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Eduardo Abela, Vicente Bonachea y
Ernesto Rancaño en la Galería Servando Cabrera

Uno, dos y tres... qué trazo más chévere


 Carina Pino Santos | La Habana

Esta vez no se trata de una rumba, mas sí  de la unión de un trío de artistas plásticos (Eduardo Abela, Vicente Bonachea y Ernesto Rancaño) cuyas poéticas se enlazan en una exhibición que descubre rupturas y continuidades en sus creaciones respectivas. Y ha sido el  festival el que ha posibilitado esta exhibición de obras, a partir de aquellas coincidencias e interconexiones que ellos mismos han ido descubriendo, tanto desde la amistad misma como en el devenir del quehacer artístico.

El Diario del Festival  se ha llegado hasta la galería donde, a unas horas de la inauguración, se hallan aún los creadores desenrollando cartulinas, lienzos, y colocando presillas. Allí, entre el compás incesante del  claveteo de los martillos, hemos buscado respuestas, no solo al acontecimiento en sí, sino también a inquietudes que puedan aproximarnos a la individualidad y relación de este trío.

Uno

Ernesto Rancaño

¿Cuál es el inicio de esta exposición que, por vez primera, se realiza en un Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano?

La idea de esta muestra surge a partir de una solicitud  de Alfredo Guevara, quien desde hace alrededor de cuatro años me ha venido pidiendo que exponga en un festival. Esta vez me volvió a llamar y yo le dije que sí, pero que lo haría con dos amigos, Eduardo Abela y Vicente Bonachea.

Por esto la exposición es un hecho que tiene que ver con la amistad de tres amigos que siempre estamos juntos y en sintonía.

Pero no es la primera vez que te vinculas a este evento, porque recuerdo que has trabajado anteriormente para los festivales.

Sí, hice los carteles del 23  y del 25 Festival.

¿Fue igualmente un encargo de Alfredo Guevara?

Sí, también. Alfredo Guevara, de admirador se ha vuelto un entrañable amigo.

No parece ser esta una exposición en la que se unen tres individualidades únicamente, hay una relación entre las piezas en esta exhibición, por lo que imagino  que debe haber existido una comunión de ideas, en fin,  una señalada intención de hacerla conjunta. ¿Fue ese el objetivo?

Nosotros quisimos hacer la exposición juntos, fue la primera idea, y esto fue así, real.  Yo estaba pensando en casa, le voy a decir al Bona (Bonachea) hacerla de dibujos, porque aproximadamente desde el 93 yo no dibujaba... Y casualmente, sin yo hablarle, él vino y me dijo: ¿Por qué no la hacemos de dibujo?

Observo que ha sucedido un cambio en tu obra, tanto en  cuanto al tema como en las morfologías que has empleado.

El cambio tiene que ver con la convulsión que tiene el mundo actualmente, con toda esta historia de guerras, el caos que se está viviendo. Salió solo. Para mí son como muertos que vuelven. Es la serie de La vida de vuelta, son como los atropellados del mundo que regresan. Es una historia así.

En tus obras empleas muchos recursos  de lo que se ha dado en llamar el surrealismo fantástico, y hay toda una tradición en Latinoamérica en esta tendencia. Quisiera saber cuán consciente ha sido esta influencia y si reconoces otras fuentes que se relacionan con estos antecedentes.

Para mí más que surrealismo es como un realismo fantástico, lo veo más así. Y sí, hay personas que me lo han ido descubriendo, que me han dicho: tu obra tiene que ver con alguien, y lo he visto y me gusta, y he pasado de la inconciencia a la conciencia.

Sin embargo, estas obras ahora muestran un salto, en el sentido de un menor énfasis en lo anecdótico, lo narrativo, en el detalle. Son piezas más fuertes en su intencionalidad. ¿Qué te puede haber influido en esta variación que exhibes?

No lo sé, ni sé si las piezas son buenas, lo que sí sé que están hechas con mucho corazón.

Hay alguna propuesta desde el punto de vista de lo objetual en dos obras en las que Bonachea y tú han trabajado con el concepto del object trouvé.

El año pasado, hice una exposición en México, toda en madera y lo que hice fue tomar objetos de mi casa, y, como en un desprendimiento de tarecos, los inserté en la obra. Y se me abrió otra puertecita.

¿Sientes alguna empatía con la cinematografía como arte?

El cine me encanta. Incluso me gustaría algún día hacer aunque sea un corto con mis medios.

Me resulta siempre curioso preguntar a artistas que trabajan insertos en esta tendencia cuál es la literatura por la que sienten preferencia.

Siempre estoy leyendo. Tengo  la suerte de tener amigos con un buen gusto por la literatura que me recomiendan y regalan libros. Ahora mismo estoy leyendo Escape en el tiempo, de Michael Crichton.

Dos

Vicente Bonachea

En esta muestra hay una conexión entre las obras de los tres y quisiera saber si sientes que hay una interrelación más allá de la exhibición, entre los discursos de ustedes.

Este proyecto aunque se ha materializado ahora, tiene un tiempo. Nosotros hicimos una exposición los tres en marzo en la Galería Espacio 304, Puerto Rico; en aquella ocasión eran pinturas de formato más pequeño. Se nos quedaron cosas por hacer, no nos dieron visas a los tres, y no salió como realmente hubiéramos querido, quedó inconcluso.

Entonces surge la posibilidad de esta muestra en el marco del festival y decidimos retomar lo de Puerto Rico, pero con otras variantes. Primero, decidimos que no fuera todo pintura, sino que predominara el dibujo. Nos propusimos salir de lo que ya habíamos hecho hasta ahora, emplear otros formatos, materiales, renovar un poco nuestro lenguaje.

En tu obra hay narraciones, fabulaciones, quisiera que me hablaras de esto.

Creo que en mi trabajo eso es ya tradicional. Siempre parto de historias que me invento,  o no me las invento tanto sino que son de la realidad, yo las reinvento, o las recreo, como se le quiera llamar. A veces miro un pequeño suceso, llego a la casa, y lo convierto en esa obra que después creo.

Tres

Eduardo Abela

¿Hay un concepto de divertimento detrás de tus obras en esta exposición?

Para mí esto da continuación a una pieza que titulé El Martirio, que me sugirió el  martirio del cubano, de la historia del pesar cotidiano, de aquellos problemas que no lo son tanto, pero con los que uno se agobia. Es una visión irónica de las problemáticas diarias de los cubanos, que es la manera en que abordo mi trabajo.  Es seria, sin dejar de ser humorística. Aquí en esta muestra trabajé con más libertad, no hay ninguna intención comercial, y lo veo como un serio divertimento.

¿Es también una continuación de la exposición de Puerto Rico?

No es que queramos ser los segundos Carpinteros. (Risas). Generalmente el artista plástico tiene un tipo de trabajo individual, y esta es una manera de imbricarnos los unos con los otros, de hacerlo conjunto. Además de que tenemos una relación muy linda como amigos, y se trata de llevarla al orden profesional también.

Por cierto, no es la primera vez que expones en una muestra colectiva en un Festival de cine.

En este caso pensé que podíamos haber hecho un trabajo en función del séptimo arte, del cine. Y no fue así por un problema de tiempo; pero mi idea era tomar los clásicos del cine cubano y trabajar con esto. En una edición anterior trabajé para una exposición sobre obras de la Escuela de Cine de San Antonio. A mí me hubiera gustado mucho hacer esta muestra sobre el cine, lo que no ha sido exactamente en esta ocasión. Yo soy cinéfilo, el cine, la música y la literatura  son las cosas que más me "tocan", incluso, más que la plástica.

Qué trazo más chévere...

El repiqueteo (de martillazos) sigue, es caribeño y  pareciera acompañar  el caos interior que nos signa desde la identidad y que es visible en las piezas, así como la coherencia de  lenguajes que el espectador puede relacionar en las obras de Abela, Bonachea y Rancaño,  dada esa mezcla indistinta, variada, que parte de la mixtura de tendencias afines, y a la vez de individualidades señaladas en la plástica contemporánea.

Entretanto, desde su cama de aguas, Martirio, una maja desnuda cual caimán (pintura de Eduardo Abela) ostenta aquellas zonas geográficas y mares adonde arribar (¡qué chévere!) en caso de inesperado naufragio.
 

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