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Desde hace unos cuantos lustros la milenaria y culta
Ginebra deviene frente de una guerra de ideas contra el
chantaje y las amenazas, de David frente a Goliah. Año
tras año asistimos a la nada sutil telaraña que tejen
los gobiernos del Norte para condenar a una pequeña isla
del Sur.
Buscan títeres
(este año aún no lo han encontrado) que presentan
como papagayos amaestrados denuncias made in USA,
de supuestas violaciones de los derechos humanos en
Cuba. Ya cercano el día de las votaciones el
despliegue abarca todos los medios de comunicación:
el cara a cara con enviados especiales, el teléfono
y el e-mail para amenazar a presidentes y
cancilleres: lo mismo, según el caso, le dicen que
el FMI no dará un nuevo crédito, o les aseguran que
no serán condenados por alguna violación, a partir
de los buenos oficios de Washington.
Las presiones son tantas que no han faltado en
oportunidades las declaraciones de mandatarios
admitiendo que tuvieron que cambiar su intención de
voto. El pasado año, por ejemplo, Cuba se enteró
sorpresivamente de que República Dominicana se sumaría
al voto contra Cuba. El presidente de ese país caribeño,
Hipólito Mejía, expresó públicamente en Miami que "había
estado recibiendo llamadas de presión sobre el voto del
proyecto anticubano en Ginebra del subsecretario de
Estado norteamericano, Roger Noriega y del entonces
enviado especial del presidente Bush para las Américas,
el también anticubano Otto Reich".
Si
no fuera un hecho tan serio causaría risa porque mira
que Goliah hace ridiculeces por tal de destruir a David,
lo ha hecho por 46 años. Lo hace en este 2005 cuando más
que defenderse, los cubanos atacan en Ginebra.
La
delegación de la mayor de las Antillas presentará varias
recomendaciones, la primera y más importante ya la hizo
el canciller Felipe Pérez Roque: modificar la Comisión
de Derechos Humanos a partir de cambios en este planeta
donde un poder pretende imponerse en cada metro cuadrado
de tierra y hectolitro de agua.
Y
como no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo,
en esta oportunidad, antes de las deliberaciones,
centenares de intelectuales, algunos de los que fueron
envueltos por una guerra mediática hace dos años, han
firmado el llamamiento "Detengamos una nueva maniobra
contra Cuba". Librado desde la Casa de Todos, la Casa de
las Américas, el texto advierte que una vez más EE.UU.
quiere condenar a Cuba y con ello abrir el camino a una
intervención directa, acto contra el que se debe luchar
desde todas las trincheras.
Al
llamado diariamente se unen importantes firmas
reconocidas, desde las más diversas latitudes y también
ha sido publicado por diferentes órganos de prensa.
Hombres y mujeres de los más variopintos credos
filosóficos y religiosos, habitantes de países fríos o
cálidos se unen en esta alerta contra el hegemonismo
unipolar.
Sin soledad en el frente actual de lucha, cubanos y
cubanas esperan por la votación de Ginebra. Sea cual
sea, la verdad está dicha desde antes: los torturadores
de las cárceles de Iraq o de la Base Naval de Guantánamo
debían ser los verdaderos condenados, los que ya, de
hecho, se enfrentan al más implacable de los juicios: el
de la historia. |