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En Miami hablar de los "Derechos Humanos" es algo muy
común. Y eso es bueno. Hay que preocuparse de que se
respete la dignidad e integridad física de las
personas. Es así que en la radio, la televisión y la
prensa de esta ciudad, es raro el día en que no se
escriba un artículo o salga al aire un reportaje
sobre las violaciones que supuestamente se cometen en
Cuba contra los ciudadanos de la Isla. Pero la
preocupación es solo por Cuba y nada más. De nuevo nos
encontramos ante el caso de los que ven la paja en el
ojo ajeno y no ven la viga en el ojo propio.
Porque hablar de los Derechos Humanos en Miami
es como mencionar la soga en casa del ahorcado.
La noticia, con su saldo trágico, ha impactado a la
comunidad. El joven colombiano, César Rada, un
enfermo esquizofrénico de 31 años de edad fue
muerto, innecesariamente, a consecuencia de un
disparo realizado por un policía del Condado en
presencia de los familiares de la víctima que
contemplaron el hecho horrorizados e impotentes,
ante ese absurdo crimen.
Según se supo después, el joven Rada sufría un ataque de
su crónica enfermedad y su propio padre llamó a la
policía en busca de ayuda como había hecho en
anteriores ocasiones. A la escena llegó el oficial
Jeffrey Price. Allí estaba el infeliz desquiciado dando
gritos incontrolados. Al ver delante de él al agente
policíaco, el joven desequilibrado levantó sus brazos a
la par que decía: " Dispara, dispara". El policía, sin
pensarlo dos veces, hizo fuego con su arma de
reglamento dando muerte al instante al desgraciado
muchacho. Se había consumado otra trágica muerte
innecesaria de un ciudadano inocente en manos de un
agente policíaco irresponsable para quien los derechos
humanos en Miami poco o nada significan.
Según los datos oficiales, con este hecho fatal son
ya 17 los enfermos mentales muertos por la policía
en similares circunstancias desde el año 1999. ¿Y aquí
nadie protesta? ¿Es que los Derechos Humanos solo hay
que vigilarlos cuando conviene y por razones políticas
colocar a Cuba en el banquillo de los acusados en
Ginebra? ¿Es que se puede matar impunemente a cuanto
enfermo mental o ciudadano descontrolado se enfrente
a la policía? ¿Qué diría Ud. si como le sucedió a este
joven colombiano se tratara de un hijo, un padre o un
hermano suyo?
Entonces Ud. protestaría indignado por la violación
de los derechos humanos de su ser tan querido. Pues
hágalo ya porque esas campanas que doblan hoy por
esta muerte absurda de este joven enfermo mental
también doblan por los otros que han caído en
situaciones similares y por los que mañana puedan ser
víctimas también si no se toman medidas terminantes
para evitar tamaños actos de injustificada acción
criminal por parte de la policía.
¡Aquí está nuestra protesta! Hablemos también de los
Derechos Humanos en Miami. ¡Que la caridad, empieza
por casa! |