Excelencias:
La Comisión de Derechos Humanos –pese a los
esfuerzos de los que creemos honestamente en su
importancia y batallamos por hacerla regresar al
espíritu de respeto y cooperación de sus fundadores-
ha perdido legitimidad. No es creíble. Permite la
impunidad de los poderosos. Está maniatada. Abundan
la mentira, los dobles raseros y los discursos
vacíos de los que, mientras disfrutan su opulencia,
derrochan y contaminan, miran para otro lado y
simulan no ver cómo se les viola a millones de seres
humanos el derecho a la vida, el derecho a la paz,
el derecho al desarrollo, el derecho a comer, a
aprender, a trabajar; en fin, el derecho a vivir con
decoro.
Todos sabíamos que la Comisión de Derechos Humanos
era víctima de la manipulación política de sus
trabajos, debido a que el Gobierno de Estados Unidos
y sus aliados han usado a la Comisión como si fuera
su propiedad privada, y la han convertido en una
suerte de tribunal inquisidor para condenar a los
países del Sur y, especialmente, a los que se oponen
activamente a su estrategia de dominación
neocolonial.
Pero en el último año ocurrieron dos acontecimientos
que cambian la naturaleza del debate que
sostendremos en estos días.
El primero, fue la negativa de la Unión Europea a
copatrocinar y votar a favor del proyecto de
resolución que proponía investigar las masivas,
flagrantes y sistemáticas violaciones de los
derechos humanos que todavía hoy se cometen contra
más de 500 prisioneros en la base naval que Estados
Unidos mantiene, contra la voluntad del pueblo
cubano, en la Bahía de Guantánamo. La Unión Europea,
que siempre se opuso a las mociones de no acción,
esta vez estaba dispuesta a ser quien la presentara
para evitar siquiera una investigación contra su
aliado. Era el colmo de la hipocresía y la doble
moral. ¿Qué hará este año, después de publicarse las
horrorosas imágenes de las torturas en la cárcel de
Abu Ghraib?
El segundo hecho fue la publicación del informe
presentado por el “Grupo de alto nivel sobre las
amenazas, los desafíos y el cambio”, establecido por
iniciativa del Secretario General de Naciones
Unidas. En él, se afirma categóricamente que “la
Comisión no puede ser creíble si se considera que
aplica dos medidas distintas cuando se trata de
cuestiones de derechos humanos”. ¿Cabría esperar
entonces que los representantes de Estados Unidos y
sus cómplices hagan autocrítica ante este plenario y
se comprometan a trabajar con nosotros –los países
del Tercer Mundo- para rescatar a la Comisión de
Derechos Humanos del descrédito y la confrontación?.
Señor Presidente:
La garantía del disfrute de los derechos humanos hoy
depende de si se vive en un país desarrollado o no y
depende, además, de la clase social a la que se
pertenezca. Por eso, no habrá disfrute real de los
derechos humanos para todos mientras no conquistemos
la justicia social en las relaciones entre los
países y dentro de los propios países.
Para un grupo pequeño de naciones aquí representadas
–Estados Unidos y otros aliados desarrollados- el
derecho a la paz ya está conquistado. Siempre serán
los agresores y nunca los agredidos. Su paz descansa
en su poderío militar. También ya conquistaron el
desarrollo económico, basado en expoliar las
riquezas de los demás países pobres, otrora
colonias, que sufren y se desangran para que
aquellos derrochen. Sin embargo, dentro de esos
países desarrollados, y aunque parezca increíble,
los desempleados, los inmigrantes, los pobres no
disfrutan los derechos que sí tienen garantizados
los ricos.
¿Puede un pobre en Estados Unidos ser elegido
Senador? No, no puede. La campaña cuesta, como
promedio, 8 millones de dólares. ¿Van los hijos de
los ricos a la injusta e ilegal guerra en Iraq? No,
no van. Ninguno de los 1500 jóvenes norteamericanos
que han caído en esa guerra era hijo de un
millonario o de un ministro. Los pobres mueren allí
defendiendo los intereses privilegiados de una
minoría.
Si se vive en un país subdesarrollado la situación
es peor, porque es la inmensa mayoría la que, pobre
y desposeída, no puede ejercer sus derechos. Como
país no tiene derecho a la paz. Puede ser agredido
bajo la acusación de que es terrorista, de que es un
“reducto de la tiranía” o bajo el pretexto de que va
a ser “liberado”. Se le bombardea y se le invade
para “liberarlo”.
Tampoco el Tercer Mundo –más de 130 países- puede
ejercer el derecho al desarrollo. Más allá de sus
esfuerzos, el sistema económico impuesto al mundo lo
impide. No tienen acceso a los mercados, a las
nuevas tecnologías, son maniatados mediante una
deuda onerosa que ya han pagado más de una vez. Solo
tienen derecho a ser países dependientes. Se les
hace creer que su pobreza es el resultado de sus
errores. Dentro de esos países, los pobres e
indigentes, que son la mayoría, no tienen siquiera
derecho a la vida. Por eso mueren cada año 11
millones de niños menores de cinco años, una parte
de los cuales pudiera salvarse apenas con una vacuna
o unas sales de rehidratación oral, y mueren también
600 mil mujeres pobres en el parto. No tienen
derecho a aprender a leer y escribir. Sería
peligroso para los dueños. Se les mantiene
ignorantes para mantenerlos dóciles. Por eso
avergüenzan hoy a esta Comisión casi mil millones de
analfabetos en el mundo. Por eso, en América Latina
sufren cruel explotación 20 millones de niños que
trabajan cada día en vez de ir a la escuela.
El pueblo cubano cree fervientemente en la libertad,
la democracia y los derechos humanos. Le costó mucho
alcanzarlos y conoce su precio. Es un pueblo que
está en el poder. Es su diferencia.
No puede haber democracia sin justicia social. No
hay libertad posible si no es sobre la base del
disfrute de la educación y la cultura. La ignorancia
es el pesado grillete que atenaza a los pobres. ¡Ser
cultos es el único modo de ser libres! –esa es la
máxima sagrada que los cubanos aprendimos del
Apóstol de nuestra independencia.
No hay disfrute real de los derechos humanos si no
hay igualdad y equidad. Los pobres y los ricos no
tendrán jamás iguales derechos en la vida real,
aunque estén proclamados y reconocidos en el papel.
Eso es lo que los cubanos comprendimos hace ya
tiempo y por eso construimos un país distinto. Y
solo estamos empezando. Lo hemos hecho pese a las
agresiones, al bloqueo, a los ataques terroristas, a
las mentiras y a los planes para asesinarnos a
Fidel. Sabemos que eso molesta al Imperio. Somos un
ejemplo peligroso: somos un símbolo de que solo en
una sociedad justa y solidaria –es decir,
socialista- puede haber posibilidad de disfrute de
todos los derechos para todos los ciudadanos.
Por eso, el Gobierno de Estados Unidos nos trata de
condenar aquí en la Comisión de Derechos Humanos.
Teme nuestro ejemplo. Es fuerte en lo militar pero
débil en lo moral. Y la moral, no las armas, es el
escudo de los pueblos.
Quizás este año el presidente Bush encuentre algún
gobierno latinoamericano –de los pocos dóciles que
van quedando- para que presente la consabida
resolución contra Cuba. O quizás retorne a un
gobierno de Europa Oriental al estilo del checo, que
disfruta como nadie su condición de satélite de
Washington y caballo de Troya dentro de la Unión
Europea, o quizás la presente el propio Gobierno de
Estados Unidos, que a esta hora chantajea, amenaza y
cuenta los apoyos para saber si logrará la condena
de Cuba.
Todo el mundo sabe en esta sala que no hay razón
para presentar una resolución contra Cuba en esta
Comisión. No hay en Cuba, ni ha habido nunca en los
46 años de Revolución, una ejecución extrajudicial,
un desaparecido, ¡uno solo! ¡Que presente alguien el
nombre de una madre cubana que busca todavía los
restos de su hijo asesinado! ¡O el de una abuela que
busca a su nieto entregado a otra familia tras el
asesinato de sus padres! ¡Que se presente aquí el
nombre de un periodista asesinado en Cuba, y en
América Latina fueron asesinados, solo en el 2004,
20 periodistas! ¡Que se presente el nombre de un
torturado! ¡Uno solo! ¡Que se presente el nombre de
un preso vejado por sus carceleros, un prisionero
puesto de rodillas, presa del terror, ante un perro
entrenado para matar!
Excelencias:
El presidente Bush tiene un plan para Cuba, pero los
cubanos tenemos otro plan. Los cubanos tenemos claro
nuestro rumbo. Y nadie nos apartará de él.
Construiremos una sociedad aún más justa, más
democrática, más libre y más culta. En fin, más
socialista.
Y
lo haremos aunque el presidente Bush nos amenaza con
la agresión, con volver a Cuba a la condición de
colonia, con quitarles a los cubanos sus casas, sus
tierras y sus escuelas, para devolverlas a los
antiguos dueños batistianos que regresarían de
Estados Unidos. Lo haremos, pese a su plan de
privatizar la salud y convertir a nuestros médicos
en desempleados; lo haremos pese al plan de
privatizar la educación y hacerla accesible solo a
la elite, como en el pasado; lo haremos pese al plan
de entregar a precio de remate nuestras riquezas y
el patrimonio de todo el pueblo a las
transnacionales norteamericanas. Pese al plan de
quitarles sus retribuciones a nuestros jubilados y
pensionados para obligarlos a volver a trabajar,
según el llamado Plan “para la asistencia a una Cuba
libre”.
El pueblo cubano tiene derecho a defenderse de la
agresión y lo hará. Y debo decirlo claramente: no
permitiremos en Cuba la formación de organizaciones
y partidos de mercenarios financiados y al servicio
del Gobierno de Estados Unidos. No permitiremos
periódicos y cadenas de televisión financiadas por
el Gobierno de Estados Unidos para defender entre
nosotros sus políticas de bloqueo y sus mentiras. En
Cuba, la prensa, la radio y la TV son propiedad del
pueblo y sirven y servirán a sus intereses.
No cooperaremos con la Representante del Alto
Comisionado ni con la espuria resolución que le da
origen. ¿Por qué no se nombra a tan prestigiosa
jurista Representante Especial del Alto Comisionado
para la Base Naval de Guantánamo? ¿Por qué no se le
pide investigar las flagrantes violaciones a sus
derechos que sufren cinco valerosos y puros jóvenes
cubanos presos en cárceles de Estados Unidos y sus
familias? Porque no se puede. Porque se trata de
violaciones de Derechos Humanos cometidos por los
Estados Unidos y este es un intocable. Contra la
pequeña Cuba sí, pero contra Estados Unidos no.
Pero Cuba no se cansará de luchar, Excelencias. Ni
se rendirá. Ni hará concesiones, ni traicionará sus
ideales.
¡Y veremos si puede ser derrotado un pueblo libre,
culto y unido! ¡Veremos si se puede derrocar a un
gobierno del pueblo, cuyos líderes caminan entre el
pueblo con la autoridad moral que da la ausencia
total de corrupción y la dedicación plena a sus
deberes!
¡Veremos si se puede engañar a todo el mundo, todo
el tiempo!
Excelencias:
La Comisión de Derechos Humanos que hoy nos convoca
refleja el mundo injusto y desigual en que vivimos.
Ya no queda nada en ella del espíritu fraternal y
respetuoso que convocó a sus fundadores, tras la
victoria sobre el fascismo.
Por lo tanto, la delegación cubana ya no insistirá
en que debemos transformar a la Comisión. Lo que
tenemos que cambiar es al mundo. Ir a las raíces.
Una Comisión de Derechos Humanos donde no exista
selectividad, politización, dobles raseros,
chantajes e hipocresía solo será posible en un mundo
distinto.
Cuba no lo cree una quimera, sino una causa por la
que bien vale la pena luchar. Por eso lucha y
seguirá luchando.
Gracias.