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La crisis global precisa urgentemente de la
construcción de una nueva lógica económica;
pero
las propuestas de alternativas y las tendencias
actuales, lejos de quitarle al mundo el dolor de
estómago se los agudiza.
El
llamado “siglo de la Pax Americana”
―cuya
piedra filosofal es “la mejor manera de mantener la paz
según nuestros propios términos”―
intenta extenderse hacia otra centuria;
el gobernante norteamericano, cada vez muestra haber
sido más que “electo”, “selecto” como Presidente de
Greenspan y no de EE.UU.
Sin
embargo, algunos piensan que al imperio le está llegando
el “cuarto de hora”.
“El ‘sálvese quien pueda’ no va a perdonar a nadie”,
ha dicho Wim Dierckxsens,
investigador del
Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) de San
José, Costa Rica. Este profesor está muy seguro de lo
que dice con más de un libro dedicado al tema
económico, incluyendo Suzy y las maravillas del
mundo-dinero, una novela hecha para explicar al
mundo de hoy y a los niños
―con
una mirada diferente―
el porqué los adultos han perdido la capacidad del
disfrute como el valor central de la vida y a través de
los ojos de Suzy, la protagonista.
Dierckxsens es un
holandés miembro del Foro Mundial de Alternativas, que
habla un español salpicado de palabras “fuertes” y con
acento latinoamericano indefinible, fruto de sus más de
treinta años afincado en Costa Rica y con tránsito
continuo por buena parte de la geografía al sur del río
Bravo: “vengo a Cuba cada vez que puedo, en los últimos
siete años,”, dice.
Con un doctorado en
la universidad de Nimega, Holanda y un postgrado en La
Sorbonne, París, este demógrafo de profesión, trabajó en
Naciones Unidas y en la Universidad de Tilburg, Holanda.
Los títulos de algunos de sus libros dan fe de que no
habla por dar la nota: De la globalización a la
Perestroika en Occidente, Del neoliberalismo al
poscapitalismo, La Utopía Reencontrada y Los
limites de un capitalismo sin ciudadanía, quizá uno
de sus textos más leídos, una obra que va por su 4ta.
edición y que en sus 205 páginas busca respuestas
a
lo que vendrá después
del neoliberalismo.
Asistimos a
la crisis del neoliberalismo, pero
algunos se atreven a asegurar que hay ―y habrá― más de lo mismo...
Se están dando las
condiciones para que esto explote pronto, pero a
diferencia de lo que creen muchos, en mi opinión no será
una explosión externa sino interna, y será por EE.UU.
El pensamiento
neoliberal defiende la idea de que la economía del mundo
es una sola en cualquier parte. Lo fundamental, según
esta teoría, es establecer el equilibrio de los
fundamentos de la economía: el equilibro cambiario, el
monetario y el fiscal.
Es tesis también del
neoliberalismo garantizar ganancia transnacionales y
financieras sin aumentar el mercado, sino
acaparándolos; o creando un solo mercado donde puedan
penetrar las transnacionales. Esto no es integración,
es penetración en las distintas economías, sin barreras;
es sustituir productos y mercados nacionales por
mercados transnacionales, privatizar empresas estatales,
hacer fusiones, adquisiciones; sencillamente es
conseguir reagrupaciones enormes a favor de una cantidad
cada vez más pequeña de transnacionales.
Eso significa, al
final de cuentas, el aspecto global del neoliberalismo;
es decir, reparto del mundo.
Eso lleva un primer
paso. Si no se puede legalmente, se hace con hachas. Y
eso se ha visto particularmente a partir del 2001.
En el mundo esto está
más claro. Dondequiera que aparece el FMI hay protestas,
pero en Norteamérica existe la tendencia a analizar:
“bueno, si no hay lugar para todas las transnacionales
en este mundo, por lo menos que lo haya para las
nuestras”; en fin una especie de ¡sálvese quien
pueda!, a la brava.
Aquí están eliminados
en primera instancia los países con fuerte presencia
indígena; no es raro que México fuera el primer lugar
donde se gritara, ¡queremos un mundo donde también
quepamos! Y así sucedió con Ecuador y Bolivia, donde el
movimiento indígena dijera, “¡este modelo no trae nada
para nosotros!”.
Estamos asistiendo al
rechazo político y electoral contra el neoliberalismo, a
las grandes movilizaciones en contra de las políticas
neoliberales. Y en América Latina es muy fuerte.
Sin embargo,
partamos de esta premisa: EE.UU. tiene hoy dificultades
en sus dos pilares principales, la reserva de la moneda
imperial y el poderío militar, en el que siempre se
está apoyando y que garantiza el acceso a los recursos
naturales mundiales, a través de invasiones y guerras.
Esto último es de un costo cada vez más grande ―que
ahonda la deuda interna―, ¡y los beneficios, habrá que
ver! Tal y como están las cosas, las ganancias son solo
para unas pocas empresas privadas.
Hemos visto que con Iraq no
funcionó. El Consejo de seguridad de la ONU, fue dejado
a un lado, y los aliados están reticentes a financiar la
guerra, es decir, se la han tenido que cargar arriba.
Ahí viene la tercera
dimensión de todo esto:
“si yo no puedo transferir el costo de la guerra a
terceros, no me queda otra que aumentar mi deuda
interna”.
¿Qué hacen?, bajan el
impuesto de los empresarios, alzan las tasas de
ganancias y dejan además que gane el complejo militar
industrial: negocio redondo, pero a costa de una deuda
pública, que algún día tendrá que pagar alguien.
El fondo de pensiones
del Estado está en bancarrota y eso significa que lo van
a privatizar; eso a su vez significa pelea social en
EE.UU.
¿Cuándo será el
momento de ruptura? Recordemos la esencia de la
filosofía pragmática norteamericana: “si yo veo muertos
en el exterior es terrible para mi patriotismo, pero
aún me suena abstracto, pero si a mí me agarran mi
bolsillo, yo reacciono”.
Otro punto es que la
guerra no es solo por recursos naturales, sino también
es entre el euro y el dólar. En ese sentido, Iraq fue
el primero que cambió sus reservas internacionales, en
cuanto al precio del petróleo, de dólar a euro ―el
segundo fue Irán y el tercero fue Corea del Norte; ¡qué
casualidad! : uno, dos y tres en el eje del mal que
definió Bush.
En noviembre, Rusia cambió dólares
para euro, pero amenazar a Rusia ―ya no invadir― como
lo hicieron con Iraq, no es lo mismo. La reacción ha
sido “¡okay con estos rusos! dejémoslos pasar, jodamos
a los otros, para no perder la hegemonía”, y además no
todos se atreven a cambiar de repente de dólares para
euros; la mayoría empezará de a poco,
cautelosamente, sin resultar provocadores.
EE.UU. tiene otra
bomba interna: “el problema inmobiliario”
―Europa, Australia y dos terceras partes del
mundo están también en esta burbuja especulativa
inmobiliaria―, y al nivel en que aumentan las altas
tasas de interés, no tengas dudas de que todo explota,
y va a barrer con todo, como un tsunami financiero en el
futuro cercano.
Y hablando de tsunami, ¿no habrá un
poco de malicia en todo lo que está apareciendo en
Internet?
Hay
que ser cauteloso porque hay demasiada información
provocadora en Internet, pero evidentemente siguen sin
respuestas las preguntas que se han hecho muchas
personas, por ejemplo, el economista y profesor
canadiense de la Universidad de Ottawa, Michel
Chossudovsky: ¿Por qué la National Oceanic & Atmospheric
Administration (NOAA) fue incapaz de proporcionar alerta
a tiempo? ¿Por qué los pescadores de la India, Sri Lanka
y Tailandia no recibieron el mismo aviso que la Marina y
el Departamento de Estado de EE.UU. dio a la base
norteamericana en la isla de Diego García? ¿Cómo es que
los epicentros detectados por diferentes observatorios
no coinciden, ni las magnitudes tampoco? ¿Por qué fue
designado responsable de todas las actividades de
socorro al ex Jefe de Estado mayor de las tropas que
tomaron Bagdad en 2003, teniente general de marines
Rusty Blackman, ahora jefe de la 3ª fuerza
expedicionaria naval ―121 mil marines fuertemente
armados, sin ninguna oposición del mundo― que se
desplegó desde Okinawa.
Según algunos
expertos, un terremoto por causas naturales emite más
ondas "S" que ondas "P"; lo contrario a una explosión,
que emite más ondas "P" que "S", y además no produce
las réplicas antes mencionadas. Por lo tanto, si todo lo
que se observa en el sismógrafo es una acumulación de
ondas de compresión "P", se está detectando
probablemente una explosión bajo tierra o submarina.
Ya hemos visto que EE.UU. está buscando formas menos
costosas políticamente, para legitimar su presencia en
lugares estratégicos, y Sumatra, por ejemplo, es sitio
por donde pasa el comercio chino que van de oriente a
occidente.
No es raro que
Condoleeza Rice se pronunciara inmediatamente después del
desastre, casi la misma idea que expresó el 11 de
septiembre de 2001, al decir: ojalá que esta situación
beneficie la política exterior norteamericana.
Como no es posible
separar lo económico de lo político, hay que estudiar
esta sospecha terrible para hacer la denuncia correcta
donde corresponde.
Hay una organización
de médicos ―a escala mundial― contra el uso de la fuerza
nuclear en la guerra y ellos se van a reunir pronto en
Londres y han propuesto indagar al respecto en un
estudio serio.
Amerita el estudio,
porque hay demasiadas coincidencias y es todo tan
monstruoso que sospecho que detrás de todo puede estar
un crimen contra la humanidad, de envergadura no
conocida hasta la fecha.
¿Como la bomba atómica?
Peor, porque en
Hiroshima y Nagasaki se lanzó la bomba abiertamente para
advertir “miren lo que tenemos y de lo que somos
capaces”.
De ser ciertas las
sospechas, detrás de la cortina de humo de la ayuda
humanitaria, hay en el fondo todo lo contrario; es por
lo tanto, más sucio.
Ahora nadie puede
tirar una bomba porque tendría la repulsa del mundo
entero.
Aparentar un desastre
y aparecer después como salvadores del mundo con ayuda
humanitaria llevada por militares ¡eso es otra cosa,
carajo! Sería realmente un cinismo demasiado grande.
Esto explica quizás
por qué EE.UU. parecía estar demasiado pasivo ante
China...
mientras el dólar pierde frente al euro.
En relación con ese
punto, lo que a mi juicio está pasando es que hay
muchos intereses puestos en mantener este “bailongo”
adelante.
Los europeos no
tienen interés, porque si el euro se aprecia demasiado
inestabiliza la economía.
Para mantener la atracción de
dólares, para seguir financiando la deuda creciente,
EE.UU. tendrá que aumentar las tasas de interés, como
ha estado haciendo desde junio del año pasado.
Este año se espera un
mínimo de duplicación de esa tasa de interés, esto
significa que los que están pagando hipoteca, no van a
poder seguir haciéndolo, y si lo hacen tendrán
menos ingresos para el consumo y este, por
consiguiente, se va a contraer.
Eso va a movilizar a
las gentes hacia acciones sociales dentro de EE.UU. Por
ahí es por donde comenzará la detonación.
No digo que será la
crisis, pero sí creo que será el comienzo y será por
EE.UU., desde dentro, no desde fuera, donde ellos lo
resuelven, si pueden, apuntando con mísiles, y como ya
hemos visto, algunos sospechan que con otros métodos
tan horrendos como un tsunami.
En este mundo neoliberal
globalizado, ¿qué economía se enseña en las facultades
universitarias?
Hay dos respuestas y
depende si te refieres a las alternativas económicas o a
lo que en realidad se está haciendo.
Me refiero al posible academicismo
de las universidades, alejado de la realidad.
Academicismo es un
piropo. Lo que se está transmitiendo es vulgar
neoliberalismo. Enseñar las recetas neoliberales es lo
que se hace en el mundo entero.
Dejo fuera las
lógicas excepciones institucionales, y a personas que se
niegan a ser irresponsables y seguir la tendencia; pero
como tónica se enseña neoliberalismo.
Hoy en día aunque se
reconoce que el neoliberalismo ha fracasado
no se opta
por otra solución. Algunos apuestan por el neokeynesianismo, por el “neoquesécuánto”, un nuevo
interés hasta por Marx ―incluso por aquellos que lo
negaron en los 90―, en la búsqueda desesperada de
alternativas, preguntándose ¿Cómo salimos de la crisis
que está a las puerta?
Parecen ser muchos los que apuestan
por una segunda vuelta del keynesianismo.
Después de la crisis
de los años 30, y la II Guerra Mundial, el
keynesianismo resolvió el problema,
al hacer reascender la tasa de ganancia en el
ámbito productivo, a través de lo que se conoció como
la demanda efectiva.
El punto ―una tesis
que no es nueva― es que no es posible un
neokeynesianismo después del neoliberalismo,
y a mi modo de ver,
entre otras cosas, la esencia del asunto es el
acortamiento de la vida media de las cosas.
En vez de larga
vida, tenemos más artículos desechables.
Eso explica también
el agotamiento cada vez más veloz de los recursos.
Si la edad media de
los equipos ―finales de los años 40― era de cuarenta
años, hoy en día en Japón entre equipos y edificios es
menos de cinco años.
Uno entiende cómo es
el asalto a la naturaleza, la contaminación y el
problema de los desechos.
Y estoy hablando del
equipamiento tecnológico de las empresas, es decir, los
medios de producción; ni hablar de la vida media de los
objetos de consumo, cuya vida media es casi cero, que
importa ya si los usan o no.
¿Por qué sucede
esto?, porque cambian constantemente las tecnologías de
punta y así ganarles a la competencias.
Pero si se acorta la
vida media de la tecnología de una empresa ―digamos
teóricamente hasta cero― no es transferible este costo
al producto, es pérdida absoluta y cuanto más se acerca
la vida media a cero, tanto más se dispara el costo de
la tecnología de sustitución por otra. Esto no tiene por
qué dar ganancia, puede dar pérdidas.
Si la velocidad con
que se sustituye la tecnología en el afán de competir no
es compensada mediante la introducción de esta nueva
tecnología, en una rebaja en el costo laboral, en la
misma medida de lo que sube el costo de innovación, la
tasa de ganancia tiende a la baja.
Es clave, a mi modo
de ver, para entender por qué es muy difícil retornar,
después del neoliberalismo, al keynesianismo.
En mi opinión si se
prolonga, al menos si se duplicase la vida media de los
productos ―que van al 20 % de la población mundial, que
consume el 80 % de esos productos―, tendría una
agresión mucho menor a los recursos naturales, mucha
menos contaminación, mucho menos desechos y como el
valor de uso sería superior ―porque serían más
duraderos― tendríamos también bienestar.
Sé que es un poco
duro de tragar ―incluso entre economistas― la tesis de
que el bienestar no depende del crecimiento.
Todo eso es
presentado solo como una cuestión ideológica, cuando
es realmente un instrumento de análisis económico,
social y político.
Pero aunque hay
síntomas de despertar, eso solo un despertar a medias;
la mayoría cree todavía que podemos seguir adelante,
incluso hasta gente de izquierda ni cree que esta vaina
vaya a explotar o que habrá alternativas.
Muchos insisten en que a pesar de
todo, el dólar seguirá siendo la moneda de referencia.
No lo creo. Tengo la impresión de
que este año incluso pudiera ser la detonación, tanto
que ni siquiera el euro será interesante; será el oro
el refugio, o la plata, ¡qué sé yo!, pero nadie va a
confiar en moneda alguna, en medio de una crisis
financiera mundial.
Si el dólar se cae,
el ALBA sería la alternativa como proyecto común y
corriente, sin pago de la deuda externa, ni nada: puede
mandarse un E-mail diciendo, “la deuda está pagada,
porque esa moneda no vale, y adiós señores, muchas
gracias, nosotros vamos a financiar hacia adentro, en
vez de depender de afuera”.
Eso será el toque del
cambio.
Si casi nadie cree en los
gobiernos, pocos creen en los sindicatos, no se tiene
mucha fe en los pensadores, no se está preparando a
las generaciones futuras ―incluso a los economistas―, y
muchos dudan del “abismo cercano”, ¿qué nos queda?
El día en que
tengamos arriba la crisis de verdad, será el momento de
volver a crear nuevos modelos y a la fuerza se tendrá
que ser creativos en todo sentido. No tengo ninguna
duda.
Con guerra o si ella
habrá colapso financiero y como no habrá
postkeynesianismo después del neoliberalismo, el
problema será terrible.
No será una crisis
internacional ―es decir de muchos países del mundo―
sino global, no habrá país que se escape.
Va
a provocar una estampida con esa teoría.
¡No, hombre, no!
Mira, para los que andamos “a cuatro patas en tierra”,
no habrá posibilidad de caída; para los pobres, será más
de lo mismo, además, qué explicación les darías, qué
teoría vale para explicar la crisis a los que siempre
comieron tierra.
El problema será para
los que tienen muchísimo dinero y lo han invertido.
¿Los que deben aterrarse, lo saben? ¿Están conscientes
de lo que se avecina?
Van a morirse de
terror cuando despierten, si no se han despertado ya
y, atontados, no consiguen reaccionar.
El “sálvese quien
pueda” no va a perdonar a nadie, y las pérdidas serán
encadenadas, nadie sabe hasta cuándo.
Sé que es
dificilísimo andar con bolas de cristal, y por mucho que
des brillo no te va ha dejar ver con claridad el futuro,
pero tengo la impresión de que la detonación comenzará
en el 2005. |