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"El mérito no es mío
es de la Revolución cubana, que yo represento",
solía decir Raúl Roa cuando alguien le felicitaba por
el éxito obtenido en alguno de los foros internacionales
a los que concurría en funciones de su cargo.
Ejemplo del hombre
modesto y sencillo, incapaz de engrandecerse a expensas
de la representación de la Patria que ostentaba.
La Revolución cubana
fue para Raúl Roa, según el título de uno de sus libros,
su Retorno a la Alborada, el regreso a los
comienzos de una vida revolucionaria iniciada treinta
años atrás. Esa revolución trunca que se fue a
bolina, como calificara con su conocida afición por
el papalote, nunca dejó de bullirle en las
entrañas y le permitió madurar política y culturalmente
para combatir en una de las más importantes trincheras
de la Revolución triunfante el 1º. de enero de l959, la
trinchera de la diplomacia revolucionaria, esa
diplomacia sin hipocresías ni tapujos que con su estilo
tan propio impuso en sus históricos alegatos en la
Organización de Estados Americanos y en las Naciones
Unidas, desde los difíciles días del ataque a Playa
Girón y de la Crisis de Octubre.
En uno de los
numerosos combates en defensa de la Revolución Cubana,
Roa definió el sentido de su presencia en la trinchera
en que le tocó enfrentar al enemigo irreconciliable "yo
sé que estoy aquí luchando por una causa hermosa: la
sobrevivencia, consolidación y desarrollo de la
Revolución cubana, gravemente amenazada por un coloso al
cual se le han aliado, por ley inexorable de la
historia, las fuerzas más reaccionarias, agresivas y
explotadoras de nuestro tiempo..."
A Raúl Roa la
Revolución le corría por las venas, era algo así como
parte de su propio ser. No resistía los ataques del
enemigo y sin pensarlo brincaba ante la menor
insinuación que pudiera lastimar la patria amada.
Baste recordar su reacción ante los ataques del
representante de Chile en Naciones Unidas. A
continuación, me permito citar el texto de una carta
suya al respecto, por considerar que su proceder en
aquella ocasión es el mejor ejemplo de su instinto y
sentir revolucionario: "Ayer rebuznó el chileno. Tres
cuartas partes de la sala me siguió cuando me levanté y
me fui. Después le repliqué sepultándolo bajo una
montaña de calificativos tremebundos. Pero se había
ido. Me repuso el Bazin. Y lo convertí en el Pinocho de
Pinochet, entre carcajadas y aplausos".
Y continuaba...
“¡Qué clase de jodienda se armó en la Asamblea! Mi
discurso duró hora y media. Imagino lo oyeron. Se me
escuchó con silencio imponente. La sala estaba repleta
y también la galería pública”.
“Recibí una ovación
estremecedora. Pero luego vinieron las réplicas. La
del chileno la primera. Comenzó a difamar e insultar;
pero cuando dijo que Fidel se refocilaba con los
cadáveres de los fusilados un impulso me levantó del
escaño y salí disparado para la tribuna a propinarle una
bofetada entre gritos de "HP.., Mar..., Asesino!!!... Se
metió la gente por el medio y el Presidente tuvo que
suspender momentáneamente la Asamblea”.
Y sigue la carta....
“El Presidente afirmó, con voz temblorosa que el hecho
no tenía precedentes en la ONU y rogaba orden y
sosiego. Tres minutos de receso y siguió la sesión.
Concluyó Pinocho y hablaron Paraguay, Bolivia, Uruguay,
Brasil y USA en derecho de réplica. Después yo. Volví a
blandir el espadón y fuerte para un lado y para el otro
especialmente para Scali (embajador de EE.UU.). Cables,
periódicos y televisión dieron primacía a la noticia.
Pusimos a Chile otra vez en la primera plana. Todo
salió punto en boca. Pero el escándalo ha sido
mayúsculo. Nada parecido había ocurrido nunca. Estoy
jubiloso por todo esto. Gran batalla por Chile”.
Este incidente causó
preocupación por el revuelo que se armó. El propio Roa
contó después que había sido felicitado por su valiente
y enérgica actuación.
Una vez más se
comprobó que lo que se hace con el corazón, siempre sale
bien.
Los pueblos nunca se
equivocan. Raúl Roa, como hombre de pueblo, fue desde
los primeros días de la Revolución, muy querido por el
pueblo, que repetía sus expresiones criollas y populares
con cariño y respeto. No fue mera casualidad que el
pueblo cubano a su regreso de la OEA, su primer bautizo
de fuego como Ministro de Relaciones Exteriores, le
llamara el Canciller de la Dignidad. Su nombre fue
siempre sinónimo de reconocimiento a la labor
diplomática que le tocó desarrollar. Baste recordar que
llegó hasta la repostería cubana, pues por gracia de la
chispa criolla el pudín diplomático con coco, se
convirtió en "un Raúl Roa".
Durante la
celebración de la VII Reunión de Consulta de los
Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, convocada
expresamente por el imperialismo norteamericano para
crear las condiciones de una agresión militar a Cuba,
Roa define así a la Revolución cubana: "La revolución
que trajo el pueblo, del brazo de Fidel Castro, es tan
cubana como la Sierra Maestra, tan americana como los
Andes y tan universal como los cimeros valores humanos
que encarna. No brotó de los textos de Rousseau, de
Jefferson o de Marx; se gestó durante un siglo, en las
entrañas mismas del pueblo cubano, y corona, a la altura
del tiempo, la trunca empresa de Martí. De ahí sus
entronques con Bolívar y Juárez, su porosidad a las
nuevas corrientes de ideas y aspiraciones que alimentan
el cuerpo vivo de la historia. Su carácter viene
condicionado por sus raíces, su trayectoria por el
desarrollo de sus fuerzas configurantes y sus
proyecciones por el aliento humano que la abrasa. La
Revolución cubana, para decirlo de una vez, es una
revolución nacionalista, antifeudal y democrática,
aflorada en una coyuntura universal de ‘renquiciamiento
y remolde’. No es una revolución del siglo XIX. Es una
revolución del siglo XX, que hereda viejos problemas y
encara problemas nuevos....."
¡Quiérese una
descripción más abarcadora en la que Roa avizora el
carácter socialista de la Revolución cubana, proclamado
poco tiempo después por Fidel, el 16 de abril de 1961,
en los preludios de la mercenaria invasión a Playa
Girón. Esta definición está vigente, hoy más que nunca,
enmarcada en la batalla de ideas que libra nuestro
pueblo, el realce de los verdaderos valores de la patria
y la proyección de los horizontes de educación y cultura
de todos los cubanos!
En su primer discurso
ante la Organización de Estados Americanos, publicado en
la Revista Bohemia, tan temprano como el 17 de
marzo de 1959 bajo el rótulo de La Revolución Cubana
en la OEA, Roa exponía: "Esta Revolución que corona
los seculares e ingentes empeños del pueblo cubano por
alcanzar su plenitud de albedrío y aflora y desenvuelve
en una coyuntura universal de mutaciones más profundas y
vastas que las que singularizaron el tramonto del
imperio romano y el alba de la modernidad, dimana su
razón original de ser, de los requerimientos específicos
y generales, de la dinámica histórica de un país
americano de economía subdesarrollada, de organización
semifeudal de la tierra, de concepción patrimonial del
poder, de agudos desniveles sociales, de abandono de la
enseñanza pública y de tradicional servidumbre a
dictados e intereses ajenos en su desarrollo interno y
en su política internacional, fuente del grave complejo
de inferioridad colonial que ha venido aquejándole desde
la constitución de la República”.
Y continuaba:
"En concordancia con esos requerimientos y movida por el
afán de creación típico de las auténticas redenciones
históricas, la Revolución en el poder se propone
transformar, y ya lo está haciendo, la estructura y
fisonomía de la sociedad cubana, a tenor de los más
puros principios de la democracia representativa, del
pleno ejercicio de las libertades fundamentales y del
más absoluto respeto a los derechos humanos, tal como la
prescriben la Carta de Bogotá y las convenciones y
acuerdos interamericanos y universales."
Su prestigio
trascendía los límites nacionales, por lo que su
aparición en el escenario americano fue, cito "saludada
aplaudido el acierto de la designación recaída en su
ilustre persona para el ejercicio de tan importante
función" por el Dr. Gonzalo Escudero, embajador del
Ecuador y presidente a la sazón del Consejo de la OEA,
quien reconociendo su doble calidad de Representante del
gobierno de Cuba y auténtico personero de la cultura de
su Patria, le aseguró que habría de prestar valiosos
servicios, como efectivamente lo hizo, en defensa de la
soberanía y autodeterminación de la patria, acusada por
quienes carentes de los principios y deberes
internacionales más elementales, creyeron poder
condenarla, expulsándola de la desprestigiada
Organización. Sus lapidarias palabras finales han
quedado grabadas en la historia para siempre:
"Me voy con mi
pueblo, y con mi pueblo se van también de aquí los
pueblos de nuestra América". No es posible hablar de
Raúl Roa y la Revolución cubana sin entrar a hablar de
Raúl Roa y la Diplomacia Cubana, pues fue a través de
esta que Roa sirvió con su talento, su elevada cultura
y su fibra revolucionaria, a la primera.
Se ha reconocido con
justicia que le tocó a Roa inaugurar el nuevo estilo de
diplomacia revolucionaria. Una diplomacia que utilizó
los foros internacionales para expresar la verdad, sin
tapujos ni ambages, sobre los principales conflictos que
enfrentan los pueblos en su lucha por la independencia,
la paz y la justicia social.
Roa calificó la
diplomacia como el arte de la táctica, el tacto y el
contacto, con su habitual y genial gracia de rimar
sonidos y palabras en sus expresiones.
Los que hemos vivido
en las entretelas de la diplomacia cubana, sabemos que
estas tres palabras contienen el néctar de los tres
elementos esenciales de un buen trabajo diplomático.
La táctica, vocablo militar, es indispensable para
trazar la estrategia a seguir en las gestiones y
negociaciones diplomáticas. El tacto, uno de los
sentidos del ser humano, requiere no solo tocar el tema
que nos interesa, sino saber cómo tocarlo, según el
momento y las circunstancias y, por último, el contacto
diplomático es la razón de ser del oficio. Véase pues
lo atinado de su descripción, resumiendo en tres
palabras el difícil arte diplomático.
En el centenario del
10 de Octubre, Roa expresó: “la genuina diplomacia
cubana surgió después del 1ro.de enero de 1959. Con el
triunfo de la Revolución y el advenimiento al poder de
la clase obrera, la política exterior de nuestro país
dio un viraje de 180 grados. Cuba se liberó de las
ataduras coloniales para convertirse en un estado
efectivamente libre, independiente y soberano. La
política exterior del Gobierno Revolucionario la dictan
los principios, las necesidades y las aspiraciones del
pueblo cubano, de los movimientos de liberación de
América Latina, África y Asia y del movimiento comunista
internacional”.
Destacó en esa
ocasión –octubre de l968- que el primer documento en el
que se afirmó cabalmente la soberanía de Cuba fue la
nota enviada al gobierno norteamericano con motivo de la
promulgación de la Reforma Agraria, en la que se
enfatizó que el Gobierno Revolucionario se arrogaba la
facultad de decidir lo que estimara más acorde con los
intereses vitales del pueblo cubano y no admitía, ni
admitiría ninguna indicación que tendiera a menoscabar,
en lo más mínimo, la soberanía y la dignidad nacionales.
Raúl Roa tuvo
la oportunidad de llevar la voz de Cuba y de defender
en esos foros internacionales las causas más nobles,
muchas de las cuales abrazó con pasión revolucionaria,
desde sus años mozos de estudiante. En los discursos y
documentos publicados, aclaró que "proyectaban las
posiciones internacionales de principio de la Revolución
cubana y, por ende, la línea trazada y las instrucciones
recibidas por la alta dirección política de nuestro
país". Sobra decir, añadía, "que me he ceñido
rigurosamente a exponerla en mi forma consustancial de
escritura".
Pero es precisamente
esa forma consustancial de escritura, como él mismo la
calificara, donde radica la fuerza de su palabra, de su
singular agilidad mental para describir las más
insólitas situaciones y reencarnarlas en personajes
bíblicos como “David y Goliat” o de un cuento infantil
como el famoso "Pinocho de Pinochet".
No hubo tema debatido
en la escena internacional en el cual Raúl Roa, el
profesor de Historia de las Doctrinas Sociales de la
Universidad de La Habana, no hiciera gala de su vasta
cultura y su conocimiento profundo de la situación
histórica concreta de las causas nobles que defendió.
Baste citar su discurso en el Consejo de Seguridad de la
ONU celebrado en Panamá en marzo de 1973, que constituye
en sí mismo, una pieza magistral de la historia de ese
país hermano. Roa desentrañó en esa singular ocasión,
cómo se había gestado el fatídico tratado canalero,
bajo la tutela del gobierno de Roosevelt y con la ayuda
del aventurero Philippe Bruneau Varilla, representante
de la compañía comercial francesa que había sustituido a
la fracasada en construir el canal ístmico. También Roa
dejó constancia en esa oportunidad de su opinión al
respecto: "En la historia de las relaciones
internacionales, la Convención del Canal Ístmico
representa el más expresivo paradigma de carencia de
escrúpulos, de menosprecio a los principios, de
rapacidad desmandada y de befa a la dignidad de un
pueblo". Y continuaba: "La mayoría de los tratadistas
han demostrado, con argumentos inobjetables, su absoluta
nulidad jurídica y, por consiguiente, su inexistencia
real a la luz del derecho internacional y de las normas
de la carta de las Naciones Unidas. No faltan
norteamericanos entre las autoridades sobre la materia,
que comparten ese juicio." La posición de Cuba,
expuesta por Roa, era muy clara. "Cuba considera que
ese enclave neocolonial afecta a la soberanía y la
integridad territorial de Panamá y debe restituirse a su
gobierno el cabal ejercicio de las potestades inherentes
que le corresponden sobre todo el territorio del
istmo".
La prueba más
fehaciente de la repercusión de ese discurso, pudo
palparla el propio Roa en sucesivas visitas al país
hermano, donde constantemente era abordado en las calles
por el pueblo, que recordaba con admiración sus
valientes e históricos pronunciamientos. Los acuerdos
adoptados en aquella reunión dieron finalmente sus
frutos con la devolución del Canal a su pueblo en 1999.
Otro de los temas que
Roa defendió con gran pasión lo fue, sin duda, el tema
de Puerto Rico, aún sometido al ultraje de la potencia
imperial, como lo demuestran los últimos acontecimientos
de Vieques.
Su filiación martiana
lo llevó a defender desde edad temprana en sus alegatos
estudiantiles, la libertad del hermano pueblo
borinquen. Ahora, honrado con la representación de la
Revolución cubana, pudo desenmascarar la patraña urdida
contra ese pueblo disfrazado con el burdo ropaje de
"Estado Libre Asociado", destacar que además de
colonias europeas existen dependencias coloniales de los
EE.UU. en el hemisferio occidental y descubrir la
pretensión de pasar por alto las nuevas formas de
colonialismo que el imperialismo yanqui ha establecido
en este continente. Decía Roa en octubre de 1965 en el
debate de la Asamblea General de las Naciones Unidas
sobre los remanentes y modalidades del colonialismo:
"Está el caso específico de Puerto Rico, que exhibe
todos los atributos de una nación cuajada y cuyo pueblo
ha expresado a toda hora su inquebrantable determinación
de ser dueño de su propio destino y, sin embargo,
permanece como dependencia colonial norteamericana.
Puerto Rico no quiso seguir siendo colonia de España; no
quiere seguir siendo colonia de los Estados Unidos bajo
la denominación eufemística de "Estado Libre Asociado".
No es la voz de los Estados Unidos y la de sus
gobernantes por control remoto, su voz genuina. Pero
careciendo de representación propia en las Naciones
Unidas, la voz de Cuba, hermanada a su historia y a sus
aspiraciones, es la voz de Puerto Rico. No ha de
olvidarse que José Martí, al organizar la guerra de
independencia de Cuba en 1895, planteó que era no solo
para liberar a nuestro país, sino también a la Isla
hermana.”
Y finalmente
concluía:
“Estamos unidos por
la historia y, por eso, para la delegación cubana
constituye un deber hablar aquí en nombre de ese
pueblo." Y cada vez que la ocasión era propicia
reiteraba que la "Cuba liberada era también la voz del
Puerto Rico irredento".
No hubo suceso
internacional sobre el que Cuba no alzara -y continuará
alzando- su voz en los foros internacionales. Vietnam
fue, en la etapa que le tocó a Roa, el corazón de
nuestra denuncia contra la cruel y devastadora guerra
dirigida por el imperialismo yanqui contra ese país
indochino, ejemplarmente derrotada por los valientes y
abnegados patriotas vietnamitas.
Diversos fueron sus
pronunciamientos en los foros internacionales en defensa
del pueblo vietnamita, rechazando categóricamente todo
tipo de interferencia o intromisión de las Naciones
Unidas en la cuestión de Vietnam e indicando que el
único camino era apoyar, sin reservas ni vacilaciones,
sus legítimas demandas y exigir la suspensión de los
bombardeos norteamericanos, la retirada de las Fuerzas
Armadas de los EE.UU. y sus aliados de Vietnam del Sur y
el estricto cumplimiento de los Acuerdos de Ginebra.
A la lucha por la
independencia de los pueblos de Asia, África y América
Latina dedicó también Roa sus mejores esfuerzos. Le
tocó, por demás, presidir la Primera Conferencia
Tricontinental, efectuada en La Habana en enero de
1966. Sobre sus resultados Roa expresó: "La
Conferencia Tricontinental cristalizó la solidaridad del
movimiento de liberación nacional en África, Asia y
América Latina, definió una línea común en la lucha
frontal contra el imperialismo, el colonialismo y el
neocolonialismo y soldó vigorosamente la unidad
estratégica y táctica en el combate, recogiendo la rica
experiencia de los pueblos participantes". De aquel
encuentro mundial de los tres continentes surgió la
OSPAAAL, cuyo aniversario XXXV se celebró recientemente
y cuyos miembros continúan cumpliendo con tenacidad y
firmeza, no obstante los retrocesos y dificultades
enfrentadas, los objetivos que le dieron vida.
Le cupo a Roa
asimismo, ser el artífice de la integración de Cuba al
Movimiento de los Países No Alineados desde su
fundación. Cuba formaba ya parte del bloque socialista,
su aliado natural. Sin embargo, su luz larga en materia
política le permitió aconsejar nuestra incorporación a
dicho movimiento, desde donde podíamos denunciar la
situación de Cuba y apoyar y defender los problemas del
Tercer Mundo con una fuerza propia, ya que constituía un
escenario más donde contrarrestar el agravamiento de
las relaciones internacionales y la amenaza del
imperialismo de recurrir a la fuerza militar para
intentar resolver los conflictos a costa de los países
del Tercer Mundo.
Pero su batalla
diplomática más destacada lo fue, sin duda, el debate en
la ONU durante el ataque a Playa Girón, en el que hizo
gala de todo su talento, habilidad y maestría para
denunciar la criminal agresión. "Yo acuso, solemnemente
al Gobierno de los Estados Unidos ante la Comisión
Política y de Seguridad de las Naciones Unidas y la
conciencia pública internacional, de haber desatado
contra Cuba una guerra de invasión para apoderarse de
sus recursos, tierras, fábricas y transportes y
retrotraerla a su oprobiosa condición de satélite del
imperialismo norteamericano", denunciaba el día
17 de abril de 1961 en la Comisión Política y de
Seguridad de las Naciones Unidas, cuando aún el Ejército
y las Milicias Nacionales Revolucionarias combatían en
las arenas de Playa Girón contra las tropas mercenarias,
organizadas, armadas y financiadas por la Agencia
Central de Inteligencia de los Estados Unidos .
Y sentenciaba: "Un clamor unánime estremece hoy a toda
Cuba, resuena en nuestra América y repercute en Asia,
África y Europa. Mi pequeña y heroica patria está
reeditando la clásica pugna entre David y Goliat.
Soldado de esa noble causa en el frente de batalla de
las relaciones internacionales -se autoproclamaba-
permitidme que yo difunda ese clamor en el severo
areópago de las Naciones Unidas. ¡Patria o Muerte!,
¡Venceremos!
El debate continuó
hasta el día 20 de abril en que dio a conocer el
Comunicado Oficial del Gobierno de Cuba informando sobre
la aplastante derrota sufrida por las fuerzas
mercenarias en las trincheras de piedras de las arenas
de Playa Girón. Y concluía con estas palabras llenas de
patriotismo y fervor revolucionario: "Y yo como cubano y
como representante en las Naciones Unidas del Gobierno
Revolucionario y del pueblo de Cuba, quiero rendirles
fervoroso tributo a los hombres y mujeres de mi patria
que, a pie firme y unidos en compacto haz, han
destrozado la fuerza mercenaria de invasión, organizada,
financiada y equipada por el gobierno de los Estados
Unidos."
Roa en su papel de
ejecutor de la política exterior de la Revolución
cubana, llevó a todos los confines del mundo la voz de
una Cuba independiente, la voz de un país que había
dejado de ser espejo de las posiciones de EE.UU. y del
mundo desarrollado, para transformar su actitud plegada
a los intereses yanquis en una política de principios.
La etapa en que Roa
se desempeñó como Ministro de Relaciones Exteriores, -de
1959 a 1976- se caracterizó por la política de Guerra
fría, una situación internacional de equilibrio de
poder dada por la existencia del bloque socialista y de
manera muy particular por el poderío alcanzado por la
Unión Soviética y el desarrollo de su capacidad militar
y espacial, que sirvió de sustento al auge alcanzado
por los movimientos de liberación nacional que
trajeron consigo la independencia de muchos países del
Tercer Mundo sometidos hasta entonces al yugo colonial.
La criminal guerra de
agresión desatada por los EE.UU. en Vietnam y la derrota
aplastante que les fue infligida por los patriotas
vietnamitas coronaron el triunfo de la razón sobre la
fuerza, de la moral sobre el poder y constituyó una
lección ejemplarizante para otros pueblos del mundo, que
aún pugnan por encontrar su camino hacia la liberación y
la paz.
Fue valiosa la
contribución de Raúl Roa a la Revolución cubana y, por
ende, a la diplomacia cubana, a la que le insufló su
energía vital, su brillante y potente intelecto y
sobre todo, la pasión revolucionaria con que desarrolló
su incansable trabajo creador, que le permitía adoptar
la decisión rápida y correcta ante situaciones no
previstas surgidas al calor del debate con el enemigo.
Su intuición y su
instinto revolucionario nunca le fallaron. Recordemos la
frase de Armando Hart en la despedida de su duelo: "Roa
supo interpretar en forma cabal la línea y las
posiciones de Fidel". Según Hart, no se podrá
escribir la historia de la diplomacia moderna en el
mundo, sin recoger las luchas y la obra que en este
campo llevó a cabo el "Canciller de la Dignidad".
Roa llevó a los
salones de los foros internacionales el estilo del
agitador político y estudiantil de los años 30 que él
siempre fue, el estilo de la barricada estudiantil,
apertrechada por una amplia cultura y un profundo
conocimiento del drama de nuestros pueblos. Raúl Roa,
como representante de la Revolución cubana y fiel a sus
principios, supo arremeter en forma tajante y firme ante
sus enemigos, quienes le temían por su palabra precisa,
candente y definitiva cuando su figura se erguía en las
tribunas internacionales.
Raúl Roa fue, en
suma, un revolucionario impar, que supo jugar en cada
etapa de su vida el papel que le correspondió,
aportando en cada momento su valioso acerbo cultural,
su verbo encendido y su prosa vibrante para denunciar
las villanías, triquiñuelas y atrocidades tanto de los
gobernantes cubanos de turno, como para enfrentarse al
astuto imperio y defender la patria amada en el discurso
internacional.
El Canciller de la
Dignidad, como fuera significativamente bautizado por el
pueblo cubano, fue siempre fiel a ese calificativo
popular, fue un hombre digno, que sirvió a la patria
dignamente y al igual que en el 30, jamás claudicó y
fue siempre implacable con el enemigo imperialista y, lo
que es más meritorio aún, se mantuvo fiel a estos
principios durante toda su existencia.
La generación de
jóvenes diplomáticos que tuvo el privilegio de compartir
con él los primeros combates contra el imperialismo
yanqui, ha sabido ser fiel a su ejemplo y cumplir con
dignidad las tareas encomendadas. Su aporte a las
nuevas generaciones está presente en la actitud
combativa y combatiente con que hoy más que nunca es
necesario actuar en la trinchera exterior de nuestro
país.
Su ejemplo será
siempre una fuente de inspiración y de experiencia para
los que tengan el privilegio de continuar la batalla
diplomática en defensa de los principios que sustenta la
Revolución cubana.
El Canciller Felipe Pérez Roque en las palabras
pronunciadas en ocasión del Aniversario 40 del MINREX,
describió, de forma excepcional, el aporte de Raúl Roa a
la Revolución cubana:
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