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Cuba ''es una nación con una dignidad del carajo'',
afirma el escritor y político cubano Miguel Barnet en el
contexto de las sesiones que comenzaron ayer en la
Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las
Naciones Unidas que se desarrollan en Ginebra, Suiza.
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''El gobierno de Estados Unidos siempre quiere
aplastarnos, por un flanco o por el otro; golpearnos,
aniquilar la cultura cubana.
''Se han puesto antifaces en los ojos, no quieren oír,
no quieren que expliquemos nuestra democracia'', expresa
Barnet, presidente de la Fundación Fernando Ortiz en
entrevista con La Jornada.
El lunes, decenas de artistas e intelectuales de todo el
mundo, a los que se sumó el Nobel de Literatura José
Saramago, publicaron una carta abierta para advertir la
nueva maniobra de Washington con miras a conseguir que
sea aprobada una resolución contra Cuba, con el
argumento de que en la Isla no se respetan los derechos
humanos.
''¿A qué derechos humanos se refieren? Yo entiendo que
los derechos básicos con los que tiene que vivir y
sobrevivir el ser humano son su economía, su salud, su
educación, su posibilidad de ejercer la palabra.
''En Cuba el concepto de democracia es muy original;
pero ellos solo entienden la democracia con la
definición que ha enarbolado el imperio, ese concepto
neoliberal, y no quieren oír ni saber cómo es nuestra
democracia'', añade Barnet, quien también es
representante de Cuba ante la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura (UNESCO).
Ni complacencia ni resignación
No hago diferencia entre mi labor política y la
literaria, subraya Barnet, autor de Canción de Rachel
y
Biografía de un cimarrón.
''Creo que todo escritor -prosiguió- es político, y
quien piense lo contrario está totalmente equivocado.
''Todo puede ser poesía y todo es político. Mi concepto
de la política es muy amplio, profundo, y no tiene que
ver con el concepto de politiquería que hay en muchos de
nuestros países de América Latina.
''Lo político es ser parte de la sociedad y tener una
responsabilidad. No estoy hablando del 'escritor
comprometido', ese ya pasó de moda. Aunque uno no esté
identificado con un partido o con otro, siempre se es
político, porque vivimos inmersos en la gran trampa de
la sociedad'', añade.
Al respecto, dice: ''siempre he sido crítico de la vida
social y de mi país, porque eso es parte de la misión
del escritor: no podemos ser complacientes, resignados
ni dejarnos llevar por los cantos de la sirena''.
Eso ocurre con la literatura joven en Cuba: ''Tiene un
sesgo crítico muy fuerte de la vida social, de las
contradicciones que vive el país, indiscutiblemente. Hay
una literatura erótica, una literatura dura, sucia, que
tiene mucho auge en el país. y eso se debe a que el
escritor siempre, en alguna medida, tiene que ver todos
los ángulos de la realidad y ser hasta un poco
aguafiestas''.
Labor literaria relegada
En Cuba, manifiesta Barnet, ''somos críticos de los
fenómenos que se producen a partir de las
contradicciones en las cuales vivimos. Ahora tenemos la
contradicción de que es un país con dos monedas y esto
trae diferencias sociales, de todo tipo, y son
inevitables.
''Es un país que está abierto al turismo, pero atrae
cosas buenas y algunas cositas malas. No podemos seguir
teniendo posturas puritanas; debemos entender que a
veces entran cosas feas.''
Debido a su trabajo político y como titular de la
Fundación Fernando Ortiz, Miguel Barnet (La Habana,
1940) señala que su labor literaria ha quedado relegada.
''A veces me siento muy mal, muy frustrado, porque
quisiera tener todo el tiempo para escribir, pero estoy
en un gran dilema en mi vida. Es como cuando uno ama a
una persona y de pronto se enamora de otra. Las ama a
las dos y no quiere dejar ni a la una ni a la otra.
''Ese es el dilema: una de ellas, mi obra, me
proporciona muchas satisfacciones. La otra, dirigir la
Fundación, me proporciona satisfacciones y dolores de
cabeza.''
Miguel Barnet,
presidente de la Fundación Fernando Ortiz.
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