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Días antes del 80 cumpleaños de Raúl Corrales y de la
inauguración en el Museo Nacional de Bellas Artes de su
exposición Pasos por la Historia, visité la casa
de ese maestro de la fotografía épica cubana con ocho
preguntas para una entrevista. Satisfechas fueron todas
mis interrogantes, pero como los viejos marinos, tal vez
por su vida en Cojímar y su amor por la pesca, Corrales
tiene mucha historia para contar. Más que responder, el
artista del lente conversaba lentamente como si
repasara imágenes en la memoria. Por eso he decidido
entregar su testimonio como instantáneas y sin
preguntas. Aquí les va su voz recordando:
“Yo miraba y me llamaba la atención las imágenes de
la vida difícil que llevábamos los cubanos en los
años 30. Por eso creo que fui fotógrafo antes de ser
fotógrafo”.
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Malagón |
“En el
año 1938 trabajaba de botones en el Carmelo de Calzada.
Mi función era abrir las puertas y recibir con un
“buenas doctor” y un “buenas señorita” a alta clase que
asistía a la exclusiva cafetería. Entre puerta y puerta
me entretenía en hojear las revistas americanas y
europeas que allí se vendían. En una Life
encontré un reportaje de Dorothea Lange sobre a la
recesión en EE.UU. La penuria, el hambre, la evacuación
y el abandono de la tierra reflejados en aquellas fotos
eran tan similares a que había vivido de niño en las
sabanas de Ciego de Ávila, que me golpearon. Pero
también me emocionó la belleza de aquellas fotos.
Entonces descubrí la magia que tiene transformar las
cosas que tú vez en imágenes artísticas que sirven de
testimonio, y tome una decisión: Si tengo que trabajar
para vivir voy a trabajar en algo que me guste. Voy a
ser fotógrafo y me hice fotógrafo.”
“Tomé los ahorros que tenía y me compré una cámara
Kodac Baby Brawnier. Los ahorros alcanzaban también para
comprar los rollos pero no para revelarlos e
imprimirlos. Entonces utilizaba una lupa grande para
hacer crecer el negativo y disfrutar de parques,
monumentos y cosas que ocurrían en las calles cubanas a
finales de los años 30.”
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Hemingway chofer |
“Me fui a trabajar a la Cuba Sonofilm donde me
contrataron como mozo para hacer cualquier cosa que
hiciera falta y en mis tiempos libres me dedicaba a ver
como trabajaban los fotógrafos. Ellos brindaban servicio
fotográfico y de audio a las actividades de los
sindicatos y núcleos funcionales del Partido. Yo iba a
esas actividades a instalar los equipos y aprovechaba
para hacer las fotografías cuando no había fotógrafo
disponible. Allí publiqué mis primeras fotos en una
publicación que creo se llamaba Aguja.”
“El
trabajo en la Cuba Sonofilm y en el periódico Hoy,
por un problema de economía de materiales, me exigieron
el hábito de no disparar hasta tener la imagen lograda
en mi mente. Desarrollé entonces el don de componer la
imagen en mi cabeza y esperar el momento preciso. Yo
miro y busco 5 ó 6 cortes de la imagen. La fotografía
tiene que conllevar además un mensaje que trasmita ideas
de lo que está sucediendo. No siempre que se levanta la
cámara y se pone al alcance de los ojos se está haciendo
una fotografía. Yo miro y veo porque todo el mundo mira
pero no todo el mundo ve.”
“En mi fotografía hay mucho de política, social y
económico hasta en las del mar. Nunca hice una foto de
una mujer desnuda. Sin embargo, tengo fotos que sin
llegar al desnudo te muestran lo sexual. Imágenes
sensuales sin encuerar a nadie".
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Anselmo y Niño |
“Yo me había criado rodeado de sabanas por todo los
lados. Podrás imaginar la sensación que me provocó la
inmensidad del mar. La foto de la red es la foto más
sencilla y que con menos esfuerzos yo he echo porque
cuando la realicé ya la había procesado. Es un trabajo
que técnicamente se denomina open flash. Yo
llegué a la playa y le dije a un pescador: “Tíreme para
encima la atarraya”. Él se preocupó porque la atarraya
tiene plomos y me podían dar en la cabeza. Pero yo le
insistí. Preparé la cámara para el open flash
porque esa foto es casi imposible con la luz y el
obturador sincronizado. Apenas se abrió la red disparé
el bombillo. Tiré dos fotos solamente y son rivales una
de la otra".
“Hemingway fue mi única pifia profesional porque solo le
tiré un rollo de 12 vistas. El problema es que cuando él
llegó aquí a Cojímar se encontró un pequeño pueblecito
de pecadores con una escasez de cultura tremenda. A
nadie importaba quién era él, nadie tenía interés en
acosarlo con fotos y autógrafos y él podía caminar
libremente por las dos únicas calles que tenía este
lugar. Por eso le gustó tanto este lugar y se quedó
aquí. Y yo solo le tiré 12 fotos.”
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Tata oruga |
“Oscar Pino Santos y yo nos quedamos sin trabajo cuando
Batista mandó a cerrar el periódico Hoy. Todas
las fotos de aquel período se las llevaron cuando
saquearon los archivos. Comenzamos entonces a trabajar
para convertirnos en colaboradores de las revistas
Bohemia y Carteles. Los temas tan
interesantes que escribía Oscar Pino Santos y con el
apoyo fotográfico mío enseguida encontraron espacio,
sobre todo en Carteles. Así trabajamos juntos
toda la década del 50 hasta el Triunfo de la
Revolución.”
“El
único gran cambio que hay en mi fotografía lo propició
la Revolución. La Revolución fue un momento de eclosión
para todo. Lo que se hacía por la mañana ya por la tarde
no era noticia. La transformación era vertiginosa. Te
acostabas de una manera y te levantabas de otra. Esa era
la gran vorágine de la Revolución en sus primeros años,
muy dinámicos. Independientemente de que lo hecho y
logrado por la Revolución años después es importante,
hacer despegar aquel barco cargado de problemas y
llevarlo a navegar por el mar en que lo encauzaron, es
un cuento aparte. Son esos los años más fructíferos de
la Revolución cubana.”
“En los años 70 yo desaparecí de la prensa y de todo
acto social, me esfumé, porque Celia Sánchez me llamó un
día y me dijo: ‘Corrales, hay muchos documentos de la
guerra escritos por Fidel, Camilo y el Che, entre otros,
que están en materiales que se pueden desaparecer y
queremos fotografiar esos papelitos porque preservarlos
como documentos de la Revolución. Usted es el único que
puede hacer eso.
Yo le respondí: Está bien Celia tráigame algunos para
probar.
Regresó con una bolsa grande de correo que vació encima
de la mesa de su casa. Aquello era una montaña de
papelitos que me sorprendió y entonces ella me dijo: No
se asuste, cuando usted termine con esa bolsita yo tengo
otros más allá adentro.
Ella pensó que quince días serían suficientes para aquel
trabajo y estuve 22 años haciéndolo, hasta que me
jubilé. Aunque de vez en vez logré una escapadita e hice
mis fotos.”
“Después de jubilado volví a hacer fotos cuando los
balseros. Cojímar fue uno de los centros de ese
fenómeno. Yo veía la gente con los botes y toda esa
locura. Y me dije: Coño, toda mi vida he sido un
fotorreportero, no puedo renunciar a lo que quise ser y
siempre he sido. Tomé la cámara y me fui a hacer fotos
de los balseros. “
“Ahora realmente no hago fotos. A veces me pica la
necesidad, pero ya mis trípodes (las piernas) no
aguantan. A lo mejor un día vuelvo a disparar el
obturador si algo grande sucede o pasa una mujer
bonita.”
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