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Dándole la vuelta al mundo en tantos años de actividad
he tratado siempre de buscar los aspectos positivos de
toda cultura, para aprender algo nuevo, para crecer; en
definitiva somos todos un poco ignorantes. Primero
Viena, a continuación Berlín y Londres, y posteriormente
Venezuela y Cuba: en estas y otras etapas he tratado
constantemente de buscar el contacto con aspectos más
idóneos, fuertes e importantes de esos países.
Al
contrario, el hombre
—por
su naturaleza—
es llevado a destruir o a poner en evidencia casi
exclusivamente los aspectos negativos de las demás
civilizaciones. Me parece que ahora se está haciendo
lo mismo con Cuba.
Conozco a Cuba, la he visitado más de una vez y volveré.
Me pregunto, ¿por qué no se dan a conocer las cosas más
positivas de una cultura como la cubana? Tenemos que
intentar olvidarnos, al menos por una vez, de la
instrumentalización política que estamos orientados a
hacer de cualquier aspecto y reportar simplemente los
hechos. Me resulta extraño que no se hable nunca de las
cosas más válidas que existen en Cuba.
Empecemos por la investigación médica que en Cuba está a
la vanguardia: el doctor Gregorio Martínez Sánchez está
trabajando en una investigación para vencer el cáncer, y
"descubrió" un importante tratamiento; pero existe un
pequeño detalle, para poderla realizar necesita poner en
práctica sus pesquisas. De ello he hablado con el Prof.
Umberto Veronesi que hace una semana me escribió una
carta en la que informa que apoyará el proyecto de este
médico cubano. Lo hará, porque lo considera justo. Pero
la investigación médica de vanguardia no es el único
aspecto sumamente positivo en esta Isla. En Cuba,
posiblemente los poderosos se olvidan de ello, no existe
el analfabetismo, que al contrario es muy difundido en
muchas otras partes del mundo.
En
Cuba no se especula sobre un pedazo de tierra
disponible: prefieren realizar enormes huertos
destinados a todo el mundo (ejemplo que ha sido tomado
por muchas naciones). He visitado recientemente La
Habana y pude ver que en estos últimos cinco años hubo
mejorías desde el punto de vista de la restauración de
viviendas y plazas.
En
diciembre llevé a la Mahler Chamber Orchestra para una
serie de conciertos; en enero, la Orquesta juvenil Simón
Bolívar integrada además por 44 cubanos. Existe un
intercambio bello y fructífero entre Venezuela y Cuba.
Un intercambio relacionado con la música y el ballet.
Venezuela tiene un gran desarrollo en lo que se refiere
a la formación musical, gracias al sistema de Antonio
Abreu que involucra a 240 000 jóvenes arrancados de la
calle, y Cuba también lo tiene en el sector del ballet:
es un intercambio cultural para aprender recíprocamente,
para crecer, como decía antes.
El
hecho de haber llevado a Caracas a esos 44 músicos
cubanos, que el próximo año llevaré por Europa junto
con toda la orquesta, desmiente el hecho de que los
cubanos no pueden salir del país.
Hace
cinco años, estuve en Cuba con la Mahler Jugend
Orchester y llevamos material, cuerdas e instrumentos
musicales que allí faltaban porque, no lo olvidemos, es
un país pobre, y por serlo debería ser ayudado y no
atacado.
Hay,
además, un grupo de músicos cubanos muy buenos, Ars
Longa, que he querido ayudar y que son invitados
regularmente al Festival Gesualdo de Basilicata. Lo
dimos a conocer el año pasado a través de una gira por
Bari, Matera, Roma y Bologna.
En definitiva, Cuba es también todo eso, no solo
Guantánamo que es, al contrario, una cárcel americana.
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