Como es sabido, el pasado año la 60 Comisión de
Derechos Humanos de Ginebra aprobó por un solo voto
una resolución de condena a Cuba presentada por
Honduras, pero redactada por Estados Unidos. ¿Cómo
la mayor potencia del mundo gestionó los apoyos a
esa resolución? Analizarlo puede ayudar a entender
el funcionamiento de la Comisión de Derechos Humanos
y las claves de esas negociaciones.
En
su pretensión de imponer ese proyecto de resolución
contra Cuba a cualquier coste, los representantes,
formales o informarles, de Estados
Unidos
acudieron a todo tipo de amenazas y presiones hacia
los países que integraban la Comisión.
A
varios centroamericanos les recordaron que podrían
hacer regresar a cientos de miles de sus emigrados
que trabajan en Estados Unidos y poner fin al envío
de remesas familiares a sus países de origen.
A
algunos países africanos se les amenazó con
privarles de los beneficios de la Ley para el
Crecimiento y las Oportunidades de África (AGOA),
norma estadounidense que establece facilidades para
el acceso de algunas exportaciones africanas al
mercado norteamericano.
A
otros países de varias regiones se les pretendió
intimidar, sometiéndolos a un típico cuadro de
chantaje. Se les dijo que su rechazo al proyecto
anticubano, podría hacer realidad la posibilidad
de
que
fueran ellos mismos objeto de un proyecto
condenatorio. El gobierno imperial llegó a prometer
para aquellos que se plegaran a su demanda anticubana, el ejercicio de “buenos oficios”
desestimulando cualquier iniciativa dirigida a
condenar al país en cuestión, conociendo que estas
maniobras condenatorias siempre son iniciadas en la
Comisión en virtud de intereses de potencias
industrializadas.
A varios países
de diferentes regiones se les solicitó el voto
anticubano o al menos la abstención, a cambio de no
bloquear algún préstamo del Fondo Monetario
Internacional, donde Estados Unidos tiene de
facto el derecho de veto.
El
14 de abril de 2004, el subsecretario de Estado,
Roger Noriega, confirmó que la Casa Blanca había
mantenido contactos con países de América Latina y
Europa solicitando el apoyo al proyecto anticubano.
Dijo que incluso el propio presidente Bush estaría
encargándose en forma personal del tema a través de
llamadas telefónicas y señaló como ejemplo la
conversación sostenida con el presidente Fox, según
desveló un teletipo de la agencia DPA.
El
secretario asistente para organismos internacionales
en el Departamento de Estado, Kim Holmes, dijo
públicamente que Estados Unidos estaba batallando
arduamente, realizando gestiones con varios países
para que apoyaran el proyecto anticubano.
El
portavoz del Departamento de Estado confirmó por su
parte, que el presidente, el Secretario de Estado y
otros funcionarios del Departamento de Estado,
habían estado realizando llamadas telefónicas a los
países miembros de la Comisión, identificando los
intereses prioritarios de Estados Unidos con
relación a las situaciones de derechos humanos e
instando a que se votara en esa dirección.
Algunas de las
presiones fueron realizadas de modo tan escandaloso
que trascendieron a la opinión pública. Uno de estos
casos fue el de la República Dominicana bajo el
gobierno del entonces presidente Hipólito Mejía.
Dicho Presidente había comunicado a las autoridades
cubanas que se abstendría en la votación del
proyecto anticubano. Ese compromiso se mantuvo hasta
el día 14 de abril en la tarde, cuando faltaban
menos de 12 horas para el voto en Ginebra, en que
sorpresivamente el gobierno cubano se enteró de que
República Dominicana se sumaría al voto contra Cuba.
Hipólito Mejía
expresó públicamente en Miami que había estado
recibiendo llamadas de presión sobre el voto del
proyecto anticubano en Ginebra del subsecretario de
Estado norteamericano, Roger Noriega y del entonces
enviado especial del presidente Bush para las
Américas, el también anticubano Otto Reich.
En América Latina
en particular, existe una clara correspondencia
entre el grado de soberanía, dignidad y popularidad
de un gobierno y las posibilidades de éxito de las
presiones y chantajes de Washington para comprometer
el apoyo o copatrocinio al proyecto anticubano.
Son los gobiernos
de la región afectados por escándalos de corrupción,
fraude y bajo nivel de apoyo social, aquellos que
asumen una dependencia extrema de Washington en
materia de asistencia financiera y de convalidación
a la represión de sus sectores populares
descontentos y que representan los intereses
egoístas de las oligarquías-clientes del capital
transnacional, los más propensos a plegarse a los
dictados anticubanos de la superpotencia, en
desprecio de la voluntad de sus respectivos
pueblos.
La lista de
“estadistas” serviles en la región, incluiría a
personajes de la “talla política” de los ex
presidentes Menem (convertido en multimillonario
gracias al “honesto” desempeño de su alta
investidura) y Batlle (el ex presidente uruguayo que
concluyó su período de gobierno con el más bajo
nivel de aceptación en la historia de su país y que
extendió la impunidad a los perpetradores de graves
violaciones de derechos humanos, como ejecuciones
extrajudiciales, desapariciones forzadas y
torturas).
¿Quiénes fueron los hombres y mujeres encargados de
ese trabajo sucio en los pasillos de las sede de las
Naciones Unidas en Ginebra? Para asegurar la
adopción del proyecto anticubano en Ginebra, la
delegación gubernamental de Estados Unidos a la 60
Comisión de Derechos Humanos fue “reforzada” con
personal de larga experiencia en la ejecución de la
política de hostilidad anticubana y en el uso del
garrote contra gobiernos del Sur, entre ellos Frank
Almaguer, de origen cubano.
Almaguer sirvió como embajador de Washington en
Tegucigalpa desde 1999 hasta el año 2002. Anteriormente,
había cumplido otras tareas de injerencia e
intervencionismo en Centroamérica y otros países de
América Latina, desarrollando sus misiones tras la
fachada “humanitaria” de los llamados Cuerpos de Paz
y de la USAID.
Nunca antes había sido tan claro el compromiso de
una administración norteamericana con los elementos
más reaccionarios y agresivos de los grupos
violentos armados de Miami. Quizás el ejemplo más
escandaloso fue la acreditación por Washington como
miembro de su delegación al 60 período de sesiones
del la Comisión al ciudadano de origen cubano, Luis
Zúñiga Rey.
Zúñiga Rey fue detenido en agosto de 1974 y
sancionado por los tribunales al ingresar
ilegalmente en Cuba procedente de Estados Unidos,
cargado de explosivos y armas, como parte de un
operativo de la CIA que llevaría a cabo varias
acciones terroristas. A su liberación y retorno a
Estados Unidos, como responsable del aparato de
acciones paramilitares de la Fundación Nacional
Cubano Americana, se involucró en la organización y
el financiamiento de atentados con bombas en los
años 90 contra hoteles de La Habana y en otras
acciones terroristas contra hospitales cubanos.
El informe del Relator Especial sobre el uso de
mercenarios al 56 período de sesiones de la CDH,
reveló que Zúñiga Rey reclutó al ciudadano
guatemalteco Percy Francisco Alvarado Godoy, para
realizar estudios sobre puntos vulnerables y
susceptibles de atentados terroristas en Cuba, tales
como hoteles, termoeléctricas y refinerías de
petróleo.
Zúñiga Rey intervino en los debates del 60 período
de sesiones de la CDH, nada menos que utilizando el
escaño del país que se dice comprometido y promotor
del combate al terrorismo.
Los grupos violentos de origen cubano asentados en
Estados Unidos, en colaboración con la
administración Bush que los cobija y aúpa, movió las
cuerdas de su telaraña de influencias para sumar al
espectáculo de la farsa anticubana en Ginebra a
congresistas norteamericanos beneficiados por sus
“generosas” contribuciones financieras.
Por los pasillos y salas de Ginebra anduvo
negociando también apoyos al proyecto anticubano y
amenazando con represalias a los que no lo hicieran,
Chris Smith, congresista republicano por Nueva
Jersey, estado que junto a Florida cobijan a grupos
armados de origen cubano como Alpha 66 y Comandos L.
Smith contó con el apoyo de la señora Poblete,
asistente de la congresista de origen cubano Ileana
Ross-Lehtinen, quien jugó un papel destacado en el
secuestro del niño cubano Elián González y conocida
por su activismo para recrudecer el bloqueo contra
el pueblo cubano.
Por tanto, la votación de la Comisión de Derechos
Humanos de Ginebra del pasado año fue el resultado
de presiones y chantajes a países del Tercer Mundo,
cuyos gobiernos venden su legitimidad a Estados
Unidos a costa de Cuba. Todo ello delegado por el
gobierno norteamericano a personas fuertemente
vinculadas a acciones armadas contra Cuba. Cualquier
parecido con los derechos humanos y su defensa es
una ironía.