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Cuba: la guerra de todo el pueblo
Ángel Guerra Cabrera
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México
Cuba desarrolla
un gran ejercicio militar a escala nacional, cuya
filosofía es: la mejor manera de prepararse para la
guerra es evitarla. Al efecto, el ministro de Defensa,
Raúl Castro, señaló en un discurso que su objetivo es
lograr que EE.UU. no intente reeditar en Cuba lo que ya
le ocurrió con la agresión a Vietnam y actualmente en
Iraq. Para evitar que se derrame una gota de sangre,
añadió, “hay que derramar ríos de sudor”. Y es que la
doctrina militar cubana de “guerra de todo el pueblo”
exige una dedicación enorme del tiempo libre de amplios
sectores de la sociedad. Siempre ha existido un
componente popular decisivo en las concepciones
militares de la Revolución cubana, pero a partir de que
se veía venir el derrumbe de la URSS, tomando en cuenta
las experiencias de Vietnam, las propias de Cuba y luego
las de la guerra del Golfo Pérsico de 1991, así como los
bombardeos a la ex Yugoslavia, se desarrolló esta
doctrina que tiende a que cada ciudadano disponga de un
medio, un lugar y una forma de tomar parte en la defensa
del país. La guerra de todo el pueblo es un sistema
integral que contempla poner a disposición de la defensa
todos los recursos nacionales en tiempo de guerra. En él
están integrados el Partido Comunista, el gobierno y las
organizaciones de masas a través de los Consejos de
Defensa en todos los niveles, desde el nacional hasta el
municipio y la zona de defensa, que es su célula de
base. El sistema no solo tiene en cuenta las actividades
propiamente militares, sino el paso de la economía y la
vida de tiempo de paz a tiempo de guerra. Agrupa por
igual a las tropas regulares, formaciones especiales y
las unidades de las Milicias de Tropas Territoriales,
cuyo mando es centralizado, pero posee gran flexibilidad
operativa y táctica. En caso de agresión, ha dicho Fidel
Castro, “cada cubano sabe lo que tiene que hacer y es un
comandante en jefe”. Esta idea va acompañada de un
principio cardinal para todos los combatientes: ni
rendición ni capitulación ni derrota. Bastión 2004
tiene como objetivos fundamentales comprobar el
funcionamiento de los diferentes órganos de dirección y
de mando de la defensa en todas las instancias y
culminará con alta participación popular en ejercicios
durante el fin de semana.
Las premisas políticas
de Bastión 2004 están presentes en la conducta
excepcionalmente agresiva y provocadora hacia Cuba de la
administración de Bush II y en las reiteradas acciones y
declaraciones de sus funcionarios que apuntan claramente
a una agresión militar contra la isla. Esto es tan claro
que uno se pregunta si no es el inesperado
empantanamiento en Irak el que ha hecho que se pospongan
momentáneamente los planes para llevar a cabo la
agresión al territorio cubano. La familia Bush mantiene,
desde hace años, estrecha relación con la mafia
contrarrevolucionaria de Miami, a la que ha abierto de
par en par las puertas de la Casa Blanca a la vez que ha
nombrado entre sus colaboradores a varios de sus
integrantes. Esa administración ha sido autora del
documento más abarcador sobre los pasos para “acelerar”
lo que denomina “una transición en Cuba”. La aplicación
de este documento presidencial —que tendría que ser
por vía de una ocupación militar de la isla— no solo
constituiría el desmantelamiento total del sistema
social y político actual, sino que la convertirían en un
nuevo Iraq en términos de soberanía nacional y
autodeterminación. Después de leer el “Acta para la
ayuda a una Cuba libre” no es difícil adivinar el
propósito de imponer un gobierno formado por la
contrarrevolución exiliada, encabezado por una versión
tropical del agente de la CIA impuesto en Bagdad. Por
otra parte, en la directiva de seguridad nacional
aprobada por Bush, que convierte en ley el derecho a
llevar la guerra preventiva y el “cambio de
régimen” adonde se le antoje, Cuba figura como presunta
víctima de todas las causales para poner en práctica
esas ideas fascistas. La isla ha sido acusada falsamente
y hasta el cansancio por funcionarios de Washington de
albergar terroristas, producir armas biológicas y
fomentar la subversión en América Latina.
En estas
circunstancias, La Habana opta por defenderse dentro de
la lógica de la actuación de un estado soberano; más aún
cuando ese estado lo encabeza un gobierno
revolucionario, cuyo único compromiso es con el pueblo y
la defensa de sus intereses, base principal de su
sustento.
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