Año III
La Habana
Semana 19 - 25
MARZO
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Se necesita un nuevo Nüremberg
Nidia Díaz La Habana


Pocas veces desde su nacimiento, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas (CDH), ha estado en un momento tan definitorio como en este 61 período de sesiones que se inició el 14 de marzo, en Ginebra.

Fundada en 1946 como reclamo universal tras la derrota del fascismo para evitar que se repitieran las atrocidades y el genocidio cometidos por la Alemania nazi contra la humanidad, en su edición de este año, concurren circunstancias similares a aquellas por las que se creó y que apuntan contra la existencia de los más elementales derechos humanos, incluyendo el principal, el de la vida misma.

La instalación en la Casa Blanca de una administración neofascista que barrió con el multilateralismo en las relaciones internacionales, la imposición de su hegemonismo en un mundo unipolar, unido al control absoluto que ejerce al interior de la CDH y la vía expedita que ha conseguido para imponer por medio de la guerra sus objetivos imperiales a nivel planetario, han convertido a los EE.UU. en el principal peligro para la defensa de los derechos humanos en este siglo que apenas comienza.

Y eso hay que repetirlo una y mil veces

Las guerras de agresión contra Yugoslavia, Afganistán e Iraq, la injerencia cada vez mayor en los asuntos internos de los Estados, los métodos fascistas empleados contra la población civil en los países ocupados, las torturas contra los prisioneros de guerra en las cárceles sembradas por el nuevo imperio en esos y otros territorios, y las amenazas contra aquellas naciones que se resisten a seguir sus dictados, debieran ser, sin lugar a dudas, centro de atención, reflexión, debate y condena a Washington en este 61 período de sesiones de la CDH que comienza en Ginebra.

Todos sabemos, sin embargo, que no será así

La administración de George W. Bush, cuenta para sus fines, en mayor o menor medida, con el reducido grupo de países ricos que lo acompañan en este ejercicio selectivo y politizado en que han convertido las sesiones de Ginebra.

Ellos, junto con el nuevo amo, ven a la Comisión como algo de su propiedad. Es el escenario donde mejor expresan sus frustraciones coloniales. La CDH, es, no lo duden, el tribunal inquisidor de los nuevos tiempos y actúa deliberada y alevosamente contra aquellos que un día se les rebelaron y a los que nunca han dejado de pasarles la cuenta.

Es la historia de lo viejo contra lo nuevo. De la muerte contra la vida. De la dependencia y el sometimiento contra la independencia y la soberanía.

Eso ha sido y es posible aún porque la CDH, bajo la égida de EE.UU. y sus cómplices abúlicos del Viejo Continente, practica un ejercicio anual de amedrentamiento contra las naciones del Sur a quienes por intermedio de certificaciones de “mala conducta”, campañas de descrédito y condenas se les trata de imponer la estrategia de dominación imperial que pasa por su absorción política, económica, ideológica y cultural con el objetivo de homogenizar la Tierra tras un modelo único que enarbola los valores más decadentes de la especie humana.

Ginebra ha comenzado

Allí, en documentos que volverán a ser empolvados o marginados del debate y de las resoluciones, están los grandes problemas que afectan a la inmensa mayoría de la humanidad: la conculcación de los derechos al desarrollo, a la vida, a la alimentación, al empleo, a la educación, a la salud, a la independencia.

Cuatro mil 500 millones de hombres y mujeres del mundo subdesarrollado volverán a ser, como cada año, ignorados por ese Norte industrializado que solo llega a Ginebra a castigar, a sentar en el banquillo de los acusados a quienes luchan por revertir la terrible e injusta situación de los casi mil millones de personas que en el Tercer Mundo pasan hambre. De ellos 160 millones de niños desnutridos. O de los 850 millones de adultos analfabetos o los 260 millones de infantes en edad escolar que no reciben educación. Para no hablar de los 20 millones de africanos que inexorablemente morirán de SIDA porque no pueden acceder a ningún tipo de tratamiento con que combatir la enfermedad.

¿Qué puede importarle a Washington o al rico Norte que 30 000 menores de cinco años mueran cada día y 600 000 mujeres mueran anualmente en el parto?

Los que como Cuba, persistan en reclamar que esos derechos sean devueltos a quienes se les ha privado y exigir justicia deberán estar dispuestos a enfrentar la cólera del imperio, las calumnias, las represalias, incluso el chantaje y las presiones.

La adopción de sucesivas resoluciones anticubanas en Ginebra, son consecuencia de nuestra firmeza en el combate contra la injusticia, de nuestra firme e inclaudicable decisión de continuar el camino de las transformaciones socialistas por todos y para el bien de todos.

Los días por venir a partir de este 14 de marzo y hasta el 22 de abril, deberán ser definitorios para la Comisión de Derechos Humanos.

No son tan pocos los que han comprendido que el imperio fabrica mentiras, apela a calumnias, hace lobby para conseguir sus propósitos que no son otros— lo mismo en el caso de Cuba como en el de otras naciones —, que mantener alto el perfil de hostilidad para justificar cualquier tipo de agresión o ataque en este camino de confrontación emprendido por la administración de George W. Bush.

No hay dudas de que el imperio siempre ha tenido el tejado de vidrio. Nunca antes, sin embargo, sus crímenes, sus mentiras y su doble moral han sido más expuestos a los ojos de todos como en estos últimos meses.

Los horrores cometidos por sus tropas en Abu Ghraib y en la base naval que ilegalmente ocupan en el territorio cubano de Guantánamo les pisarán los talones por los pasillos y en el escaño que ocupan en Ginebra.

Ningún momento más propicio que este para acabar de sentar en el banquillo de los acusados al principal violador de los derechos humanos en el Planeta y, de paso, rescatar la credibilidad perdida de la CDH.

Tribunal de Nüremberg

Convertir Ginebra este año en un nuevo Tribunal de Nürenberg, porque no diferentes han sido y son los crímenes cometidos en nombre de la libertad y la democracia por la administración de George W.Bush, en el mundo, debiera ser un mandato de los que allí asistan en nombre de la conciencia humana.

Solo así podrán detenerse sus nuevos y más agresivos planes de conquista.

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