Por medio de este modesto artículo informamos al
público en general la necesidad de Estados Unidos de
adquirir la franquicia de algún gobierno títere. Si
hay algún gobernante que le guste andar de ofrecido,
puede pasar al arrogante Departamento de Estado
estadounidense para que, en nombre de "la democracia
y la libertad", presente en Ginebra una resolución
contra Cuba a cambio de un puñado de dólares,
descrédito mundial garantizado y una patada en el
trasero.
El teatro montado por Washington para acosar al
pueblo cubano, bajo pretexto de velar por la
democracia, cada vez resulta más difícil de
sostener. La situación es ya conocida, porque año
tras año por estas fechas y en el seno de Naciones
Unidas, el gobierno estadounidense inaugura su
"temporada de caza" sobre Cuba y resucita
acusaciones trilladas, por "violaciones" a los
derechos humanos en la Isla, en un ritual periódico
que busca añadir comparsas a los designios del nuevo
amo mundial.
Este año en Ginebra, Suiza, la situación resulta más
complicada para el patrón estadounidense, porque
inclusive de entre sus estados clientes nadie quiere
"apadrinar" la iniciativa condenatoria y asumir el
papel de mandaderos, desde el momento en que para
hablar de garantías individuales es necesario contar
con cierta dosis de pudor.
La violación de los derechos humanos y vejación de
los presos en Irak y en Guantánamo; la matanza de
Waco; la masacre de Columbine; las muertes por
exceso de la fuerza policíaca en el país vecino; la
reclusión y el maltrato de menores de edad en
cárceles de esa misma nación; la persecución de
mexicanos y latinos por rancheros de Arizona; la
brutalidad contra las comunidades de lesbianas, gays,
bisexuales y transexuales; las disparidades raciales
de la justicia gringa, son algunos ejemplos de la
hipocresía y el doble discurso de la Casa Blanca
sobre el tema de los derechos humanos.
Ante tanta miseria moral y brutalidad criminal, el
tema de los derechos humanos en Cuba tiene el
objetivo de provocar un efecto colateral para
desviar la atención mundial sobre las atrocidades
cometidas por Estados Unidos.
Los pretextos frente a la nación caribeña varían;
hoy son los "derechos humanos", ayer fue la "amenaza
comunista", aunque en privado los mismos
funcionarios estadounidenses que desde la época de
Kennedy mandaban saboteadores contra la isla
admitían que la verdadera razón de los ataques era
el riesgo de que los pueblos de la zona se diesen
cuenta que era posible tomar en sus propias manos su
destino, tal como lo hacían los cubanos.
Ante ese riesgo, había que armar y enviar
terroristas a la isla para dinamitar ingenios,
fábricas, escuelas y hospitales, así como a
secuestrar, envenenar, herir, mutilar y asesinar. Y,
si ello no era suficiente, se debía estrangularlos
económicamente, con un criminal bloqueo económico,
que bien puede equipararse a un ataque con armas de
destrucción masiva.
En nuestro país, y a pesar de la ya demostrada
inutilidad para lograr siquiera algo, cabilderos
panistas de la derecha cubana de Miami se dicen muy
preocupados por la situación de los derechos humanos
en la Isla; los más entusiastas se declaran
dispuestos a apadrinar a presos cubanos cuando nunca
han apadrinado a familiar alguno de las víctimas de
crímenes sin resolver en Ciudad Juárez, por ejemplo.
La noble y altruista campaña es encabezada por la
distinguida "madrina" y senadora panista Cecilia
Romero.
¿Qué ha logrado el gobierno de Fox sumándose a los
designios de Washington? Por principio de cuentas,
el acoso al gobierno revolucionario de Cuba ha sido
contraproducente. En términos crudos, ninguna
ventaja tangible ha logrado México por confrontarse
gratuitamente con la Isla. El tramposo acuerdo
migratorio con Estados Unidos es una utopía que no
acaba de aterrizar, pero que funciona como la
zanahoria inalcanzable delante del burro que la
persigue infructuosamente, negándose a admitir su
lejanía permanente.
Cada vez que México vota en apoyo de Estados Unidos
en Ginebra, este país nos responde con un mayor
endurecimiento de la política migratoria. Solo a los
tontos y masoquistas les puede gustar una relación
en la cual por cada favor que una de las partes
realiza, el beneficiado le contesta con una
bofetada. Por cada voto a su favor, la nación vecina
nos construye un nuevo muro en la frontera. ¿Dónde
está la ganancia, señor Presidente?
En vísperas de la sesión 61 de la Comisión de
Derechos Humanos de Naciones Unidas, respetemos los
asuntos internos del pueblo cubano, acosado por
Washington. En Ginebra, Fox tiene la posibilidad de
recuperar la autoestima del pueblo mexicano,
absteniéndose de apoyar al gobierno de George W.
Bush, de cuya relación no ha salido nada bueno para
México, más que el descrédito de la figura
presidencial y escupitajos constantes del arrogante
Departamento de Estado.
PD: ¿Qué pasa si los patos les tiran a las escopetas?
¿Por qué la delegación mexicana en Ginebra no
propone la creación de una comisión internacional
que revise la violación de los derechos humanos por
Estados Unidos en el mundo, empezando por Arizona,
donde actualmente bandas locales organizan cacerías
humanas contra los indocumentados? Sé que es mucho
pedir; con que se abstengan basta.