Año III
La Habana
Semana 19 - 25
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Asunto Sgrena:
EE.UU. no quiere indiscretos en Iraq
Geert Van Moorter * Bélgica


La periodista italiana fue blanco de los soldados estadounidenses el 4 de marzo, día de su liberación en Bagdad. En una reacción, Sgrena dijo que poco antes sus secuestradores le habían advertido: “Todavía pueden intervenir los estadounidenses. No quieren que vuelvas” Según su compañero, el ataque era deliberado porque Sgrena sabía demasiado. Esto me recuerda el disparo contra el Hotel Palestina, el 8 de abril, que mató a dos periodistas. Yo estaba entonces en Iraq con Médecine pour le Tiers Monde. En el momento de los hechos, estaba dos pisos más abajo y ayudé en el rescate. A modo de excusa, el ejército estadounidense dijo que había habido disparos contra sus hombres desde el hotel. Pero nadie oyó allí tiros. Más tarde un soldado estadounidense me explicó lleno de orgullo que desde su carro podía ver claramente una cabeza a 200 metros. Así pues, el soldado que disparó desde su tanque contra el Hotel Palestina pudo distinguir claramente a los periodistas y a su cámara. Pero el informe secreto del ejército dice que sus tropas no cometieron falta alguna. Ese mismo día, el despacho de Al Jazeera fue víctima de un ataque aéreo. Un periodista muerto, Paul Pascual, de Reuters, me confirmó que el ejército estadounidense sabía dónde estaba instalada Al Jazeera. A petición de la propia Al Jazeera, él había transmitido al Pentágono las coordenadas GPS del despacho para que no le dispararan. En marzo de 2004 unos periodistas de otra cadena árabe, Al Arabiya, fueron abatidos con una bala en la cabeza cuando se daban la vuelta en un control estadounidense ante el que se habían identificado.

En agosto de 2004, el gobierno iraquí instalado por EE.UU. cerró las oficinas de Al Jazeera durante un mes después de que el ministro estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, los acusara de anti estadounidenses. Eason Jordan, director de la información en la CNN, declaró en enero de 2005 durante el Foro económico de Davos que muchos periodistas en Iraq habían sido objetivo de los estadounidenses. Poco después dimitió a consecuencia de las presiones. Dijo que había comprendido mal. La Federación Internacional de Periodistas (FIJ, en sus siglas en francés) acusa a EE.UU. de querer controlar e intimidar a los media en Iraq. Según la FIJ, no ha habido ninguna explicación ni investigación seria sobre las muertes de 13 periodistas matados por las tropas estadounidenses en Iraq. ¿Son todas ellas errores?

¿Qué tiene que ocultar EE.UU.?

EE.UU. se ve confrontado en Iraq a una resistencia creciente. Una resistencia a la que trata de quebrar por medio de la guerra sucia. “Elimina a los terroristas” en ciudades y pueblos enteros. He podido ver los resultados de esto en los hospitales: muchos civiles heridos y muertos por las bombas (esto es, bombas de fragmentación), abatidos en los controles, durante los registros a domicilio, en la calle. He podido constatar que el ejército estadounidense es él mismo un factor de inseguridad. Sus soldados disparan contra todo aquello que les parece sospechoso. Incluso contra las ambulancias, a pesar de la prohibición de la Convención de Ginebra. Un soldado al que le pregunté, al respecto me respondió: “Esta ambulancia podía haber estado llena de explosivos”. Saben que pueden actuar impunemente. Además el propio Bush dio ejemplo de ello cuando lanzó su “ataque preventivo” contra Iraq. En agosto de 2003, pregunté a un policía militar qué hacían si veían a sospechosos que huían. Me respondió: “Se les liquida”. Cuando un soldado estadounidense mataba a un iraquí ni siquiera tenía que hacer un informe verbal. Y si había que hacer un informe, se adapta la historia diciendo que el tipo se había escapado a tiros. Y en noviembre de 2004, durante el asalto a Faluya, vimos en la tele a un soldado estadounidense rematando a un  herido en una mezquita. El soldado no veía ningún mal en ello. Este tipo de actitud no es rara en el Iraq ocupado. Pero las imágenes han dado la vuelta al mundo y, por lo tanto, este soldado ha tenido que dar cuenta. A finales de febrero, el ejército estadounidense le libró de toda diligencia judicial.

Esta guerra ha matado ya al menos a 100.000 iraquíes

Las acciones de las tropas estadounidense y británicas matan a muchos más civiles que los atentados suicidas. Seamos claros, nadie puede aprobar los ataques contra civiles inocentes, ni los del ejército estadounidense ni los de algunos grupos que no tiene nada que ver con una resistencia legítima. Según la prestigiosa revista médica The Lancet (29.10.2004), al menos otros 100.000 iraquíes han muerto a consecuencia de la guerra. La mitad de ellos de muerte violenta, el 84% de ellos a consecuencia de los ejércitos estadounidense y británicos (4% de la resistencia). EE.UU. quiere ocultar su guerra sucia. Durante el asedio de Faluya el hospital de la ciudad fue ocupado de tal manera que lo que relataban los médicos o las imágenes de las víctimas no pudo llegar al mundo. Así pues lo que aparece hoy en primera página son los atentados suicidas. En Iraq, hoy reina el caos total. Con unos colegas iraquíes hemos hecho una encuesta sobre la sanidad en Iraq. Dos años después de la caída de Bagdad la situación es dramática. Nadie está seguro. Se han degradado el poder adquisitivo, la situación alimenticia y las condiciones de vida. Más de la mitad de la población está en paro y, por lo tanto, sin ingresos. Se ha más que duplicado el precio de la comida y de los transportes. Hay graves problemas de electricidad, de agua potable, de aguas residuales, de basura. A consecuencia de ello ha aumentado considerablemente la mortandad infantil. Y la infraestructura sanitaria sigue sin mejorar.

Parece que de lo único que se preocupan los ocupantes es de sus propios intereses y de su seguridad. Cualquier apoyo a la ocupación ―incluida la formación de soldados, de policías y de jueces iraquíes, en la que va a participar Bélgica y el Estado español― refuerza la influencia estadounidense en Iraq. Así, una gran parte de la riqueza del país, el petróleo, puede acabar en manos de las multinacionales occidentales. Esto no beneficiará a la población iraquí. Y el caos puede continuar.

La mayoría de los iraquíes quiere que salgan las tropas de ocupación. Cuanto antes lo hagan, más oportunidades habrá de que se produzca un verdadero progreso para la población iraquí.

*Geer van Moorter es un médico belga que viajó en 2002 a Iraq con el periodista belga Michel Collon y que permaneció en Bagdad durante la guerra para ayudar como médico pero también para dar testimonio de lo que allí estaba ocurriendo. En 2003 tuvo que socorrer a un periodista al que habían disparado los soldados estadounidenses con los que tuvo oportunidad de hablar acerca de lo que estaban haciendo. Su testimonio arroja alguna luz sobre el asunto Sgrena. También es autor del libro "Le fossé mortel: santé et développement" y de un documental. geert.van.moorter@skynet.be

Traducido para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

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