Resulta obscena la idea de que la Comisión de
Derechos Humanos de Naciones Unidas vote sobre la
situación de los derechos humanos en Cuba, durante
su reunión de marzo y abril de 2005 en Ginebra.
Representa una manifestación criminal más de la
agresión de Washington contra La Habana y amenaza a
toda la humanidad.
El gobierno estadounidense, expuesto como el peor
violador, con mucho, de derechos humanos en el
mundo, con su historial probado de guerras de
invasión ilegales y unilaterales, bombardeos de
escuelas, hospitales y zonas habitacionales civiles
y uso de tortura, carece de credibilidad moral o
legal cuando acusa a Cuba o a cualquier otro país de
violar los derechos humanos. Cierto, en Cuba hay
cientos de presos políticos sujetos a torturas, pero
no a manos de cubanos. Esas víctimas de graves
violaciones a sus garantías están prisioneros en el
territorio ilegalmente ocupado y militarmente
controlado de Guantánamo, donde soldados y médicos
estadounidenses torturan de rutina a personas de
varias nacionalidades capturadas y retenidas sin el
menor asomo de un procedimiento judicial.
Estados Unidos es condenado por la opinión mundial
como Estado rufián. Con desprecio del derecho
internacional y pasando por encima de tribunales y
tratados mundiales, amenaza a toda la humanidad con
sus armas de destrucción masiva, e inclusive
advierte que podría usarlas en una fecha próxima.
Mantiene más de 700 bases militares en 132 países.
Realiza guerras en todo el mundo, día con día
secuestra, tortura y desaparece personas, encarcela
prisioneros políticos en condiciones de barbarie y
defiende su agresivo terrorismo de Estado con la
doctrina de la guerra preventiva, confrontación del
"bien contra el mal", de "nosotros contra ellos".
En el contexto actual, el intento anual, patrocinado
por Washington, de que la ONU condene a Cuba ayuda a
mantener el largo historial genocida del terrorismo
de Estado estadounidense y una propaganda infundada
y mendaz contra el pueblo cubano y su gobierno
legítimo. Este historial se documentará en los
procedimientos internacionales de la sociedad civil
del Tribunal Benito Juárez, que tendrán lugar en la
ciudad de México del 24 al 27 de abril próximo.
El contexto que la Comisión de Derechos Humanos de
la ONU debe tomar en cuenta este año no es solo la
absurda afirmación de Washington de que La Habana es
parte de un "eje del mal" que practica el
terrorismo: es un contexto sumamente ominoso, de
verdadera declaración de guerra contra el pueblo
cubano en nombre de la "liberación", representada
por el informe de 440 páginas de la Comisión Powell,
de mayo de 2004, que llama a un "cambio de régimen"
en Cuba, y respaldada por un incremento
multimillonario en el financiamiento y
adiestramiento estadounidense de los mercenarios y
terroristas cubanos, así como en la propaganda sobre
los "derechos humanos".
Durante décadas los gobiernos estadounidenses han
buscado aplastar el ejemplo ofrecido por Cuba a
otros países del tercer mundo como alternativa al
"desarrollo" capitalista dominado por el extranjero,
y recuperar el dominio de Washington en la
Isla.
Nuevos descubrimientos de petróleo en aguas cubanas
del Golfo de México han exacerbado el apetito del
imperialismo estadounidense (y de las compañías
petroleras, industriales y financieras que lo
respaldan), de manera muy similar a como lo han
hecho los abundantes recursos y estratégicas
ubicaciones de países como Iraq, Afganistán, Irán,
Venezuela, México y otros países en años recientes.
El gobierno de Washington quiere lograr lo
imposible: destrozar el espíritu de todo un pueblo
para anexionarse Cuba y devolverla a las condiciones
de virtual esclavitud que los cubanos experimentaron
antes de emprender su triunfal revolución de los
años 50. Aquella esclavitud, como bien se sabe,
estaba basada en salarios indecentemente bajos,
racismo, sexismo y control policiaco y militar, una
esclavitud como la que hoy es una plaga en tantos
países de América Latina, región que el patriota
cubano José Martí llamaba "nuestra América".
En Cuba no hay "desaparecidos", no hay
encarcelamientos ni ejecuciones extrajudiciales, ni
desempleo masivo, pobreza extrema, desnutrición o
hambre, todo ello a pesar del ilegal bloqueo
económico al que la isla y su pueblo están sometidos
desde hace casi medio siglo, con inclusión de
invasiones militares y del uso de armas bioquímicas
para destruir vidas y cosechas.
Cuba no es la utopía, cierto. Pero, a diferencia de
Estados Unidos, jamás ha afirmado que lo sea.
Ofrece, con todos sus fracasos humanos, una
alternativa social y política a la explotación y la
degradación ecológica impuestas por el imperialismo
estadounidense y su "globalización". El Índice Anual
de Desarrollo Humano de la ONU ha colocado a esa
república entre las naciones más avanzadas, con una
tasa de mortalidad infantil más baja que la
estadounidense, una expectativa de vida al nacer de
76.7 años y una tasa de alfabetismo adulto de 96.9
por ciento (2002).
En Cuba, a diferencia de Estados Unidos, casi todo
el mundo egresa de preparatoria y es elegible para
completar una educación universitaria... sin costo.
Además, prácticamente no existe el analfabetismo
funcional. De hecho, en términos de los indicadores
de desarrollo humano como proporción del producto
interno bruto, Cuba pone en vergüenza a Estados
Unidos.
Además, la Isla exporta médicos y maestros, no
bombas y armamentos como Estados Unidos. Miles y
miles de cubanos -médicos, maestros, dentistas,
técnicos y trabajadores de todas las especialidades-
practican la solidaridad humana en docenas de
naciones, en formas de internacionalización sin
precedente en la historia de la humanidad.
Cinco de esos cubanos escogieron defender a su
patria y a otros pueblos amenazados por el
terrorismo patrocinado por Washington, y reunieron
información sobre los planes de la mafia de
terroristas cubanos exiliados que opera desde
Florida. Esos cinco cubanos, dos de ellos ciudadanos
estadounidenses, fueron injustamente encarcelados
con sentencias ridículamente largas después de un
juicio en Miami donde los miembros del jurado no
eran sus iguales, bajo acusaciones falsas de
"conspirar" para cometer espionaje o asesinato,
mientras los terroristas sobre los cuales recabaron
información en Miami -gente como Orlando Bosch,
considerado responsable por el Departamento de
Justicia de Estados Unidos de incontables actos
terroristas y de la muerte de docenas de personas
inocentes- continúan gozando de plena libertad y
aparecen en público junto al presidente George W.
Bush y otros criminales de guerra del gobierno de
Washington, quienes los tratan como héroes.
En verdad, cuando uno dice "gobierno estadounidense"
se escuchan los ecos de "genocidio", y cuando dice
"Cuba" escucha sencillamente "dignidad".
* Doctor en
Filosofía por la Universidad de Stanford y profesor
por Internet de la Universidad Estatal de Nueva York.
Será uno de los dos jueces de la sociedad civil
estadounidense que formarán parte del Tribunal
Benito Juárez, de 15 miembros, el cual ventilará
acusaciones de terrorismo estadounidense contra
Cuba; el otro será Ramsey Clark, ex procurador
general de Estados Unidos.