Año III
La Habana
2005

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RUBÉN RODRÍGUEZ EN LA GALERÍA HABANA
Vio, dibujó y venció
Virginia Alberdi Benítez La Habana

Rubén Rodríguez Martínez (Matanzas, 1959) es de esos artistas que rinden culto al dibujo como si cada línea fuera soporte y fin en sí mismo. Pero no es un dibujante ortodoxo. Cada trazo, cada composición nos deja una impresión de libertad insospechada, de amarras desatadas por alguien que domina, más allá del oficio, el tono y la proyección que con este debe manifestarse en el espacio de la representación visual.

Nos llega la más reciente impronta de su arte en la trama de la Galería Habana, institución que inaugura con su presencia una nueva de trabajo en la promoción de las artes visuales contemporáneas de nuestro país.

La exposición se titula Proverbios e iniciaciones. Mas no hay que fiarse de esa presentación, pues aunque el creador haya inscrito textos en sus obras, y nos quiera sorprender con títulos de aliento poético o de prosaica apropiación de la realidad lexical que le es cercana, es puro dibujo lo que rezuman sus obras. No dibujo por el dibujo, sino por el placer y el saber de dibujar lo que viaja entre su memoria y el brazo.

El tránsito al que nos referimos está marcado por el Eros de la provocación y el éxtasis, por los arranques y desperdicios del amor. Si fuera preciso ubicar su abordaje temático, tendríamos que referirnos a experiencias visuales como las de Antonio Eligio Fernández (Tonel), Tomás Esson y Manolo Vidal. Pero mientras Tonel desborda humor postmoderno, Esson se sumerge en la escatología y el grotesco y Vidal pasea su fina ironía por las superficies de sus obras, Rubén apela a la síntesis, o mejor aún, a la elipsis. No hay representación, sino alusión; no hay espectáculo, sino suposición.

A fin de cuentas triunfa el dibujo de un artista que se vale de él como arma principal para un desempeño riguroso y fecundo.

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