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La periodista
italiana fue blanco de los soldados estadounidenses el 4
de marzo, día de su liberación en Bagdad. En una
reacción, Sgrena dijo que poco antes sus secuestradores
le habían advertido: “Todavía pueden intervenir los
estadounidenses. No quieren que vuelvas” Según su
compañero, el ataque era deliberado porque Sgrena sabía
demasiado. Esto me recuerda el disparo contra el Hotel
Palestina, el 8 de abril, que mató a dos periodistas. Yo
estaba entonces en Iraq con Médecine pour le Tiers
Monde. En el momento de los hechos, estaba dos pisos
más abajo y ayudé en el rescate. A modo de excusa, el
ejército estadounidense dijo que había habido disparos
contra sus hombres desde el hotel. Pero nadie oyó allí
tiros. Más tarde un soldado estadounidense me explicó
lleno de orgullo que desde su carro podía ver claramente
una cabeza a 200 metros. Así pues, el soldado que
disparó desde su tanque contra el Hotel Palestina pudo
distinguir claramente a los periodistas y a su cámara.
Pero el informe secreto del ejército dice que sus tropas
no cometieron falta alguna. Ese mismo día, el despacho
de Al Jazeera fue víctima de un ataque aéreo. Un
periodista muerto, Paul Pascual, de Reuters, me
confirmó que el ejército estadounidense sabía dónde
estaba instalada Al Jazeera. A petición de la
propia Al Jazeera, él había transmitido al
Pentágono las coordenadas GPS del despacho para que no
le dispararan. En marzo de 2004 unos periodistas de otra
cadena árabe, Al Arabiya, fueron abatidos con una
bala en la cabeza cuando se daban la vuelta en un
control estadounidense ante el que se habían
identificado.
En agosto de 2004, el
gobierno iraquí instalado por EE.UU. cerró las oficinas
de Al Jazeera durante un mes después de que el
ministro estadounidense de Defensa, Donald Rumsfeld, los
acusara de anti estadounidenses. Eason Jordan, director
de la información en la CNN, declaró en enero de
2005 durante el Foro económico de Davos que muchos
periodistas en Iraq habían sido objetivo de los
estadounidenses. Poco después dimitió a consecuencia de
las presiones. Dijo que había comprendido mal. La
Federación Internacional de Periodistas (FIJ, en sus
siglas en francés) acusa a EE.UU. de querer controlar e
intimidar a los media en Iraq. Según la FIJ, no ha
habido ninguna explicación ni investigación seria sobre
las muertes de 13 periodistas matados por las tropas
estadounidenses en Iraq. ¿Son todas ellas errores?
¿Qué tiene que ocultar EE.UU.?
EE.UU. se ve confrontado en Iraq a una resistencia
creciente. Una resistencia a la que trata de quebrar por
medio de la guerra sucia. “Elimina a los terroristas” en
ciudades y pueblos enteros. He podido ver los resultados
de esto en los hospitales: muchos civiles heridos y
muertos por las bombas (esto es, bombas de
fragmentación), abatidos en los controles, durante los
registros a domicilio, en la calle. He podido constatar
que el ejército estadounidense es él mismo un factor de
inseguridad. Sus soldados disparan contra todo aquello
que les parece sospechoso. Incluso contra las
ambulancias, a pesar de la prohibición de la Convención
de Ginebra. Un soldado al que le pregunté, al respecto
me respondió: “Esta ambulancia podía haber estado llena
de explosivos”. Saben que pueden actuar
impunemente. Además el propio Bush dio ejemplo de ello
cuando lanzó su “ataque preventivo” contra Iraq. En
agosto de 2003, pregunté a un policía militar qué hacían
si veían a sospechosos que huían. Me respondió: “Se les
liquida”. Cuando un soldado estadounidense mataba
a un iraquí ni siquiera tenía que hacer un informe
verbal. Y si había que hacer un informe, se adapta la
historia diciendo que el tipo se había escapado a tiros.
Y en noviembre de 2004, durante el asalto a Faluya,
vimos en la tele a un soldado estadounidense rematando a
un herido en una mezquita. El soldado no veía ningún
mal en ello. Este tipo de actitud no es rara en el Iraq
ocupado. Pero las imágenes han dado la vuelta al mundo
y, por lo tanto, este soldado ha tenido que dar cuenta.
A finales de febrero, el ejército estadounidense le
libró de toda diligencia judicial.
Esta guerra ha matado ya al menos a 100.000 iraquíes
Las acciones de las tropas estadounidense y
británicas matan a muchos más civiles que los atentados
suicidas. Seamos claros, nadie puede aprobar los ataques
contra civiles inocentes, ni los del ejército
estadounidense ni los de algunos grupos que no tiene
nada que ver con una resistencia legítima. Según la
prestigiosa revista médica The Lancet
(29.10.2004), al menos otros 100.000 iraquíes han muerto
a consecuencia de la guerra. La mitad de ellos de muerte
violenta, el 84% de ellos a consecuencia de los
ejércitos estadounidense y británicos (4% de la
resistencia). EE.UU. quiere ocultar su guerra sucia.
Durante el asedio de Faluya el hospital de la ciudad fue
ocupado de tal manera que lo que relataban los médicos o
las imágenes de las víctimas no pudo llegar al mundo.
Así pues lo que aparece hoy en primera página son los
atentados suicidas. En Iraq, hoy reina el caos total.
Con unos colegas iraquíes hemos hecho una encuesta sobre
la sanidad en Iraq. Dos años después de la caída de
Bagdad la situación es dramática. Nadie está seguro. Se
han degradado el poder adquisitivo, la situación
alimenticia y las condiciones de vida. Más de la mitad
de la población está en paro y, por lo tanto, sin
ingresos. Se ha más que duplicado el precio de la comida
y de los transportes. Hay graves problemas de
electricidad, de agua potable, de aguas residuales, de
basura. A consecuencia de ello ha aumentado
considerablemente la mortandad infantil. Y la
infraestructura sanitaria sigue sin mejorar.
Parece que de lo
único que se preocupan los ocupantes es de sus propios
intereses y de su seguridad. Cualquier apoyo a la
ocupación ―incluida la formación de soldados, de
policías y de jueces iraquíes, en la que va a participar
Bélgica y el Estado español― refuerza la influencia
estadounidense en Iraq. Así, una gran parte de la
riqueza del país, el petróleo, puede acabar en manos de
las multinacionales occidentales. Esto no beneficiará a
la población iraquí. Y el caos puede continuar.
La mayoría de los
iraquíes quiere que salgan las tropas de ocupación.
Cuanto antes lo hagan, más oportunidades habrá de que se
produzca un verdadero progreso para la población iraquí.
*Geer van Moorter es un médico belga que
viajó en 2002 a Iraq con el periodista belga Michel
Collon y que permaneció en Bagdad durante la guerra para
ayudar como médico pero también para dar testimonio de
lo que allí estaba ocurriendo. En 2003 tuvo que socorrer
a un periodista al que habían disparado los soldados
estadounidenses con los que tuvo oportunidad de hablar
acerca de lo que estaban haciendo. Su testimonio arroja
alguna luz sobre el asunto Sgrena. También es autor del
libro "Le fossé mortel: santé et développement" y
de un documental.
geert.van.moorter@skynet.be
Traducido para Rebelión por Beatriz Morales
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