Año III
La Habana
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El padre de la criatura y los techos de vidrio
 


mÁs de cuatro decadas de acciones terroristas contra el pueblo cubano EN VIOLACIÓN DE SUS MÁS ELEMENTALES DERECHOS HUMANOS. el gobierno de los estados unidos OTORGA impunidad a los responsables.

El pueblo cubano ha sido víctima por más de cuatro décadas de innumerables actos y ataques terroristas alentados desde el exterior, los cuales han causado cuantiosas pérdidas materiales y humanas, y han motivado incalculables sufrimientos a sus ciudadanos. Altísimo ha sido también el costo económico que ha pagado la nación cubana como consecuencia de los sucesivos sabotajes e incluso agresiones biológicas de las que ha sido víctima.

 

Estos actos terroristas han tenido como objetivo destruir mediante el terror, la inestabilidad y la incertidumbre, la opción política y social que el pueblo cubano libremente ha adoptado en pleno ejercicio de su derecho a la libre determinación. El territorio de los Estados Unidos ha sido utilizado de forma sistemática y permanente para planear, financiar, reclutar, entrenar  y apoyar la realización de los actos terroristas contra el pueblo cubano.

 

Las modalidades de terrorismo empleadas contra Cuba han sido en lo fundamental las siguientes: sabotaje o destrucción de objetivos económicos y civiles dentro del país; ataques contra instalaciones costeras, naves mercantes y embarcaciones pesqueras; atentados contra instalaciones, medios y personal cubano en el exterior, incluidas sedes diplomáticas, oficinas de aviación y naves aéreas; intentos de asesinato a sus principales dirigentes; introducción de gérmenes y plagas contra la agricultura y la explotación pecuaria; e introducción de cepas de enfermedades contra las personas, entre otros.

 

Como resultado de al menos 681 acciones de terrorismo y agresiones contra el pueblo cubano que han sido probadas y documentadas, se ha producido la pérdida irreparable de la vida de 3 478 de sus hijos y otros 2 099 cubanos han recibido lesiones permanentes en su integridad física. Cabe destacar que estas acciones no han cesado a lo largo de los años: 68 tuvieron lugar en la década de 1990 y otras 39 en el curso de los últimos cinco años.

 

Las víctimas de las acciones terroristas contra Cuba no han sido sólo nuestros ciudadanos. Un total de 190 atentados terroristas han sido dirigidos contra personas o bienes de terceros países radicados en territorio norteamericano. Además, se organizaron y ejecutaron docenas de acciones contra bienes de compañías extranjeras que mantenían relaciones económicas con Cuba, o contra representaciones de países que mantenían vínculos con el país.

 

Las actividades terroristas se incrementaron significativamente y adquirieron la categoría de práctica sistemática de la política de hostilidad contra la Revolución Cubana a partir del año 1961, como consecuencia del “Programa de Acción Encubierta contra el régimen de Castro”, aprobado el 17 de marzo de 1960 por el entonces Presidente D. Eisenhower y que fuera proseguido por el Presidente J.F.Kennedy. En ese plan, entre otras cosas, se autorizaba la creación de una organización secreta de inteligencia y de acción dentro de Cuba y para ello se asignaban los fondos necesarios a la Agencia Central de Inteligencia.

 

 El 18 de enero de 1962, se adopta el conocido como “Proyecto Cuba”, que contenía 32 tareas de guerra encubierta que debían ser ejecutadas por los departamentos y agencias participantes en la llamada Operación Mangosta. 

 

Además de los centenares de acciones realizadas directamente por los Servicios Especiales del gobierno de los Estados Unidos,  resultaría difícil enumerar en este documento todo el universo de actos y acciones terroristas consumados o neutralizados en su fase preparatoria, cuya responsabilidad recae en las organizaciones radicadas en el territorio de los Estados Unidos, conformadas por terroristas de origen cubano, muchos de los cuales fueron incluso entrenados en su momento por la Agencia Central de Inteligencia y unidades del ejército estadounidense.

 

En 1960 se realizaron numerosos actos de terrorismo contra instalaciones públicas como cines, teatros, escuelas y comercios, con el objetivo de sembrar el pánico y el terror entre la población. La más criminal y sangrienta de las acciones emprendidas durante ese año fue la voladura, el 4 de marzo de ese año, del vapor francés “La Coubre”, en el puerto de La Habana, en los momentos en que se descargaban las municiones compradas en Bélgica para el Ejército Rebelde. Este criminal atentado ocasionó 101 muertos, entre ellos varios franceses, más de 200 heridos y numerosos desaparecidos.

 

Otras acciones, no menos sangrientas, tuvieron lugar el propio año en zonas urbanas de la capital del país, entre las que podrían mencionarse:

 

El lanzamiento el 21 de enero, de cuatro bombas de 100 libras sobre los conglomerados urbanos de Regla y Cojímar.

 

El lanzamiento, el 11 de febrero, de fósforo vivo sobre el poblado de El Cano.

 

El ametrallamiento, en octubre y diciembre, de los alrededores de Río Cristal, Rancho Boyeros y Arroyo Arenas. 

 

Entre los ataques a objetivos económicos realizados en 1960, podría destacarse el ocurrido el 18 de febrero. Ese día, el avión que bombardeaba el Central “España”, fue destruido en el aire por una de sus propias bombas. Piloteaba la nave el norteamericano Robert Ellis Frost, acompañado por Onelio Santana Roque, ex miembro de los cuerpos represivos de la dictadura batistiana. La carta de vuelo registraba la salida del avión del aeropuerto de Tamiami, Florida. Por otros documentos hallados junto al cadáver del estadounidense, se descubrió que en tres ocasiones anteriores había participado en ataques aéreos contra Cuba y que iba a cobrar por el bombardeo de ese día 1 500 dólares.

 

Es significativo que la mayoría de los más connotados representantes del “exilio” anticubano participaron directamente y ejecutaron actos terroristas contra Cuba en la década del 60. Una información publicada en el periódico Revolución, del 30 de diciembre de 1960, dio cuenta de la ocupación de una fábrica de bombas y la detención de 17 terroristas que siguiendo instrucciones de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, se habían dedicado a poner petacas con explosivos plásticos en tiendas comerciales. Entre esos terroristas cubanos, aparecen dos personeros conocidos hoy como supuestos “opositores políticos pacíficos”. Ellos son nada menos que el “periodista y publicista” Carlos Alberto Montaner (cabecilla de la mafia anticubana en Madrid, quien no fue condenado entonces porque era menor de edad; se refugió en una Embajada latinoamericana para salir del país), y el “Excelentísimo Embajador para los Derechos Humanos” de EE.UU., Armando Valladares, falso “escritor- paralítico” a quien se vio por televisión levantarse de su silla de ruedas y correr 400 metros planos.

 

En 1961 se intensificaron los atentados terroristas,  que incluyeron: la quema de cañaverales durante la zafra azucarera, el sabotaje a fábricas y los ataques contra fincas, actos que  causaron la muerte a 281 ciudadanos, en su mayoría campesinos, mujeres y niños inocentes, así como milicianos y jóvenes voluntarios que participaban en la Campaña de Alfabetización (a esta campaña se integraron casi 100 mil voluntarios  que fueron hasta los sitios más recónditos de nuestro país para enseñar a casi un millón de cubanos a leer y escribir) iniciada el propio año.  

 

Un hecho notorio en el período fue el sabotaje terrorista, el 13 de abril de 1961, de la mayor tienda por departamentos del país, “El Encanto”, ubicada en el mismo centro de la capital. Este atentado provocó la muerte de la trabajadora Fe del Valle, la destrucción total del inmueble y puso en peligro gran número de hogares cubanos.

 

En el mes de abril de ese propio año, se produjo la invasión por Playa Girón (Bahía de Cochinos) perpetrada por un ejército de aproximadamente 1 500 mercenarios, organizado, entrenado, equipado, financiado y transportado por el Gobierno de los Estados Unidos. El frustrado plan preveía el desembarco de las tropas norteamericanas, que contemplaron desde sus barcos la derrota de los mercenarios.

 

Muchos de los mercenarios que participaron en aquella invasión y en otras acciones terroristas de la guerra sucia contra Cuba, se mantienen activos en las filas de las organizaciones terroristas que actualmente operan contra nuestro país. Muchos otros se enrolaron como agentes a sueldo al servicio de la CIA para llevar a cabo operaciones encubiertas en América Latina y otras regiones del mundo en tareas de terrorismo, asesinato político, tráfico de armas y narcóticos, y guerras sucias como la llevada a cabo contra la Revolución Sandinista en Nicaragua. A otra parte importante de ellos, se les instruyó disfrazarse de “exilio político-pacífico” contra la Revolución Cubana, agrupándose muchos de ellos en la llamada Fundación Nacional Cubano Americana. Este grupo públicamente “redimido” de la violencia terrorista,  nunca renunció, sin embargo, a lo que realmente sabe y disfruta hacer. Se ha mantenido organizando y financiando acciones terroristas como las llevadas a cabo contra instalaciones turísticas cubanas por mercenarios centroamericanos en la década de 1990.

 

El bandidismo

 

Otra forma de terrorismo empleada contra Cuba fue el bandidismo, bautizado así por el pueblo por las felonías y los asesinatos cometidos por las 299 bandas terroristas que, entre 1959 y 1965, actuaron a lo largo y ancho del territorio cubano, armadas, sostenidas y dirigidas por el Gobierno de Estados Unidos. El bandidismo tuvo su enclave principal en las montañas del Escambray, en el centro del país. Estas bandas dejaron más de 500 muertos, principalmente campesinos y obreros agrícolas inocentes, y un legado de dolor en nuestro pueblo.  

 

El pueblo cubano recuerda con singular tristeza los asesinatos en 1961 del maestro Conrado Benítez y del campesino Eliodoro Rodríguez, el 5 de enero; del maestro Delfín Sen Cedré, en octubre; y del maestro Manuel Ascunce Domenech y el campesino Pedro Lantigua, el 26 de noviembre, crímenes llevados a cabo con el fin de hacer fracasar la Campaña de Alfabetización. 

 

Por esta época fueron asesinados varios adolescentes y niños con el objetivo de sembrar el terror y desalentar el apoyo a la Revolución entre los campesinos y obreros agrícolas. Tales fueron los casos de los crímenes cometidos contra la vida de varios niños en la localidad de Bolondrón: Yolanda y Fermín, de 11 y 13 años de edad, de Albinio Sánchez Rodríguez, de 10 años y de Reinaldo Núñez-Bueno, de 22 meses de edad.

 

Muchos documentos hoy desclasificados demuestran el vínculo histórico entre el Gobierno de Estados Unidos y las bandas que operaban dentro de nuestro país. En octubre de 1961, el inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, presentó un informe secreto que refería una acción encubierta, conocida como “Operación Silencio”, en la que por orden del gobierno norteamericano la CIA realizó 12 operaciones para el abastecimiento de armas, municiones y explosivos a las bandas armadas que operaban en nuestro país. 

 

En el mismo documento, y en referencia al enorme centro establecido por la CIA en la Florida para llevar a cabo actividades encubiertas contra Cuba, Kirkpatrick reconoció que “de enero de 1960, cuando contaba con 40 personas, el Buró se expandió a 588 para el 16 de abril de 1961, convirtiéndose en uno de los más grandes buroes en los servicios clandestinos”. 

 

El secuestro de aeronaves fue otro tipo de acciones terroristas concebidas por la CIA en su programa para derrocar a la Revolución Cubana. Con estos hechos, la Agencia Central de Inteligencia del Gobierno de los Estados Unidos inauguró una nueva figura terrorista que no tenía precedentes hasta ese momento. Entre 1959 y el 2001 51 aviones cubanos fueron secuestrados. Casi sin excepción, todos fueron dirigidos hacia Estados Unidos y la inmensa mayoría de ellos nunca fueron devueltos. Pilotos, custodios y pasajeros, resultaron asesinados o heridos por los secuestradores. Varios aviones fueron destruidos o seriamente dañados en los intentos frustrados.

 

A modo de ejemplo, citaremos lo ocurrido el 27 de marzo de 1966. Un terrorista, utilizando un arma de fuego, intentó desviar hacia Estados Unidos, donde eran siempre recibidos como héroes, un avión IL-18 de la compañía Cubana de Aviación, con 97 personas a bordo, incluido 14 niños. Al fracasar en su intento, por la valiente y decidida conducta del capitán, quien se negó a desviar la nave y aterrizó en el Aeropuerto Internacional de La Habana, el secuestrador asesinó al piloto y al custodio y causó heridas graves al copiloto.

 

Al inicio de la década de 1970 se crearon nuevas organizaciones terroristas integradas por torturadores y esbirros de la dictadura batistiana y otros criminales que abandonaron el país en 1959. El terrorismo siguió siendo un negocio lucrativo para la mafia cubanoamericana, amparadas por la complicidad y la tolerancia de las autoridades de Estados Unidos.

 

Organizaciones como Alpha 66 y CORU, asentadas en los estados de la Florida y Nueva Jersey,  fueron responsables de gran parte de las acciones terroristas contra el pueblo cubano ocurridas en la década del 70 y los 80.

 

El 12 de octubre de 1971, se produjo un ataque artero contra el poblado de Boca de Samá, en la costa norte de la antigua provincia de Oriente. Esta cobarde acción contra un pequeño poblado cubano provocó dos víctimas mortales y heridas a otros vecinos del poblado, entre ellos dos niños.

 

Por esos años, el terrorismo se tradujo, igualmente, en acciones paramilitares contra embarcaciones mercantes y pesqueras de Cuba. El 4 de octubre de 1973, los pesqueros cubanos Cayo Largo 17 y Cayo Largo 34, fueron atacados por dos cañoneras tripuladas por terroristas, que asesinaron al pescador Roberto Torna Mirabal y abandonaron al resto de los tripulantes, en balsas de goma, sin agua ni comida.

 

El 6 de octubre de 1976, ocurrió el más monstruoso y repugnante acto terrorista cometido en ese período: el estallido en pleno vuelo de un avión de la aerolínea Cubana de Aviación con 73 personas a bordo, de ellas 57 cubanos, 11 jóvenes guyanenses (6 de ellos seleccionados para estudiar medicina en Cuba) y 5 ciudadanos de la RPD de Corea. Todos perecieron.

 

El atentado contra el avión civil cubano fue cometido por dos mercenarios de nacionalidad venezolana, contratados por dos de los más connotados terroristas de origen cubano: Orlando Bosch Ávila (autor de 321 acciones terroristas), quien, pese a la opinión contraria del Departamento de Justicia, recibió una autorización especial del Presidente Bush padre para residir en Estados unidos y vive en Miami desde 1990; y Luis Posada Carriles, preso actualmente en Panamá por intentar asesinar al Jefe de Estado cubano. Ambos habían sido reclutados por la CIA desde 1960 y se les había especializado en sofisticadas  técnicas de sabotaje con todo tipo de medios.  Los dos terroristas mencionados integraban entonces la organización CORU, fundada en junio de 1976 por el propio Orlando Bosch, unificando varias organizaciones terroristas. CORU incrementó considerablemente las acciones terroristas no solo contra Cuba, sino también contra otros 24 países de Europa, de América Latina y de Centroamérica.

 

Al tiempo que se continuaron desarrollando actos terroristas en el territorio cubano, el escenario de algunas de esas actividades se desplazó hacia los Estados Unidos, y se dirigieron contra intereses asentados allí de países que mantenían relaciones y comercio con nuestra nación, contra funcionarios diplomáticos cubanos en la Misión ante las Naciones Unidas, contra instituciones privadas de ese país e incluso, contra emigrados cubanos que estaban en desacuerdo con la política terrorista de la mafia cubano-americana.

 

El pueblo norteamericano experimentó con horror en su propia casa el terror que sus gobernantes habían desatado contra un pequeño país vecino a partir de 1959.

 

Las autoridades norteamericanas, lógicamente, comenzaron a reaccionar deteniendo a algunos terroristas o intentando desmantelar ciertos grupos que actuaban de forma independiente y por cuenta propia.  Para evadir la acción de las autoridades, muchos grupos utilizaron como ardid la disolución pública, el cambio en sus nombres, la interrupción temporal de sus acciones e incluso, cambiaron la base de sus operaciones hacia otros estados de la Unión.

 

Sin embargo, aquellas bandas terroristas que respetaron las normas de conducta pública impuestas por las autoridades norteamericanas y mantuvieron su accionar terrorista exclusivamente contra el territorio cubano fueron toleradas.   

 

Entre algunas de las acciones terroristas contra Cuba realizadas en el propio territorio de los Estados Unidos podrían mencionarse:

 

El 5 de junio de 1976, la Misión de Cuba ante la ONU fue objeto de un atentado con explosivos, ocasionando importantes pérdidas.

 

En 1977, se produce el asesinato de los emigrados cubanos Carlos Muñiz Varela y José Eulalio Negrín, por sus posiciones favorables al diálogo con Cuba.

 

En marzo de 1980, se colocó una potente bomba en el auto del Representante Permanente de Cuba ante la ONU, en Nueva York, y el 11 de septiembre de ese mismo año, fue asesinado el diplomático Félix García, integrante de la misma Misión.

 

 

Bioterrorismo

 

Una de las modalidades más despiadadas de terrorismo utilizadas contra los cubanos ha sido el bioterrorismo. En 1971, agentes vinculados a grupos terroristas cubanoamericanos introdujeron en Cuba el virus de la fiebre porcina africana. Al desencadenarse un brote de la enfermedad,  las autoridades sanitarias cubanas se vieron obligadas a ordenar el sacrificio de 500 mil cerdos, con el objetivo de evitar una epidemia de proporciones nacionales. Era la primera vez que la enfermedad se manifestaba en el hemisferio occidental. 

 

El bioterrorismo fue empleado no solo contra la producción agropecuaria, sino contra nuestra población.

 

En mayo de 1981, se comenzaron a reportar casos de enfermos infectados con el virus del Dengue-2, popularmente conocido como Dengue Hemorrágico, de una cepa del virus distanciada genéticamente de las que a la sazón estaban circulando en otros países del Caribe y que, en cambio, estaba relacionada con cepas de laboratorio desarrolladas únicamente en instalaciones norteamericanas. En pocas semanas,  se desató la epidemia de una enfermedad que nunca había existido en el país, alcanzando la cifra sin precedente de 344,203 personas infectadas. Fallecieron 158 personas como consecuencia de la epidemia, de ellas 101 niños.

 

Las investigaciones y los minuciosos estudios llevados a cabo evidenciaron  que la epidemia fue introducida deliberadamente en el territorio cubano por agentes terroristas al servicio del Gobierno de los Estados Unidos. Según declaraciones del experto norteamericano, coronel Phillip Russell, durante el XIV Congreso Internacional del Océano Pacífico, especialistas norteamericanos en guerra biológica habían sido los únicos en obtener una variedad del mosquito Aedes Aegypti sensiblemente asociada a la trasmisión del virus del Dengue-2.

 

En el juicio celebrado en 1984 en los Estados Unidos contra Eduardo Arocena, cabecilla de la organización terrorista Omega 7, este confesó haber introducido gérmenes en Cuba y reconoció que el virus del Dengue Hemorrágico fue introducido en la Isla por grupos radicados en los Estados Unidos.

 

Días antes de que comenzara a manifestarse la enfermedad en Cuba, el ejército norteamericano inmunizó al personal de la Base Naval de Guantánamo con una vacuna que incluía la protección contra el Dengue-2. Ello propició que en dicho enclave militar no se registrara un solo caso de la enfermedad que, en cambio, golpeó significativamente al resto del territorio nacional, sin excepción alguna.    

 

De no haber sido por el colosal esfuerzo emprendido por  todo nuestro pueblo y Gobierno, habrían podido fallecer decenas de miles de personas, en su inmensa mayoría niños. En poco más de cuatro meses, logramos derrotar una epidemia que muchos expertos pronosticaron que necesitaría años para ser erradicada. La afectación económica fue también considerable.

 

Los cambios en el escenario internacional impusieron la mutación en las  formas y manifestaciones del terrorismo contra Cuba. Los sectores más reaccionarios de la emigración cubana en Estados Unidos, y particularmente en la Florida, alentaron nuevamente la vía del terrorismo en su guerra contra Cuba, al final de la Administración Bush (padre). Eso motivó el desarrollo con cierta fuerza de diversas acciones terroristas, durante los dos mandatos de la Administración Clinton.

 

La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), financista de campañas políticas de varios legisladores e incluso presidentes estadounidenses, asumió la organización y financiamiento de las acciones terroristas contra Cuba a partir de 1992. Al servicio, bajo las órdenes y con el dinero de la FNCA, fueron reclutados en países de Centroamérica varios terroristas, que colocaron bombas en instalaciones turísticas cubanas por el cobro de una recompensa. En 1997, hicieron estallar siete bombas en hoteles e instalaciones turísticas del  país. En uno de esos atentados, falleció el joven turista italiano Fabio Di Celmo. El objetivo era claro: arruinar la industria turística cubana, la cual ya se perfilaba como principal rubro económico del país

 

Las acciones  terroristas contra Cuba no han cesado. Baste señalar que entre el 6 de agosto del 2002 y el 10 de abril de 2003, ocurrieron otros 11 actos terroristas, en su mayoría secuestros de aeronaves y embarcaciones para dirigirlas a Estados Unidos. Todas estas acciones fueron violentas, utilizándose armas blancas, objetos punzantes e incluso armas de fuego para amenazar a la tripulación y los pasajeros.

 

Los secuestradores juzgados en Cuba han sido sancionados con severas penas, lo cual generalmente no ocurrió con los procesados en Estados Unidos.

 

El pueblo y el Gobierno cubanos, que por varias décadas han luchado ejemplarmente contra el terrorismo internacional, tienen la firme voluntad de continuar enfrentando y combatiendo el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, sobre la base de la convicción de que todo acto terrorista es repudiable y debe ser combatido.

 

Cuba considera que todos los actos y acciones terroristas afectan la vida, la salud, los bienes y la seguridad de personas inocentes, violan la soberanía y la integridad territorial de los Estados, ponen en peligro el funcionamiento y la estabilidad de las instituciones nacionales, causan graves daños a la infraestructura productiva y a la actividad económica de los Estados y acentúan la desestabilización de la situación internacional, creando nuevos focos de tensión y provocando, en ocasiones, conflictos internacionales.

 

En consecuencia, Cuba aboga por una cooperación internacional verdaderamente eficaz, que permita prevenir y combatir todos los actos de terrorismo, eliminar sus causas, asegurar la aprehensión, el enjuiciamiento o la extradición de los autores, organizadores y patrocinadores de actos y acciones terroristas, así como de todos aquellos que las apoyan o financian. Sin embargo, esta cooperación debe tener legitimidad internacional y basarse en el respeto irrestricto del Derecho Internacional, de la Carta de las Naciones Unidas y de los instrumentos internacionales de derechos humanos.

 

Cuba, como muestra de su compromiso internacional en la lucha contra el terrorismo, ha ratificado o se ha adherido a los 12 Convenios y Protocolos internacionales existentes en materia de terrorismo. En diciembre de 2001, promulgó la Ley No. 93 Contra Actos de Terrorismo, que es un código integral, moderno y severo para el enfrentamiento de este flagelo.

 

No existe un terrorismo “bueno” y un terrorismo “malo”. Tampoco existen distintos tipos de terrorismos, en dependencia de quién lo lleve a cabo y contra quién se ejecuten estos actos criminales. El pueblo cubano exige justicia y que se ponga fin a la impunidad de los grupos terroristas que actúan contra Cuba desde el territorio de los Estados Unidos de América.

 

 

EL BLOQUEO GENOCIDA IMPUESTO DE MANERA UNILATERAL Y EN VIOLACIÓN DEL DERECHO INTERNACIONAL POR EL GOBIERNO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA CONTRA CUBA: VIOLACIÓN MASIVA Y FLAGRANTE DE LOS DERECHOS HUMANOS DEL PUEBLO CUBANO.

 

(Ver Informe de Cuba al Secretario General de las Naciones Unidas en virtud de la Resolución 57/11 de la Asamblea General, incluido en el documento A/58/287 de la Asamblea General de la ONU)

 

El bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba constituye un componente esencial de su política de hostilidad contra el pueblo cubano. Ningún pueblo se ha visto sometido de manera tan continuada y permanente, a una política genocida que persigue doblegar por hambre y enfermedades su resistencia frente a la dominación extranjera.

 

La resuelta voluntad de los cubanos de emprender transformaciones económicas y sociales a favor de las grandes mayorías, tuvo como respuesta de los sectores de poder en la exmetrópoli neocolonial lo que ha sido una verdadera guerra económica de exterminio, que se encuentra actualmente en una fase de máxima intensidad.

 

La absoluta falsedad de las muy diversas excusas que por más de cuatro décadas han empleado las sucesivas administraciones norteamericanas para tratar de justificar la imposición de su guerra económica y política contra Cuba, ha quedado demostrada en los propios documentos oficiales estadounidenses desclasificados en 1991 (Foreign Relations of the United States, Cuba, Volume VI, 1958-1960, Department of State, U.S. Government Printing Office, 1991). En estos aparecen testimonios y pruebas irrefutables de que esa hostilidad antecedió a cualquier medida adoptada por el Gobierno Revolucionario a partir de 1959.

 

Los representantes de la dictadura batistiana huyeron a los Estados Unidos con 424 millones de dólares robados de los fondos de la República, que fueron depositados en bancos norteamericanos y que nunca serían devueltos al pueblo cubano. Más aún, a sólo cinco semanas del triunfo popular, le fue negado a las nuevas autoridades un modesto crédito solicitado a Estados Unidos para mantener la estabilidad de la moneda nacional.

 

El gobierno revolucionario cubano, adoptó una serie de medidas destinadas a recuperar las riquezas del país y ponerlas al servicio del pueblo.  La reacción de los Estados Unidos fue rápida y agresiva: el 8 de julio de 1959, la respuesta pública congresional a la Ley de Reforma Agraria cubana, se tradujo en el otorgamiento al Presidente de mayores facultades para suspender la ayuda extranjera a todo país que confiscara propiedades norteamericanas.

 

Una tras otra se fueron sucediendo las sanciones unilaterales de Estados Unidos contra Cuba con el objetivo de generar un descalabro en su economía: la eliminación de la cuota azucarera cubana (julio/1960), la prohibición de la asistencia a Cuba y el establecimiento del embargo al comercio (Secc. 620/a de la Ley de Asistencia al Exterior de 1961) y la negativa de las empresas norteamericanas, a instancias de su Gobierno, de refinar el petróleo soviético que Cuba debió comprar tras la prohibición que se impusiera a las empresas norteamericanas en relación con la venta de combustible a Cuba.

 

El 3 de febrero de 1962, el Presidente Kennedy emitió la Proclama Nº 3447, decretando un embargo total al comercio con Cuba y orientó al Secretario del Tesoro llevar adelante las prohibiciones de exportación a nuestro país. Esta Proclama marca históricamente la oficialización del bloqueo a Cuba, que, como se ha visto, había comenzado mucho antes.

 

Desde fecha tan temprana como el 6 de abril de 1960, un informe del funcionario del Departamento de Estado I. D. Mallory, desclasificado en 1991, destacaba la finalidad perseguida con las presiones económicas que se gestaban, al expresar:

 

 “El único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas (…). Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba (…). Una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios, reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno (Department of State: Foreign Relations of United Status, volume VI, 1991, p. 886).

 

Esta guerra económica de los Estados Unidos contra Cuba carece de todo fundamento legal y, conforme a lo dispuesto en el inciso c) del artículo II de la Convención de Ginebra para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de 9 de diciembre de 1948, califica como un acto de genocidio, así como es la verdadera y más flagrante, masiva y sistemática violación de los derechos humanos de todo el pueblo de Cuba.

 

El Gobierno cubano ha tenido que enfrentar a lo largo de los años nuevas y constantes medidas dirigidas a reforzar esta política agresiva contra Cuba, que ha causado y sigue ocasionando serias y onerosas afectaciones al bienestar material, físico, psíquico y espiritual del pueblo cubano, a la vez que ha limitado su desarrollo económico, cultural y social, y ha obligado a sucesivas generaciones de cubanos a vivir bajo un clima de permanente hostilidad y tensión.

 

Estudios preliminares demuestran que las afectaciones por esta política genocida superan ya los 72 mil millones de dólares. Esta cifra, aún conservadora, no incluye los más de 54 mil millones de dólares imputables a daños directos ocasionados a objetivos económicos y sociales del país por los sabotajes y acciones terroristas estimuladas, organizadas y financiadas desde los Estados Unidos.

 

Los Sistemas Nacionales de Salud y Educación y la alimentación del pueblo cubano han sido objetivos priorizados de las agresiones norteamericanas.

 

El bloqueo ha causado graves daños al Sistema Nacional de Salud cubano, entorpeciendo la adquisición de tecnologías, materias primas, reactivos, medios de diagnóstico, equipos y piezas de repuesto y medicamentos, incluidos los necesarios para el tratamiento de enfermedades crónicas y penosas que ponen en riesgo la vida de seres humanos, entre ellas el cáncer.

 

La compra de citostáticos, medicamentos vitales en la supervivencia de los enfermos de cáncer, se ha visto seriamente dañada debido a que las transnacionales estadounidenses han comprado laboratorios farmacéuticos en otros países que tenían contratos con Cuba.

 

Por otra parte, como consecuencia del bloqueo, y sólo por citar un ejemplo, Cuba no pudo adquirir el kit necesario para la detección del coronavirus causante de la Neumonía Atípica (SARS), producido por la firma VITRO GEN.

 

Las consecuencias de estas prohibiciones en muchos casos han resultado dramáticas, no sólo por el sufrimiento humano de los pacientes y sus familiares, sino porque el personal médico se ha visto imposibilitado en ocasiones de salvar una vida o aliviar una dolencia (Ver Informe de Cuba al Secretario General de las Naciones Unidas en virtud de la Resolución 57/11 de la Asamblea General, incluido en el documento A/58/287 de la Asamblea General de la ONU).

 

A pesar de estas afectaciones, la prioridad que brinda el Gobierno cubano a la salud de su pueblo ha permitido alcanzar y mantener un elevado nivel de servicios médicos, totalmente gratuitos y con una cobertura universal.

 

Otra de las esferas que tradicionalmente han sido afectadas por las restricciones impuestas por el bloqueo ha sido el sector de la alimentación, a pesar de las compras de alimentos que venciendo enormes obstáculos y restricciones ha realizado Cuba en los Estados Unidos en los últimos años.  

 

Lo cierto es que las ventas de alimentos a Cuba están sometidas a complejos procedimientos y normas que dificultan enormemente su realización. Las empresas estadounidenses deben realizar engorrosos trámites burocráticos para obtener la licencia que las autorice a vender sus productos a Cuba. Asimismo, nuestro país debe efectuar las compras en efectivo; sin posibilidad de créditos financieros, ni siquiera privados; a través de bancos ubicados en terceros países; y en otras monedas, con las consiguientes pérdidas en las operaciones bancarias. Tampoco pueden los barcos cubanos participar en la transportación.

 

A ello se suma el hecho de que nuestro país no puede efectuar ningún tipo de venta a empresarios estadounidenses interesados en la compra de productos cubanos y por lo tanto, se excluye la posibilidad de crear fuentes de ingresos que permitirían ampliar las operaciones. Sólo por no poder exportar productos agrícolas a Estados Unidos en el año 2002 Cuba dejó de ingresar 114 millones de dólares.

 

La compra de alimentos ha sido resultado de ingentes esfuerzos de las empresas de ambos países para lograr la negociación, contratación y ejecución de las operaciones y no de la voluntad del gobierno norteamericano. El propio Presidente de los Estados Unidos se ha encargado de aclarar que independientemente de dichas ventas, el bloqueo sigue en pie, sin modificación alguna y que, por el contrario, se están reforzando las medidas de coerción económica y las sanciones vigentes.

 

En el campo de la educación, la guerra económica contra Cuba también ha originado cuantiosas pérdidas. Como es conocido, todos los cubanos tienen, sin distinción o diferencias de género, color de la piel, credo político o religioso, acceso equitativo a los medios de la educación de manera gratuita durante todo el proceso de enseñanza, incluido los Sistemas de Enseñanza Especial y la Universitaria. Las afectaciones se reflejan en el aseguramiento material de las escuelas cubanas, en aspectos tan sensibles como los libros de texto, lápices y libretas, uniformes escolares, medios para la educación artística y el deporte escolar, entre otros. El impacto de estas medidas ha podido ser superado sólo por la inventiva y perseverancia de un claustro de profesores altamente calificado y profundamente comprometido con su labor, y los extraordinarios esfuerzos realizados por el gobierno y el pueblo cubanos a lo largo de cuatro décadas.

 

Sólo en el decenio de 1990, el poder de compra del financiamiento disponible para la importación de medios y recursos destinados a las escuelas cubanas disminuyó entre un 25 y un 30%, como resultado de tener que adquirir dichos medios en mercados lejanos, y en ocasiones, a precios superiores, por las restricciones que el bloqueo impone a Cuba (a pesar de esas carencias, la UNESCO ha reconocido el empeño del Gobierno cubano en  desarrollar programas educacionales que eleven el nivel cultural de toda la sociedad cubana y su participación en proyectos solidarios en beneficio de otros pueblos. Podría citarse al respecto el apoyo a las campañas de alfabetización en Haití y Venezuela, a partir de  metodologías desarrolladas por  pedagogos cubanos).

 

La política genocida de bloqueo ha tratado de impedir a toda costa el acceso de Cuba a las nuevas tecnologías, a los avances de la ciencia y la técnica, y a las fuentes de financiamiento y créditos para el desarrollo a través de organismos e instituciones financieras internacionales.

 

Ni una sola actividad económica y social cubana ha quedado exenta de la acción destructora y desestabilizadora resultante de esta política.  Sólo en el año 2002, las pérdidas para Cuba por contrataciones a precios más elevados que los que hubiera tenido en condiciones normales ascendieron a 403.5 millones de dólares.

 

El bloqueo de Estados Unidos contra Cuba agrava sus efectos nefastos sobre el pueblo cubano por su marcado carácter extraterritorial, institucionalizado y sistematizado por las leyes Torricelli y Helms Burton, haciendo extensiva dicha política a las actividades de subsidiarias de empresas norteamericanas y a los barcos que operan en terceros países y a una amplia y variada gama de actividades internacionales de naturaleza comercial, financiera, tecnológica y de otra índole, en las cuales Estados Unidos desempeña un papel significativo en su condición de primera potencia económica mundial.  

 

El gobierno republicano del Presidente Bush ha adoptado nuevas disposiciones para reforzar el bloqueo, en contra de la voluntad de la comunidad internacional y de su propia opinión pública, llegando incluso a amenazar con el recurso al veto presidencial frente a toda medida que pueda ser adoptada por el Congreso con el fin de aliviar esta genocida política.

 

En el transcurso del 2003, el Gobierno de Estados Unidos emitió nuevas regulaciones y aplicó de manera más severa disposiciones ya vigentes, con el objetivo de restringir al máximo el intercambio bilateral en las esferas académica, científica, cultural y deportiva, con el consiguiente daño a las relaciones históricas entre los pueblos cubano y norteamericano.

 

 ¿Cómo pudo crearse a lo largo de estos años un sistema tan meticuloso e infernal para impedir a todo un pueblo acceder a productos esenciales procedentes del principal mercado del mundo, máxime si se toma en cuenta que algunos de ellos son únicos y no pueden ser suministrados a precio alguno por otro proveedor?

 

¿Cómo podrían justificarse esas prácticas, ya no sólo frente a las normas universales de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, sino incluso vistas a la luz de los principios de la liberalización económica y comercial que promueven los países industrializados, incluidos los Estados Unidos, en el marco del proceso de globalización en curso?

 

El Gobierno de los Estados Unidos de América ignora las resoluciones aprobadas anualmente desde 1992 por la Asamblea General de las Naciones Unidas exigiendo el levantamiento del bloqueo. La correspondiente al año 2003 fue aprobada en votación récord de 179 votos a favor. 

 

El pueblo cubano no podrá disfrutar plenamente de todos sus derechos humanos mientras se mantenga contra él la más aberrante e inhumana violación a sus derechos: el bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene ilegalmente contra él por más de 40 años el Gobierno de los Estados Unidos de América.

 

un verdadero “agujero negro moral y jurídico” en el territorio ilegalmente ocupado por la base naval de estados unidos en guantanamo.

 

Los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 sirvieron de pretexto al desencadenamiento de una verdadera estrategia neofascista de dominación planetaria, que ya tenían lista los ideólogos de las fuerzas ultraderechistas y militaristas que detentan el poder en los Estados Unidos. La Administración del Presidente Bush ha desatado una feroz ola represiva,  limitando las libertades civiles y políticas en lo interno y, principalmente, restringiendo el disfrute del derecho a la libre determinación, el desarrollo y la paz de numerosos pueblos de terceros países.

 

En nombre de una supuesta lucha contra el terrorismo, el Gobierno de la superpotencia ha lanzado guerras imperialistas de conquista para reafirmar su supremacía mundial y para controlar importantes recursos estratégicos, en las cuales se han pisoteado las más esenciales normas del Derecho Internacional Humanitario y se ha erosionado de modo grave y persistente el respeto y protección de todos los derechos humanos básicos, incluyendo el derecho a la vida y a la libertad.

 

A la violación de los derechos humanos de miles de extranjeros detenidos arbitrariamente en el territorio de los Estados Unidos, se añade el limbo jurídico y existencial en que han sido mantenidas más de 600 personas, incluidos niños, recluidas de forma arbitraria en inhumanas condiciones en la Base Naval enclavada en Guantánamo, territorio que por más de 100 años mantiene ocupado ilegalmente en la Isla de Cuba, como perenne agresión contra la dignidad y la voluntad soberana del pueblo cubano.

 

Tras su guerra en Afganistán, el Gobierno de los Estados Unidos adoptó la decisión de alojar en los terrenos de su  base militar en Guantánamo a prisioneros de la “guerra contra el terrorismo”.

 

En aquel momento, mediante una Nota Oficial de fecha 11 de enero de 2002, el Gobierno cubano declaró que no crearía obstáculos al desarrollo de la operación, si bien calificó el hecho como un traslado de prisioneros de guerra extranjeros por parte del Gobierno de Estados Unidos a una instalación militar ubicada en un espacio del territorio cubano, sobre el cual Cuba ha sido privada del derecho a ejercer jurisdicción. Se añadió en esa nota, que tal decisión estadounidense no se ajustaba a las normas que dieron origen a esa instalación.

 

Mediante la Nota Oficial, el Gobierno de la República de Cuba valoró positivamente las declaraciones públicas de las autoridades norteamericanas en el sentido de que los prisioneros en la Base recibirían un tratamiento adecuado y humano, y manifestó que estaba en disposición de cooperar con los servicios de asistencia médica que fuesen requeridos.

 

Sin embargo, la realidad en esa Base estadounidense ha sido otra bien distinta. Allí se ha fraguado y ha persistido una de las más abominables prácticas en la era moderna de violaciones masivas y flagrantes a los derechos humanos de cientos de personas, desprovistos del sentido mismo de su esencia humana.

 

En ese territorio, cuya usurpación se mantiene en contra de la voluntad expresa del pueblo cubano, cientos de prisioneros extranjeros se mantienen arbitrariamente detenidos, sometidos a vejaciones indescriptibles, totalmente aislados, sin posibilidad de comunicarse con sus familias o disponer de una defensa adecuada. Las alegaciones de cargos contra la mayoría de ellos siguen siendo una incógnita.  Algunos de los muy pocos que han sido puestos en libertad, han narrado los horrores de ese campo de concentración, donde se practican repudiables formas de tortura y tratos crueles, degradantes e inhumanos. 

 

Creaciones conceptuales como la de “combatientes ilegales”, o la institución de aberraciones jurídicas como los llamados “tribunales militares ad hoc”, fabricados por Estados Unidos para justificar el deshumanizante trato brindado a los prisioneros de guerra,  resultan a todas luces contrarias al Derecho Internacional y a los Convenios de Ginebra de 1949.

 

Los “tribunales” que se impondrían,  estarían facultados para dictar sentencias de muerte y sus decisiones serían inapelables, carecerían de la más mínima independencia y restringirían el derecho de los acusados a elegir abogado y a una defensa eficaz. Podrían aceptarse pruebas extraídas bajo posible tortura o coacción.

 

La comunidad internacional levanta su voz de condena a lo que  ocurre en la Base Naval que los Estados Unidos mantienen ilegalmente en el territorio cubano de Guantánamo, convertida en almacén de presos, sin juicios y sin causas, sin abogados y sin la más mínima señal del debido proceso, todo ello bajo el permanente ambiente de histeria y temor en que la extrema derecha fundamentalista que detenta el poder hace vivir al pueblo estadounidense, con sus continuos anuncios alarmistas y sus medidas arbitrarias.

 

La lucha contra el terrorismo no puede llevarse a cabo mediante el terror que imponen la negación de derechos y el ejercicio de un llamado derecho unilateral de hacer la guerra.

 

El Comité Internacional de la Cruz Roja, importantes juristas, académicos, organizaciones no gubernamentales; y algunos mecanismos de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos, así como representantes de muchos gobiernos en el mundo, han exigido al Gobierno de los Estados Unidos que aclare inmediatamente la situación legal de los prisioneros recluidos en su base naval en lo que se refiere a las normas internacionales en materia de Derechos Humanos y de Derecho Internacional Humanitario.

 

El Gobierno de la República de Cuba insta al Gobierno de los Estados Unidos a poner fin al “agujero negro moral y jurídico” en que ha convertido al territorio ilegalmente ocupado en Guantánamo por su Base Naval. El pueblo cubano tiene graves preocupaciones por la suerte que están corriendo las personas arbitrariamente detenidas en esa parte de su territorio.

 

Esa Base Naval fue parte del botín directo de guerra que se aseguró Estados Unidos, tras la intervención militar y ocupación de la Isla que imposibilitó al pueblo cubano acceder a la verdadera independencia.

 

La Base Naval en Guantánamo es una consecuencia del ilegal Convenio para las Estaciones Carboneras y Navales, firmado en 1903 entre el Gobierno de Estados Unidos y el gobierno permitido a Cuba por la potencia neocolonial, en circunstancias en que nuestro pueblo no podía ejercer su soberanía. Este tipo de facilidades para bases navales,  había sido exigido por Estados Unidos en el apéndice constitucional impuesto a Cuba como condición para la retirada de las tropas estadounidenses: la tristemente célebre Enmienda Platt.

 

El Convenio para las Estaciones Carboneras y Navales, establecía el derecho "a hacer todo cuanto fuere necesario para poner dichos lugares (inicialmente los lugares seleccionados para construir bases navales eran Bahía Honda -que nunca se llegó a utilizar- y la Bahía de Guantánamo) en condiciones de usarse exclusivamente como estaciones carboneras o navales y para ningún otro objeto".

 

Treinta y un años más tarde, el 29 de mayo de 1934, en el espíritu de la política norteamericana del "Buen Vecino", bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt,  fue firmado un nuevo Tratado de Relaciones entre la República de Cuba y Estados Unidos de América, que derogó el de 1903.

No obstante, en ese nuevo Tratado, Estados Unidos garantizó la permanencia de la Base Naval de Guantánamo y la plena vigencia de las normas que regían su “arrendamiento”.

 

Durante todo el período neocolonial, la Base Naval norteamericana en Guantánamo sirvió de sostén a los gobernantes corruptos y sanguinarios que la política imperialista de los Estados Unidos hacía mantener en Cuba a contrapelo de los intereses del pueblo cubano. Incluso, durante el año 1958, no fueron pocas las aeronaves de guerra de la dictadura batistiana que se reaprovisionaron allí con bombas y combustible para continuar sus bombardeos contra la población civil de las provincias orientales de Cuba.

 

Al triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, año en que se alcanzó por primera vez la plena independencia --ya no la formal del 20 de mayo de 1902-- la Base Naval en Guantánamo se convirtió en foco permanente de amenaza, provocación y violación de la soberanía de la República, dentro del contexto de la política que Estados Unidos comenzó a aplicar contra Cuba, con su secuencia de agresiones, crímenes y sabotajes.

 

El Gobierno de Cuba denunció decenas de veces tales provocaciones, no sólo ante el Gobierno de los Estados Unidos, sino también ante las Naciones Unidas, argumentando que el enclave colonial (Las resoluciones de la Asamblea General de Naciones: 1514 (XV) de 14 de diciembre de 1960;  Resolución 2189 (XXI) de 13 de diciembre de 1966 y la Resolución 2625 (XXV) de 19 de diciembre de 1967,  recaban la urgente necesidad, para la paz y la seguridad internacionales, del fin del colonialismo en todas sus manifestaciones ) estadounidense en Guantánamo no ha tenido jamás el uso declarado en el espurio Tratado plattista de 1903 de defender a Cuba, o el uso declarado también en el inválido Tratado de 1934, exponente de las relaciones “de amistad” entre ambos países.

 

Por el contrario, a lo largo de más de cuatro décadas, esta Base fue empleada para múltiples usos, ninguno de los cuales estaba comprendido en el texto del acuerdo con que se justificó su presencia en nuestro territorio.

 

La Base se convirtió en causa de numerosas fricciones entre Cuba y los Estados Unidos. La inmensa mayoría de los más de tres mil ciudadanos cubanos que allí laboraban fueron expulsados de su puesto de trabajo y sustituidos por personal de otros países. 

 

Durante el período revolucionario, fueron frecuentes los disparos desde esa instalación hacia la parte del territorio libre de Cuba; soldados cubanos murieron como consecuencia de esos hechos; y mercenarios al servicio de la potencia extranjera encontraron en esa instalación apoyo y refugio. Incluso, se utilizó dicha Base como centro de un plan de autoagresión concebido por el gobierno de los Estados Unidos en la década de 1960, conocido por los servicios especiales norteamericanos como “Plan Patty”, y que fuera frustrado por los órganos de la seguridad cubana. Conforme a dicho plan, grupos de agentes norteamericanos infiltrados en territorio cubano dispararían contra la Base haciendo creer que ésta estaba siendo atacada por las Fuerzas Armadas cubanas, los que les daría el pretexto de desencadenar una agresión. 

 

En otra ocasión, y nuevamente por decisión unilateral de los gobernantes de Estados Unidos, decenas de miles de migrantes, haitianos y nacionales cubanos que trataban de viajar ilegalmente a Estados Unidos por sus propios medios, fueron concentrados en esa base militar.

 

A lo largo de casi medio siglo, nunca se produjeron las condiciones propicias para un análisis sereno, legal y diplomático con el propósito de alcanzar la única solución lógica y justa a esta larga, crónica y anómala situación: el reintegro a nuestro país de ese espacio de su territorio nacional ocupado contra la voluntad de nuestro pueblo.

 

Un principio básico de la política cubana ante este problema potencialmente peligroso entre Cuba y Estados Unidos, que ha perdurado decenas de años, ha sido evitar que nuestro reclamo se convirtiera en tema prioritario y ni siquiera en asunto de especial importancia entre las numerosas y graves diferencias que existen entre ambos países, reconociendo que en los  últimos años, se ha podido respirar una atmósfera de mayor distensión y respeto mutuo.

 

Cuba se ha esforzado en aplicar allí una política especialmente cuidadosa y ecuánime.

 

La posición del Gobierno cubano en cuanto a la situación legal de la Base Naval norteamericana en Guantánamo es que, por constituirse en la figura jurídica del arrendamiento, no se otorgó un derecho perpetuo sino temporal sobre esa parte de nuestro territorio, por lo que a su debido tiempo, como un justo derecho de nuestro pueblo, el territorio ilegalmente ocupado de Guantánamo debe ser devuelto por medios pacíficos a Cuba.

 

Más allá del tema de la ilegal permanencia de la Base Naval en su territorio, cuestión que será resuelta cuando las condiciones lo permitan, hoy el pueblo cubano se une al justo clamor de la comunidad internacional para que se ponga fin a lo que está ocurriendo allí. La erradicación de esa flagrante violación de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario no puede esperar. Debe evitarse que ese grave precedente se extienda.

 

La detención sin cargos ni juicio por tiempo indefinido, la reclusión en pequeñas celdas hasta 24 horas al día, la obligación de permanecer esposado durante el poquísimo tiempo de ejercicio permitido, la crueldad con los familiares por la incertidumbre derivada de la difícil situación de sus seres queridos, los reiterados interrogatorios sin acceso a un abogado y la posibilidad de que se lleven a cabo ejecuciones tras juicios injustos y sin derecho de apelación, constituyen una aberración y una afrenta a la justicia y la dignidad humana.

 

Las personas consideradas “combatientes ilegales”, están sometidas a reglamentos castrenses arbitrarios, que contemplan la posibilidad de torturar al detenido y los privan de recursos jurídicos como el habeas corpus. Pueden estar detenidos sin cargos concretos por tiempo indefinido y sus abogados sufren diversas restricciones. Tampoco tienen opción de pedir la comparecencia de determinados testigos. Todo detenido que desee un defensor distinto al militar que le asignan, debe primero declararse culpable, con lo cual se niega burdamente el principio de presunción de inocencia.

 

Pero no todos los presos sufren por igual. Se ha venido aplicando un claro patrón de arbitraria selectividad y dobles raseros. A quienes tienen ciudadanía de un país aliado en la “coalición de los dispuestos”,  Bush les “concede” unas cuantas garantías.  A estos “afortunados” se les permite hablar en privado con sus abogados, algo que se niega al resto.

 

¿Cómo la superpotencia puede sostener la tesis de un supuesto “compromiso” con los derechos humanos del pueblo cubano, si al propio tiempo utiliza la parte de su territorio que mantiene ocupada para construir un verdadero “agujero negro” de los derechos humanos?

 

Cuba reafirma su condena a las masivas, flagrantes y sistemáticas violaciones de los derechos humanos que sufren cientos de personas detenidas arbitrariamente por el Gobierno de los Estados Unidos, dentro y fuera de su territorio, y en particular, en la Base Naval que mantiene ilegalmente bajo su jurisdicción en Guantánamo. El pueblo cubanoapoya y hace suyo el llamado de la comunidad internacional para que se establezca un pronunciamiento claro y consecuente acerca de esta grave situación.

 

CINCO jovenes defensores de los derechos humanos del pueblo cubano prisioneros injustamente en los estados Unidos.

 

René González Sehwerert, Ramón Labañino Salazar, Gerardo Hernández Nordelo, Fernando González Llort y Antonio Guerrero Rodríguez, son cinco jóvenes cubanos luchadores contra el terrorismo y defensores de los derechos humanos del pueblo cubano.

 

El Gobierno de los Estados Unidos aplica contra esos cinco jóvenes, detenidos de manera arbitraria hace cinco años en ese país, prácticas sostenidas, sistemáticas y graves de tortura y malos tratos, las cuales forman parte de una bochornosa confabulación encaminada a doblegar la integridad física y moral de estos cinco defensores de los derechos humanos del pueblo cubano. Estos valientes jóvenes, al riesgo de sus propias vidas, se mantuvieron alertando y previniendo la consumación de numerosas acciones terroristas contra Cuba, planeadas y organizadas por varios grupos que operan con impunidad en el territorio de los Estados Unidos.

 

Ellos son todos intelectuales. Ninguno cometió acción violenta alguna. Los hechos por los que se les acusa están relacionados con el ejercicio pacífico del derecho de legítima defensa del pueblo cubano frente al terrorismo. Ellos trabajaban en defensa del derecho a la vida, al bienestar y al desarrollo de su pueblo. Actuaron sólo respetando su conciencia y principios e inspirados en un profundo amor a su pueblo. El único instrumento de lucha de cada uno de ellos fue su propia inteligencia y su sacrificio, convencidos de que de la información que obtuvieran para neutralizar las acciones terroristas de los grupos anticubanos asentados en Estados Unidos dependía la vida de hombres, mujeres y niños en Cuba. Miles de cubanos han sido asesinados o mutilados permanentemente en más de 40 años a consecuencia de la actividad de estos grupos, cuyos campos de entrenamiento y campañas de reclutamiento y recaudación de fondos tienen amplia cobertura publicitaria en ciudades como Miami.

 

Las actividades criminales de esos grupos terroristas contra Cuba constan en documentos oficiales desclasificados del propio gobierno norteamericano y han sido reflejadas.

 

A continuación se presentan algunos elementos que manifiestan el carácter amañado y políticamente manipulado del proceso seguido contra los Cinco jóvenes luchadores antiterroristas y defensores de los derechos humanos de su pueblo.

 

Miami: un lugar completamente hostil e imposible para la justicia.

 

La garantía de un jurado imparcial (El Doctor Gary Morgan, experto en psicología y profesor de la Universidad Internacional de la Florida, propuesto por la Defensa y designado por el Tribunal, testificó que una encuesta realizada en el condado de Dade reveló que el 69% de los encuestados del condado y el 74% de todos los hispanos encuestados, están predispuestos en contra de personas acusadas por las actividades expuestas en la acusación. El 49% de todos los encuestados dijo que no podían ser justos o imparciales) fue totalmente ignorada al insistirse en realizar una farsa de juicio contra los Cinco jóvenes en Miami, lugar completamente hostil y parcializado contra los acusados. Se violaron groseramente la V y VI enmiendas de la Constitución de Estados Unidos.

 

Miami es la ciudad de los Estados Unidos donde grupos terroristas han hecho estallar bombas y han agredido violentamente a quienes han querido ir a escuchar una orquesta cubana y donde se mantuvo secuestrado, a despecho de las decisiones de tribunales competentes, durante cuatro meses,  al niño  Elián González.

 

Violación del Principio del Debido Proceso Legal

 

Se impusieron sanciones por graves delitos sin haberse presentado una sola evidencia concreta y exacta, violándose el principio de que la Fiscalía debe probar los delitos imputados más allá de toda duda razonable.

La defensa se vio constantemente constreñida en su derecho a disponer libremente de la documentación considerada evidencias, para su estudio y examen, dado que fue clasificada bajo la CIPA (Ley de Procedimiento de Información Clasificada). Su desclasificación se produjo de manera arbitraria, dificultando muchas veces el acceso a los abogados de la defensa con la suficiente antelación para una adecuada valoración, al tiempo que no se accedía a varias solicitudes de la defensa para que algunos documentos que resultaban relevantes en el esclarecimiento de los hechos, fuesen considerados como documentos oficiales e incorporados como pruebas.

 

Se permitió a la Fiscalía la manipulación constante de los testigos y se potenció una campaña de prensa dirigida a atemorizarlos, dificultando unas veces, e impidiendo otras, que se pusieran de manifiesto ante el jurado y la Corte, hechos e informaciones que constituyen evidencias favorables a la defensa de los acusados.

 

Condiciones de reclusiones crueles y dirigidas a obstaculizar gravemente la defensa, y que ha ocasionado a los Cinco y a sus familiares torturas y sufrimientos que califican como flagrantes violaciones a sus derechos humanos.

 

En violación de las Reglas Mínimas de Naciones Unidas para el tratamiento de reclusos, el artículo séptimo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos e incluso la VIII Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, se les mantuvo tras su detención en confinamiento solitario en celdas de castigo, sin haber cometido indisciplina alguna, en dos períodos —el primero de 17 meses y el segundo de 48 días.

 

El pasado mes de abril de 2003, los Cinco fueron sometidos nuevamente a los horrores de “El Hueco”. En esta ocasión, el objetivo perseguido por las autoridades gubernamentales estadounidenses fue el de obstaculizar la preparación de los documentos apelatorios que fueron presentados en el XI Circuito de la Corte de Atlanta y la demanda de un juicio justo e imparcial fuera de Miami.

 

Malos tratos y tortura emotiva y sicológica contra los familiares de los Cinco jóvenes.

 

Por la persistente negativa de visas de las autoridades estadounidenses Adriana Pérez y Olga Salanueva no han podido ver a sus respectivos esposos, Gerardo Hernández y René González, desde que fueron detenidos hace cinco años. La decisión afecta también a la pequeña Ivette, hija de René, que no conoce a su padre, pues tenía cuatro meses al momento de su detención. (En el colmo de los despropósitos y la desfachatez, la Administración estadounidense  ha utilizado como pretexto para la negativa de visa la supuesta condición de Adriana y Olga de terroristas, y más recientemente, alegaciones como supuestas agentes de inteligencia, saboteadoras o que pueden provocar el derrocamiento del Gobierno de los EE.UU. por la fuerza, la violencia u otros medios ilegales)

 

Con el objetivo de denunciar las flagrantes violaciones de derechos humanos de que son víctimas los Cinco y sus familiares, Olga y Adriana se entrevistaron con el Alto Comisionado Adjunto para los Derechos Humanos, Sr. Bertrand Ramcharan, con el Presidente del Grupo sobre la Detención Arbitraria, Sr. Louis Joinet, y con el Relator contra la Tortura, Sr. Theo C. van Boven, en el marco del 59º período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos, en Ginebra.

 

En violación a las obligaciones y deberes establecidos en la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, el Departamento de Estado ha continuado creando obstáculos para que los funcionarios consulares cubanos cumplan con su deber y su derecho de brindar asistencia consular a los Cinco. Todo apunta a que en el año 2004 aumentará la presión y se incrementarán dichos obstáculos. (Ver Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba de 14 de Enero de 2004)

 

Defensores de los derechos humanos de su pueblo, sí; espías, no.

 

En una acción sin precedentes, los Cinco fueron condenados por supuesto espionaje contra Estados Unidos, sin que se presentaran pruebas o testimonios que sustentaran daños, perjuicios o violaciones a la seguridad de los Estados Unidos o a los intereses de su pueblo. Hubo testigos que específicamente negaron que ellos hubiesen realizado espionaje, entre ellos el general Clapper, ex-jefe de la DIA, quien concurrió al juicio como experto de la Fiscalía y ex altos oficiales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, tales como los Generales Wilhelm y Atkeson, el Almirante Carroll y el Coronel Buckner. (General James R. Clapper, ex-jefe de la DIA (Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa); General Charles Wilhelm, ex-comandante en jefe del Comando Sur; General Edward Atkeson, ex-vicejefe del Estado Mayor del Ejército para Inteligencia; Almirante Eugene Carroll, ex-vicejefe de Operaciones Navales y el Coronel George Buckner que ocupó una posición destacada en el Comando del Sistema de Defensa Aérea de Norteamérica )

 

- No se cometieron actos de violencia o perjuicio alguno contra las personas o sus bienes.

 

Resulta alarmantemente escandalosa la injusticia de condenar a Gerardo Hernández por asesinato premeditado, sin haberse presentado en su contra pruebas o testigos, ni siquiera evidencias circunstanciales, que lo vincularan personalmente con incidente alguno de tal naturaleza. Se le atribuyó, sin evidencias o testigos, responsabilidad en los sucesos del 24 de febrero de 1996, día en que las autoridades cubanas derribaron 2 avionetas que realizaron invasiones reiteradas a su territorio nacional.

 

Al juzgar la decisión ejecutada ese día en legítima defensa por la República de Cuba, el Tribunal, violó la Doctrina del Acto de Estado que ha sido clara y reiteradamente reconocida por la Corte Suprema de Estados Unidos. Al juzgar la conducta del Estado cubano, el Tribunal de Miami violó el Derecho Internacional y el norteamericano y al personalizar esa conducta en Gerardo Hernández, quien no representaba a ese Estado, no desempeñaba ninguna función en la fuerza aérea cubana, ni tuvo participación alguna en el incidente ocurrido ese día, el Tribunal violó groseramente las nociones básicas del derecho penal.

 

Ocultamiento por el Gobierno estadounidense de las evidencias y pruebas de las acciones terroristas contra el pueblo cubano en el proceso contra los Cinco.

 

El Gobierno estadounidense presentó varias mociones para excluir de las deliberaciones del juicio la consideración de las actividades de grupos terroristas contrarrevolucionarios asentados en Miami, que lógicamente eran la motivación del accionar de los Cinco.

 

Con este objetivo, la Fiscalía preparó y presentó una moción para que connotados terroristas se acogiesen a la Quinta Enmienda de la Constitución norteamericana; impidiendo los testimonios de esos individuos y la declaración acerca de sus acciones terroristas contra el pueblo cubano, elementos claves en la argumentación de las motivaciones de los Cinco.

 

Irregularidades en la selección del jurado.

 

En ninguna otra jurisdicción los acusados se verían obligados a utilizar 9 de sus 15 vetos perentorios, sólo para eliminar como miembros del jurado a personas  vinculadas con los grupos anticubanos que operan en el sur de la Florida.

 

La Fiscalía recusó 6 candidatos a integrar el jurado,  sin causa distinta a la de ser afro-norteamericanos.

 

Comportamiento sospechosamente inusual del jurado

 

A pesar de escuchar las declaraciones de 74 testigos (43 de la fiscalía y 31 de la defensa), en un período de casi siete meses, el jurado de Miami sólo deliberó por breves períodos de tiempo y anunció con gran antelación el día y la hora exactos en que pronunciaría su veredicto. No solicitó ninguna aclaración, no expresó duda alguna, a pesar de la complejidad que suponía su tarea —decidir sobre una documentación de decenas de miles de páginas y decenas de cargos contra cinco acusados. Se emitió de forma expedita un veredicto de culpabilidad para los Cinco en todos los cargos imputados.

 

Carácter politizado e irracionalmente desmesurado de las sentencias.

 

La jueza no aceptó ninguna de las circunstancias atenuantes probadas en el proceso y acogió las agravaciones solicitadas por la Fiscalía. Gerardo, fue condenado a dos cadenas perpetuas, más 15 años; Ramón, a una cadena perpetua, más 18 años; Antonio, a una cadena perpetua, más 10 años; Fernando, a 19 años;  y René,  a 15 años.

 

Los Cinco son prisioneros políticos a los cuales se les niega su condición y se les mantiene sujetos al mismo régimen y en promiscuidad con delincuentes comunes, violándose el artículo 8 de las Reglas Mínimas de Naciones Unidas para el tratamiento de los reclusos.

 

 

Los Cinco fueron dispersados en cinco cárceles, en 5 distintos Estados,  en los puntos más distantes de la geografía estadounidense.

 

Los Cinco se encuentran a una gran distancia de las oficinas de sus respectivos abogados en el territorio de Estados Unidos, lo cual hace sumamente difíciles sus contactos con ellos, así como con familiares y amigos, Se intenta dificultar el trabajo de preparación de la apelación por parte de ellos y de sus representantes legales.

 

El verdadero problema: Terroristas con impunidad

 

Los Cinco demostraron en el juicio que sus únicas acciones de búsqueda de información en los Estados Unidos estaban relacionadas con la vigilancia al terrorista de origen cubano José Basulto y a la organización que creó bajo el apelativo de  "Hermanos al Rescate", así como a las actividades de otros connotados terroristas de origen cubano que actúan con impunidad contra Cuba desde los Estados Unidos, como Orlando Bosch, responsable de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano donde murieron 73 personas, incluido todo el equipo juvenil cubano de esgrima. Otro terrorista cuyas actividades contra el pueblo cubano fueron objeto de seguimiento por los Cinco, fue Luis Posada Carriles, quien actualmente está siendo procesado judicialmente en Panamá, junto a otros 3 terroristas también de origen cubano, por un plan de asesinato contra el Jefe de Estado cubano, Fidel Castro, que sería llevado a cabo colocando decenas de kilogramos de explosivos C-4 en el paraninfo de la Universidad de Panamá, y que serían detonadas en el momento en que el líder cubano se estuviera reuniendo allí con un millar de estudiantes y profesores panameños. Posada Carriles, con el dinero de la Fundación Nacional Cubano Americana con sede en Miami, orquestó los atentados terroristas realizados en hoteles cubanos en 1997, que tuvieron como resultado la muerte de un turista italiano, mientras varias personas resultaron heridas (En sendos artículos de fecha 12 y 13 de julio de 1998 del diario “The New York Times”, Luis Posada Carriles admitió haber organizado la campaña de atentados con el uso de explosivos contra centros turísticos en Cuba y reconoció que los líderes de la Fundación Nacional Cubano Americana habían financiado sus operaciones. Admitió haber pagado y enviado a Cuba a quienes colocaron las bombas en los hoteles habaneros. Refiriéndose al turista italiano asesinado por una de ellas, dijo al Times “… estaba sentado en el sitio equivocado, en el momento equivocado”).

 

La jueza Joan Lenard cometió varias violaciones que contribuyeron a privar a los acusados de sus más elementales derechos y obstaculizó el trabajo de la defensa

 

En la Corte Federal de Miami, la Jueza Lenard, primero rechazó la solicitud de los abogados de la Defensa para tener acceso a la documentación que fue clasificada -  en la cual estaría la inmensa mayoría de las supuestas evidencias utilizadas para acusar y sancionar a los Cinco -,  y luego otra moción presentada por el Sr. Weinglass, defensor de Antonio Guerrero (y a la que se sumaron el resto de los abogados de la Defensa), solicitando un nuevo juicio y su celebración en una sede distinta a Miami.

 

Para esta moción, la Defensa presentó una nueva evidencia, basada en el caso Ramírez vs. Ashcroft, del año 2002, en el que concurrió una actitud dolosa y mal intencionada de un gobierno. En el litigio Ramírez vs. Ashcroft, la Fiscalía terminó siendo la acusada, y cuando tuvo que concurrir al juicio, el Gobierno alegó que en Miami no podía juzgarse con ecuanimidad e imparcialidad, puesto que el hecho tenía que ver con Cuba. ¿Cómo interpretar ese doble rasero? Estamos frente a un delito de prevaricación, por el uso premeditadamente doloso del poder que ejerce una autoridad.

 

Por otra parte, la jueza no vaciló en sentenciar a Gerardo respecto al cargo más grave -conspiración para cometer asesinato en primer grado- que hasta la propia Fiscalía había reconocido no haber podido probar. (La Fiscalía buscó que la Corte de Apelaciones modificase las instrucciones del jurado, reduciendo la gravedad de esa acusación. En su petición urgente a la Corte de Apelaciones del 25 de mayo de 2001, la Fiscalía reconoció que “a la luz de las pruebas presentadas en el juicio, esto constituye un obstáculo insuperable para los Estados Unidos en este caso y probablemente resultará en el fracaso de la acusación en este cargo” (Pág. 21 de la transcripción literal de las actas del juicio desde el 27 de noviembre de 2000 hasta el 5 de junio de 2001)

 

Lamentable y extraño rechazo de la Corte de Atlanta al Informe sobre los Cinco Cubanos Prisioneros en EE.UU. (junio del 2003).

 

El rechazo –por parte de la Corte de Apelaciones del Onceno Circuito de Atlanta–del informe presentado ante ella por el jurista Erick Luna, reconocido profesor de la Universidad del Estado de Utah, a nombre de la Sociedad Cubana de Ciencias Penales (recurso que se conoce comúnmente como “Informe de amigos de la Corte”), es un hecho que no ocurre casi nunca en el sistema jurídico estadounidense, pues sólo tiene como objetivo ampliar la visión de la Corte sobre los casos que juzga.               

                                                                              

En el informe se abundaba en la información de las actividades de terrorismo contra el pueblo cubano  y otros datos de particular interés que permitirían probar la Defensa por necesidad, principio bajo el cual actuaron los Cinco y que está reconocido por el sistema legal de EE.UU.

 

Un nuevo juicio: imprescindible para reparar la injusticia.

 

Para el 10 de marzo de 2004 está prevista la vista oral del proceso de apelación, respecto a la sentencia dictada contra los Cinco. La vista oral de la apelación es un acto típico del proceso civil y penal en Estados Unidos, donde la Defensa expondrá los puntos por lo que solicitan la revisión del caso, a la vez que la Fiscalía ofrecerá los argumentos para sostener el fallo.

 

El jurado es de tres jueces, los que serán seleccionados de los 11 existentes en la Corte Suprema de Atlanta o de otros juzgados del distrito, pero cuyos nombres serán dados a conocer solamente el 24 de febrero de 2004.

 

Silencio cómplice de los medios de comunicación norteamericanos con relación al injusto proceso.

 

El caso de los Cinco ha tenido todas las características de una noticia de interés nacional. Hubo exgenerales y exalmirantes testificando, 72 testigos, notas diplomáticas, Memorandums de la Casa Blanca, incluso, testificó un asesor del ex Presidente Clinton.  Por otra parte, en el año en que tuvo lugar el juicio,  fue el caso más largo en EE.UU. y, al mismo tiempo, fue el único juicio que involucró cuestiones de relaciones exteriores de Estados Unidos. Sin embargo, y siguiendo claras instrucciones de su Gobierno,  el injusto e ilegal proceso contra los Cinco no ha recibido la más mínima atención de los numerosos medios de comunicación estadounidenses, con la excepción de los medios controlados por la mafia terrorista cubanoamericana, los que por supuesto, promovieron una vengativa cacería de brujas contra los Cinco luchadores antiterroristas.

 

Apoyo de la comunidad jurídica estadounidense y solidaridad internacional

 

Algunas de las asociaciones de abogados y juristas más prestigiosos de los Estados Unidos y del mundo se han sumado a la batalla por la liberación de los Cinco. El Proyecto Nacional de Jurados, que está integrado por expertos destacados en el sistema de jurados de los Estados Unidos, ha presentado un alegato al Tribunal de Juicios instando a una nueva vista. Además, el National Lawyers Guild (Asociación Nacional de Abogados), que representa a cerca de 5000 letrados en los Estados Unidos, también ha presentado una solicitud formal al Tribunal pronunciándose por un nuevo juicio en una sede imparcial. Esa solicitud recibió el apoyo de la Asociación Internacional de Juristas Demócratas, que cuenta con miembros en 90 países y tiene entidad consultiva en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.

 

Existen ya 224 Comités de Solidaridad con los Cinco jóvenes luchadores antiterroristas injustamente en prisión en los Estados Unidos, creados en 79 países del mundo. Cada día crecen las voces solidarias en el mundo y dentro de EE.UU. en un esfuerzo por reparar la injusticia y lograr el regreso de los Cinco a su país y al seno de sus familias.

 

El pueblo cubano reitera su demanda de justicia y solidaridad con estos Cinco defensores de sus derechos a la vida, a la libre determinación, al más alto grado de bienestar y al desarrollo, los cuales han sido violados y siguen siendo amenazados por las acciones de los grupos terroristas de origen cubano que actúan bajo el estímulo o la impunidad que les confiere el Gobierno de los Estados Unidos.

 

INFORMACION ACERCA DE LOS CINCO JOVENES LUCHADORES ANTITERRORISTAS Y DEFENSORES DE DERECHOS HUMANOS ENCARCELADOS INJUSTAMENTE EN LOS ESTADOS UNIDOS.

 

Gerardo Hernández Nordelo

 

Tenía 33 años cuando fue detenido en 1998. Es graduado del Instituto de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”.

 

SENTENCIA: 2 cadenas perpetúas más 15 años de privación de libertad

PRISIÓN: LOMPOC, CALIFORNIA

Postal address USP LOMPOC

P.O. 3901 Klein Boulevard

Lompoc, CA. 93436

Telef: 805-735-2771 Fax: 805-735-0295

 

 

Ramón Labañino Salazar

 

Tenía 35 años cuando fue detenido en 1998. Es graduado de Economía de la Universidad de la Habana.

 

SENTENCIA: Una cadena perpetua

PRISIÓN: BEAUMONT, TEXAS

No. 58734-004

Postal address USP BEAUMONT

PO BOX 26035 Beaumont, TX. 77720

Telef: 409-727-8188 Fax: 409-626-3700

 

 

Antonio Guerrero Rodríguez

 

Tenía 40 años cuando fue detenido en 1998. Es ingeniero graduado en el Instituto de Kiev, en Ucrania. Es también  poeta.

 

SENTENCIA: Una cadena perpetua

PRISIÓN: FLORENCE, COLORADO

No. 58741-004

Postal Address USP FLORENCE

5880 State HWY 67

South Florence, CO. 81226

Telef: 719-784-9454 Fax: 719-784-5157

 

 

Fernando González Llort

 

Tenía 35 años cuando lo arrestaron. Es graduado del Instituto de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”.

 

SENTENCIA: 19 años de privación de libertad

PRISIÓN: OXFORD, WISCONSIN

No. 58733-004

Postal Address FCI Oxford

PO BOX 500 Oxford, WI 53952-0500

Telef: 608-585-5411 Fax: 608-585-6371

 

 

René González Sehwerert

 

Tenía 42 años cuando fue arrestado.

SENTENCIA: 15 años de privación de libertad.

PRISIÓN: Edgefield, en Carolina del Sur.

No. 58738-004

Postal Address FCI Edgefield

PO BOX 725

Edgefield, South Carolina 29824

 

 

ALGUNOS FAMILIARES DE LOS CINCO LUCHADORES ANTITERRORISTAS

 

Ivette González Salanueva (Niña)  y Olga Salanueva

 

Ivette González, niña de 5 años. No ha podido conocer a su padre, René González Sehwerert. Lo impide el Gobierno de los Estados Unidos.

 

Junto a ella, Olga  Salanueva, esposa de René y madre de Ivette. No ha podido visitar a su esposo. Lo impide el Gobierno de los Estados Unidos. 

 

Adriana Pérez O´conor

 

Esposa de Gerardo Hernández Nordelo. No ha podido visitar a su esposo. Lo impide el Gobierno de los Estados Unidos. 

 

 

Sitios Web relacionados:

 

http://www.freethefive.org/

http://www.radiohc.cu/heroes/heroesing.htm

http://www.jrebelde.cubaweb.cu/inocentes/index.html

http://www.antiterroristas.cu/

http://www.escambray.islagrande.cu/Patriotas1/html
 

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