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Estamos a las puertas del aniversario cincuenta y cinco
de la muerte de Manuel Corona, una de las columnas
fundacionales del cancionero trovadoresco cubano y por
estos días, como sucede hace más diez años, los más
jóvenes cultores de esta expresión musical se encuentran
en Villa Clara, especialmente en su Caibarién natal,
para hacer elocuente la permanencia de la legendaria
necesidad del hombre de echar sus sentimientos afuera,
en la segura compañía de su guitarra.
Nació el 17 de junio de 1880 en medio de una humilde
familia, que antes de terminar la antepasada centuria se
trasladó a La Habana, cuando estaba estrenando sus
quince años. No hay apenas testimonios concretos sobre
su iniciación en la música, pero de seguro él, como
otros tantos, aprendió a tocar la guitarra escuchando a
sus mayores, de los cuales ahora no tenemos ni sus
nombres, allí en Caibarién y todavía sin salir de la
llamada Villa Blanca, comenzó a componer algunas de esas
canciones, que ahora son parte de lo más selecto de
nuestro patrimonio cultural.
En la capital cubana durante algún tiempo ejerció el
oficio de tabaquero, pero no demoró en entregarse por
entero a la trova, haciendo una intensa vida bohemia,
que le permitió conocer al resto de los principales
nombres de esta vertiente de nuestra música y también
ser admirado por el público interesado en bares y cafés
habaneros.
Manuel Corona es autor de muchas de esas canciones
cubanas que brotan de nuestros labios, como una flor
silvestre, cuando menos lo imaginamos, porque hace
muchos años son parte del sostén espiritual de lo
cubano. Están entre ellas “Longina”, “Santa Cecilia”,
“Mercedes”, “Las flores del Edén”, “La Alfonsa”, “Una
mirada”, “Adriana”, “Aurora” y “Doble inconciencia”. A
estas alturas, por cierto, es muy poco conocido que este
apasionado juglar de la mujer de la Isla, fue por
entonces un muy fecundo compositor de guarachas. Apenas
se recuerdan algunos de sus títulos como “El servicio
obligatorio”, “La choricera” y “Acelera Ñico”, acelera.
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María
Teresa Vera |
Desde los inicios del siglo pasado y hasta nuestros días
otros trovadores y cantantes de otra expresión, han
incluido en su repertorio las obras de Corona, pero sin
lugar a dudas, María Teresa Vera, la irrepetible
trovadora cubana, tiene que ser considerada su
intérprete por excelencia. De ello dan muestra los
registros fonográficos que han quedado, donde ella hace
dúo con Rafael Zequeira, Miguelito García y Lorenzo
Hierrezuelo. Incluso en algunas de esas grabaciones está
la participación de Corona.
A pesar de haber sido reconocido como uno de los grandes
de la trova cubana, junto a Sindo Garay, Rosendo Ruiz y
Alberto Villalón, este entrañable músico cubano, murió
el 9 de enero de 1950, en un precario cuarto de la playa
de Marianao, sumido en la más brutal pobreza. Desde
estos días no sé cambiar el triste final de sus días
físicos, pero en cambio sí es posible perpetuar su
memoria desde el propio territorio e sus canciones y con
acciones de los más jóvenes creadores, como el Festival
Longina, que cada año organiza la Asociación Hermanos
Saíz, con el apoyo de la dirección de cultura en Villa
Clara.
Festival Nacional de la Trova Joven
longina
Con la presencia de jóvenes trovadores de todo el país,
se está celebrando
la novena edición del
Festival
Nacional de la Trova Joven:
Longina en la provincia de Villa Clara, fundamentalmente
en Santa Clara y Caibarién, ciudad de nacimiento de
Manuel Corona. También habrá actividades en otros
pueblos como Sagua y Cifuentes. El día inaugural se
produjo un concierto de Pável Poveda en el Museo de
Artes Decorativas de Santa Clara. Le sucederán los
conciertos de Ariel Díaz, Eduardo Sosa y Frank Delgado,
en la jornada de clausura. Todos en horario de la noche.
Por las tardes, en ese mismo lugar, se producirán peñas
con la participación de los más cantautores, la mayoría
de ellos convocados allí por la Asociación Hermanos Saíz
y con la colaboración del centro provincial de la música
y sectorial de cultura de Villa clara,
para que opten por la condición de “Proyecto Nacional”.
Esta posibilidad que se ofrece cada dos años, implica
que quienes la obtengan recibirán atención de mayor
prioridad por parte de la organización de jóvenes
artistas.
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Frank Delgado |
En estos momentos entre Santa Clara y Caibarién, anda
regado un verdadero enjambre de trovadores presentándose
en otros lugares, como el popular Mejunje y en descargas
espontáneas. Allí están también Roly, Diego Cano, Diego
Gutiérrez, Fernando Bécquer, entre otros. El día nueve,
fecha en que se conmemora el aniversario cincuenta y
cinco de la muerte de Manuel Corona, los participantes
en el Festival Longina y el pueblo en general de
Caibarién, marcharán en peregrinación hasta su tumba.
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