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Que Cuba no es una sociedad perfecta, lo admiten cubanos
como el gran artista Pablo Milanés. Y no lo es, porque
la construyen día a día, con sus aciertos y errores,
hombres y mujeres que han escogido su propio camino para
darse a sí mismos lo que consideran necesario.
Pero a mí, aún sin ser una sociedad perfecta (¿hay
alguna que lo sea?), me parece mucho más justa y
solidaria que otras que pretenden dar ejemplo de
Democracia, Libertad de Expresión y Derechos Humanos.
Por eso amo a Cuba y defiendo su Revolución. Por eso me
duele y me indigna la sarta de mentiras y de medias
verdades sobre Cuba, que constantemente se vierten en
los distintos medios de comunicación, o de
desinformación, de nuestro país.
La Libertad, la Democracia y los Derechos Humanos
La extraña vara de medir con que progreso e
intelectuales, que se dicen de izquierda, denuncian el
encarcelamiento de “disidentes” cubanos, mientras callan
sobre las torturas y horrores a los que EE.UU. somete a
sus prisioneros de los países a donde ha llevado, a
sangre, fuego y destrucción, la “libertad, la democracia
y los Derechos Humanos”.
O el silencio cómplice sobre los cinco cubanos presos en
EE.UU., condenados a cadena perpetua por luchar,
precisamente, contra el terrorismo hacia Cuba. Pero
claro, para EE.UU. y sus aliados, el terrorismo contra
Cuba, que ha costado más de dos mil vidas humanas desde
el triunfo de la Revolución, no es terrorismo, sino
“lucha por la libertad”.
Y los diputados del PP, promueven debates en nuestro
parlamento para exigir al Gobierno de Fidel Castro la
liberación de los disidentes, que por cierto, desde mi
punto de vista, solo son mercenarios, porque está más
que probado que reciben dinero de EE.UU. para derrocar
al Gobierno de su país. Pero jamás promueven debates
similares para exigir a los EE.UU. que liberen a los
presos que retiene y tortura en Guantánamo, en contra de
todas las convenciones internacionales. Tampoco se les
ocurre promover un debate para exigir la liberación de
los cinco presos cubanos, injustamente encarcelados
desde hace cinco años.
Pero abundando más en la Libertad de expresión. ¿Podemos
nosotros dar ejemplo? Les aseguro que no. Y lo digo con
conocimiento de causa, porque soy periodista: La
libertad de expresión no existe, hoy por hoy, en ningún
país del mundo. Está supeditada a intereses políticos y
económicos. Y puedo garantizarles que aquí, en el
“paraíso de la libertad y la democracia”, existe la
censura.
A no ser que confundamos la Libertad de Expresión con el
espectáculo bochornoso que ofrecen esos programas de TV
donde sin ningún rigor periodístico, sin contrastar la
información, a cualquier mindundi de poca monta se le
permite hablar y opinar a voz en grito.
Pongo como ejemplo ese bodrio lamentable llamado “¿dónde
estás corazón?”, de Antena 3, donde se han vertido toda
clase de calumnias contra la Revolución cubana. U otro,
cuyo nombre no recuerdo, de Tele 5, donde un individuo
ha aparecido diciendo que ha sido miembro de la
Seguridad cubana, contando barbaridades sobre un
supuesto espionaje a artistas y famosos españoles. Como
si la Seguridad cubana no tuviera mejores cosas de qué
ocuparse: no en balde ha evitado decenas de atentados
contra sus dirigentes y el derrocamiento de la
Revolución que con tanto ahínco lleva persiguiendo EE.UU.
desde hace más de cuatro décadas.
Y por supuesto, no se ahorran detalles sobre el
escabroso tema de la prostitución. Porque parece que el
único lugar en el mundo donde hay prostitutas es Cuba.
Pero lo que no se dice, es que en Cuba, las mujeres que
ejercen el oficio más antiguo de la Humanidad, no se
prostituyen para comer, o para darle una medicina a su
madre o a sus hijos, o para costearse su drogadicción.
Lo hacen para mejorar su nivel de vida y tener acceso a
los pequeños o grandes lujos que no pueden permitirse
con su salario. Está todo inventado. Aquí también
tenemos universitarias o amas de casa, que se
prostituyen para pagarse la carrera o para permitirse
caprichos.
Pero es que todo vale para atacar a Cuba. Todos se
sienten capacitados y con el derecho a criticar a Cuba.
Hasta en un excelente programa de música latina de Canal
Sur Radio, “Corazón de melón”, que se nutre
principalmente de música cubana, su presentadora, Pepa
Rosales (una excelente profesional, me consta. Con
grandes conocimientos musicales, no cabe duda), no puede
resistirse a la tentación de soltar algún dardo, de vez
en cuando, al referirse a los artistas que se han
afincado fuera de Cuba. Me parece algo insólito que la
crítica contra la Revolución, se emplee hasta en un
programa musical. En programas donde la música
norteamericana es la protagonista, no oigo críticas
políticas contra el sistema estadounidense.
En cambio no se habla de que un país pobre como Cuba,
bloqueado y hostigado por la potencia más poderosa del
planeta, con recursos limitados, ha sido capaz de
superar una de las peores crisis económicas de su
Historia, a la que tuvo que enfrentarse tras la caída
del campo socialista. No se dice que la tasa de
desempleo es de solo el 2% (ya la quisiéramos nosotros).
Que el producto interior bruto ha crecido un 5% el año
pasado, a pesar de los huracanes, de la sequía y, por
supuesto, del bloqueo.
No se habla de su desarrollo en biotecnología y
medicina. No se dice que Cuba es un país culto, donde la
alfabetización alcanza al 100% de la población. Donde
nadie se muere por falta de asistencia médica. Donde los
niños están protegidos y asistidos desde que están en el
vientre de su madre. Con escuelas y sanidad gratuitas
que alcanzan a la totalidad de la población infantil.
Donde sus necesidades alimentarias están cubiertas, así
como sus actividades recreativas, tan importantes para
el desarrollo de un niño.
En Cuba no hay niños mendigos ni víctimas de malos
tratos. En Cuba, los niños no mueren por falta de
vacunas. En Cuba no se ven obligados a coger un fusil y
ni a renunciar a su infancia.
En Cuba, la reestructuración de la economía, como ha
sido el caso de los centrales azucareros, no ha supuesto
la pérdida de un solo puesto de trabajo, muy al
contrario de lo que ocurre aquí cada vez que se produce
una reconversión.
En Cuba, los ancianos no son deshechos de la sociedad.
Se les respeta, se les escucha y se les cuida.
En Cuba existe una democracia participativa, porque es
el pueblo el que elige directamente a sus representantes
en las distintas instituciones y no los partidos
políticos, como ocurre aquí. Unos representantes que
periódicamente tienen que rendir cuentas de su gestión.
Y hasta el propio Fidel Castro, necesita la mitad más
uno de los votos para ser elegido, por lo que su mandato
se somete a un referéndum cada cinco años.
Pero nada de eso interesa que se sepa, no vaya a ser que
cunda el ejemplo entre los pobres de la Tierra.
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