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Esta obra fue estrenada en
septiembre de 1967 por el Grupo Taller Dramático y el
Conjunto Folklórico Nacional. Puesta en escena de
Roberto Blanco, música de Leo Brouwer y asesoría
folclórica de Rogelio Martínez Furé. Hilda Oates se
destaca como una de las mejores actrices protagonizando
el personaje de María Antonia. En su reestreno en 1984,
en el Festival de Teatro de La Habana, Roberto Blanco
recibe el Primer Premio de Puesta en Escena e Hilda
Oates el Primer Premio de Actuación Femenina.
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María Antonia
Julián
Madrina
Carlos
Cumachela
Yuyo
Matilde
Tino
Cipriano
Batabio
Akpwón
Chopa |
Caridad
Nena
Manager
Mujeres de la cadena
Johnny
Sonia
Pitico
Yerbero
El caballo de Ochún
Iyalochas
Coros del pueblo
Marines y policías |
PRIMERA
PARTE
PRÓLOGO
Madrina, de
rodillas. María Antonia detrás de ella se sostiene de
pie. Sobre sus espaldas, la Cumachela. Madrina, con
rezo, avanza hasta llevar a su ahijada al centro de la
escena.
madrina. ¡Ay,
Babá Orúmila, Babá piriní wala ni kofiedeno Babá Babá
emí kafún aetie omi tutu, ana tutu, kosí aro, kosí ikú,
kosí eyé, kosí efó, kosí iña, kosí achelú, iré owó,
ilé mi Babá. Babá re re, ¡siempre camino blanco! Babá,
vengo a ti amanecida en dolor, vengo a tus puertas.
Sin fuerzas para vencer lo malo que se le ha metido
adentro a mi niña hermosa. ¡Ay, padre, desbarata con
tu misericordia todas las llagas que le impiden
avanzar hacia tu luz! Ochún shekesheke, afigueremo,
Ochún Bumí, Ochún yeyé moró, Ochún Yumú, Ochún yalodde,
¡ay, virgencita de oro, tú que le guardas la voz y la
sonrisa a María Antonia, tú conoces el vientre, sus
ojos los conoces! ¡Llévala por su andar hacia tu
gracia! ¡No la dejes sola! ¡Ven, reina, mira que el
dolor es tan grande que casi no puedo hablarte suave!
¡Misericordia, santos míos, misericordia!¡Ay, qué
grito no daría al cielo para hacerlos bajar! ¡Ay!
¿Nadie me escucha? Elegguá, guardián de las puertas y
caminos. Omi tutu, ana tutu, ilé tutu, okán tutu, tutu
Laroye, arikú babawá, moyubba Olofin, moyubba asheddá
akoddá, ainá yobbo que ibayé, bayé, layé tonú, bobbo
eggún ara onú, timbo laye timbo loro, ara onú de inlé,
ara onú que nos acompaña. Elegguá, baralá yikí tentenú,
koma niko, koma nikondoro, akí iborí, akí ibó, akí
ibosehsché. Elegguá, rompe esta encrucijada del
destino, ábrenos siquiera un paso más. Truena, Changó,
y amárranos a tu pecho. Changó moforibale, obá, osó
moforibale. Babá de mi ibá orisa ma wo moforibale,
Babá temí... Olokun ayaó koto aganarí akagPuerú. ¡Ay,
Yemayá bendita, que mi mano encuentre abiertas las
puertas de tu templo! ¡Ay!
akpwón. (Voz,
cantando.)
Aremú Odudúa
awó ma arelé
agolona
Babá Aremú
Odudúa.
awo ma arelé.
iyalochas. (Cantando.)
Okuó Agolona.
Aparece la
casa de Batabio. En ella las Iyalochas y el Akpwón
cantan. En el fondo, al centro aparece sentado en el
suelo, sobre una estera frente al Tablero de Ifá,
Batabio, el babalao.
madrina.
Vamos, hija, Batabio nos escuchará.
maría antonia
y cumachela. ¡Ay! ¿Qué pueden hacer ya de mi vida?
El Akpwón
eleva su canto litúrgico. Las Iyalochas, sin dejar
de cantar, acuden a Madrina y a María Antonia. Las
llevan con reverencia ante Batabio.
madrina. (De
rodillas.) ¡Ay, Batabio! Le han echado un daño. Le
han desfigurado su camino. Aquí se la traigo.
maría antonia
y cumachela. ¡Maldita seas, María Antonia! ¡Maldito el
día que viste la luz, maldita seas!
batabio. (Desde
su sitio, autoritario.) ¡Lárgate!
madrina. Haga
algo por ella antes de que se separen cuerpo y cabeza.
batabio. (A
María Antonia.) ¿Con qué derecho vienes a
perturbar la tranquilidad de este lugar? Esto no es el
mundo donde el hombre lo revienta todo. ¡Quítate los
zapatos y limpia tus pensamientos!
Las
Iyalochas la descalzan.
madrina. (Tocando
el suelo con la punta de los dedos.) Iború ibó ya.
iyalochas. Ibó
sheshé.
batabio. Orula
awá. (María Antonia vacila en saludarlo.)
Okunle kunle mokunle.
maría antonia
y cumachela. ¡No vengo a saludarte, ni a que me des tu
bendición!
madrina. No se
ofenda, Batabio. Está como loca. No sabe lo que dice.
Ayúdela a salir de su desgracia. Amarre su espíritu,
pa’ que no se le escape a la tierra.
batabio. (A
María Antonia.) ¿Qué vienes a buscar con tantas
exigencias?
madrina.
Busque su aché, que lo ha perdido.
batabio.
¿Dónde lo perdiste? ¿Correteando por ahí? Algo muy
malo has hecho cuando por fin te has decidido a venir
a Ifá.
maría antonia
y cumachela. ¡Julián estaba cumplido! ¡Le evité el
trabajo a Orula!
madrina. ¡Ay!
¡Misericordia, santos míos, misericordia! (A
Batabio.) Aleje de su cabeza la sombra del muerto.
Está llena de difuntos.
batabio. ¿Qué
quieres que haga con esta mujer?
madrina.
Bórrela por dentro. Arránquela de raíz y siémbrela de
nuevo. (Cumachela se separa de María Antonia.
Desaparece.) Hágala crecer de alegría. Déle sus
alegrías, regístrela. ¿Qué cuelga de ese cuerpo?
batabio.
Okunle, kunle, mokunle. (María Antonia se arrodilla.)
Okunle, a Babá, Orula awá.
iyalochas. Que
la bendición de Orula aún pueda llegar a ti.
batabio. Omi
tutu, ana tutu, tutu Laroye, tutu ilé.
iyalochas.
Agua para refrescar la casa.
batabio. Kosí
ikú, kosí aro, kosí efó, kosí eyé, arikú babawá.
iyalochas. Que
no haya muerte ni enfermedad, ni tampoco tragedia; que
cualquier cosa mala que se presente, se aleje; que
venga lo bueno.
batabio.
Unsoro bi pa fo.
iyalochas. No
hables bueno para malo, ni malo para bueno.
akpwón. (Cantando.)
Yoko bi obbo bi.
iyalochas. (Cantando.)
Ayarawo
yoko bi obbo
bi
ayarawo.
akpwón. Yoko
bi obbo bi.
iyalochas.
Ayarawo
yoko bi obbo
bi
ayarawo.
akpwón. Ofe
yékete lolúo sérawo
ériki lawasé
ofe yékete
lolúo sérawo
ériki lawa
sérawo.
iyalochas. Ofe
yékete lolúo sérawo
ériki láwasé
ofe yékete
lolúo sérawo
ériki lawa
sérawo.
El canto va
decreciendo hasta un leve murmullo.
akpwón. Ounko
Orula lakalaka labossi.
Ifá ounko
Orula lakalaka labossi awo.
iyalochas.
Ounko Orula lakalaka labossi.
Ifá ounko
Orula lakalaka labossi awo.
akpwón. Máyele
kunfé le Ifá.
iyalochas.
Ériki.
Máyele kunfé
le Ifá
ériki.
batabio. (Por
encima del canto.) Se va a echar la suerte. Se va
a decir lo que pasó, lo que está pasando por ti y lo
que va a pasar. ¿Me estás oyendo? ¿Está fuerte tu
cabeza pa’no sufrir trastorno, pa’ no volverte loca?
La verdad vuelve loca a la gente de este mundo. Todos
dicen buscar la verdad, pero cuando se acercan a ella
tiemblan como un niño chiquito. Y la verdad está en
uno como los ojos, como el corazón. (Toma el Ekuelé,
tira y recoge; el canto se eleva.) Hum, si
usted no sabe la ley con que tiene que vivir aquí, lo
aprenderá en el otro mundo. Enugogó meyagadagoddo.
Mira, el marino es hijo del mar, expuesto a lo que el
mar quiera. Usted gusta encaramarse arriba e' la
gente. Pa’ que me entienda mejor, usted ha querido
cosas que no le pertenecen.
maría antonia.
¡No estoy aquí para que me juzgues!
madrina. ¡Ay!
batabio.
Déjate de bravuconadas. Aquí tienes que estar con
respeto y reverencia. Nadie te mandó buscar.
madrina. (A
María Antonia.) No le cierres la gracia a Orula.
batabio. Tú
vienes aquí porque tienes miedo.
maría antonia.
Yo no le tengo miedo a nadie. Si tuviera miedo no
estaría frente a Ifá.
madrina. ¡Ay!
batabio. Que
Oloddumare, mija, le perdone su bravuconería; que no
tenga usted que avergonzarse de su mala boca. Boyuri
enu sodake: mira, oye y calla. ¿Usted es hija de Ochún,
no? Ochún shekesheke afigueremo.
maría antonia.
Yo no conocí madre.
batabio. Nadie
la obligó a venir aquí, ya se lo dije, a buscar la
verdad; pero aunque usted trate de huir, ya le dije
que la verdad está en su sombra. En cada paso de la
noche, en cada conversación del día. Molé yakoyá
oshukuá wei koko. Cuando la luna sale, mija, no hay
quien la apague.
madrina. ¿Qué
dice Ifá? Hable. Tenemos que hablar para comprender lo
que ha sucedido.
batabio. Su
mejor amigo es su peor enemigo y su mejor amigo es
usted misma. ¿Qué le parece?
madrina. Así
mismo es. Así fue. Como si la perdición le creciera
por dentro. Hasta que un día las plantas de sus pies
corrieron solas a desbaratar su aché. Yo presentía la
desgracia, porque se le borró la risa de repente y
comenzó a decir palabras que nunca fueron de ella.
batabio. (Tira
y recoge el Ekuelé. Como si repitiera una sentencia.)
Molé yakoyá oskukúa wei koko.
akpwón. (Elevando
el canto.) Yoko bi obbo bi.
iyalochas.
Ayarawo
yoko bi obbo
bi
ayarawo…
madrina. ¡Ay!
¡Cómo duele recordar aquel día en que a mi María
Antonia se le perdió su risa cascabelera! El sol había
salido como siempre. La gente iba y venía. Por mi niña
preparaba ofrendas para los santos. Fui a buscarla
temprano. Me la encontré con la cintura rota de dolor;
diez días llevaba sin querer probar bocado, tirada en
la cama, olvidada, decía, de su amor. Para aliviar la
pena, me la llevé al mercado a comprar ofrendas para
la Caridad, Ochún. (El templo de Batabio
desaparece, quedan Madrina y María Antonia solas, en
medio de la escena. A María Antonia.) Ochún,
Cacha, que te va a proteger. Lo tuyo no es pedir
tanto, seguro se arregla. Vamos. Así se abrió el día.
Ante ellas
aparecen el mercado y la ciudad. Estallan las
imágenes simultáneamente. María Antonia y Madrina se
internan en el mercado.
Mercado
Las imágenes del
mercado y la ciudad estallan simultáneamente.
IMAGEN 1
Un grupo de
jóvenes fuma maribuana.
joven i. Déle
rápido, que ahorita viene la fiana.
joven ii. El
cabito, dame el cabito, anda.
joven iii.
Toma, negra, pa’ que te inspires.
IMAGEN 2
madre. (Golpeando
salvajemente una puerta.) ¡Abre o te mato,
desgraciado! ¡Abre! Dios quiera que te caiga el techo
arriba. (Con la furia incontrolable abre a
empujones la puerta.)
hijo. Yo no
hice nada malo.
madre. Te voy
a matar, degenerado. (Dándole golpes.) Cuando
yo te llame, me contestas enseguida, ¿me oyes? Ahora
te quitas los pantalones y no me sales más para la
calle. No llores. Los hombres no lloran. No quiero
mariquitas en la familia. ¡Yo parí un hombre!
IMAGEN 3
voz de una
mujer. (Encerrada en su cuarto.) ¡Sáquenme de
aquí, que esto se hunde! ¡Ay, esto se hunde!
IMAGEN 4
chopa. (Toca
un instrumento.) Una limosnita a este pobre
cieguito, por amor de Dios, una limosnita.
Un muchacho
le arrebata la cartera a una mujer. Huye. La gente
lo persigue.
IMAGEN 5
devota. (Ante
una imagen religiosa.) ¡Nuestra Señora de Loreto,
haz que no me falte el techo! ¡Haz que Pedro consiga
trabajo! ¿Tú crees que esto es vida? (Dándole
golpes a la imagen.) De cabeza te voy a poner si
no me oyes. ¡Voy a ver hasta cuándo me vas a tener
así!
IMAGEN 6
Entra un hombre
perseguido por una mujer en estado.
hombre. No me
sales más la vida. Lo de nosotros ya terminó.
mujer. ¿Y
piensas irte y dejarme con este paquete?
hombre.
¡Déjame en paz!
mujer. ¡Que te
crees tú eso! ¡Auxilio! ¡Socorro!
hombre. ¿Te
has vuelto loca?
mujer. ¿Loca?
Tú no puedes dejarme embarcá. ¡Auxilio! ¡Socorro!
hombre. (Golpeándola
salvajemente.) No te me atravieses más.
mujer.
¡Mátame! ¡Mátame!
El hombre
sigue golpeándola. La gente pasa.
hombre. (Yéndose.)
Y como me sigas, te lo voy a sacar por la boca. (Sale.)
Un hombre
trata de ayudarla a levantarse. Ella rehúye la
ayuda. Sale quejándose.
IMAGEN 7
loco. (Paseándose
entre la gente.) ¡El hombre tiene que ser bueno,
luz para esta oscuridad! No quiero dinero, no quiero
dinero, no quiero dinero. (Lo maltratan.) ¡Ay,
maldita esta tierra que a todas horas engendra
buitres! ¡Mal nacidos! No quiero dinero. ¡El hombre
tiene que ser bueno, luz para esta oscuridad!
voz. ¡Córtenle
la voz a ese loco! ¡Córtensela!
Un grupo de
muchachos lo cuelga por los hombros de un palo. Lo
pinchan.
muchacho 1. Si
eres hijo de Dios, záfate.
Agarran a la
Cumachela.
cumachela.
Suéltenme. ¿Qué van a hacer conmigo? Ése no es mi
marido.
muchacho 2. (Arrojándola
ante el loco, que cuelga.) He ahí a tu madre.
IMAGEN 8
madre. (A
la hija, planchando.) Yo planchando y tú sateando
por ahí. ¿Dónde estabas?
hija. Donde no
te importa.
madre. ¡Soy tu
madre!
hija. No
fastidies más y déjame en paz. Fui a buscar marido,
¿me oyes?, marido.
madre. (Pegándole
la plancha en el hombro.) ¡Degenerá!
IMAGEN 9
padre. (Dándole
un cuchillo al hijo.) Pa’que te defiendas. Es
mejor estar en la cárcel que en el hoyo. Los hombres
no lloran. Antes se sacan los ojos.
El hijo coge
el cuchillo y sale.
IMAGEN 10
En un rincón un
grupo de gente canta y baila un guaguancó. Se
emborrachan y se divierten.
mujer. (A
un soldado. Borrachos.) Ésta es la vida, Genaro:
gozar, bailar y tomar hasta que nos llegue la pelona.
voz. ¡Se
llevan a Hueso, se llevan a Hueso! Le partió la cabeza
a un hombre.
otra voz. Este
hijo mío quiere acabar con mi vida. ¡Que lo maten ya
de una vez! Estoy cansada de correrle atrás a la
Policía. Allá le irá bien, al menos, tendrá comida
todos los días.
IMAGEN 11
cumachela. (A
uno que pasa por su lado.) Dame tres kilos pa’
café, anda. Tres kilos nada más. (El hombre no le
hace caso. Agarrando a otro que pasa. Comienza a
llorar.)
hombre. ¿Qué
pasa?
cumachela. (Trágica.)
Se me acaba de morir mi hija y no tengo con qué
enterrarla.
hombre. Pues
cómetela.
cumachela. A
tu abuela es a la que me voy a comer, desgraciao. (A
Chopa, que se acerca.) La calle está que ni para
tirarse a morir en ella.
Chopa y
Cumachela corren a la basura. Hurgan jadeantes en
ella.
vendedor 1.
Nueve velas para los muertos. ¿Quiere velas para los
muertos? ¡Nueve velas!
vendedor 2.
¡Vaya, para pasado mañana! La tiñosa, el cura, muerto
grande. Cómpreme, señora, cómpreme. He dado diez veces
el premio gordo y a nadie le he dicho los nombres.
Cómpreme, yo soy una mujer pobre.
IMAGEN 12
niño 1. (Tomándole
la cabeza al otro por debajo de las axilas, lo aprieta
hasta casi asfixiarlo.) ¿Te rindes?
niño 2.
Suéltame.
niño 1. ¿Quién
es el más hombre?
niño 2.
Suéltame.
niño 1. (Apretando
más fuerte.) ¿Quién es el más hombre?
niño 2. Tú.
niño 1. (Soltándolo.)
Eso para que aprendas a jugar con los hombres.
IMAGEN 13
policía 1.
Vamos zancando, zancando.
mujer. ¿Y
adónde nos vamos?
policía 2. ¿No
tienes marido? Que se preocupe él de buscarte un
cuarto.
mujer. Está
sin trabajo.
policía 3.
Zancando, zancando. No tienen para pagar un cuarto,
pero para emborracharse sí.
El marido
atraviesa la escena cargando una carretilla con
trastos viejos.
yerbero. (Pregonando.)
¡Vayá, cardo santo, paraíso, romerillo, salvia,
abrecamino! ¡Rompezaragüey!
Por uno de
los extremos entra corriendo María Antonia; detrás,
un hombre. La acción se detiene.
pitico. (Deteniéndose.)
Te voy a enseñar a respetar a los hombres.
gente 1.
¡Mátala!
gente 2. ¡Dale
un escarmiento pa’ que se le quite esa guapería!
gente 3. (Advirtiéndole.)
Ésa es la mujer de Julián.
María
Antonia se detiene bruscamente.
pitico. (Alardoso.)
¡Qué! ¿Se te perdió de nuevo el macho? (La gente se
ríe.) Métele mano a un perro, que es lo que tú
necesitas.
La gente se
divierte.
maría antonia.
(De una de las tarimas de vender viandas coge un
cuchillo. El hombre, en un gesto de alarde, le va a ir
encima. La gente trata de sujetarlo. Esgrimiendo el
cuchillo, ella.) ¡Suéltenla! Es a mí a la que
tienen que aguantar, porque le voy a picar una nalga.
La gente se
ríe.
pitico.
¡Suéltenme, suéltenme!
vendedor 1.
Deja a esa salá. ¿No ves que está cumplida?
pitico.
¡Suéltenme, que voy a acabar con ella ya de una vez!
La gente
cede. Pitico se suelta.
gente 1.
Enciéndele la leva, María Antonia.
gente 2. Ten
cuidado con esa mujer, se faja como los hombres.
Pitico y
María Antonia quedan frente a frente. Éste vacila al
ver a María Antonia empuñando un cuchillo.
maría antonia.
¡Eres muy penco tú, para meterme miedo a mí! Los
hombres como tú me los juego al siló.
gente 1.
Vamos, Pitico, demuéstrale a esa tipa quién eres tú.
gente 2. Dale,
compadre, dale.
pitico.
Debieron haberte dejado en la cárcel hasta que te
pudrieras.
Hace un
intento de irse, pero un guapo le cierra el paso.
maría antonia.
(A un viandero.) Yuyo, dame acá tu cuchillo.
yuyo. Te vas a
desgraciar, María Antonia.
maría antonia.
¡Déjamelo! (Se lo arrebata y se lo arroja a los
pies.) Pa’ que te defiendas, pa’ que sepas lo que
estoy buscando.
gente 1.
Vamos, Pitico, tienes la mesa servida.
gente 2.
¡Cógelo, hombre!
gente 3.
Defiéndete y no te hagas la chiva loca.
gente 4. Vete
y deja a esa salá.
gente 5.
Pínchalo, María Antonia, pínchalo.
gente 6. Que
no se diga, Pitico, una mujer.
gente 7. Pita,
Pitico, pita.
pitico. (Alardoso.)
Mira, no voy a salarme por una tipa como tú. Estás
prestada en esta tierra. Más tarde o más temprano
llegará tu hora. (Se va a ir pero un grupo lo
agarra.)
vendedor 2.
¡María Antonia! ¿Qué le hacemos?
maría antonia.
¿Por qué no buscas a tu madre para que saque la cara
por ti? ¿O es que no tienes madre?
gente 1. Te
choteaste, Pitico.
gente 2.
Pícale la nalga, María Antonia.
gente 3.
Después de esto, mi hermano, métete a monja.
Un grupo de
muchachos le toca las nalgas. La gente se acerca a
María Antonia.
yerbero.
¡Álamo, álamo melodioso! Ofá. Abaile. Iggolé. Ikí
yenyé Ewo ofá.
maría antonia.
¿Qué jerigonza estás hablando?
yerbero. Vida
y luz para tu espíritu y aché para tu cuerpo: ¡rompezaragüey!
maría antonia.
¡Bah! Déjate de alarde, que ya tu cuarto de hora pasó.
cipriano.
Bueno, ¿y qué, negrona?
maría antonia.
Ya me ves, pasando por blanca hasta que se descubra.
cipriano.
Usted no tiene que ser blanca para valer.
maría antonia.
Ser blanco en este país es una carrera.
vendedor 3.
Estabas perdida, ¿eh? Creíamos que estabas encaná.
maría antonia.
Eso es lo que quieren muchos: verme entre rejas o en
el hoyo, pero no les voy a dar por la vena del gusto.
Todavía hay María Antonia pa’ rato. Mientras que me
quede una tira de pellejo, la jaula no se empatará más
conmigo.
vendedor 4. No
hay hombre en el mundo que te ponga un pie delante.
¿Qué te pasó con ese tipo?
maría antonia.
Creyó que me le iba a quedar callada, el pobre.
vendedor 1.
Las hembras como tú, hijas de la candela, se merecen
un brindis. Toma, reina, ron de la trastienda.
María
Antonia se da un trago.
gente. ¡Viva
la negra más guapa que pisa esta tierra! ¡Viva! ¡Viva
María Antonia! ¡Viva!
maría antonia.
(Empujando una de las carretillas.) A ver,
¿quién va a impedir que yo busque a quien me dé la
gana?
cipriano.
¿Cuándo la gente aprenderá a conocerte?
maría antonia.
Cipriano, ¿dónde está Julián?
cipriano. ¡Qué
sé yo! ¡Ojalá fuera yo su sombra! Ven conmigo, yo voy
ahora al gimnasio, a buscarlo.
maría antonia.
Por el mercado lo han visto y estuvo diciendo que iba
a caminar toda su vida, en este último día, para
desandar lo andado. (A un cargador que pasa.)
Oye, Cheo, ¿dónde está Julián?
cheo. Está que
corta. Como enganche a La Araña con la derecha, no
hace el cuento. Este viaje me juego hasta los
fondillos por Julián.
maría antonia.
Ten cuidado no los pierdas.
Se va a
iniciar la pelea. Cipriano, para aliviar la tensión,
rompe a cantar un guaguancó.
cipriano. Bele
bele bele belé belebá.
todos. La la
la...
cipriano. Bele
bele bele belé belebá.
todos. La la
la...
La gente
empieza a dar palmadas rítmicas y a tocar en los
cajones.
cipriano. (Cantando.)
Llegó el
momento
de cantarle
a tus
hazañas
el consuelo
inmoral
de mi
guaguancó:
maltratada,
maltratadora,
María de los
cuchillos,
negra de
candela y ron,
mujer,
mujer,
como tú no
hay otra,
loca,
flor sin
sendero,
sin vida,
perdida,
marchita,
marchitadora,
por el amor,
que no se
vio.
María
Antonia de los cuchillos,
negra de
candela y ron.
¡Ay!, ¡qué
dolor!...
¡Ay!, ¡qué
dolor!...
todos. ¡Ay,
qué dolor!...
La gente
baila obstaculizándole el paso a María Antonia. El
guaguancó va in
crescendo. Los
bailadores logran que María Antonia se integre al
baile. Como alarde, vacuna a los bailadores. María
Antonia se integra al mercado. Los bailadores se
dispersan.
maría antonia.
(Llamando a gritos por todo el mercado.)
¡Julián! ¡Julián!
yerbero.
Espera. No te vayas. Yo tengo algo para amarrarlo.
maría antonia.
Amarrar. ¿Amarrar a quién?
yerbero. Al
viento que arremolina tu cintura. Vamos, no me vengas
con cuentos. ¿A quién va a ser? A ese negro jíbaro que
no te deja vivir tranquila. A ese, que tú y yo sabemos
quién es, que está bañado con mi yerba para no caer
preso, ni mal del cuerpo. ¿Quién ve a ese negro ahora,
por la gloria? Hace tiempo que no andan juntos; qué,
¿te dejó?
maría antonia.
No hablé tan despacio contigo. ¿Tú lo has visto por
aquí?
yerbero. No,
pero te veo a ti.
maría antonia.
Ahí viene Madrina, viejo, no le digas dónde estoy. (Corre
a esconderse detrás de una de las carretillas del
mercado.)
yerbero. (A
Madrina, que se acerca.) ¡Dichosos los ojos que te
ven!
madrina. ¿Has
visto a María Antonia?
yerbero. Hace
tiempo que no sé de ella. ¿Qué le pasa a esa negra?
madrina. ¡Qué
sé yo! Está intranquila. Desde que Julián se metió en
el boxeo, no encuentra sosiego. Mañana voy a bailar,
cantar y celebrar hasta que baje Ochún, y le refresque
el eleddá a mi niña. Los caracoles se han vuelto al
revés.
yerbero. Pa’
lo malo hay siempre lo bueno. Tengo cardo santo. Orosú
de la tierra. Yerbas pa’ su espíritu. Con esto le
volverá toda su tranquilidad.
madrina. (Cogiendo
las yerbas.) No dejes de ir mañana por mi casa.
Déjame seguir buscándola. ¡Ya me contaron la bronca,
ya! ¡Zangaletona! Si la ves, dile que se acuerde de
ver a Yuyo. (Madrina, avanzando, llama.) ¡María
Antonia! ¡María Antonia! (Sale.)
yerbero. (A
María Antonia, que sale de su escondite, mostrándole
una botella con miel.) Con esto Ochún sacó a Oggún
del monte. Mira, oñí, oñí; para endulzar tu voz, tu
cuerpo, para endulzar tu vida, mujer.
maría antonia.
Mira, yo me las sé arreglar sola. Y hasta ahora, el
negro no ha dejado de comer de mi mano, cuando me ha
dado la gana. (Yendo a la carretilla del Yerbero.)
A ver, déjame santiguarte con apasote, porque yo creo
que eres tú el que necesita protección. (Lo despoja
burlonamente y luego se pierde entre las carretillas
del mercado.)
yerbero.
¡Algún día el mundo se desatará, y esa risa tuya,
ojalá se te convierta en cuchillos! (Sale.)
maría antonia.
(Llamando.) ¡Julián! ¡Julián! (A un
carretillero.) Oye, tú, ¿dónde está Julián?
carretillero.
No sé.
maría antonia.
(Avanzando hacia la carretilla de Yuyo.) ¡Eh,
macri! Ahora vengo a hacerte un tiempo.
yuyo. Dichosos
los ojos que te ven llegar. Hace mucho que no te veía.
maría antonia.
De vez en cuando hay que perderse y respirar otro
ambiente.
yuyo. Siempre
y cuando sea para el bien de uno. (A María Antonia
que está echando viandas en la jaba.) ¡Aguanta,
aguanta, eh! Te estás llevando lo mejor.
maría antonia.
(Sensual.) ¿Me vas a negar a mí, a tu familia,
dos o tres ñames más? Madrina quiere hacer frituras.
yuyo. Tú sabes
cómo está la cosa; mala de verdad. La gente no tiene
plata, y cuando no hay plata se hace la chiva loca y
no paga. El negocio cada día va de mal en peor. Ayer
no saqué ni para el viaje.
maría antonia.
¿¡Y ese llantén!? ¡Cómo está ese racimo de plátanos!
yuyo. Tú sabes
que yo nunca te he negado nada, pero...
maría antonia.
¡Ay! ¡Arráscame aquí... en la espalda! ¡Arráscame!
¿Qué decías?
yuyo. Lo que
te había prometido no va a poder ser.
maría antonia.
¿A mí? Será a Madrina y a Ochún, que no es lo mismo. Y
lo que se le promete a Ochún...
yuyo. Pero,
figúrate, la vida se está poniendo de yuca y ñame pal
pobre. No puedo regalar las viandas.
maría antonia.
(Echando —devolviéndole— las viandas en la
carretilla.) No me llores más miseria. Lo que pasa
es que tienes a otra.
yuyo. (Echándole
las viandas en su jaba.) De sobra sabes el cráneo
que tengo contigo. Los sesos se me hacen agua pensando
nada más en ti. No, no, no te burles. Mira cómo
tiemblo de sólo tocarte. (La agarra y ella se le
escapa. Violento.) ¡Me gustas mucho!
maría antonia.
(Distante de él. Violenta.) Esa frutabomba me
gusta a mí. (Yuyo se la echa en la jaba.) Y
esos anones. (Se los echa.) Y aquel melón. (Se
lo echa. Le entrega la jaba.) Cuando yo lo digo:
no hay en la tierra un ser más bueno que tú. (Yéndose.)
¡Que
Elegguá te
proteja y te abra todos los caminos!
yuyo. Pero si
te llevas toda la mercancía, en vez de Elegguá
abrírmelos me los vas a cerrar tú.
maría antonia.
En la carretilla te le van a echar mal de ojo a esos
cocos, y Madrina los necesita para moyubar a los
santos. Pónmelos en la jaba. (Abre la jaba y Yuyo
se los echa.)
yuyo. No sé
qué rayos tienes, que todo lo que quieres lo
consigues.
maría antonia.
No, no, no creas que todo, todo no.
yuyo. Con sólo
moverte, la tierra se arrodilla ante ti. Cariño es lo
que tú necesitas. Ahora todo te sabe a gloria, pero
cuando empiecen a caer los años... debes ir pensando
en el futuro y en mí.
maría antonia.
(Sarcástica.) ¡Negritos pa’ que cuiden de mi
vejez!
yuyo. (Suplicante.)
¿Por qué no nos vemos esta noche?
maría antonia.
(Burlona.) Tengo cita con el diablo.
yuyo. Un
hombre como yo te hace falta.
maría antonia.
No, no. No me gustaría que por mi culpa te echaras a
perder. No quiero pervertirte. Tú eres gente decente,
que la quiere a una sin interés.
yuyo. Todo en
la vida no es más que interés. Tú vienes a mí, porque
sabes que a la corta o a la larga te llevas lo que
quieres...
maría antonia.
No seas mal pensado.
yuyo. ...y yo
te lo doy, porque espero que algún día me invites a tu
cuarto. (Trata de abrazarla violentamente.)
maría antonia.
(Lejos de su alcance.) Nadie, nadie da nada por
bueno, eso sí es verdad. Por eso no seas verraco y
aprende a jugar en la vida, así como yo, que soy
tremenda tipa. (Se aleja, llamando.) ¡Julián!
¡Julián!
yuyo. Esto no
se queda así. Mañana tú y yo nos vemos en el toque.
maría antonia.
(Llamando.) ¡Julián! ¡Julián!
Al fondo del
mismo mercado
En una especie
de covacha, una mujer acaricia a Julián. De afuera
llegan voces lejanas que se acercan hasta inundarlo
todo.
mujer. (Voz.)
¡Policía, un ladrón! ¡Me roban la cartera! ¡Me la
roban! ¡Auxilio! ¡Socorro!
voces. ¡Ataja!
¡Ataja! Cogió por el fondo del mercado por aquí. Y eso
que parecía un santico. ¿Santico? ¿Cuándo tú has visto
a un negro santo? Ladrón, hija, ladrón. ¡Mírenlo,
mírenlo, por allí!
mujer. (Acariciando
a Julián.) ¡Cómo me gustas, mi negrón! Si nos
viéramos más a menudo...
voces. ¡Corre
como una liebre! Es una pandilla de delincuentes.
Mira, aquél es uno de ellos. ¡Cuidado, cuidado, que
tiene un palo! Son carne de presidio. No te confíes
mucho. Ven acá, negrito, no te vamos a hacer nada
malo. Ven, bobito. ¡Cuidado, no huyas, porque entonces
sí la cosa se pone fea! ¡Cuidado!
mujer. Desde
que entraste aquel día en el solar no pude dormir
tranquila. ¿No te dabas cuenta? Llegaste y el solar se
prendió de alegría. Los hombres encerraban a sus
mujeres. Mi marido me guardó, pero entraste. Entraste
sin pedir permiso.
voces. Vamos,
negrito. ¡Cuidado con ese palo! ¿No se lo dije?, esa
gente siempre está armada. Nacieron para hacer daño.
¡Cuidado! ¡Ataja! ¡Ataja! Se metió detrás de aquellas
tarimas.
mujer. Tócame,
anda, tócame. Hazme gozar de nuevo.
voces. ¡Oye,
oye, tú!, ¿has visto a un negrito correr por aquí?
Esta gente, aunque la maten no abre el pico: son
compinches. ¡Mírenlo por allá! ¡Atájenlo! (Se oye
el ruido de una perseguidora.) ¡Alto! (Se oyen
disparos al aire.)
julián. (Empuja
bruscamente a la mujer y se pone de pie súbitamente.)
¡Seré campeón!
mujer. (Acercándosele.)
¡Sí, mi negro, serás campeón!
julián. Seré
campeón. El más grande campeón que ha dado Cuba. Seré
más grande que Chocolate y Gavilán. Un golpe necesito
para vencer al mundo. El otro día reventé a golpes a
dos sparring. (Empujando a la mujer que lo
acaricia.) ¡Ya!
mujer. ¿No te
gusto?
julián. Quiero
estar entero para mañana.
mujer. (Acariciándolo
de nuevo.) Los hombres como tú, están hechos de
hierro. Puedes estar con todas las mujeres de San
Isidro y Atarés juntas, que de un tirón te llevas a La
Araña. Vamos a gozar, anda.
julián. (Rechazándola.)
Puede venir tu marido.
mujer.
Entonces, ¿por qué me trajiste aquí?
julián. Yo qué
sé. Para enterrar todo esto.
mujer. ¿Te has
vuelto loco?
julián. ¿Loco?
A veces me escondía aquí de la fiana, cuando muchacho.
Después, cuando vine a trabajar a la plaza, ya conocía
el lugar. Hasta de la basura se hace una cama. Cuando
no tenía dónde dormir, me tiraba aquí. Todavía hay
quien sigue haciendo lo mismo. Aquí traje a mi primera
mujer. Odio este lugar; lo odio y fui capaz de
vencerlo.
mujer. Vamos a
mi cuarto.
julián. ¡Vete!
Quiero quedarme aquí por última vez.
mujer. Vamos,
olvida eso. Mira lo que te compré. (Le enseña una
cadena.) ¿No te gusta? (Poniéndosela en el
cuello.) Un campeón merece eso, y mucho más. (Lo
acaricia.) A un negro como tú, hasta mi sangre.
julián. Vete
ya.
mujer. ¿Por
qué eres tan malo conmigo?
julián.
Llegaré a campeón, y ya no tendré más que cargar
sacos, ni apestar a sol. Tendré dos, tres máquinas.
Compraré la Isla y...
maría antonia.
(Voz, llamando.) ¡Julián!
julián. ¿María
Antonia?
mujer.
¿Todavía no has tenido el valor de romper con ella? Te
ata como si fueras un carnero.
julián. (Apretándola
por un brazo.) No hay ninguna mujer en esta tierra
que pueda atarme a mí, ¿me oíste?
mujer. Sin
embargo, no dejan de buscarse. ¿Por qué? Esa mujer te
ha echao brujería.
julián. María
Antonia no come de eso.
maria antonia.
¡Julián!
mujer. Julián,
vamos pa’ mi cuarto.
julián.
¡Lárgate!
mujer. ¡Mi
negro santo!
julián. ¡Que
te largues! ¿Me oyes?
mujer. Le
tienes miedo.
julián. ¿Yo?
María Antonia es capaz de formar un titingó y no estoy
para tragedias.
mujer. Pues
que lo forme si quiere, chico.
julián. (Amenazándola.)
Déjame terminar bien el día, ¿eh?
maría antonia.
(Voz más cerca.) ¡Julián!
mujer. A ver,
dime, ¿qué es lo que tiene ella que no tenga yo? ¿Qué
fue lo que hallaste en esa porquería? Nada más que de
oírla, te cagas en los pantalones.
julián. (Golpeándola.)
¡Arranca! ¡Arranca! ¡Arranca!
mujer. ¡No me
botes, no me botes, por lo que tú más quieras!
julián. (Zafándosela.)
Ya te he hecho mucho tiempo.
mujer. Te doy
lo que tú quieras; trabajaré para ti.
julián. (Dándole
golpes y patadas.) ¡Que te vayas, coño, que te
vayas!
mujer.
¡Mátame! ¡Mátame!
julián. (La
amenaza con darle en la cara. La mujer da un grito y
sale huyendo.) ¡Y como vuelvas a mirarme la cara,
te rajo en dos!
maría antonia.
(Apareciendo.) Por todo el camino que seguí, el
mundo chillaba tu nombre. Es fácil seguirte y
encontrarte, por mucho que te escondas, Julián.
julián. Te
estaba esperando.
maría antonia.
¿Aquí?
julián. ¿Y por
qué no?
maría antonia.
Ya habías abandonado este lugar. ¿Por qué volviste?
¿Qué hace un futuro campeón por estos desperdicios?
Nuestro lugar, ¿te acuerdas? (Sensual. Comienza a
provocarlo.) Aquí dormíamos escondidos. Tú me
contabas tus broncas. Yo las mías, y a reírse. Aquí me
robabas. ¡Cuántas veces se prendió el sol sobre
nuestro abrazo, aquí, entre sacos sucios!
julián. Mañana
tengo una pelea.
maría antonia.
¿Qué se ha hecho de ti?
julián. Quiero
ganar.
maría antonia.
Hueles a otro, cuando deberías oler a Julián. (Comienza
a acariciarlo.)
julián.
Necesito ganar.
María
Antonia nota la cadena que lleva puesta Julián.
maría antonia.
¿Cuál de tus putas te amarró como un perro? (Se la
arranca del cuello.)
julián. Estáte
quieta. (Ríe.)
maría antonia.
Contéstame, Julián, ¿con qué mujer estabas?
julián. (Evasivo.)
¿Eh? Solo. (Burlón.) Jugueteando con los
recuerdos.
maría antonia.
No sabes mentir. Para mentir hay que tener la risa
bien escondida.
julián. (Con
alarde.) Nací riéndome. Mi madre me lo dijo: ese
día el cielo, la tierra y 1as aguas bailaron y rieron.
Yemayá sacudió sus sayas y las penas se convirtieron
en risa y se agitaron como cascabeles. (Tomándola
por la cintura.) Ese día también vino Ochún y se
bañó en mi boca y convertimos la vida en miel.
maría antonia.
(Ha palpado las tarimas.) Está hirviendo como
si se hubieran revolcado contigo. ¿Con qué mujer has
estado?
julián. (Violento.)
¿Acaso un hombre no puede estar solo?
maría antonia.
(Enfrentándosele.) Sí, pero no un hombre que
lleva la roña por dentro...
julián. ¡Qué
sabes tú lo que llevo yo por dentro!...
maría antonia.
...no un hombre que le tiene miedo al silencio y a su
propia voz cuando no grita.
julián.
¿Cuánto vale hasta ahí? (Pausa.) ¿Qué te pasa?
Antes no hablabas así.
maría antonia.
Por eso me has abandonado.
julián. Julián
no abandona nunca a María Antonia. Soy tu dueño y
tuyo.
maría antonia.
No me hagas reír.
julián. Tú no
naciste para ese carácter. Las hijas de Ochún nacieron
para endulzar las aguas y enloquecer el viento.
maría antonia.
No te acerques. Ya puedes irte al gimnasio, campeón.
Pausa.
julián. ¿Qué
llevas en esa jaba?
maría antonia.
Son cosas para Madrina.
julián. ¡Qué!
¿Tiene algún asiento?
maría antonia.
¿Así estás tú ya? Mañana es día de la Caridad. Madrina
piensa sacarla al río y refrescarla. Refrescarla para
que yo no pierda la cabeza.
julián. Tengo
hambre.
maría antonia.
(Le abre los brazos. Julián la rodea.) ¡Cuánto
tiempo!
julián. Me
gusta como cocinas el carnero.
maría antonia.
Ve mañana a comerlo a casa de Madrina.
julián. ¿El
carnero nada más?
maría antonia.
¡Con tantas sazones que has probado!
julián. Pero
la tuya es la más sabrosa.
maría antonia.
¿Qué haces?
julián.
¡Probarte!
maría antonia.
Mañana te guardaré carnero, si vas.
julián. ¡Brujera!
madrina. (Voz.)
¡María Antonia!
maría antonia.
Madrina me está buscando.
julián. ¿Y
qué?
maría antonia.
Tengo que llevarle las jabas.
julián. (Acariciándola.)
Madrina puede esperar.
maría antonia.
¿Y tú no, eh? Me dijeron que me apartara de ti.
madrina. (Afuera,
lejana.) ¡María Antonia!
julián. ¿Y lo
vas a hacer?
maría antonia.
No estés tan seguro.
julián. (Incrédulo.)
¿Serías capaz de dejarme?
maría antonia.
(Con rabia.) Sería capaz de matarte.
julián.
¡Mátame! (Se besan.)
Por uno de
los extremos del mercado, cerca de la covacha,
aparece Madrina.
madrina.
¡María Antonia! ¡María Antonia!
yuyo.
(Saliendo por un costado de la covacha, por donde
trataba de ver a Julián y a María Antonia.) ¿Le
pasa algo, Madrina?
madrina. Nada,
hijo, que se me ha perdido María Antonia. ¿Tú la has
visto?
yuyo. No, pero
ella se sabe cuidar.
madrina. No
creas. Más se cuida un recién nacido que esa mujer.
Además, la plaza está encendida hoy. Larolle anda
suelto con su pendencia. Le entraron a navajazos a una
mujer, allá arriba, y creí que era ella. ¿De verdad
que no la has visto? ¡Qué estará haciendo por ahí!
¡Ay, María Antonia va a acabar con mi existencia!
¡María Antonia! (Saliendo.) ¡María Antonia! Una
no puede entretenerse un rato, cuando ya esta mujer
desaparece como por arte de magia. ¡María Antonia!
En la
covacha, Julián descansa mientras María Antonia lo
acaricia.
maría antonia.
Diez días sin verte, diez días mandándote recados con
todo el mundo; diez días encerrada en ese cuarto,
enferma y sola. Sola, Julián; tirada ahí como una
cualquiera, basura, y tú de fiesta.
julián. No
sabía que estabas enferma.
maría antonia.
¡Mentira!
julián. Tú
sabes cómo es esa parte: el gimnasio, el training...
maría antonia.
Pensaba que iba a morirme.
julián. Mala
yerba nunca muere. ¿Qué rayos te han echado?
maría antonia.
Nadie subió a verme; nadie a cuidarme; ni un perro
siquiera ladró a mi puerta.
julián. Deja
esa tragedia ahora.
maría antonia.
Hasta tus ojos se han vuelto malos para mí. Me estoy
amargando. No sé qué rayos me pasa que ya no comprendo
lo que me sucede, ni a la gente: nuestra indigencia,
Julián.
julián. No te
entiendo. ¿Estás hablando en chino o qué? Hay que
vivir la vida y dejarse de tanto cuento. Vivir la vida
hasta reventarla a golpes.
maría antonia.
¿Qué somos, sino sobras de una comelata, que sólo
saben bailar, cantar, reír y revolcarse?
julián. Yo no
soy sobra. Voy a saltar bien alto de todo esto. (Busca
desesperadamente algo.)
maría antonia.
¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa?
julián. (Desentierra
un par de zapatos viejos.) ¡Mira! Éstos fueron mis
primeros zapatos. Los cogí de un latón de basura y me
fui con ellos a bailar. A más de tres mocosos les
rompí la cara, porque se reían de mis viejos zapatos
que me quedaban como lanchas. El tiempo los rompió y
tuve vergüenza de botarlos: era mi inmundicia y la
enterré, la enterré como un perro entierra su hueso.
Eso se acabó. (Le tira los zapatos a los pies.
Inicia el mutis.)
maría antonia.
¿A dónde vas?
julián. (Deteniéndose.)
Mañana tengo una pelea. Si gano, pelearé en el Garden.
maría antonia.
¿Me enterrarás a mí también, verdad?
julián. Te
pondré como a una reina.
maría antonia.
A mí no me duermes con ese cuento. Yo también soy tu
vergüenza.
julián. Te
llevaré conmigo.
maría antonia.
¿Te irás a Francia, verdad? Y te bañarás con champán y
tendrás miles de pelandrujas pa’ que te estiren las
pasas, y si te he visto no me acuerdo.
julián. Te
cubriré de prendas de pies a cabeza.
maría antonia.
A otro perro con ese hueso.
julián. Los
hombres tienen una sola palabra.
maría antonia.
(Enfrentándosele.) De mí no se burla nadie, ¿me
oíste?
julián. (Avanzando.)
Después de la pelea, te veo en el toque.
maría antonia.
Si te vas ahora, maldice el día en que nació esta
negra.
julián. No
estoy pa’ líos hoy. (Sale.)
maría antonia.
¡Julián! Yo no soy ninguna de esas que te caen atrás.
¡A mí tienes que ripiarme, Julián! (Gritando.)
¡Julián! (Comienza a destrozarlo todo.) ¡Ay!,
tierra, ábrete y traga su suerte, ¡que los cielos
cieguen su espíritu y su paso! ¡Ay, Julián, con qué
mujer has dado! ¡Trizas voy a hacer tu alma! ¡Te veré
de rodillas ante mí, como cualquier pordiosero, seré
tu dolor más grande! ¡Amarraré tu voz en el fondo de
mis piernas! No podrás dar un paso sin mí. Mi vida
será tu castigo. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! (Yuyo aparece con
una canasta. Sin dejar de mirarla comienza a echar las
viandas y las frutas en un latón de basura. María
Antonia lo ha destruido todo. Silencio.) ¿Qué te
pasa? ¿No has visto nunca a una negra endemoniá?
yuyo. Las
papas de este año no han salido muy buenas.
maría antonia.
(Estallando en una carcajada falsa.) Lo que no
sirve se bota, negrón.
yuyo. ¿Te
sientes mal?
maría antonia.
Dame un cigarro.
Yuyo
servilmente, se apresura a dárselo.
yuyo. (Encendiéndole
el cigarro.) Tengo unos pesos. Podemos romperlos
si quieres.
maría antonia.
(Se limpia con el reverso de las manos las lágrimas.)
No basta, pero no importa. Ve esta noche a mi cuarto.
¡Agarra, Yuyo, agarra!
Yuyo sale
contento. María Antonia avanza riéndose. La
Cumachela y Chopa corren al latón de basura. Hurgan
en él. Entra una lyawó acompañada de su madrina.
voz. ¡Agua,
que se quema Eulalia!
Por un
extremo aparece, en visión de llamarada, Eulalia.
Tras ella, algún familiar o amigo. La lyawó se
sorprende de este mal. Para finalizar su vida
Eulalia cruza la escena.
voz. ¡Agua,
que Eulalia arde! ¡Agua, que se quema Eulalia!
iyalochas. (Cantando.)
Babá arayéo
Babá arayéo
Babá Kuouro
owini yo
ladde yeo
okunio Babá
ero.
Cantan hasta
que su canto se convierte en un murmullo.
iyalocha 1. (Por
encima del canto. Pidiendo protección por la tragedia
que se avecina.) Babá Orúmila; Babá piriní wale ni
kofi edeno Babá Babá emí kafún aetie omi tutu, ana
tutu, kosí aro, kosí ikú, kosí eyó, kosí efó, kosí iña,
kosí achelú, iré owó ilé mi Babá; aleja la muerte, la
tragedia, el descrédito, la disputa y el castigo.
¡Padre mío! ¡Padre bondadoso!
En un barrio de
indigentes. Un día después de la última escena.
madrina. (En
el umbral de su casa. Ante los concurrentes.) Día
de hoy, danos la calma de tu gracia, en la alegría de
tus pasos; la frescura de tu amor en este río que
corre ante nosotros, como un niño contento,
afortunado. Impide que las aguas se enturbien o se
extravíen. Hombres fuertes como el viento, llevemos a
la Virgen a sus aguas. (Un grupo de hombres entra a
la casa y carga la Virgen sobre sus hombros.) Agua
de la mañana, entraremos a ti con nuestras fuerzas en
los hombros. (Cantando.)
Oshiminigeee
agó shaworí kokó
agó shaworí
kokó
Yalodde
apetebí Orúmila
Agó chaworí
kokó
akpwón. (Arrebatándole
su canto.)
Tonu Mase tonu
Mase tonu
Mase.
coro. Tónashe
tónashe.
La gente,
cantando y bailando, avanza en procesión hacia el
río.
iyalochas. (Junto
a las márgenes del río. Con palabras que se repiten al
inicio de todos los ritos.) Kosí ikú, kosí aro,
kosí oyó, kosí efó, arikú babagua.
iyawó. (Al
unísono.) Que no haya muerte, ni enfermedad, ni
sangre o maldición, ni desvergüenza. ¡Salud y suerte,
padre nuestro!
Los hombres
que sostienen a la Virgen se introducen con Madrina
en el río. Las Iyalochas hacen sonar sus campanillas
de metal.
hombre. ¡Ochún
morí-yeyeo-obiniose-ababe-orosúm nonicolalague-iyá mi-coyá-soún-yalé
carigué ñare guaña-rí-oyalé cuasé o aña Ayuba!
madrina.
Nosotros, que no gozamos de gracia, nos hemos limpiado
con la tuya para que nos des la vida y salud que no
tenemos. Que se repare el mal en que vivimos y el
santo tenga compasión de nuestras miserias. (Cantando.)
lyá mí ilé
oddo
iyá mí ilé
oddo
iyá bobbó aché
ishemí
saramawó é
iyá bobbó aché.
coro. (Cantando.)
Iyá mí ilé
oddo
iyá mí ilé
oddo
iyá mí ilé
oddo.
ishemí
saramawó é
iyá mí ilé
oddo.
Aparece
María Antonia.
madrina. Hija
de Ochún, alégrate con nosotros, muévete, reina, para
que tus días sean tranquilos, mujer; suerte para tu
espíritu y bendición para tu eleddá.
maría antonia.
(Cayendo de rodillas ante ella.) ¡Ampárame y
guíame! Lava mi espíritu con tu bondad y limpia mi
vergüenza con agua fresca, madre mía. Hazme nueva,
como el primer día que vi tus ojos llenos de
compasión, mi madre.
madrina. (Despojándola.)
Que Oloddumare te proteja a cada despertar del día. Y
que la noche no caiga antes de haber secado tus
angustias; que encuentres tu voz y Elegguá limpie tus
caminos; que lo malo se aleje siempre de ti y lo bueno
te sea concedido; que tu nombre brille en boca de
todos los que estamos aquí reunidos.
akpwón. (Cantando.)
Wónlówo
unsheke
yalodde
moyébberé.
coro. Wamilé
Osún
Osún wámila
aláweré
wámilé Osún.
María
Antonia entra al río junto con las Iyalochas. Cae
una posesa de Ochún. Se enfrenta a María Antonia.
Con los gestos característicos de esta danza, la
invita a bailar, a. reír, a cantar, a imitarla en su
alegría y sensualidad.
akpwón. (Cantando.)
Yalodde
koledderún
wedde wedde
koledderún.
coro. (Cantando.)
Wedde wedde
koledderún
Wedde wedde
koledderún
wedde wedde.
La procesión
avanza bailando y cantando de regreso a la casa de
Madrina. Al frente de ella, María Antonia y la
posesa —Ochún— bailan. Entrando en la casa.
akpwón.
Iyalodde mofínyeo.
coro. Á la
mofinyé moró.
akpwón,
Iyalodde mofínyeo.
coro. Á la
mofínyé moró.
La danza va
in crescendo.
El Akpwón canta persistentemente sobre María
Antonia, que está a punto de caer en trance. Para
precipitar la posesión hace sonar sobre ella una
campanilla de metal amarillo. María Antonia trata de
escapar, pero las Iyalochas y la Ochún le hacen un
cerco. El Akpwón le conversa al oído. María Antonia
da un grito y violentamente rompe el cerco. Huye.
coro. A la
misere misere wolosún.
La música va
perdiendo intensidad. Ahora es un leve murmullo que
se pierde. Yuyo sigue a María Antonia.
yuyo. (Medio
borracho.) ¡Y qué! ¡Tremendo calor se está
mandando! No corre ni una gota de aire.
maría antonia.
Mi cabeza no le pertenece a nadie. ¿Viste como me la
quisieron robar? Por un minuto creí perderla. Ochún no
encuentra cabeza y me busca, pero no se la voy a dar,
aunque en ello me vaya la vida. Anoche, antes de que
tú llegaras, Ikú vino a verme; Ikú viene a verme todos
los días; me persigue.
yuyo. ¿Te
sientes mal? (La acaricia.)
maría antonia.
(Desasiéndose bruscamente.) No lo vuelvas a
hacer.
yuyo. ¿Por
qué?
maría antonia.
Porque no me sale del cuerpo que ningún macho me ponga
un dedo encima.
yuyo. Déjame
tocarte, anda.
maría antonia.
Lárgate.
yuyo. Un
ratico nada más. Déjame besarte como anoche, ¿te
acuerdas?
maría antonia.
Que te largues. ¿No oyes?
yuyo. Vamos de
nuevo a tu cuarto, negrona.
maría antonia.
¿Quieres que te dé un escándalo? Mira que no tengo la
sangre pa’ nadie.
yuyo. No me
trates así. Sé mi mujer de nuevo.
maría antonia.
¡Es como si me hubiesen echao brujería encima!
yuyo. Anoche
no estabas así. Apenas me quieres mirar. ¿Por qué?
maría antonia.
Ni que tu cara fuera una lindura. Zumba, zumba por
ahí. ¡Diviértete!
yuyo. ¿Te he
hecho algo malo? No merezco que me trates así. He sido
bueno contigo.
maría antonia.
¿Te hiciste cráneo con lo de anoche?
yuyo. ¿Es que
no lo dijiste en serio? (María Antonia estalla en
una carcajada. Yuyo se le encara.) ¡Yo soy muy
macho pa’ que te burles de mí!
maría antonia.
¡Y yo muy hembra! El hecho de que me haya acostado
contigo no quiere decir que estemos.
yuyo.
Entonces, ¿por qué, por qué lo hiciste?
maría antonia.
Me dio la gana.
yuyo. Mentira.
maría antonia.
¡La soledad para los muertos!
yuyo. ¿Y lo
que me dijiste? ¿Eh? ¿Lo que me dijiste? Que dejara a
mi mujer y me fuera a vivir contigo. No te acuerdas
que te rompiste el vestido y nos arrebatamos por el
suelo, María Antonia, rodamos y las tablas del piso
crujieron. Me dijiste: ¡abrázame! Y te abracé y tú
reías, hasta que el viento afuera partió una rama de
la ceiba, y tú...
maría antonia.
No sigas.
yuyo.
...temblaste y dijiste: Oyá acaba de partirle un brazo
a Iroko.
maría antonia.
Abre los ojos, Yuyo; anoche yo los cerré bien fuerte,
bien fuerte estando contigo, pero desaparecías...
¡cuánto dolor! Si te buscaba, tú eras él, Julián. Yo
ignoraba tus abrazos, tu aliento, tu sudor. Julián es
mi cárcel. Quise olvidarlo, pero no pude: enterrarlo
en la mentira, pero no pude; en mis besos, en mis
caricias. ¿Por qué te mentía cuando quería esconderme
en ti? Contigo sólo he conocido ese asco. Vete.
yuyo. Mira,
mira cómo me tienes. Dame a María Antonia, ¡dámela
entera! (La agarra y trata de besarla.)
maría antonia.
(Desasiéndose bruscamente.) Pero ¿qué es esto?
¿Qué quieres de mí? Yo no soy ningún trapo sucio. ¿Es
que soy algo peor que eso? Me estoy achicharrando de
verlo todo igual, de no encontrar un camino donde
pueda sentarme a respirar, a cantar otra canción que
no sea mentira. Quiero olvidarlo todo, nacer de nuevo.
Si alguien me escuchara antes de morirme ahogada en
estas palabras. Ya no puedo más. Estoy cansada de
cantar, de rumbear, de esta miseria que me pudre, de
este cuerpo que lo único que sabe es dar deseo, de ser
María Antonia, de ser como todo el mundo quiere que yo
sea, de sentir lo que siento, ¿me entiendes? No, qué
vas a entender tú, que vienes por todo eso.
yuyo. ¿Qué
estás hablando? ¿Qué te pasa? Me quedan unos pesos
todavía.
maría antonia.
Vete a donde está tu mujer.
yuyo. Por lo
que más tú quieras, vamos a cualquier parte, a gozar,
y deja toda esta tragedia. No te vuelvas loca por
gusto. ¡Una negra tan rica como tú! El mundo no hay
quien lo arregle, pero nosotros sí podemos
arreglarnos.
maría antonia.
¡Estoy cansada de tu salación!
yuyo. Mi
negra, no me dejes.
maría antonia.
Mira, por ahí viene tu mujer.
yuyo. No me
importa. Se lo dije todo.
maría antonia.
¿Qué cosa?
yuyo. Que me
iba a vivir contigo y que...
maría antonia.
¿Qué dijo ella? Contesta.
yuyo. (A la
ofensiva.) Se echó a reír y me dijo... que una
cualquiera no puede ser mujer de nadie. Tú no puedes
dejarme; no puedes burlarte de los hombres así como
así.
maría antonia.
Vete con tu mujer al toque y diviértete. Ella tiene
razón: una puta no sabe ser mujer aunque quiera. No
sabemos construir nada.
matilde. (En
escena.) Yuyo, vámonos pa’ la casa, anda. Vámonos,
Yuyo.
maría antonia.
Hazle caso a tu mujer.
yuyo. Te vi
gozar, reír, te vi enloquecer.
maría antonia.
¡Cállate!
matilde.
¡Yuyo!
yuyo. Nada más
piensas en Julián, ¿verdad?
maría antonia.
Cuando vuelvas a mencionarlo, te parto el alma.
yuyo. Pero él
no te quiere. Si gana te dejará plantada.
matilde. ¡Deja
a esa mujer!
maría antonia.
(A Matilde.) ¡Llévatelo o no respondo de mí!
yuyo. Por eso
estás así, reventada por dentro. Nadie te quiere. Para
lo único que sirve una mujer como tú es para hacer
gozar.
matilde. (A
María Antonia.) ¿Qué le has hecho?
maría antonia.
¡Lo que sabe hacerle María Antonia a un hombre!
matilde. Le
has echao una de tus brujerías, ¿verdad?
maría antonia.
¡Me acosté con él! ¡No sé si después de eso, lo podrá
hacer contigo!
matilde. No es
el primer marido que espantas. Tienes envidia. Éste es
mi marido.
maría antonia.
¡Pues ahí está! No le falta ningún pedazo. Sólo que se
me olvidó pedírtelo prestado. No tengo la culpa de que
me siga como un perro. ¡Amárralo! (Se aleja.)
matilde. (A
Yuyo.) No, esto no puede quedarse así. Esto no
puede quedarse así, Yuyo. No. Yuyo, ¿por qué?, ¿por
qué? No, no importa. No importa. Esa degenerá saca de
quicio a cualquiera. No importa. Si yo hubiera sido
hombre hubiera hecho lo mismo, pero al final le
hubiera escupido el fondillo. Deja, no hay mayor
castigo que aquel que llega a tiempo y a su paso. (Yuyo
saca de uno de sus bolsillos una botella de bebida.)
No tomes más, viejo. Te vas a hacer daño.
yuyo. ¡Vete
pal demonio!
matilde. Que
no se diga que una mujer como ésa...
yuyo. ¡Déjame
en paz, Matilde, déjame en paz; por lo que más tú
quieras!
matilde. Vamos
pa’ la casa. Y allá te preparo el agua caliente pal
baño. ¡Yuyo, oye, oye; hazlo ya no por mí sino por tus
hijos!
yuyo. ¡Vete!
matilde. No me
voy si no vienes conmigo.
yuyo. Vete,
antes de que te entre aquí mismo.
matilde. ¿Le
harías eso a tu mujer?
yuyo. ¡Quítate
del medio!
matilde.
¡Antes no eras así, coño! Salías del trabajo y te
acostabas a mi lado.
yuyo. Sí, me
acostaba a tu lado en esa perrera a ver cómo el techo
se nos venía arriba, y los muchachos gritando de
hambre, y cada kilo que ganaba te lo daba; no te
importaba que apestara a papas podridas, ahí estaba el
baño para olvidar mi olor. Tú lo olvidabas muy pronto,
pero... ¿y yo? ¡Estoy cansado de vivir esa porquería!
¡Quiero vivir! ¡Tengo derecho a vivir!
matilde. ¿Qué
te ha hecho esa mujer? ¿Qué es lo que hace esa mujer,
Yuyo? ¿A dónde vas? Yuyo, no te desgracies por gusto.
¡Yuyo!
yuyo. (Entrando
en la casa de Madrina. Con un grito.) ¡María
Antonia!
La gente se
esparce. La música cesa bruscamente. Frente a
frente, Yuyo y María Antonia. Madrina intercediendo.
madrina. Yuyo,
hijo, vete pa’ tu casa y no te desgracies, anda. María
Antonia, oye aunque sea una vez. ¿Qué tiene tu cabeza
que no guarda consejo?
maría antonia.
¿Quién mandó a parar?
madrina. Te
van a matar como a una perra.
maría antonia.
Como a una perra rabiosa, que no es lo mismo. Uno se
muere una sola vez. Sigan tocando que Ochún quiere
alegría.
matilde.
¡Yuyo, tus hijos, Yuyo!
madrina. (A
Yuyo.) ¿No te basta con tu mujer? A María Antonia
le gusta tentar a la muerte, jugar con ella y hacerla
correr. Pero hasta un día, hasta un día.
iyalocha 2.
Yuyo, hijo, hazle caso a tu mujer. ¡Vete!
madrina. (A
María Antonia.) No me hagas desgraciada, te lo
suplico.
maría antonia.
Si el río tiene piedras, no es porque se las hayan
tirado; las aguas saben lo que tienen que llevar en su
fondo. ¡Vamos, toquen! (Desafiante comienza a
cantar.) Yeyé bi obbí tosúo Yeyé bi obbí tosúo.
La gente
trata de llevársela.
madrina. Yo
que la quiero como si la hubiera parido, sé que tiene
un defecto muy grave: está llena de caprichos. Cree
que el mundo puede moldearse a la medida de sus
deseos.
matilde. ¡Obbatalá,
desbarata a esta mala mujer! Hazla arder en llanto;
tuércele los caminos y que no tenga tranquilidad ni
sosiego.
Yuyo
forcejea para irle arriba a María Antonia.
hombre 1.
¡Compadre, deja eso!
hombre 2.
¡Hazlo por tus hijos!
matilde. ¡No,
Yuyo, no!
maría antonia.
¡Déjenlo! ¡Si es macho, que camine sin bastón!
Yuyo saca un
cuchillo. Matilde se le abraza. Él se la quita.
madrina. (Abrazándose
a él para calmarlo y quitarle el cuchillo.) Lava
tu cabeza con agua fresca y no cambies el camino que
te ha entregado Elegguá. Líbrate del mal de las
esquinas; Laroye anda suelto con su pendencia. Bendice
a Elegguá, mensajero de Olofi que te ha abierto un
camino fresco donde no tiene lugar la desgracia y la
maldad. (Yuyo emite sonidos ininteligibles.)
Vete a tus hijos y a tu mujer. Y si alguien te llama,
muerde tu voz y no respondas. Ikú está tapado con
sábanas hasta el tercer día en que salga la luna
nueva.
Yuyo se zafa
de Madrina con violencia. Va en busca de María
Antonia, frente a ella levanta el brazo empuñando el
cuchillo. El grito de un muchacho, que proviene
desde afuera, rompe la tensión.
tino. (Voz.)
¡Ganó Julián! ¡Ganó!
maría antonia.
(A Yuyo.) ¡Dale!
Yuyo deja
caer el cuchillo a los pies de María Antonia y la
gente corre al encuentro de Tino.
maría antonia.
¡Nunca saques un arma si no vas a usarla! (Se
integra a la gente.)
madrina. (Recogiendo
el cuchillo. A Matilde.) Llévatelo antes de que
María Antonia lo desacredite más de la cuenta.
Matilde se
lleva a Yuyo. Fuera de la casa, la gente rodea a
Tino.
santera 1.
Buen día escogió ese negro pa’ boxear.
santera 2. Los
santos lo protegen.
hombre 1.
Bueno, ¿lo van a dejar hablar o qué? A ver, Tino,
dinos cómo fue.
tino.
¡Tremenda pelea! Estaban en el cuarto round. La
Araña lo estaba llevando hasta la soga. (Esceni-
ficando.) Derecha, izquierda, derecha, izquierda;
un upper cut y lo tiró contra la soga. (Hace
como si lo tiraran a golpes hacia una de las sogas
imaginarias del ring. Hay una exclamación total
de desagrado.) La Araña vino a rematarlo. Entonces
cayeron en un clinch. El referee los
separó, un gancho de izquierda a la cabeza de Julián,
otro gancho, otro...
joven.
¡Aguanta, hombre, que lo matas!
tino. Julián
echaba sangre como un toro. La Araña empezó a
llavearlo a distancia. (Comienza a dar vueltas en
torno de sí.) Uno, dos, tres. cuatro, cinco, diez
jabs seguidos a la cara...
mujer.
¡Animal!, ¿no ves que lo matas?
tino. Una
tremendísima derecha y Julián cayó a la lona.
hombre 1. ¡Mi
dinero!
Comienzan a
silbar.
tino. ¡Dale,
negro! ¡Grande por gusto! ¡Levántate, campeón! (Haciendo
de referee.) Uno… dos… tres… cuatro…
santera 2.
Pero, ¿qué sucedió, hombre de Dios?
hombre 2.
¡Cállate, vieja! ¿No ves que sabe contar las cosas?
¡Es un artista!
mujer 3. ¡Ya
me estoy cansando! ¿Qué hizo ese negro? ¿No mató a
golpes al otro?
hombre 2.
¡Cállate, mujer, cálmate! Hay que tener paciencia.
tino.
...ocho... nueve... nueve y medio.
viejo. ¡Párate,
hombre!
tino. (Como
si fuera una campana.) ¡Clan! ¡Clan! ¡Clan! (La
gente hace una exclamación de alivio.) Sonó la
campana. Julián se fue a su esquina. Los ojos los
tenía cerrados, como un chino. (En Julián.) ¡Un
solo golpe necesito!
vieja 2. ¡Pero
dale, cacho'e cabrón!
La gente
empieza a silbar.
gente 1.
¿Dónde está el ratón de la plaza?
gente 2. ¡Se
le acabó la guapería!
gente 3. ¡Aquí
es donde tienes que ser guapo, campeón!
gente 4. He
jugao hasta el fondillo, y si ese negro me embarca, no
voy a tener con qué sentarme.
gente 5.
Julián, demuéstrale a estos bemba'e trapo quién eres
tú.
gente 6.
¡Rómpele la ventrecha, campeón!
gente 7. ¡En
tremendo patín se ha montao!
gente 8.
Parece que equivocó la carrera. En vez de boxeador
debió haber sido corredor.
gente 9.
¡Suéltele una gallina!
gente 10.
¡Suéltele a María Antonia!
gente 11.
¡Campeón, aquí no está tu aché! ¡Por eso te están
rompiendo to!
tino. (En
Julián.) ¡Seré campeón! ¡No me den más masaje!
hombre 1.
¿Quieres que te tire la toalla?
tino. Si lo
haces, te mato como a un perro.
hombre 2. ¡No
hables tanto, que se te puede ir el aire!
tino. ¡Ah!
¡Ése no lleva nada! (Como una campana.) ¡Clan!
¡Clan! ¡Clan!
gente. ¡Eh,
grande por gusto, pelea y no te hagas la chiva loca!
vieja 1. ¡Más
chiva loca será el corazón de tu madre!
viejo 2. No te
impulses, mujer, no te impulses.
tino. Julián
estaba tinto en sangre. Empezaron a pelear. Llevó a La
Araña hasta la soga. Cayeron en un clinch. El
referee los separó.
hombre 2.
¡Arriba, Julián, cómete a esa cherna!
hombre 3.
Ahora sí me puedo sentar, campeón.
hombre 4.
¡Viva Julián!
hombre 5.
¡Mátalo! ¡Mátalo de un golpe!
tino. Julián
empezó a darle golpes con la izquierda: uno, dos, tres
izquierdas seguidas a la nariz. La Araña empezó a
echar sangre; un gancho duro a la boca del estómago.
gente 1.
¡Arráncale la cabeza!
gente 2. ¡Pon
tu barrio en alto, campeón!
gente 3.
¡Mátalo!
tino. (Tirando
golpes como un desenfrenado.) Uno, dos, tres,
cuatro izquierdas...
viejo 3. No te
encasquilles y acaba de sacar la derecha.
tino. Lo llevó
de nuevo hasta la soga.
mujer 2. ¿Y no
lo rompió en dos?
tino. Julián
botó e! protector de la boca... ¡Ash! ¡Cuash! ...Y
dando un tremendo... (el muchacho da un grito
tarzanesco) ...sacó la derecha y... La Araña quedó
sin telaraña.
voz. ¡Viva
Julián!
todos.
¡¡¡Viva!!!
La gente,
con júbilo, carga a Tino como si él fuera Julián. Lo
exhiben. Tino, en Julián, saluda con alarde. María
Antonia, aparte, observa la escena.
vieja 1. (Al
Viejo 2.) ¡Y se levantó!
viejo 2. ¿Tú
eres boba o qué? ¿No oíste?
vieja 1. Ese
muchacho cuenta muy rápido.
santera 1. Pa’
eso na’ más sirven los negros. No se le ocurrió ser
doctor o algo por el estilo. No voy a aplaudir hasta
que no vea a un negro montao en una nube.
santera 2.
Pues las manos se te van a podrir, mi vida. Confórmate
con un boxeador o un músico.
hombre 2. Así
y todo, él tiene que aprender a boxear; con la derecha
solamente no se gana una pelea. Si sigue así terminará
en un puching back.
hombre 1. ¿Y
Joe Louis?
hombre 2. Ése
era distinto y diferente. Joe Louis sabía boxear y era
inteligente. El negro americano piensa, legisla.
Julián no piensa. Se cree que con la guapería lo
arregla todo.
La gente se
integra a la fiesta. María Antonia y Tino quedan
frente a frente. Se le va a escapar, pero María
Antonia lo detiene.
tino. (Molesto.)
¡No tengo na' pa' ti!
maría antonia.
¿No te dio un recado?
tino. Yo no
soy ningún recadero. Yo soy un hombre.
maría antonia.
¿Y él piensa que me voy a quedar aquí con los brazos
cruzados? (Tino hace un movimiento de hombros.)
¿No viene? ¿Firmó algún contrato? ¿Cuándo se va? ¿Qué,
te comieron la lengua las tiñosas?
tino. Fue a
celebrar el triunfo por todo lo alto.
maría antonia.
¿Al bar de Nena, verdad? Me dijo que venía después de
la pelea.
tino. De ésta
hasta campeón. Dijo que iba a llevarme y a ponerme
cómodo. Me va a regalar una máquina. Las mujeres nos
van a caer como moscas. (Se ríe.)
maría antonia.
Desde chiquitos aprenden a ser compinches.
tino. Antes tú
andabas pa’ arriba y pa’ abajo con él.
maría antonia.
De trago en trago, de barra en barra; pero una se
cansa de la misma rutina.
tino. ¿Qué,
quieres meterlo bajo tu saya? Julián es hombre.
maría antonia.
¡Qué sabes tú lo que es un hombre!
tino. Yo lo
soy.
maría antonia.
¿Tú? No me hagas reír. Si todavía no has aprendido a
limpiarte los fondillos.
tino. ¡Te los
puedo limpiar a ti!
maría antonia.
(Afectada.) Tú también.
tino. Te puedo
enseñar lo que hace un hombre de verdad con una mujer
como tú.
maría antonia.
¿Te lo enseñó Julián?
tino. ¡La
vida, socia! (María Antonia estalla en una
carcajada.) No te rías, ¿eh? No permito que
ninguna mujer se burle de mí. (Se toca el sexo con
ostentación.)
maría antonia.
¿Y serías capaz de entrarme a mí, que puedo ser
descansadamente tu madre?
tino. (Despectivo.)
Ya quisieras tú. Lo único que tú puedes ser es mi
mujer.
maría antonia.
¿Por qué no puedo yo ser tu madre?
tino. ¡Tú eres
una desorejá!
maría antonia.
¿También la vida te enseñó a decir eso? La vida te
enseña a decir muchas cosas. (María Antonia lo
agarra fuerte.) ¿Estaba solo Julián?
tino. Con el
ron, con la música y con... Cipriano, Machito...
maría antonia.
No te hagas el loco, que tú sabes bien lo que te
pregunto.
tino. Yo no
soy chivato.
maría antonia.
¿Con Caridad, verdad?
tino. Esa
tragedia es tuya. (Se suelta.)
maría antonia.
¡Más que mía! Pero creí que para tu sangre no tendrías
secretos. Así es la vida: cría cuervos y te sacarán
los ojos. Cuando tú eras chiquito, que no hace mucho,
yo te compraba caficola y chicharrones de tripitas de
Vicente el Tuerto, ¿te acuerdas?
tino. No me
vengas a sacar eso ahora, porque mucho que te serví de
pala. Si ganaste en el siló se lo debes a mangui, que
te ayudaba a cargar los dados.
maría antonia.
¿Y aquel día que por poco la fiana te coge con la
chicharrita? ¿Te acuerdas? Si no me la trago, derecho
pa’ la cárcel.
tino. (Con
alarde.) ¿Y qué? La cárcel se hizo pa’ los
hombres.
maría antonia.
¿Dónde está Julián?
tino. Los
hombres miran y callan. Julián es mi ecobio.
maría antonia.
Todos son sus amigos ahora, porque el negro parece que
va a llegar bien lejos.
tino. Me va a
jurar en su potencia. Seré abakuá. Seré sangabia
unsiro de Julián. Y cuando sea grande seré mokongo. (Carcajada.
Burlón.) Julián fue a darle gracias a Orula por su
victoria.
maría antonia.
El que ríe último ríe mejor y con más ganas.
tino. Las
mujeres nada más que saben... (imitándolas,
burlonamente) ...mearse de miedo. (Ríe.
Comienza a dar vueltas alrededor de ella. La vacuna.)
maría antonia.
Tú sabes bien quién soy yo.
tino. (Burlón.)
Ya tú no puedes hacer nada, María Antonia; Julián ya
no piensa en ti. (Gritando en todas direcciones.)
¡A Julián ya no le interesa María Antonia! ¡Julián no
te quiere! (Sale, riéndose. Desde afuera.)
¡Julián no quiere a María Antonia!
María
Antonia corre alrededor de la casa de Madrina.
iyalochas. (Cantando
mientras María Antonia ejecuta la acción.)
Babá elú gwamí.
Babá elú gwamí
babá fieddeno
kama guá rió
babá elú gwamí.
Akpwón. Olofin
elú gwamí
Obbatalá elú
gwamí
Babá fieddeno
kama guá rió
babá elú gwamí.
El Coro
repite igual.
maría antonia.
¿Dónde te escondes, mala suerte? Quiero el alma de mi
hombre para dormir tranquila. ¡Ay! ¡Me han vuelto al
revés! Me están comiendo.
iyalocha 1. (Por
encima del canto.) Fereketé ina nube ro afaró. ¿A
dónde va la hija de Ochún, colérica? No hay miel que
la endulce, ni ebbó que le haga alejar su calentura.
La alegría está vestida de mala influencia.
madrina. (Por
encima del Coro.) Hay que hacer algo, hay que
hacer algo para que los hijos de Ochún estén alegres.
Eshu Abaile, ve al río, al mar o al monte y bota bien
lejos la desgracia que se avecina.
El ritmo de
los tambores va in
crescendo. María
Antonia, como una endemoniada, se lanza a la
manigua.
iyalocha 2.
Ikú ha salido a la manigua a beber el sudor del viento
y a secarle a la tierra su llanto.
maría antonia.
(Despechada, invoca las fuerzas del mal mediante
ritos mágicos.) Ánima mía, en la mano lo tengo; ni
te lo doy, ni te lo quito.
iyalochas 1 y
2. (En cada frase se van incorporando más Iyalochas.)
La muerte amenaza con cáscara de huevo.
maría antonia.
Que ande detrás de mí como el muerto detrás de la cruz
y el vivo detrás sobre la cruz.
iyalochas.
Araña la muerte el desorden que se avecina.
maría antonia.
¡Ánimas!, las de mar y tierra, que no tenga
tranquilidad ni sosiego al lado de una mujer, hasta
que no llegue a mis pies rendido.
iyalochas.
Cabeza tiene cosa mala.
maría antonia.
Con dos lo mido y con tres lo ato, la sangre de su
corazón me bebo y su corazón le arrebato.
iyalochas. ¡Okana
sode ofún! ¡La fosa está abierta!
El canto va
in crescendo.
María Antonia sigue girando sobre sí misma. Se
interna en lo profundo de la manigua.
La manigua
En la manigua,
sentada en una piedra, la Cumachela envuelta en harapos.
A sus pies un saco viejo de recoger desperdicios. Apenas
se le distingue la cara. Canta un canto funerario.
cumachela.
Aumba waorí
Aumba waorí
awá omó
afá omó
awá omá
leyirawó
Olomi dara
kaawí.
María
Antonia aparece en escena corriendo. Se detiene como
si buscara un camino.
cumachela. (Sentada
sobre una piedra que está en medio del camino.
Felicitándola.) ¡Okú édum ekuyé dun ayé iyé mi dun!
(Que quiere decir: que tu santo te haga llegar a
donde quieras, te proteja y te dé dinero.)
maría antonia.
¡Quítate del medio, vieja loca! Mira que no estoy pa’
ti. ¿Qué quieres?
cumachela. Que
me saludes, ¿no?
maría antonia.
¿Por qué tengo que saludarte? ¿Acaso eres santo metido
en trapos, que viene a devolverme la suerte?
cumachela.
Nada de eso. Soy una pobre vieja hedionda y podrida
que lo único que tiene por casa es el camino y por
techo la noche.
maría antonia.
Pero no es de noche.
cumachela y
maría antonia. Por eso me eché a la zanja a
refrescarme, pero las aguas gritaron de miedo y
huyeron de vergüenza. Me enfangué hasta que el hombre
fabricó una trampa para los pájaros que salen por las
noches a enredar el viento.
cumachela.
Psss, hay que esconderse en el andar. La manigua está
mirando con sus cien ojos hasta que llegue la luna
nueva.
maría antonia.
¿Qué diablos te pasa? ¿Te han echao algún daño o qué?
Hablas como si lo supieras todo. ¿Acaso eres una de
esas Iyalochas que vienen a jactarse en casa de
Madrina?
cumachela.
¿Has visto mis perros? Me sacaron el corazón y lo
perdieron en el fondo de la manigua. Vete, vete
adentro. Ahorita vienen mis machos a bailar conmigo y
no quiero que te los lleves. Vienen vestidos de
sombras. ¡Vete, vete!
maría antonia.
Dame el corazón del hombre que no me deja en paz, para
echárselo a las tiñosas.
cumachela. (Ríe.)
Entras sedienta al mundo de la locura, donde la gente
viene a buscar paz y no la encuentra. Has llegado al
fondo. Aquí no hay más que dos caminos. Entra. La casa
está abierta: nada más oirás el grito de la yerba
pisoteada; levantarás el polvo de mi camino. La peste
de los cuerpos que se quitan la piel, la voz que no es
voz, el ruido que lame mis lamentos, te dan la
bienvenida. Nada logrará satisfacer tu espíritu, pero
él, monte-teje-agonía, si le pagas con el deseo, hará
de tu vida nudo que no se pueda zafar. Y cuando la
noche caiga, mis perros regarán tu cuerpo.
maría antonia.
Yo no he corrido tanto para eso. Quise respirar,
olvidar antes que continuar dando vueltas en espera de
esta noche. Cuando llegue, sabré qué hacer.
cumachela y
maría antonia. Pero, ¿por qué tengo que hablar
contigo? ¿Quién eres?
cumachela.
Hace tiempo que perdí mi nombre. Algunos dicen que Oyá
se lo robó para barrer el viento; otros, que sopló mi
nombre y lo convirtió en su Iruke. (Ríe.)
maría antonia.
Déjame seguir mi camino, vieja loca.
cumachela. (A
sus espaldas, como un soplo.) ¡María Antonia!
maría antonia.
(Se detiene bruscamente.) ¿Quién te dio mi
nombre?
cumachela.
Echu, jugando en el camino, lo ensartó en el aire. El
grito de Changó es tu nombre. Lo veo en tu frente. Tan
claro está que hasta un recién nacido podrá leerlo.
maría antonia.
¿Sabes tirar los caracoles?
cumachela. Sé
rodar como el sol. ¿Para qué quieres saber lo que te
puede pasar? ¿Qué resuelves con eso?
maría antonia.
¿Conoces a Julián?
cumachela. Y a
Carlos. A Carlos, también.
maría antonia.
¿Carlos? ¿Quién diablos es Carlos? No conozco a ningún
Carlos. ¿Es alguna de esas sombras que vienen a bailar
contigo?
cumachela. Si
no lo conoces, mejor. Es manso como el río que en su
fondo oculta remolino.
maría antonia.
¡Déjame pasar y no me fastidies más!
cumachela. (Dándole
paso.) Los hombres corren detrás de los hombres
hasta perderse en sus propios secretos. Buen viaje. (María
Antonia reanuda la marcha sin hacerle caso a las
últimas palabras.) ¡Espérate!
maría antonia.
(Deteniéndose.) ¿Y ahora qué rayos quieres?
cumachela.
Sólo siete kilos prietos. (Extendiendo la mano
temblorosa.) Siete kilos prietos... ¿Me haces el
favor?
maría antonia.
(Burlona.) ¿A tu edad piensas hacerte una
limpieza? ¿O es que tus maridos se fugaron con otras?
(Se ríe burlonamente.)
cumachela y maría antonia.
¡Qué fea eres! ¡Qué vieja soy!
maría antonia.
Me dijeron que por nada en el mundo diera estos kilos
prietos, pero total; ellos no me quitan la desgracia
que tengo encima. (Le da unos kilos prietos que
lleva envueltos en un pañuelo guardado entre los
senos.) ¿Quién eres?
cumachela. Un
grano de alpiste, tu trabazón, la raíz podrida del
mundo, tú en tu día peor, en tu mañana sucia. Soy tu
palabra y tu paso cuando caga el tiempo.
maría antonia.
(Yéndose.) Pide por mi suerte junto a Iroko,
vieja bruja. Te lo voy a agradecer. Ah, y dile también
que me acostaré con él. Y cuando te limpies, échame
todo lo malo que tu cuerpo apeste. (Avanza.)
cumachela. (Saca
una muñeca de trapo. Le arranca la cabeza y echa los
siete kilos en el interior del cuerpo, botando bien
lejos la cabeza.) ¡Yokure ni eché! (Da un
alarido y se pierde.)
En un claro de
la manigua
Cerca del río
donde Madrina llevó a la virgen a refrescar, está Carlos
acostado sobre la yerba. Junto a él, una jaula de cazar
pájaros. Aparece María Antonia, corriendo, como si
estuviera perseguida por alguien. Carlos se incorpora.
María Antonia se detiene. Se miran.
carlos. (A
María Antonia, que inicia el mutis.) Oye.
maría antonia.
Yo no soy ninguna de esas viejas que vienen a hacer
cochinadas a la manigua. (Avanza.)
carlos. ¿Te
vas? (María Antonia vuelve hacia Carlos,
violentamente. Silencio.) ¿Por qué no te sientas?
maría antonia.
(Cerca de él.) ¿Para qué?
carlos. Aquí
hay sombra.
maría antonia.
(Dando vueltas alrededor de Carlos.) El sol no
me va a poner más prieta de lo que estoy.
carlos. (Sin
dejar de mirarla.) Cuando se está intranquilo, el
sol hace daño.
maría antonia.
(Se detiene.) Ya no hay nada que me haga daño.
.
carlos. Algo
te pasa.
maría antonia.
¡Qué raro es esto! .
carlos. Yo
siempre vengo a este lugar.
maría antonia.
Yo nunca.
carlos. No
llega ningún ruido. Sólo las campanas de la iglesia o
algún pájaro que canta.
maría antonia.
Parece un cementerio. (Carlos comienza a silbar
como un pájaro. María Antonia ríe. Se sienta junto a
él. Silencio. Se miran.) ¿Vienes solo?
carlos. Es
mejor estar solo que mal acompañado.
maría antonia.
Yo prefiero estar mal acompañada que sola. A lo mejor
por eso estoy aquí.
carlos.
¿Tienes miedo?
maría antonia.
(Poniéndose de pie.) Estoy acostumbrada a
tratar con hombres. (Se aparta.)
carlos. Cuando
la gente huye es porque tiene miedo a algo.
maría antonia.
(Volviéndose hacia él.) ¿Quién rayos te ha
dicho que estoy huyendo?
carlos. Tus
ojos.
maría antonia.
No tengo por qué huir. A nadie he matado, ni robado.
carlos. Eso no
importa. A veces se huye de uno mismo.
maría antonia.
¿Tú lo has hecho?
carlos.
Siempre. Y vengo a parar a este lugar.
maría antonia.
¿Por qué?
carlos. (Después
de un breve silencio.) Uno necesita a veces ser
dueño de algo, y cuando no se es dueño de nada, ni de
sí mismo, uno se echa a correr. Aquí todo es mío: el
río, la yerba, la ciudad que me rodea. Sueño despierto
y soy feliz. No te vayas a reír. Cuando llega la
noche, me voy. (María Antonia se arrodilla ante la
jaula, acerca su cara a ella. Silencio.) ¿Qué
tienes? La soledad te aprieta, ¿verdad? A mí también,
lentamente.
maría antonia.
(Alza la jaula tratando de entrar por entre las
varillas.) ¿Me conoces?
carlos. (Se
le acerca.) He visto tu cara en el fondo del río.
Te he hablado, te he visto en flor. En un árbol seco
una vez escribí tu nombre: María Antonia.
maría antonia.
(Levantándose bruscamente.) Ya sabía yo que me
conocías. (Tirando la jaula a sus pies, con
violencia.) No he venido aquí a buscar machos.
carlos. (Violento.)
¿Qué te han hecho? No te hablo para robarte nada. (Avanza
hacia ella.)
maría antonia.
(Retrocediendo a medida que Carlos avanza hacia
ella.) A una mujer como yo siempre quieren
quitarle algo. Seré una vieja chocha, sin dientes y
apestosa; me tirarán gollejos de naranjas, y por una
peseta vendré a limpiarle el deseo a esos cochinos en
los matorrales. Un día amaneceré llena de hormigas. No
tendré perro que ladre mi muerte.
carlos. No. Y
si así fuera, del fondo del río buscaría dos piedras
brillantes como el sol para guardarte en ellas.
maría antonia.
Qué poco me conoces, muchacho.
carlos. Hace
tanto tiempo.
maría antonia.
¿De dónde eres?
carlos. De la
Loma'e la Mulata.
maría antonia.
Donde los hombres huelen a ron y rajan como cuchillos.
No parece que eres de allá.
carlos. Muchas
veces vi tu silueta recostada en el aire: tu piel
llena de movimientos. Corría a la puerta a esperarte
hasta que pasabas...
maría antonia.
Borracha entre hombres, ¿te gustaba así?
carlos.
Hubiera querido arrancarte de esa gente.
maría antonia.
¿Por qué no lo hiciste?
carlos. Quise
olvidarte.
maría antonia.
¿Por qué si nunca me tuviste?
carlos. Los
hombres que te buscaban te podían dar música, ron, una
alegría. Yo, ¿qué podía darte si al pensar en ti ya me
ibas perdiendo? (Carlos y María Antonia se separan
como por dos caminos en medio de la manigua.) No
te vayas a reír. Tuve miedo.
maría antonia.
¿Miedo?
Soliloquios
al unísono en voz alta.
carlos. Una
vez alguien trató de burlarse de mí, allá en el
barrio. Todos los días se metían conmigo. Me esperaban
a la salida del colegio, me quitaban los libros, me
los pisoteaban, me ensuciaban la ropa. Cuando llegaba
a la casa, mi madre me caía a golpes. Un día me puso
un cuchillo en las manos: «Pa’ que te defiendas. Pa'
que te hagas respetar». Yo quería eso mismo, pero de
otra forma: poder comprar el barrio y quemarlo. Boté
el cuchillo bien lejos, en medio de la burla. Mi madre
salió a fajarse. A sacar la cara por mí. Los hombres
se han hecho pa’ la cárcel, me decía mi padre. Y yo
pensaba: estos hombres no sirven porque no saben hacer
otras cosas. Estudiaba por arriba de los gritos de la
vieja: «No estudies tanto que te vas a volver loco. Sé
hombre y déjate de tanta guanajería». El jefe de la
pandilla se fue envalentonando más y más hasta
amenazarme con matarme si volvía a entrar en el
colegio. Yo no quería ser igual a ellos. Cuesta bien
caro. Me eché un hierro y lo fui a buscar. La gente se
apiñó al verme llegar. Avanzó, saqué el hierro y
seguía avanzando. Se reía, yo temblaba por dentro. No
quería que el mundo se me acabara de repente. La gente
me pinchaba: «Dale, dale duro. No tengas miedo.
Mátalo. Mátalo que no te va a pasar nada». Cuando
estuvo cerca de mí cruzó los brazos y sonriéndome
dijo: «Dale si eres hombre». La gente, el sudor, todo
me apestaba. Levanté el hierro y le di con toda mi
alma. Estaba en el suelo sangrando. Me parecía que
seguía sonriéndome y le di, le di. La gente empezó a
gritar: «Mátalo, mátalo». La cara de mi padre se llenó
de fiesta. Corrió a prenderles velas a los santos.
Orgulloso, me llevó a la cantina a beber. El bautizo
fue de aguardiente. Los niños con palos y latas
salieron en procesión a gritar mi nombre. Mi padre
señaló a unas mujeres que abrían las piernas. Me había
hecho hombre al fin.
maría antonia.
A la mejor todos estamos locos. Te dije una mentira.
No me importa ahora decirte una verdad. También yo
conozco este lugar, pero hacía tiempo que no venía. No
me gusta recordar lo que duele. Esto me recuerda
cuando era niña. Todos los viernes, Madrina me ponía
mi bata punzó y botas blancas, y me llevaba al
colegio. Pero un viernes, uno de esos días que parece
que el mundo se va a acabar, se me acercó con los ojos
perdidos en lágrimas: «María Antonia, hija, desde
ahora en adelante tengo que llevarte conmigo a la
colocación». «¿Por qué?». «Ya has crecido y hay que
trabajar». «Manuela, la hija del carpintero, es más
grande que yo y su madre la lleva al colegio». «Sí,
pero su padre trabaja». «Y tú también trabajas,
Madrina». «Pero él gana más que yo». «¿Por qué?». «No
me preguntes más, María Antonia. Tienes que ayudarme.
Ya me canso y cuando no sirva me echarán pa’ la
calle». Empecé a romperlo todo: faroles, ventanas. Les
tiraba piedras a los gatos cuando los veía contentos;
corría hasta aquí a esconderme de Madrina o de la
Policía. Dos días estuve aquí escondida cuando le
partí la cabeza a uno. Madrina, un día, me encerró
porque decía que los malos espíritus se habían
apoderado de mí. Madrina me crió. Arañé las paredes
mientras ella desde afuera rezaba por mí a la Caridad
del Cobre. Me despojaron, pero el mal se escondió muy
dentro. Un babalao le dijo que Ochún era dueña de mi
cabeza, que tuviera cuidado si no quería perderme. Me
desató las manos, la boca. Me enseñó a bailar, a
cantar, a ser alegre. Me abrió las puertas y me dijo:
«Hija de Ochún, compórtate como tal y que ella sepa
refrescar tu eleddá». Fui hija de Ochún, pero la gente
empezó a mirarme atravesao. Mi alegría molestaba. Me
denunciaban. Los bares cerraban sus puertas; las
mujeres tiraban agua a la calle y hacían limpieza a
sus maridos. Las madres soltaron a sus hijos a la
calle; me los echaron como perros rabiosos. La Policía
me caía atrás. (Se encuentran en medio de la
manigua.) A veces hay que entrarle a cabillazos a
uno o matar.
Silencio.
carlos. ¿Te
vas?
maría antonia.
Es tarde.
carlos. No, no
es tarde. Todavía no ha llegado la noche. Te aburro,
¿verdad?
maría antonia.
Eres fuerte. Hace calor, ¿por qué no te quitas la
camisa? (Carlos obedece. Ella lo ayuda.) Algún
día tendrás una esposa que te haga esto, te prepare el
agua para bañarte, la comida. Te casarás con ella,
¿verdad? (Se deja caer de rodillas ante él.)
Tendrás muchos hijos, jimaguas, llenarán tu casa de
alegría y Dios te los bendecirá. Serás feliz. (Carlos
la besa. Rehuyendo.) Yo no podría retenerte. Soy
una porquería.
carlos. (De
rodillas.) Tú estás llena de amor.
maría antonia.
Un hombre me lo ha robado, muchacho, como se lleva un
perro un trozo de carne.
carlos. Te he
apresado en mis sueños y te palpaba en mi memoria, y
te acariciaba. Te veía correr, bailar, reír, y te
esperaba aquí.
maría antonia.
Déjame. No quiero más líos de los que tengo. Tú eres
distinto a los demás. Ya es tarde.
carlos.
Mírame.
maría antonia.
Me da pena.
carlos. ¿Por
qué? No importa, entonces yo también cerraré los ojos.
Dale permiso a mi cuerpo para que te encuentre.
Juntos, de
rodillas, sus cuerpos se buscan con los ojos
cerrados. Se abrazan.
Bar de los
muelles
En el pequeño
bar en penumbras, unos marineros norteamericanos beben y
cantan con las meseras. Los demás hacen de sus mesas un
mundo aparte. Una música de la época ambienta el lugar.
Entra Julián acompañado por sus amigos, Caridad y un
marinero norteamericano.
cipriano. (Que
acompaña a Julián.) ¡Viva Julián!
todos. ¡Viva!
cipriano.
¡Viva el boxeador más grande que ha dado Cuba!
todos. ¡Viva!
julián. (A
la dueña del bar.) Nena, apaga esa victrola.
Julián y el
americano se sientan en una mesa, frente a frente.
nena. La gente
quiere divertirse.
cipriano. ¿No
oíste? ¡Apaga esa victrola!
amigo 1. El
campeón necesita concentrarse.
nena. (A la
gente.) ¿Oyeron? (Manda a una de las meseras a
apagar la victrola.)
La gente
protesta. Cipriano manda a callar: silencio. Julián
y el marinero comienzan a pulsar. Detrás de ellos la
gente observa el
match.
julián. ¡Johnny,
reza por tu madre, te queda poco de vida!
caridad.
¡Arriba, mi negro, arriba! Todavía no ha nacido el
macho que te rinda.
amigo 1.
Veinte a cinco al campeón.
mesera 1. ¡Qué
bárbaro! ¡Se va a reventar!
mesera 2.
¡...Y eso que no hace mucho que peleó!
Julián, en
un gesto de alarde, entona un guaguancó.
caridad. ¡No
hables, mi negro, que pierdes el aire!
cipriano.
¡Llévatelo de un tirón, campeón!
amigo 2.
¡Demuéstrale al Johnny quién tú eres!
amigo 1.
¡Cómetelo!
cipriano. ¡Johnny,
te encontraste con la horma de tu zapato!
johnny. ¡Esta
vez vas a tener que pedir perdón!
amigo 1.
¡Primero se corta la lengua!
amigo 2.
¡Llévatelo hasta la tabla!
todos. (Coreando.)
¡A la una, a las dos y a... las tres!
julián. (Da
un grito y sacando sus últimas fuerzas hace ceder al
Johnny.) Mira, mira el techo y cuenta las
telarañas.
cipriano.
¡Viva el campeón!
nena. (Subida
en una silla, con una botella de aguardiente,
echándole el líquido en la cabeza.) Te bendigo en
nombre del padre, del referee y de los muelles
santos.
todos. ¡Amén!
Nena lo va a
acariciar.
julián. (Quitándosela.)
Te hice un tiempo cuando todavía cacareabas, ahora
necesito una buena hembra que no le duelan ni los
riñones. (Abraza fuertemente a Caridad.) Debes
darle las gracias a Dios todos los días, porque al fin
te has empatado con un negro sabroso. ¡Aprovecha!
caridad.
¡Macho rico, me vas a partir en dos!
julián. (Tirándola
a un lado.) Las mujeres de un campeón no se
parten.
nena. (Mostrándole
una.) ¿Te gusta ésta, campeón?
julián. (Agarrándola.)
¿De dónde la sacaste? (A la mesera.) ¿Qué, no
papeas bien?
nena. (Mostrándole
otra.) Sabe hacer bien las cosas, como te gusta.
cipriano.
¡Agárrala, campeón! (Le tira otra.)
marinero. (Protestando.)
¡My woman!
julián. ¡Estáte
quieto! (Besa a la mesera; la rechaza.
Devolviéndosela al americano.) Te la regalo. (A
Caridad.) ¿Cuál me darías tú a mí?
caridad. ¿Qué
te pasa?
julián. (Empujándola.)
¡Vamos, escógela! (Caridad busca. Le tira a Nena.)
¿Por qué ésa?
caridad. (Sarcástica.)
Te la mereces.
julián. (Violento.)
¿Qué coño sabes tú lo que me merezco yo?
johnny. (A
]ulián.) I never thought you could defeat me,
negrito...
amigos.
¡Aguanta, aguanta que no estás en tu país!
julián.
¡Cierren el bar!
Los amigos
obedecen.
nena. Julián,
¿qué está pasando? Estáte tranquilo y no busques
desgracia por gusto. ¿Te has vuelto loco o qué? ¿Qué
piensas tú que es este lugar?
julián. Hoy
triunfé y hago lo que me da la gana.
nena. Va a
venir la Policía...
julián. ¡Que
venga, a ver si se puede llevar al campeón! ¡Llámala!
cipriano. Ya
te lo cerramos, campeón.
julián. (Señalando
al Johnny.) ¡Tráiganmelo!
Se lo traen
sin resistencia.
nena. ¡Oye,
Julián, con los americanos no te metas!
julián. Te voy
a poner malo esto.
nena. Me vas a
buscar una salación.
julián. (Al
Johnny.) ¡Arrodíllate!
El Johnny
obedece, sin comprender. Unos americanos tratan de
intervenir, pero los amigos de Julián sacan
cuchillos.
caridad. ¡Deja
eso, Julián!
cipriano. (A
los americanos.) ¡Legislen y no se vuelvan locos!
amigo 1. ¡Al
que dé un paso lo dejo con las tripas al aire!
julián. ¡Dame
esa manilla! La que apostaste conmigo y gané yo.
¡Dámela!
El Johnny se
la da. Julián se la tira a Cipriano.
cipriano.
¡Viva el campeón! (Se la guarda en el bolsillo.)
todos. ¡Viva!
julián. (Dándole
la mano al Johnny.) Te has portado como un hombre.
(Tirándole dos mujeres.) ¡Pa’ que las pongas a
gozar! Si se portan mal contigo, me avisas. Cortesía
de la casa, ¿verdad, Nena?
El Johnny se
las lleva.
nena. Abran el
bar. El campeón necesita aire para refrescarse.
amigo 2. (Al
Johnny.) Has pulsado con el futuro campeón del
mundo.
manager. (Entrando
con Sonia.) ¡Y dilo! Con un solo golpe tendrás la
faja mundial.
cipriano. (Acercándose
a Julián.) ¡Tremenda macri, asere!
amigo 2. ¡Está
que corta!
manager. (A
Julián.) ¿Cómo te sientes?
julian. Como
piedra.
manager.
Tienes que aprender a cubrirte algunos golpes.
julián. (Sin
dejar de mirar a Sonia.) Desde chama conozco el
juego.
manager. (Consciente
de las intencionas de Julián.) Tienes que cuidarte
un poco más.
julián. (Sin
dejar de mirar a Sonia.) Soy campeón de mil
batallas.
manager.
Muñeca, ¿has visto alguna vez a un boxeador mejor que
éste?
sonia. Tiene
buena pegada, pero habría que ver si lleva.
caridad. (Tratando
de interponerse.) Vamos a bailar, mi negro.
julián. (Empujándola.)
¡Quita! (Se acerca a Sonia, llamando.)
¡Cipriano!
cipriano.
Ordene, campeón.
julián. Tírame
golpes.
cipriano.
Pero, campeón...
julián.
¡Pégame! (Cipriano obedece.) ¡Como los hombres!
(Empujándolo.) ¡Ta’ fuera’e papa! (Al Amigo
1.) ¡Ven tú!
amigo 2.
Campeón...
julián. Yo
nada más trato con hombres. ¡Dale! ¡Más! (Le pone
la mano en la cara y se lo quita. A Sonia.)
¿Llevo?
sonia. No
todos los pegadores son iguales.
manager. (Levantándole
el brazo a Julián.) ¡Viva el campeón!
todos. ¡Viva!
manager. (Llevándoselo
a un lado.) ¿Qué te parece esa hembra?
julián.
Dámela.
manager. ¿Ta’
buena, verdad? Quiso conocerte de cerca. Es bailarina.
Los magnates le caen atrás como moscas. Te vio
pelear...
julián. Huele
rico.
manager. Sólo
a dos boxeadores he visto como tú y tan pronto los vi,
me dije, campeones mundiales: Joe Louis y Sugar
Robinson.
julián. Quiero
estar con ella.
manager. La
izquierda te entra todavía. (Le tira un golpe y
logra alcanzarlo en el hombro.)
Julián,
furioso, le tira golpes que él esquiva, lo acorrala.
Levanta la derecha.
todos. (Con
advertencia.) ¡Julián!
manager. (Enseñándole
un contrato.) ¿Te gustaría pelear en el Garden? (Julián
detiene la derecha.) Antes tengo dos peleas para
ti; una en México y otra en Filadelfía. No hay mucha
plata, pero si ganas...
cipriano. ¡Es
un escándalo!
amigo 1. En tu
peso no hay quien pegue más que tú.
manager.
Doscientos pesos por pelea. (Pausa. Se miran.)
Todavía no eres ni retador. Afuera no te conocen. En
esto no hay mucha plata, pero...
julián. (Violento.)
No quiero una maraña conmigo.
manager. He
sido como un padre para ti. (Señalándole a Sonia.)
Mira, no te quita los ojos de encima. ¡Está cogía
contigo hasta la médula! Eres un hombre de suerte. Ahí
la tienes, es tuya. Otra cosa, ¿ves? Huele a limpio.
Puedes hacer con ella lo que te dé la gana. Yo
quisiera que tú la vieras encuera.
Julián le
arrebata el contrato.
cipriano.
Campeón, acuérdate de llevarme. Yo puedo ser tu
apoderado.
amigo 1. Yo tu
sparring.
amigo 2. Yo tu
second.
caridad.
Negrón, tu suerte está echada.
Julián
firma.
manager. (Arrebatándole
el contrato.) ¡Viva el campeón!
todos. ¡Viva!
manager. (Guardándose
el contrato.) Tendrás una faja.
julián. (Obsesivo.)
No me bastará una faja, puedo tener otra. Mis puños no
se cansarían de golpear. No tendré retador: ¡Ni mi
sombra! (Con violencia voltea la mesa.)
cipriano.
Campeón, ¿qué te pasa?
Julián
inicia el mutis.
amigo 2. ¿A
dónde vas, campeón?
julián. ¡Al
que me siga lo rajo en dos! (Sale a coger aire.)
cipriano. El
campeón está cansado.
nena. Está
loco.
La gente
comienza a bailar. Sonia y el Manager beben aparte.
Los amigos lo hacen en la barra.
caridad. (Acercándose
a Julián.) ¿Qué tienes, mi negro? Vamos a bailar.
(Lo acaricia.)
julián. ¡Me
largo!
caridad. Estás
flojo.
julián. (Rechazando
las caricias.) Ya.
caridad.
Todavía no has llegado a campeón. Has tomado mucho, mi
negro. ¿Por qué no te vas a mi cuarto a descansar?
julián. Tengo
que andar, andar, andar hasta que se acabe la noche.
cumachela. (Desde
la oscuridad.) Julián... Julián grande... ¡Grande
como un gigante grande!
chopa. (Desde
la oscuridad.) ¿Por qué tiemblan tus pasos?
cumachela. Si
cuando el día rompa chillarán tu fama.
julián. Hoy
pegué duro, con todo mi cuerpo. Se escondía entre las
luces y sentía cómo mi sombra pisaba la suerte. Mis
golpes daban en el aire.
cumachela.
Apártate, échate a un lado. Mañana, tiempo de la
mañana repicarán tu nombre.
chopa. Abrirá
el silencio tu vientre y te guardará en él.
julián. Desde
la oscuridad me golpeaban: uno, dos, tres golpes, en
la cara. Lo perseguí con rabia. Estuve a punto de
dejarme caer. ¡¿Quién eres que no me das la cara?!
¡Pelea como los hombres! ¡Pelea, coño, pelea!
cumachela.
¡Ay, la noche se llevó a mi macho, prendido en el
viento! ¡Ay! ¡Que no se lo lleven!... Lo quiero para
mí... me gusta... ¡Ay!
julián.
¡Alguien me está hablando en el oído! ¡María Antonia!
¿Quién eres?
cumachela.
Aliento que lame tus pasos, sudor, ceniza y sangre en
tu camino estrecho.
julián. ¿Qué
quieres, vieja?
cumachela. (Saliendo
de lo oscuro.) ¡Casarme contigo, campeón!
caridad. (Burlándose.)
¡Ésa es Cumachela, Julián!
chopa. (A
Cumachela, burlón.) ¡Que cante la podrida!
caridad. Vamos
a bailar, mi negro.
julián. (Empujándola.)
No estoy pa’ ti hoy, te he hecho mucho tiempo. (Entra
al bar. Caridad lo sigue.)
manager.
Sonia, el campeón ya se refrescó. ¿Por qué no giras
con él un rato?
julián. (Agarrándola
por la cintura.) Me gustas.
Bailan.
cumachela. (Entra,
cantando.)
La calle
estaba desierta,
el cielo se
entristeció
y la ciudad
con su polvo
nos cubrió.
En un claro de
la manigua
maría antonia.
Déjame abrir los ojos. Ya no puedo cerrarlos por más
tiempo. ¿Estás a mi lado?
carlos. Me
quedé dormido sobre tu piel.
maría antonia.
Déjame secarte el sudor.
carlos. Tengo
sed. (María Antonia lo besa.) Más sed.
maría antonia.
Te vas a ahogar. (Lo besa hasta casi cortarle la
respiración; se ríen.Carlos se le encima y trata de
besarla.) Ya, ya. Está bueno ya. (Escapa; se
lleva las manos al corazón.) Mira cómo me hace el
corazón.
carlos. ¡Pum,
pum, pum!
Se ríen.
Silencio. Se miran fijamente.
maría antonia.
No te vayas a reír, pero...
carlos. ¿Pero
qué?
maría antonia.
Nada.
carlos. Dime.
maría antonia.
No, no.
carlos. ¿No
tienes confianza en mí?
maría antonia.
Quisiera mirarme en un espejo.
carlos. ¿Para
qué?
maría antonia.
¿Estoy muy fea?
carlos. Estás
muy fea.
Silencio.
maría antonia.
No sé. Es como si te hubiera conocido siempre.
carlos.
Viviremos juntos.
maría antonia.
(Después de un breve silencio.) Ya dejaron de
tocar. Quieren que yo me haga santo.
carlos.
¿Viviremos juntos?
maría antonia.
Tienes que saber cuidarme.
carlos. No
quiero verte con nadie. Serás mía nada más.
maría antonia.
Te llenaré de hijos. Podría hacerte feliz. ¿Me
cuidarás?
carlos. Nos
iremos bien lejos de aquí.
maría antonia.
¿Adónde?
carlos. ¡Ah!
¡Sorpresa! (Transición. Inician un juego de
posibilidades.) Yo sé que un día... un día... ya
verás que puedo estudiar en Artes y Oficios y seré
químico.
maría antonia.
(Siguiendo el juego.) ¿Y otro día...?
carlos. Voy a
descubrir algo maravilloso, algo que lo pegará todo.
maría antonia.
¡Como de magia!
carlos. Un
cemento especial. Lo voy a inventar yo; hecho de agua
y algo raro que descubra. Con eso haremos primero
nuestra casa. Si resiste, la tierra se llenará de
casas, casas, casas. (María Antonia hace como si
llamaran a la puerta.) ¡Ah, el cartero! (A
María Antonia.) Me mandan a buscar para una
empresa muy importante. Tráeme el saco, la corbata,
los zapatos. ¡Apúrate! Arréglame la camisa. ¿Me falta
algo?
maría antonia.
Los espejuelos.
carlos.
Verdad. Un negro con espejuelos es siempre una persona
interesante. Me lo decía mi abuela. ¿Qué haces?
maría antonia.
Vestirme.
carlos. En las
cosas de los hombres, las mujeres no se meten.
maría antonia.
Y tú crees que yo...
carlos. Te
quedarás aquí, tranquila, hasta que tu marido regrese.
maría antonia.
¡Ábreme, ábreme! (Transición.) ¿Cómo te llamas?
carlos.
Carlos.
maría antonia.
(Alejándose.) Carlos, Carlos...
carlos. Buenos
días. Yo soy el químico, como usted sabe... Ah, bien.
Pase y siéntese. La empresa acepta su descubrimiento y
está de acuerdo en incorporarlo a ella como químico
único, supremo, genial, benefactor absoluto de la
humanidad. ¿Quiere usted firmar el contrato? Muchas
gracias.
María
Antonia suena una trompetilla.
maría antonia.
¿Y cuándo me llevas a las tiendas, a bailar, con un
traje bien largo, blanco como la espuma del mar, y
cargado de luces?
carlos. Mira a
tu alrededor. ¿Te gusta este terreno?
maría antonia.
¿Para qué?
carlos. Para
nuestra casa, en el centro de la ciudad.
maría antonia.
¿No sería mejor un terreno alto, bien alto, que casi
toque el cielo?
carlos. ¿Aquí?
maría antonia.
Nuestra casa tendrá un jardín árabe.
carlos.
¿Árabe?
maría antonia.
Siempre me gustó tanto la Arabia. No sé por qué.
Madrina me decía que en la otra encarnación yo había
sido una princesa árabe, y que un día, mi padre, el
rey, me guardó en el jardín de palacio, para que sus
enemigos, que estaban enamorados de mi belleza, no me
robaran. Todas las tardes, antes de irse el sol, me
paseará por Arabia en mi jardín.
carlos.
Primero haremos dos cuartos. Uno para nosotros y el
otro... ¿Cómo se llamará?
maría antonia.
Domingo, día de fiesta.
carlos. Tendrá
tu cara.
maría antonia.
Y tu color...
carlos. Será
médico.
maría antonia.
El segundo, pelotero. Saldrá en todos los periódicos.
carlos. Y
luego vendrá una hembra.
maría antonia.
Una artista famosa, rumbera. (Carlos ríe.) ¿Por
qué te ríes?
carlos. Le
pondremos Clara, como el día en que vi tu sonrisa. (Transición.)
Necesito luz, mucha luz para poder estudiar.
maría antonia.
Me duele el vientre. Voy a parir.
carlos. Ayer
me hablaron de un trabajo.
maría antonia.
Me paso la vida limpiando, limpiando, pero todo lo que
me rodea es viejo y feo.
carlos. No,
allí no podemos entrar.
maría antonia.
Me estoy secando.
carlos. ¿Por
qué te miran esos machos? ¿Estuviste con alguno de
ellos? Contesta. Ahí tienes la ropa sucia de América.
Dice que para la próxima se la laves mejor.
maría antonia.
Los muchachos están enfermos. Hay que buscar un
médico. Pronto.
carlos. Tengo
que llegar a ser algo grande. Cállate ya de una vez.
Déjame estudiar, ¿me oyes? ¿A dónde vas?
maría antonia.
Ya no me acaricias como antes. ¿Por qué? ¿Qué difícil
es todo, verdad? Bésame. No te vayas, Carlos.
carlos.
Necesito trabajo, señor. En cualquier cosa, señor. Mis
hijos están enfermos y mi mujer débil. En cualquier
cosa, señor.
maría antonia.
Ya no soy la misma de antes.
carlos. Dile a
esos muchachos que se callen o no respondo de mí. ¡Qué
difícil es todo!
maría antonia.
El día menos pensado me largo. (Detiene el juego.
Retadora.) ¿Seguimos?
carlos. (Retador.)
¡Seguimos!
maría antonia.
(Reinicia el juego.) Yo soy María Antonia.
carlos. Tengo
hambre.
maría antonia.
Quiero dormir.
carlos. Voy a
coger aire, a respirar en paz...
maría antonia.
Hace días que no te acuestas a mi lado, y cuando lo
haces te tiras a roncar. ¿Tienes otra? ¿Quién se ha
atravesado en mi camino? Dime. No me dejes, Carlos.
Todavía no soy vieja.
carlos. (Detiene
el juego. Retador.) ¿Seguimos?
maría antonia.
(Retadora.) ¡Seguimos!
carlos. (Reinicia
el juego.) Mira, conseguí unos pesos. Todo volverá
a ser como antes.
maría antonia.
A nuestro cuarto hijo le pondrán cualquier nombre y no
podrá ser otra cosa que carbonero.
carlos. El
cloruro áurico, calentado a ciento ochenta grados, se
desdobla en cloruro airoso.
maría antonia.
Nos cortaron la luz.
carlos. Con
este óxido puedo ampliar la solución.
maría antonia.
La orden de desalojo. ¿A dónde vamos a vivir? Mi
marido está inventando algo muy bueno. ¿Qué quiere que
haga? Pues nos tiene que matar. De aquí no nos
movemos.
carlos. Tengo
sueño, mucho sueño...
maría antonia.
No es verdad lo que anda diciendo la gente, ¿eh? Tú no
estás loco. Júrame que no estás loco. Es que nos
tienen envidia, ¿verdad? Ya no aguanto más.
carlos. Yo sé
que un día, un día... Ya verás que puedo estudiar en
Artes y Oficios. Seré químico.
maría antonia.
Y otro día...
carlos. Voy a
descubrir algo maravilloso, algo que lo pegará todo.
maría antonia.
¡Como de magia...!
carlos. Un
cemento especial. Lo voy a inventar yo, hecho de agua
y algo raro que descubra. Con eso haremos primero
nuestra casa. Y si resiste, la tierra se llenará de
casas, casas...
Silencio
profundo. El juego concluye.
maría antonia.
Es el mejor cuento que he oído en mi vida; ni Madrina
los hacía con tanta gracia. Hemos aprendido a decir
cosas, desesperadamente. Como si estuviéramos al borde
de la muerte.
Silencio.
carlos. Ya es
de noche.
maría antonia.
¿A dónde podríamos ir?
carlos. (Sin
mirarla.) Por ahí.
maría antonia.
Yo tengo un cuarto.
carlos. No.
Allí no.
maría antonia.
Tienes asco. Es mi cuarto. El único que tengo. No
habría problemas. (Sarcástica.) Yo podría
ayudarte a estudiar, mi santo. Luego nos mudaremos a
un sitio mejor. Cuando tú inventes el cemento ese que
tú dices.
carlos. (Violento.)
¿Por qué eres como eres?
maría antonia.
(Enfrentándosele.) Porque no soy como no soy.
Ya es de noche. Algunas cosas no se pueden cambiar
aunque queramos. ¡Ñinga! Y menos hoy. Uno se puede dar
el lujo de soñar, pero no llegaríamos a la esquina.
María Antonia es la mujer de un campeón.
carlos.
¿Julián? (María Antonia va a irse, pero Carlos la
agarra por el brazo.) Los he visto riéndose,
juntos, gozando. Te he visto correrle atrás. (María
Antonia hace por irse.) ¿Le tienes miedo?
maría antonia.
Tú no sabes con qué mujer te has enredado. Ni siento
ni padezco por nadie. Adiós. Todo lo que te he dicho
es mentira. A JuIián soy capaz de escupirle la cara y
a ti de olvidarte sobre ese escupitajo.
carlos. De
aquí no te mueves si no es conmigo.
maría antonia.
¿Me pones a prueba?
carlos. Vamos
a buscarlo a ver si es verdad lo que dices.
maría antonia.
¿Tienes tú la sangre para ganarme?
carlos. Ven.
Salen.
En el mismo bar
de los muelles
Sonia y Julián
bailan en el fondo. Cumachela, en la barra, canta.
cumachela. (Cantando.)
La calle
estaba desierta,
el cielo se
entristeció
y la ciudad
con su polvo
nos cubrió.
(Al Johnny.)
Si te pagas un trago, te escribo la carta más linda de
amor: Querida my mother, I love you. (A
Julián.) Así que le ganaste a La Araña, págate un
trago, anda.
julián. (Dándole
un empujón.) ¡Vete a limpiar el cuerpo, cochina!
cumachela. Yo
fui la mujer más linda de San Isidro. Las mujeres se
morían de envidia porque todos los hombres me caían
como hormigas. El otro día, ese degenerao que tú ves
allí (señala para Chopa) me quiso dar una
cañona.
chopa. Primero
muerto.
cumachela.
Vamos, Chopita. Le da pena, pero de la pena se ahoga
el muerto. Pregúntele qué tal me porté: ¡como toda una
campeona! Batió de jonrón. ¿Verdad, Chopita? Vamos,
hombre, no te dé pena decirlo.
chopa. ¡Baahhh!...
Ya tú no puedes tirar ni una planchita.
cumachela. ¿A
qué puede aspirar un viejo con sarna? ¡Ja! (A
Julián.) Campeón, déjame un buchito, un buchito pa’
Cumachela.
manager. (A
Julián.) ¿Cómo te decían cuando chama?
Julián le
echa a Cumachela un poco de su bebida en el suelo.
cumachela. ¡Ja!
(Lo mira, se agacha a beber.) La Pantera.
manager. ¡Kid
Pantera!
cipriano. ¡Es
un escándalo!
johnny. (A
Nena.) ¡Give me a drink! ¡Yo peleé en
Guadalancanal!
nena. ¡Y yo en
San Isidro!
johnny. Maté
cien alemanes de un tiro, y cuando iba a matar mil...
cipriano. (Interrumpiéndolo.)
Llegó Supermán y te dejó con la carabina al hombro.
cumachela. (Al
grupo, que se divierte.) ¡María Antonia! (El
grupo se moviliza. Suelta una carcajada triunfal.)
Por poco hay que recoger la porquería en camiones. (Julián
se le enfrenta.) ¿Qué te pasa? ¿Qué andas buscando
como cosa buena? Estás que ardes. ¿Quieres encender el
aire? ¡Ja!
julián. ¡Quien
me busca me encuentra!
cumachela. Eso
mismo decía un novio que yo tuve.
chopa. ¿Novio?
cumachela.
Bueno, marinovio, da igual. Yo tenía un marido que era
el negro más sabroso de esta tierra. Juntos corríamos
las calles; juntos apagábamos el día y la noche; allí
donde nos sorprendiera el deseo hacíamos el amor.
Éramos los reyes de la vida. Rumbeábamos nuestras
tristezas. ¡Cómo gozábamos! Pero un día me cansé de la
misma rutina. Lo empecé a querer distinto, como a un
hombre.
julián. ¿Qué
pasó?
cumachela. Le
pedí al hombre lo que no me podía dar. Me dejó tirada
ahí: basura. Corrí, corrí hasta que se apagó el día.
Por un camino cualquiera de la noche volví a
encontrarle. (Gimiendo.) Cumachela es vieja,
vieja, y quiere olvidar. La gente me lo llevaba. Me
emborrachó y me llevó a mi cuarto. Quiso abandonarme,
y saqué un cuchillo... (Como un lamento.) ¡Ay!,
¡la noche se llevó a mi macho enredado en el viento! (Julián
estalla en una carcajada.) Págate un trago, anda.
No te puedes quejar: te he hecho reír, y todo porque
la pobre vieja no tuvo su marido.
julián. Te
pago un trago si te casas con Chopa.
cumachela.
¿Oíste, Chopa? ¡Agarra, degenerao! ¿Cuándo en tu vida
pensaste en casarte?
cipriano. Yo
seré el padrino de esa boda.
caridad. Y yo
la madrina.
nena. Yo el
cura.
Tararean la
marcha nupcial. Traen un mantel blanco y sucio; se
lo ponen a Cumachela de velo. Una mesera trae flores
de papel y se las pone sobre las manos. Los amigos
de Julián traen a Chopa cargado y lo ponen junto a
Cumachela. Ambos se entregan al juego. La marcha
nupcial es tarareada por todos. Cumachela y Chopa
avanzan. La marcha es tarareada ahora al ritmo de
guaguancó. Cumachela y Chopa bailan.
nena. (A
Cumachela.) ¿Aceptas a este hombre por marido?
cumachela.
Bueno... hasta que funcione.
julián. (Agarra
las cabezas de ambos y las restriega una contra otra.)
¡Bésense!
cumachela. (A
Julián, que ríe.) ¿No oyes? María Antonia arrastra
tu nombre y lo hunde en la noche; lame tu cuerpo su
voz. (De lejos se oye una voz que canta. Es María
Antonia que entona un guaguancó.) ¡Suéltame,
suéltame! Estoy vieja. Déjame rodar por las calles y
cantar. (Cantando.) La calle estaba desierta...
(Estalla en una carcajada y se pierde.)
maría antonia.
(Entra con Carlos, entonando un guaguancó.)
Está contento el pueblo, ¿hum? (Se sienta con
Carlos aparte.) ¡Hey, Nena!
nena. (Acercándose.)
Dime, corazón, te estábamos extrañando.
maría antonia.
Difícil que se preocupen por mí. Han perdido el juicio
por lo que veo, o por lo contrario han cambiado. (Con
marcada intención.) La gente cambia con mucha
facilidad. Bueno, bájame una botella de ron, pero del
bueno, ¿eh?, no del cacafuaca ese que tú acostumbras
dar. (Acercándose a la mesa donde está Julián.)
¡Felicidades, Caridad! Son cuarenta y tantos los que
cumples, ¿no? ¡Aprovecha, vieja, que te pudres! (A
Sonia.) A usted no la conozco, joven, pero de
todas maneras, ¡que le aproveche!
Julián se
pone de pie.
manager. ¡Deja
a esa mujer! No te conviene.
cipriano. Está
en nota, ¿no la ves?
amigo 1. No le
hagas caso, asere.
maría antonia.
Bueno, ¿qué? ¿Se murió alguien? Parece que me
equivoqué de lugar. ¿Qué funeraria es ésta? (Coge
la botella y se da un trago.) A tu salud, campeón.
(Rocía con la boca el espacio.) ¡Pa’ refrescar
el ambiente! Bueno, Cipriano, inspírate anda, alegra
esto. (María Antonia tararea un guaguancó.
Voluptuosa le baila a Carlos. Se le encima. Se miran.
Silencio. Huye hacia la barra.)
carlos.
¡Vamos, qué esperas, escúpele la cara!
julián. (A
María Antonia, que va a irse.) ¡Ven acá!
maría antonia.
Entre tú y yo hay la misma distancia.
manager. Esa
tipa no va a torcer tu camino.
cipriano. No
tires tu futuro al suelo, campeón.
julián. Donde
está tu macho tú no entras con otro.
maría antonia.
¡Pues aquí me tienes!
Julián va en
busca de María Antonia. Carlos se interpone. Pelean.
cipriano.
¡Cómetelo, campeón!
amigo 1. ¡Ése
no te alcanza ni para empezar!
mesera 1. Dale
nalgadas.
manager.
Julián, va a venir la Policía y eso no te conviene.
mesera 1.
¡Mátalo!
cipriano.
¡Quítale los pantalones y escúpele el fondillo!
mesera 3.
¡Saca la derecha, campeón!
mesera 1.
¡Está flojo!
Carlos cae
al suelo hecho un guiñapo.
julián. ¡Eso
pa’ que aprenda pa’ la otra a tratar con los hombres!
(Entrándole a golpes a María Antonia se la lleva.
Ella no se resiste.)
manager. (Corriéndole
detrás a Julián.) ¡Julián, espera! (Sale.)
sonia. ¡Esto
sí es el colmo, venir para que la dejen a una
plantada! (Sale.)
cipriano. (Siguiéndoles.)
¡Ésta nada más que viene a joderlo todo!
mesera 1. (A
Carlos, que está tirado en el suelo.) Para andar
con mujeres, hay que tenerlos bien puestos.
mesera 2.
¡Pobrecito, mira cómo me lo han dejado!
mesera 3.
¿Quieres un vaso de leche?
mesera 4.
¿Quieres una entrada pa’ los caballitos?
nena. (Dándole
puntapiés.) ¡Vamos, zumba, y vete a coger fresco!
caridad. (Acercándose
a Carlos.) María Antonia le hace eso a todos los
hombres. Su único cráneo es Julián. (Acariciándolo.)
La gente nada más sabe maltratar. Vámonos pa’ mi
cuarto, mulatico lindo. Olvida eso y vive la vida.
Vamos a mi cuarto. Mira, sé dar cariños, soy tierna,
soy... (Un grupo de marineros aparece en el fondo.
Miran a Caridad. Conversan entre sí.) ¿Lloras?
¿Pero qué clase de hombre eres? (Los marineros se
acercan.Tocan con lujuria a Caridad, que está
borracha. La arrastran y se la llevan.) ¡Mátála!
¡Mátala!
Carlos se
incorpora. Sale en busca de María Antonia. Da tumbos
y cae al suelo.
cumachela. (Acercándosele.)
La calle
estaba desierta,
el cielo se
entristeció
y la ciudad
con su polvo
nos cubrió.
Si me das
dinero, te consigo una chicharrita y te pongo a gozar.
Del tiro se te olvida todo esto. Pero con una
condición: el cabito, el cabito pa’ Cumachela. (Carlos
se arrastra. Siguiéndolo.) Soy una vieja, sé
muchas cosas. ¿Qué sabes tú de esta cumbancha? Nada.
¿Me oyes? La muerte siempre nos vigila. Y si te
descuidas... (sacando un cuchillo) ...crac,
crac, crac... no haces el cuento. La noche es muy
mirona; la noche lo ve todo. Y hay cosas que no debe
ver la noche. (Dándole el cuchillo.) Toma, para
que la dejes ciega. Es mejor ir pa’ la cárcel que pal
hoyo. (Carlos se lo arrebata. Cantando.) La
calle estaba desierta...
Cumachela
desaparece. Carlos, empuñando el cuchillo, sale.
Cuarto de María
Antonia
Julián, sentado
en la cama, igual que en un trono, come de la comida que
le ha servido María Antonia. Está en silencio. María
Antonia se pasea por todo el cuarto sin rumbo fijo. Los
tambores del bembé de Madrina entran como un leve
murmullo.
julián. (Con
un trozo de carnero.) Hum, negra, qué rico está
esto. ¿Quién lo sazonó, tú o Madrina? (Se empina la
botella de aguardiente. Rocía el espacio con la boca.)
¡Pa' que Elegguá se emborrache! Cuando te vi llegar
con ese tipo por poco echo la gandinga de la risa.
maría antonia.
¡Déjalo tranquilo!
julián. (Agarrándola.)
Yo soy tu macho, ¿oíste? Eres mía y te tengo cuando me
dé la gana. (Acaricándola.) Me gustas más que
el carnero, ¿tú sabes? Sólo que a él puedo hacerle lo
que no te puedo hacer a ti: arrancarle hasta el último
trozo de carne. (Le muerde el brazo y ríe.)
maría antonia.
(Apartándose.) ¿No lo has hecho ya? Me has
dejao que ni pa’ los perros.
julián. (Sarcástico.)
Bah, si estás más buena que nunca.
maría antonia.
Por fuera, pero por dentro... soy capaz de... (Julián
estalla en una carcajada.) Mira, no, no vale la
pena pensar. Pensar. No. No.
julián. (A
María Antonia, que da vueltas imprecisas por todo el
cuarto.) Te vas a emborrachar de tantas vueltas.
maría antonia.
Si este cuarto fuera grande, grande, grande, y yo
pudiera caminar, caminar. Ay, ni cuenta te ibas a dar
de que doy vueltas, vueltas, vueltas, vueltas...
julián. (Violento.)
Te has vuelto loca.
maría antonia.
¿Te doy risa, verdad? Hablando cosas que ni yo misma
entiendo.
julián. Una
hija de Ochún...
maría antonia.
(Cortante.) ¡Mierda!
julián. ¿Por
qué no estás contenta?
maría antonia.
¿Qué diablos piensas tú de mí?
julián. Tengo
sed.
maría antonia.
Pues levántate y cógela.
julián. Ven
acá. ¿No le vas a dar un poco de agua a tu negro?
maría antonia.
Yo no soy tu esclava.
julián. Pero
eres mi mujer.
maría antonia.
Ya yo no sé ni lo que soy, pero hay algo que quiero de
ti; algo que me debes.
julián. Bueno,
ya estoy aquí. ¿De qué te quejas? ¡Cóbrate!
maría antonia.
¿Cuándo te vas?
julián. Tráeme
el agua.
maría antonia.
¿Por qué no hablas claro ya de una vez?
julián. (Abriendo
la boca y echando la cabeza hacia atrás.) Dámela
como a mí me gusta. (Le va a dar agua de su propia
boca. Se aparta de él bruscamente. Violento.) ¿Qué
coño te han echao?
maría antonia.
Ya tú no me quieres, ¿verdad?
julián. No
estoy pa' descarga. Vamos al toque.
maría antonia.
No, no, no. Tú y yo tenemos que hablar ahora, aquí,
para siempre.
julián. Pues
se acabó. Sí tú tienes que hablar conmigo yo también
tengo que hablar. Cuando nos conocimos, ¿te acuerdas?,
quedamos en que yo por mi lado y tú por el tuyo; que
siempre habría un momento para nosotros.
maría antonia.
Yo no soy ninguna puta de San Isidro.
julián. ¿Y qué
quieres? ¿Que me case contigo? ¿Encaramarte arriba de
mí? Yo soy hombre, no el pelele ese que estaba
contigo.
maría antonia.
(Violenta.) No lo menciones.
julián. Pues
arranca y búscalo. Arrástrate y pídele perdón.Y que no
vuelva a verte más. Yo me voy para México esta misma
semana; después para Filadelfia. ¡El Garden!
maría antonia.
¿Por qué volvimos aquí otra vez? ¿Por qué me trajiste,
Julián? ¿Por qué?
julián.
Después para el Garden. Y solo, María Antonia, solo.
maría antonia.
¿Para eso me sacaste del bar? ¿Para eso le entraste a
golpes a ese muchacho?
julián. La
suerte me llegó y no voy a botarla. Hoy firmé mi
primer contrato. (Se sienta en el borde de la cama
a ponerse los zapatos.) No voy a mirar atrás.
María
Antonia se echa en la cama. Ríe. Se le ofrece.
julián. (Rechazándola.)
No tengo la culpa de que tu futuro no sea igual al
mío.
maría antonia.
(Agarrándolo.) ¡Ñinga, ñinga, ñinga, ñinga! Tú.
(Julián la amenaza con darle un golpe.) No me
toques porque me vas a tener que rajar en dos. Yo, yo
que te lo di todo. ¿Y tú, qué coño me has dado tú? Tu
olor de calle, y ahora esto. Cuando soñabas ser grande
vendiendo marihuana y aquí estaba esta perra vigilando
tu sueño pa’ que no te llevaran, entonces contabas
conmigo, ¿verdad? Ahora la negra te estorba. ¿Por qué?
¿Por qué te estorba?
julián. Las
mujeres como tú no pueden entrar en ningún lado.
maría antonia.
¿Y los hombres como tú, Julián? ¿Es que ya has
olvidado que pisamos el mismo suelo?
julián. Mis
papeles están limpios.
maría antonia.
Los míos los ensuciaste tú. A mí sí me retrataron y
salí en los periódicos con un numerito colgado, ¿no te
acuerdas?
julián. Yo no
te obligué a cargar con la culpa.
maría antonia.
¡Maldita sea la hora en que te conocí!
julián. Ya
hemos vivido demasiado.
maría antonia.
Me tienes que matar pa’ irte, ¡campeón!, ¡campeón!
¡Mierda!, eso serás, un puching back desinflao,
pellejo. Nadie se acordará de ti. Te arrastrarás por
los portales apestoso. Por veinte kilos querrás contar
tu historia y nadie la escuchará. Campeón: ¡Mierda! (Julián
se abraza a ella con desesperación. La aprieta hasta
casi ahorcarla.) ¡Mátame! (Se acarician
torpemente. La impotencia los vence. Silencio.) Si
todo fuera distinto. Si de repente todo se apagara y
volviera una luz distinta. Si pudiera respirar con
otra voz en otro aliento. (Julián se mueve
ligeramente. Desesperada.) No, mi negro, no te
vayas. Haré lo que tú quieras. Tú eres mi macho, mi
dueño. Yo soy tu esclava.
julián. (Impotente.)
No me muerdas.
maría antonia.
Tú serás campeón. Y yo te esperaré aquí hasta que tú
vengas.
julián. No me
arañes. ¿Qué quieres de mí?
maría antonia.
Es verdad, hay cosas que no podemos cambiar aunque
queramos. (Lo acaricia.)
julián. (Cediendo
a las caricias.) Te voy a traer un abrigo de piel
hasta los tobillos, prendas, perfumes. Serás la negra
mejor vestida de Cuba. Te pasearé en mi máquina.
maría antonia.
Me traerás una casa hecha con el mejor cemento del
mundo, con muchos cuartos y veinticinco negritos. Mi
negro, están tocando para Changó.
julián.
Vámonos pa’ casa de Madrina.
maría antonia.
(Vacila un instante.) Sí, vamos. Quiero que
bailes para mí nada más. Pa’ tu esclava. Me voy a
poner el vestido que a ti tanto te gusta. (Sale.)
julián. (Con
un aire de triunfo baila para Changó. María Antonia
aparece vestida con su mejor vestido; desde un rincón
lo observa, cantando y bailando.)
Oba lube
oba lube
oba é
oba lube
oba lube
oba é
oba é
oba yana yana
Obba icheré
Changó iloro
Obba icheré.
María
Antonia despliega un papel que contiene unos polvos.
Sin que él se dé cuenta, lo echa en un jarro de
chequeté.
maría antonia.
(Acercándosele.) ¿Ves? Todavía estoy buena,
¿verdad?
julián. Más
buena que nunca.
maría antonia.
(Sensual.) Arráscame la espalda. Suave, suave,
más suave, mi negro. Ya estoy de nuevo alegre. ¿Ves? (Ríe
extendiéndole el jarro.) Toma.
julián. (Con
un ligero temblor en la voz.) ¿Qué es eso?
maría antonia.
¡Chequeté! Te lo mandó Madrina. Ella sabe que a ti te
gusta mucho el chequeté.
julián. (Cogiendo
el jarro.) ¿No le habrás echado algún daño pa’ que
me rompa?
maría antonia.
(Arrebatándole el jarro.) Si tienes miedo, lo
boto pa’ que la tierra se envenene.
julián. (Arrebatándole
el jarro. Violento.) Yo no le tengo miedo a eso.
maría antonia.
(Burlona.) No te hagas el guapo. Estás
temblando.
julián. ¿Yo?
maría antonia.
Tus ojos me lo dicen.
julián. Un
abakuá no le tiene miedo a la muerte.
maría antonia.
Cuando la cree muy lejos, pero cuando siente que le
pisa la sombra, tiembla como un niño chiquito... Y tú
tiemblas, no mientas.
julián. ¡Toma
un poco y échamelo en la boca!
maría antonia.
(Llevándole el jarro a la boca.) No. Hoy quiero
que seas tú, mi negro santo. (Julián se lleva el
jarro a la boca. Ella se lo apresura.)
julián. ¡Qué
amargo!
maría antonia.
Es la naranja agria, mi negro. Esta vez a Madrina se
le fue la mano.
julián. (Doblándose
con espanto.) ¿Oíste?
maría antonia.
Parece que Ikú ha salido esta noche a recoger a los
espíritus traviesos.
julián. No,
no. Es el tambor de Nkrikamo. Nkrikamo habla por Ékue.
Y Ékue está muy ofendido porque le han envenenado a un
monina. ¿No oyes? (Sus piernas flaquean. Cae de
rodillas. Como un rezo.) Oteyo bienyaroko ot
eteyobían yandín sún ecobio sankén bire ekekorikó.
maría antonia.
¡Destapa el muerto, Julián! Es por ti que rezas. Tu
muerte ha llegado, monina Julián. Es por ti que llora
Ékue. (Julián se yergue, da un grito. Cae muerto.
Riendo y bailando alrededor del cadáver.) ¡Vamos a
reír, a gozar, a bailar! ¡Vamos! ¡Rómpete de alegría
como yo! (Cae sobre el cadáver de Julián.)
¡Baila, campeón, baila! (Transición.) ¿Ves? Hay
cosas que no podemos cambiar aunque queramos. (Con
un prolongado gemido.) ¡Julián! (Se abraza al
cadáver. Silencio profundo.) Qué silencio. Si
hubiéramos podido vivir.
Casa de Madrina
Los tambores
tocan para Yemayá. Madrina baila. Está a punto de caer
en trance.
akpwón. (Cantando
persistentemente sobre ella.)
Agolona é yale
yale yalúmao
yale omí yalé
ayagwa mío.
gente. (Cantando
y bailando alrededor de Madrina.)
Okuó yale
yalúmao
yale omi yalé
ayagwa mío...
La danza de
Madrina va in
crescendo. Da un
grito y de un salto cae sobre los tambores.
Silencio. Yemayá ha bajado en ella. Llora
desconsoladamente.
madrina. (En
Yemayá.) ¡Ay, ay de mis hijos! ¡Ay, mi llanto reza
la ruina de esta ciudad! ¿Dónde están los hombres que
quieren beber cuchillos para rasgar mi vergüenza con
su maldad? ¡Ay!, ¿por qué tuercen las fuerzas que les
hice nacer? El hombre tiene ojos para vigilar que el
día no se manche en sombras, para desenredar sus
pasos, para gozar con mi sonrisa de agua clara. ¡Ay,
hombre! Yo, tu madre, te hablo. ¿Por qué mi falda está
sucia de mal deseo? ¿De quién es esa sangre que sube
en chorro hasta mi corazón de agua? ¡Ay, qué crímenes
me arrojas con tus malos usos! A mí, a tu madre que te
enseñó a cantar, a consagrarte al día, a la luz, a lo
bueno: así dicho es. Crimen es la mala mirada, la
lujuria, la intriga, la desolación, el desamor.
¡Hombre, mira al hombre! En vano ofreces sacrificios
si no limpias tu casa que es la mía. Día vendrá en que
aprendas a caminar con pasos fuertes y tranquilos.
¡Ay, bajaré a reír de amor! ¿Quién grita? ¿Quién ha
roto el cuerpo de ese niño que ya no ríe? ¿Dónde está
María Antonia? ¿Qué hacemos en esta casa cuando un
hijo se ahoga en la maldad? ¡Ay, María Antonia! ¡María
Antonia! Será posible que tanta dulzura de tu corazón
no logre encontrar su medida.
Yemayá,
llorando, se abre paso entre los concurrentes. Da un
alarido de dolor y se lanza en busca de María
Antonia.
María Antonia y
los Íremes
María Antonia
arrodillada frente al cadáver de Julián.
maría antonia.
(Sobresaltada levanta la cabeza. Sobre su rostro la
máscara de la muerte.) ¿Qué? ¿Quién llama? ¡No! Es
el viento que rechina mi nombre.
Se oyen
ruidos de cascabeles; por el fondo aparecen los
Íremes.
íremes. Awó ye
ye ye, oyé yo yo yo.
María
Antonia busca una sábana y cubre con ella el
cadáver. Las visiones se acercan y destapan al
muerto. María Antonia lo cubre de nuevo. Las
visiones se le enciman con violencia, haciéndola
retroceder.
cumachela. (Voz.)
Abre la puerta, María Antonia.
De un solo
gesto brusco, María Antonia abre la puerta.
Retrocede y grita.
maría antonia.
¿Quién eres? ¿Por qué no llevas rostro? ¿Qué quieres,
Cumachela? No, no eres Cumachela. ¿Quién eres
entonces? ¿La pordiosera que guarda la manigua? Ay,
madre mía, ¿será éste el rostro tuyo que nunca conocí?
No. Vete, eres tú, vieja. No tengo kilos prietos.
cumachela. No
vengo a pedirte dinero, ni a robarte la voz, como
dicen las Iyalochas. ¿Qué tiene de malo mi rostro si
el tuyo ha perdido su color? (Sacando un espejo.)
¡Mírate!
María
Antonia retrocede espantada al ver su rostro
transfigurado.
maría antonia.
¡Mentira, mentira, mentira!
cumachela.
¿Dónde arrojaste la sandunga, tu bravuconería? ¿Estás
sola? ¿Y el negro que me robaste de los muelles?
¡Dámelo!
maría antonia.
No tengo nada. ¿Qué más quieres de mí? Vete.
cumachela.
Quiero advertirte algo: cuando la noche comienza a
caer, Ikú sale a buscar a los espíritus traviesos para
echarlos en su saco. Por decir eso, los muchachos me
tiran piedras, me confunden, creen que esto es un daño
que arrastro y no son más que huesos blandos para mis
perros.
íremes. (Cercando
a María Antonia. Cantando.)
Awanabasina
Mongóe
Awanabasina
Mongóe
Awanabasina
Mongóe
Awanabasina
Mongó
deyeyei Iyamba
ndebikó...
Mañon bónekue...
cumachela. No
temas, te limpian el camino. Déjame sentarme un rato.
Tengo los pies que me echan candela.
maría antonia.
Todo esto es mentira.
cumachela. (Señalando
al cadáver.) ¿Eso es mentira? ¿Son los huesos que
me guardaste?
maría antonia.
No, no son huesos. ¡Un burujón de trapos sucios, míos!
íremes. (Ante
el cadáver.) Yeyéi bário ñañkusú akueré menangaré
esié echetube obonékue aworí apampañá Iyá Iyá Iyá
bekondo akuaramina sanga muñón Ekudeñoma aterendán
ekobio asán komeñón bira Iyá prefañá atabaré
aboronkeñongo asange weri Mosongo saé mañonbira,
Julián, ñangué perié etá Mesongo bakuerí Iya aserirán
yerekó.
maría antonia.
Fuera, déjenme sola.
cumachela.
Antes, dame un poquito de agua. Tengo mucha sed. Te vi,
eh, te vi.
maría antonia.
¿Qué viste?
cumachela. Te
vi del brazo de Carlos.
maría antonia.
No, no pronuncies ese nombre.
cumachela. El
muchacho que andaba contigo, el estudiante
maría antonia.
Carlos. ¿Quién es Carlos?
cumachela. Si
no lo conoces mejor. Es manso como el río que en su
fondo oculta remolino.
maría antonia.
Jamás he conocido hombre. Soy niña... acabo de nacer.
¿No me ves llorar?
cumachela.
Dame, dame agua.
maría antonia.
¿La conoces?
cumachela. ¿A
quién?
maría antonia.
A María Antonia.
cumachela. Ya
nos conocemos. (Se ríe.) Dame, dame el agua. (María
Antonia le da el agua. Se lleva a la boca el
jarro escupiendo.) ¿Qué carijo me has dao, cacho'e...
?
maría antonia.
(Riéndose.) Chequeté, vieja loca, chequeté.
cumachela. ¡Me
has dao meao, meao!
maría antonia.
Vete al infierno, vieja bruja.
cumachela. No
importa. (Da un agudo alarido y se desprende de la
cara la máscara que lleva puesta, mostrando el rostro
de la muerte. Majestuosa.) ¡Esta noche, antes de
que la luna se pierda, bailaré contigo!
Los Íremes
cargan a Cumachela sobre sus hombros. Gimen y se
pierden llevándosela con ellos. María Antonia
aterrorizada, se oculta con el cuerpo de Julián.
Madrina, en Yemayá, entra llorando. Aterrorizada
grita y se lamenta.
madrina. (En
Yemayá.) Yemi, yemi. (Ante la presencia de la
muerte llora desgarradoramente, convulsa, se lanza
sobre la pared, la golpea con violencia, emitiendo
sonidos guturales. Da un alarido y cae al suelo; se
retuerce en él. Una larga y profunda queja de muerte
escapa de su garganta. María Antonia, aterrada por la
imagen, queda estática. Silencio absoluto. Volviendo
en sí. Fuera de trance.) ¿Qué hago en tu cuarto?
¿Por qué no hablas? ¿Qué te sucede?
maría antonia.
Amárrame, Madrina, amárrame; que no puedan llevarme;
amárrame bien fuerte.
El cuarto de
María Antonia desaparece. En el fondo aparecen
Batabio, las Iyalochas y el Akpwón.
madrina. ¿Qué
has hecho, hija?, le pregunté, y ella me contestó con
una voz chica, de madera, que casi no pude reconocer.
maría antonia.
Es inútil, Madrina, es inútil.
madrina. Me
hizo ver su crimen. ¡Qué dolor, qué inmensa pena aquel
cuerpo desnudo, muerto dulcemente, quieto de
eternidad! ¡Ay! Llamé a todos mis santos de raíz: no
respondieron. Y así fue. Como se lo hemos hablado
ocurrió. Así fue.
batabio. Si
usted no sabe la ley con que tiene que vivir en este
mundo, la aprenderá en el otro. ¿Qué le parece? Usted
se salió de sus costumbres y botó la cabeza, mija. Y
la cabeza es la que lleva al cuerpo.
madrina.
¡Tenga piedad de nosotros! ¡Haga algo!
batabio. Para
proteger lo malo, mija, ¿qué tiene que hacer Ifá, eh,
mija? A ver: ¿detener la noche o amarrar el sol para
que no salga? ¿Soplar las nubes para que no cubran la
luna y la noche sea larga? ¿Por qué razón, mija, tiene
Ifá que hacer todo eso, eh? ¿Complicar la vida por una
que ha vivido siempre en desorden? ¿Por una desorejá?
Oloddumare, mija, no vive con la ley de este mundo.
Oloddumare protege cabeza asentá. Y eso tú debes
saberlo muy bien... Oloddumare no va al río a buscar
agua en canasta. ¿Cómo tú vienes aquí con esta letra a
buscar misericordia a Oloddumare? (Tira el Ekuelé.)
Su aché, su mismitica boca lo desbarató. (Recoge y
tira de nuevo.) Oyoí akuano oyoí akúdeyo oyoí
akúdeyo oyoí babaguó. Omi tutu, ana tutu, falé tutu,
tutu osayé.
iyalochas. Ten
compasión de esta alma. Aléjale lo malo, la sangre del
camino. Aléjale los muertos, rociándola con agua.
Refréscale el camino: con agua no hay mal. Con agua
fresca no hay mal.
Batabio tira
y recoge el Ekuelé.
iyalochas. (Cantando
un canto funerario al ver el Ekuelé.)
Aumba waorí
Aumba waorí
awá awá
awá awá
awá omá
leyiraw
¡Olomi dara
keamí!
Madrina cae
de rodillas, sollozando.
iyalochas. (Por
encima del canto.) Muerto está dando vuelta,
buscando a quién coger. Pídele protección y perdón a
los santos. Híncate de rodillas para que sea leve el
castigo de los hombres. Ellos sabrán qué hacer de ti.
batabio. (De
pie. Majestuoso.) Ésa es la ley del mundo. Cuando
falta la verdad hay que conformarse con la mentira,
que es lo que se dice. A falta de pan, casabe.
maría antonia.
(Violenta, se quita de los hombros las manos
protectoras de Batabio. Dándole la espalda.) ¡Yo
no creo en esa mierda!
madrina.
¡María Antonia!
batabio. ¡Sal
de esta casa con tu muerte!
Batabio y
las Iyalocbas salen. Madrina y María Antonia quedan
solas.
madrina. (Prometiéndole
ofrendas a la diosa Ochún para que proteja a María
Antonia de la desgracia.) Ochún morí yeyéo, abeyí
moro, apanganishe, ekí male odun, ekiladde ekó, ibú wa
ñale, wa ñale, oye kan iré, euré amalá, oggueddé,
addié ekrú aro, elegguedde, oshinshín, oñi gan, atana,
omí tutu pa un sodidde, ano unló, ofo unló, íña unló,
arayé unló, ikú unló. (Sollozando se abraza a María
Antonia.)
maría antonia.
Vete tú también. Déjame sola. No llores. María Antonia
se acabó así: rota y vacía. No me basta esta vida, no
la quiero. Necesito otro mundo. ¿Dónde está? Que
vengan a buscarme, me encontrarán contenta y sabrosa.
A María Antonia sabré cumplirla hasta el final. (Inicia
la salida.)
madrina. (Siguiéndola.)
Huye, hija, trata de salvarte.
maría antonia.
No. A tu casa me irán a buscar. Diles a los tamboreros
que no dejen de tocar. Ochún quiere alegría.
Madrina y
María Antonia se vuelven. Ante ellas, estallan
simultáneamente las imágenes del mercado y la
ciudad. Avanzan ambas. Aparece la casa de Madrina.
Allí, la gente canta y baila con júbilo para Ochún.
hombre 1.
¡Llegó María Antonia!
hombre 2.
Volvió la reina.
mujer 1. Al
fin, hija, al fin.
santera 1.
Vamos, tu madre quiere verte. Baila, hija de Ochún.
Que tus días se abran entre nosotros llenos de gracia
y amor.
santera 2.
Suerte, bendición y amparo para ti.
Madrina se
mueve inquieta.
maría antonia.
(Cantando y bailando.)
Oro mi sola
lekoddé
oro mi sola
lekoddé.
todos. (Cantando.)
Oro mi sola.
maría antonia.
Lekoddé.
todos. Oro mi
sola.
maría antonia.
Lekoddé.
todos. Oro mi
sola...
La gente la
rodea. Ríe, canta y baila voluptuosa. Se sabe
hermosa y sensual. En silencio, Madrina reza a los
dioses. Carlos aparece colérico.
carlos. (A
voz en cuello.) ¡María Antonia! (Todo cesa de
súbito. Silencio absoluto.) ¡Vengo a buscarte!
maría antonia.
(Acercándosele.) Así que viniste. Yo lo sabía.
Tendré siempre que hacerte la misma pregunta. ¿A dónde
podríamos ir?
carlos. Bien
lejos de aquí.
maría antonia.
A la sombrita, escondidos como una vergüenza.
carlos. ¡Vámonos!
maría antonia.
Yo no soy tuya. No soy de nadie. El tiempo se detuvo
para hacerme soñar y lo hice contigo. Dame las gracias
y vete.
carlos. (Violento.)
¡Dime que no te hice feliz, anda, dímelo!
maría antonia.
No me robes, muchacho. Vete y vive. María Antonia no
es mujer para ti.
carlos. ¡Yo
soy muy macho pa’ que te burles de mí!
maría antonia.
(Violenta.) Pues entonces, acércate.
madrina. (Trayéndole
una manta y un abanico de Ochún.) María Antonia,
hija, te traía esto para tu gracia.
maría antonia.
(Se los arrebata. Se pone la manta y se abanica,
retadora. Suelta los zapatos, gritando.) ¡María
Antonia tiene sed, sed de hombre! ¡Tráiganme un jarro
lleno de hombres! ¿Quién mandó a parar? ¡Sigan!, sigan
tocando, que Ochún quiere alegría. (Silencio
absoluto. Cantando.) Yeye bi obbi tosúo...
carlos. (Sacando
el cuchillo.) ¡María Antonia!
La gente
trata de aguantarlo.
maría antonia.
¡Déjenlo, que ése no tiene paso para mí!
Carlos logra
zafarse, queda frente a ella empuñando el cuchillo.
voces 1.
¡Rájala!
voces 2. Ten
cuidado, muchacho.
voces 3.
¡Dale!
voces 4. No te
dejes coger la baja.
voces 5.
Compórtate como un hombre.
voces 6. Ya no
respetan ni a los santos.
voces 7. Dale
un escarmiento.
voces 8.
¿Hasta cuándo va a durar esta mujer?
maría antonia.
¡A ver si tienes tú la sangre para ganarme! (Comienza
a bailar retadoramente. Ríe.)
madrina. (Reza.
Suplicante.) ¡Ay! ¡Yemayá Olokun, madre de agua,
óyeme; wanaché ilé wanaché Obara, wanaché abalonké
wanaché aina wanaché Beyi Oro. Wanaché Dáda. Wanaché
taekué kaidé alabá konkido. Oloddumare.
María
Antonia tira la manta y el abanico. Comienza a
arrancarse la ropa. Baila voluptuosa. Carlos corre
hacia ella. Silencio. Se miran fijamente.
maría antonia.
¡Nunca saques un arma si no vas a usarla!
Carlos,
desesperadamente, la abraza.
maría antonia.
¡Dale!
Carlos, con
violencia, le hunde el cuchillo en su sexo. María
Antonia contiene un grito. Se besan. Se desprende de
él. Gira dando un grito. Ochún la ha poseído. Cae
muerta. Silencio. Cumachela aúlla. Atraviesa la
escena.
tino. (Desde
afuera.) ¡Mataron a María Antonia! ¡Tremenda
puñalá! ¡Un bárbaro el tipo! ¡La pilló con otro; ella
estaba enyerbá y empezó a bailar! Le fue p'arriba. El
socio hasta le rogó, pero ella lo desprestigió
gritándole que no era hombre; se arrancó el vestido:
¡dale! Una sola y no hizo el cuento. Un manantial de
sangre. ¡El macho la rajó en dos! (Ríe burlón.)
carlos. (Desgarrador.)
¡Ay!
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