Año III
La Habana
Semana 19 - 25
MARZO
de 2005

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Honestidad intelectual
Pedro de la Hoz La Habana
Juventud Rebelde


Honestidad. No hay otra palabra que califique con mayor precisión el gesto de más de mil intelectuales de América Latina, Europa, Asia, África y los propios Estados Unidos al llamar la atención sobre la reiterada maniobra del gobierno de Washington encaminada a condenar a Cuba por la supuesta violación de derechos humanos que esa misma administración desconoce y pisotea sistemáticamente.

Concertada y voluntariamente, a partir del dictado de sus conciencias, personas muy diversas en quehaceres y profesiones, pero también en credos e ideologías, coincidieron en advertir no solo lo que Estados Unidos, en contumaz y perverso ejercicio, pretende singularizar en la ronda anual de la Comisión de Derechos Humanos que sesiona en Ginebra, sino, de igual modo, adoptar una acción cívica, influyente entre los gobiernos que tienen la responsabilidad de votar en el órgano de las Naciones Unidas.

En la muy nutrida y representativa lista de firmantes hay amigos de Cuba, gente que se identifica con el inédito proceso de transformaciones sociales que tiene lugar en nuestro país. Pero eso no es lo que define la suscripción, pues también hay voces intelectuales que distan de profesar los ideales socialistas y otras que en determinados momentos han hecho públicas sus diferencias y críticas ante acciones y particularidades de la Revolución cubana.

Unos y otros saben que lo que se halla en juego va mucho más allá de coyunturas y simpatías. Incluso va mucho más allá de Cuba. Se trata de una elección ética. O se cierran los ojos y se deja al arbitrio de los nuevos bárbaros de Washington los destinos del mundo o se le dice a ese mundo que debe y puede cambiar. O se admite el predominio del cinismo y la impunidad o se planta cara a la verdad para revelar la exacta naturaleza de las cosas. O se calla para no molestar a quienes certifican quiénes son los buenos y los malos en ese filme mediocre que pretende ser la única lectura de la realidad mundial o se le hace ver al guionista su maldad y su mediocridad.

Es por todo ello que no concuerdo con quienes han querido ver en la masiva respuesta ante el llamamiento una recuperación del apoyo intelectual internacional hacia la Revolución cubana. Este nunca ha faltado. En todo caso hablaría de una recuperación del sentido ético que tanta falta hace para salvarnos del caos.

Esto es lo que une a Rigoberta Menchú, la más alta voz de las explotadas y masacradas comunidades mayas guatemaltecas, con la japonesa Setsuko Ono, una sensible escultora que promueve el humanismo como forma de entendimiento y que conoce muy bien el interior del sistema por sus largos años de trabajo en la cúpula del Banco Mundial. Lo que hace que coincidan el transgresor e irreverente cantautor Manu Chao, el director de orquesta Claudio Abbado y el compositor folclórico chipriota Adamis Kasantonis. Lo que junta en un mismo propósito a los católicos Ernesto Cardenal y Frei Betto con los marxistas Adolfo Sánchez Vázquez y Atilio Borón. Es el sentido de la más elemental justicia el que moviliza a Nadine Gordimer, esa menuda y valiente mujer blanca que se opuso al régimen del apartheid, y a James Early, brillante promotor de estudios culturales de la Smithsonian Institution en Washington.

Uno de los más ilustres firmantes del manifiesto, el portugués José Saramago, dijo hace unos pocos años en torno a las relaciones entre obra y vida: “Estar esperando que el poeta, el escritor tengan algo que decir como si fuera una especie de faro que va adelante y todo el mundo le sigue, eso no se debe pensar. Nos hemos equivocado, no hay que pedirle al poeta, al escritor, al artista, al músico, al pintor cosas como esas, él hace su trabajo. Lo que interesa es preguntarle a él, además de su trabajo, ¿qué es lo que hace? Una cosa es el libro que yo escribo y otra, quizá contraria, es cómo se comporta una persona determinada, cómo me comporto yo en la vida. Puede llegar a haber una contradicción entre una cosa y otra. Yo puedo escribir cosas maravillosas y ser un canalla”.

No faltan buenos escritores, pintores, matemáticos que son buenos canallas. El lector avisado no necesita nombres, sabe en quiénes estoy pensando. Pero también sabe que entre los más de mil nombres y otros muchos que se irán sumando en las siguientes jornadas al manifiesto Detengamos una nueva maniobra contra Cuba, más allá del sólido prestigio que avala sus diversos ejercicios intelectuales, sobran dignidad, honestidad, altura ética, sentido de la justicia y un irreductible compromiso con el mejoramiento humano.

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