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Pocas veces desde su nacimiento, la Comisión de Derechos
Humanos de Naciones Unidas (CDH), ha estado en un
momento tan definitorio como en este 61 período de
sesiones que se inició el 14 de marzo, en Ginebra.
Fundada en 1946 como reclamo universal tras la derrota
del fascismo para evitar que se repitieran las
atrocidades y el genocidio cometidos por la Alemania
nazi contra la humanidad, en su edición de este año,
concurren circunstancias similares a aquellas por las
que se creó y que apuntan contra la existencia de los
más elementales derechos humanos, incluyendo el
principal, el de la vida misma.
La instalación en la Casa Blanca de una administración
neofascista que barrió con el multilateralismo en las
relaciones internacionales, la imposición de su
hegemonismo en un mundo unipolar, unido al control
absoluto que ejerce al interior de la CDH y la vía
expedita que ha conseguido para imponer por medio de la
guerra sus objetivos imperiales a nivel planetario, han
convertido a los EE.UU. en el principal peligro para la
defensa de los derechos humanos en este siglo que apenas
comienza.
Y eso hay que repetirlo una y mil veces
Las guerras de agresión contra Yugoslavia, Afganistán e
Iraq, la injerencia cada vez mayor en los asuntos
internos de los Estados, los métodos fascistas empleados
contra la población civil en los países ocupados, las
torturas contra los prisioneros de guerra en las
cárceles sembradas por el nuevo imperio en esos y otros
territorios, y las amenazas contra aquellas naciones que
se resisten a seguir sus dictados, debieran ser, sin
lugar a dudas, centro de atención, reflexión, debate y
condena a Washington en este 61 período de sesiones de
la CDH que comienza en Ginebra.
Todos sabemos, sin embargo, que no será así
La administración de George W. Bush, cuenta para sus
fines, en mayor o menor medida, con el reducido grupo de
países ricos que lo acompañan en este ejercicio
selectivo y politizado en que han convertido las
sesiones de Ginebra.
Ellos, junto con el nuevo amo, ven a la Comisión como
algo de su propiedad. Es el escenario donde mejor
expresan sus frustraciones coloniales. La CDH, es, no lo
duden, el tribunal inquisidor de los nuevos tiempos y
actúa deliberada y alevosamente contra aquellos que un
día se les rebelaron y a los que nunca han dejado de
pasarles la cuenta.
Es la historia de lo viejo contra lo nuevo. De la muerte
contra la vida. De la dependencia y el sometimiento
contra la independencia y la soberanía.
Eso ha sido y es posible aún porque la CDH, bajo la
égida de EE.UU. y sus cómplices abúlicos del Viejo
Continente, practica un ejercicio anual de
amedrentamiento contra las naciones del Sur a quienes
por intermedio de certificaciones de “mala conducta”,
campañas de descrédito y condenas se les trata de
imponer la estrategia de dominación imperial que pasa
por su absorción política, económica, ideológica y
cultural con el objetivo de homogenizar la Tierra tras
un modelo único que enarbola los valores más decadentes
de la especie humana.
Ginebra ha comenzado
Allí, en documentos que volverán a ser empolvados o
marginados del debate y de las resoluciones, están los
grandes problemas que afectan a la inmensa mayoría de la
humanidad: la conculcación de los derechos al
desarrollo, a la vida, a la alimentación, al empleo, a
la educación, a la salud, a la independencia.
Cuatro mil 500 millones de hombres y mujeres del mundo
subdesarrollado volverán a ser, como cada año, ignorados
por ese Norte industrializado que solo llega a Ginebra a
castigar, a sentar en el banquillo de los acusados a
quienes luchan por revertir la terrible e injusta
situación de los casi mil millones de personas que en el
Tercer Mundo pasan hambre. De ellos 160 millones de
niños desnutridos. O de los 850 millones de adultos
analfabetos o los 260 millones de infantes en edad
escolar que no reciben educación. Para no hablar de los
20 millones de africanos que inexorablemente morirán de
SIDA porque no pueden acceder a ningún tipo de
tratamiento con que combatir la enfermedad.
¿Qué puede importarle a Washington o al rico Norte que
30 000 menores de cinco años mueran cada día y 600 000
mujeres mueran anualmente en el parto?
Los que como Cuba, persistan en reclamar que esos
derechos sean devueltos a quienes se les ha privado y
exigir justicia deberán estar dispuestos a enfrentar la
cólera del imperio, las calumnias, las represalias,
incluso el chantaje y las presiones.
La adopción de sucesivas resoluciones anticubanas en
Ginebra, son consecuencia de nuestra firmeza en el
combate contra la injusticia, de nuestra firme e
inclaudicable decisión de continuar el camino de las
transformaciones socialistas por todos y para el bien de
todos.
Los días por venir a partir de este 14 de marzo y hasta
el 22 de abril, deberán ser definitorios para la
Comisión de Derechos Humanos.
No son tan pocos los que han comprendido que el imperio
fabrica mentiras, apela a calumnias, hace lobby para
conseguir sus propósitos que no son otros— lo mismo en
el caso de Cuba como en el de otras naciones —, que
mantener alto el perfil de hostilidad para justificar
cualquier tipo de agresión o ataque en este camino de
confrontación emprendido por la administración de George
W. Bush.
No hay dudas de que el imperio siempre ha tenido el
tejado de vidrio. Nunca antes, sin embargo, sus
crímenes, sus mentiras y su doble moral han sido más
expuestos a los ojos de todos como en estos últimos
meses.
Los horrores cometidos por sus tropas en Abu Ghraib y en
la base naval que ilegalmente ocupan en el territorio
cubano de Guantánamo les pisarán los talones por los
pasillos y en el escaño que ocupan en Ginebra.
Ningún momento más propicio que este para acabar de
sentar en el banquillo de los acusados al principal
violador de los derechos humanos en el Planeta y, de
paso, rescatar la credibilidad perdida de la CDH.
Tribunal de Nüremberg
Convertir Ginebra este año en un nuevo Tribunal de
Nürenberg, porque no diferentes han sido y son los
crímenes cometidos en nombre de la libertad y la
democracia por la administración de George W.Bush, en el
mundo, debiera ser un mandato de los que allí asistan en
nombre de la conciencia humana.
Solo así podrán detenerse sus nuevos y más agresivos
planes de conquista.
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