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Pese a su pequeñez e insularidad, a ser casi un ave rara
en el mapa sociopolítico contemporáneo, a las campañas
difamatorias en su contra, al bloqueo norteamericano,
Cuba no se siente disminuida o sola en el concierto
internacional.
Cierto que "aislamiento" procede de "isla", mas la
aparente soledad derivada de tal condición no rebasa el
puro concepto geográfico: por la admiración y el respeto
que inspira, la menuda nación caribeña es tan
continental como cualquier otra que físicamente lo sea.
Lo curioso es que los propios factores que pudieran
acarrearle un hipotético apartamiento son los que le
tienden puentes desde los cuatro puntos cardinales, la
realzan ante el mundo y lo vinculan a él.
A fines del siglo pasado, cuando las columnas del
Partenón socialista caían una tras otra y malograban un
devenir histórico que parecía discurrir con la mayor
lógica, hasta los más reputados oráculos auguraron que
la escombrera sepultaría la quimera cubana.
Sin embargo, la revolución liderada por Fidel Castro
sigue ahí, lozana en sus 46 años y más sólida que
entonces. Lo único que sepultó el derrumbe de marras
fueron las cosas malas, que las hubo, calcadas de la
fallida arquitectura socialista europea.
Como prueba que Cuba no está sola puede alegarse que
mantiene relaciones diplomáticas con más de 180 estados,
pero lo cierto es que cuando no con los gobiernos, la
isla desarrolla excelentes relaciones con los pueblos
que aquellos representan o debieran representar.
En la actualidad, en 131 países de todos los continentes
hay mil 749 organizaciones y grupos de solidaridad con
la mayor de las Antillas.
En Europa se asientan 731, en América Latina y el
Caribe, 541, en Asia y Oceanía, 181, en África y Medio
Oriente, 106, y en Norteamérica, Puerto Rico y las
comunidades cubanas en el exterior, 190.
Puesto que cifras carentes de contenido dicen poco,
sépase que en el recién finalizado año dichas esas
organizaciones le dedicaron a la ínsula cuatro mil 147
acciones de solidaridad.
¿Cuántos países pueden ufanarse de que el resto del
mundo le consagre unas 12 actividades diarias? Y claro,
que sean de simpatía y no de repulsa, porque hay otros
que en eso están de Guinnes.
Entre los temas incluidos en esas actividades, quizás el
más constante sea el del cuarentón bloqueo
norteamericano contra La Habana. Sobre ese tópico hay
plena identidad entre pueblos y gobiernos, pues desde
hace más de un decenio, con el voto de casi todos sus
estados miembros, Naciones Unidas viene emitiendo
sucesivas resoluciones condenatorias de la intención
estadounidense de asfixiar a Cuba.
En tales ocasiones, curiosamente, la que ha parecido una
isla debido a su "insularidad política" es la poderosa
nación norteña, por lo regular acompañada en el empeño
solo por Israel y otros dos o tres eventuales cómplices.
Otro tema que de un tiempo a esta parte es punto fijo en
la agenda de la solidaridad internacional con Cuba, es
el de la liberación de cinco nacionales recluidos en
prisiones federales norteamericanas por luchar contra el
terrorismo.
Así como se oye: presos por antiterroristas, en el país
que presume de ser el abanderado de la lucha contra el
ese flagelo mundial.
En septiembre de 1998, Gerardo Hernández, René González,
Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González
fueron detenidos en la Florida por recopilar información
sobre organizaciones de origen cubano con un grueso
expediente terrorista contra Cuba.
Más no había, pues no se les ocupó siquiera un papelito
que los vinculara a actividades lesivas a la seguridad
de los Estados Unidos.
No obstante, un parcializado tribunal de Miami los
encontró culpables de conspiración para espiar, entre
otros cargos, y los condenó a penas que van de doble
cadena perpetua a 15 años de privación de libertad.
Ahora, en más de 80 países de todo el orbe hay casi dos
centenares y medio de grupos y comités que exigen
justicia para los Cinco, cuyo caso esta siendo revisado
desde marzo del pasado año por la Corte de Apelaciones
de Atlanta.
Lo lindo del caso es que a tales grupos no solo
pertenecen amigos declarados de Cuba, sino también
personas sin vínculos ideológicos con la Revolución,
pero cuya decencia los llevó a dar ese paso no bien
conocieron las arbitrariedades cometidas contra los
jóvenes.
Palabras y cifras no alcanzan a reflejar el verdadero
brillo de la solidaridad internacional con Cuba, mas la
isla ocupa un lugar tan poco común bajo el sol, que a
los irradiadores de esa solidaridad les parecen pocas
las acciones en aquel sentido.
Los cubanos, entretanto, acogen con pareja complacencia
hechos y palabras porque de conjunto iluminan la soledad
más acompañada que jamás se vio.
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