retirados cubanoamericanos ha visto en los últimos meses
un aumento en el alquiler de su casa en Westchester, en
la póliza del seguro de su automóvil y, prácticamente,
en todo lo que consumen, sostienen. Pero el modesto
incremento que recibirán en sus beneficios de Seguro
Social el año próximo para costear el alza en el índice
de los precios del consumo no les servirá de mucho, ya
que gran parte irá automáticamente a pagar el
encarecimiento en las primas del Medicare.
“Si no tuviéramos
otros ahorros, estuviéramos pasando hambre. Cada año
nuestro poder adquisitivo es menor”, afirma Darío, un ex
administrador comercial de 71 años. “Es frustrante”,
agrega su esposa Olga, de 69 años, “porque trabajamos
duro toda la vida”.
Sus lamentos no son
ajenos a los de otros 400 000 jubilados en Miami-Dade.
Defensores de los derechos de los ancianos argumentan
que las personas de la tercera edad se sienten cada vez
más acorraladas por el aumento en una sucesión de
gastos, desde las primas del Medicare y los costos de
las medicinas con recetas, hasta el precio de los
alimentos y de los servicios básicos.
La porción del
Medicare que pagan los jubilados, que se deduce de su
cheque de Seguro Social, aumentará en enero 17 %, un
alza récord. Esa subida engullirá casi la mitad del 2,7
% de incremento que los retirados recibirán el año
próximo en sus pensiones. El dinero restante
difícilmente les rendirá para avalar el alza en los
costos del combustible, los fármacos y los alimentos,
que en algunos casos ha sido superior al 15 %, según
economistas.
La convergencia de
estos factores, amenazados por la sombra de una
propensión alcista en el índice inflacionario, sugieren
que el avance en la mejora del nivel de vida de las
personas mayores con ingresos fijos —que comenzó en la
década de los 60—, pudiera estar paralizado, afirman
analistas que estudian la longevidad.
“Puede llegar a ser
desastroso”, afirmó a El Nuevo Herald Robert
Butler, presidente del Centro Internacional de
Longevidad en Nueva York. “La calidad del nivel de vida
de las personas mayores se está limitando, y los efectos
[del aumento en el costo del consumo] pueden ser
adversos especialmente para las minorías y las mujeres
que viven al margen de la pobreza”.
En la Florida, donde
pronto entrarán en vigencia aumentos aprobados en las
tarifas telefónicas y eléctricas, al igual que en las
primas de los seguros de casa como resultado de los
huracanes, la avalancha de gastos adicionales para los
retirados es aun más drástica, señaló Jeff Johnson,
gerente de campaña de la AARP Florida.
“Las personas de la
tercera edad notan un declive en los ingresos que
reciben”, explicó Johnson. “Ellos no pueden salir a
buscar otro trabajo como los más jóvenes, y sus
inversiones tienen intereses fijos que actualmente están
bastante bajos. Si el ritmo de la inflación sobrepasa al
de los intereses, sería una tragedia para los mayores”.
Alrededor de 47
millones de trabajadores jubilados e incapacitados en
EE.UU. reciben pagos del Seguro Social. Estadísticas del
gobierno estiman que más del 20 % de los beneficiados
dependen únicamente de este ingreso para su
supervivencia, aunque en Miami-Dade el índice es
superior, según la AARP.
Al ajustarlo a la
inflación, el beneficio mensual promedio el año próximo
será de $955, $25 más que en el 2003.
Pero el deducible
mensual del Medicare en su fase B —que cubre visitas
médicas y otros servicios no hospitalarios— aumentará de
$66.60 a $78.20, sustrayéndole $11.60 a los $25 de
incremento en la pensión.
“Es una fracción
bastante grande, que exprime la capacidad de comprar
otros productos y servicios”, aseguró Henry Aaron,
economista del respetado Brookings Institution en
Washington, D.C.
Para los Miyares la
fracción es aun más abarcadora. A Olga, el cheque
mensual le subirá $1, de $397 este año a $398 en el
2005, mientras que a Darío el ajuste le quedará en $12,
de $902 a $927, informaron a El Nuevo Herald. La
pareja, sin embargo, tiene otras pensiones privadas y
planes de beneficios contributivos.
La administración del
presidente George W. Bush sostiene que los aumentos en
las primas reflejan el alza general en los costos de la
salud, en los honorarios médicos y en la reforma de la
ley del Medicare, que a partir del 2006 pondrá en
vigencia un beneficio para la cobertura de los fármacos.
Cerca de 42 millones de retirados están afiliados al
Medicare. Al menos 6,8 millones de estos no pagan los
deducibles porque son de bajos recursos y pertenecen a
otros programas de ayuda, como el Medicaid.
Sin embargo, el
Medicare es solo una de las causas de dolor de cabeza
para las personas de la tercera edad. Estudios recientes
sostienen que la deuda en tarjetas de crédito entre
personas mayores de 65 años se duplicó en la última
década.
“[Los retirados]
viven con temores, se cohíben de muchas cosas, de
comprar comidas, de viajar”, concluyó Cristina Penedo,
directora ejecutiva del Centro de Actividades Sociales
South West, una agencia caritativa en Miami para
personas mayores. “Tienen la soga al cuello porque el
dinero no les alcanza”.
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