Año III
La Habana
Semana 19 - 25
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Medios de comunicación privados en Venezuela
«Reporteros Sin Fronteras», un caballo de Troya en la prensa independiente
Thierry Deronne  y Benjamin Durand* Caracas


Los Estados Unidos país vírgen
   para Reporteros Sin Fronteras


En Venezuela y otras partes del mundo, Reporteros Sin Fronteras apoya hace dos años a medios de prensa cómplices de numerosas violaciones de los derechos humanos... y pisa el acelerador de la campaña mundial contra el gobierno de Hugo Chávez. ¿Cuáles son los medios de prensa cuyas informaciones tienen el apoyo de RSF? ¿Por qué esta estrategia de parte de una organización que debería ser imparcial?

En Caracas, en junio del 2004 se descubre un escondite de armas en locales pertenecientes a la cadena televisiva Venevisión, hecho que pone en manifiesto hasta donde son capaces de llegar, en términos de desestabilización política, los medios de prensa comerciales que prácticamente monopolizan la difusión en Venezuela.

El director de la cadena que participó en la organización del golpe militar en abril de 2002, afirma que se trata de «armas oxidadas».

La misma cadena de televisión había afirmado semanas antes, al igual que François Meurisse en el periódico francés Libération, que el descubrimiento de 91 paramilitares colombianos en una de las propiedades de un dirigente de la oposición venezolana era, también, una manipulación del presidente Chávez.

Al parecer se apresuraron porque el gobierno colombiano, al que no se le puede achacar simpatía alguna por el presidente venezolano, denunció esta invasión y envió a su ministro de Relaciones Exteriores para supervisar la repatriación de los reclutas a Colombia.

Venevisión pertenece a un amigo personal de George Bush y Jimmy Carter: Gustavo Cisneros. Autor del primer golpe de estado mediático de este siglo, habiendo logrado hacer creer al mundo durante 24 horas que Hugo Chávez había ordenado disparar contra su pueblo, «el Murdoch latinoamericano» coordina el golpe en abril de 2002, junto con la elite patronal, desde su bunker de Caracas y pone su jet a la disposición de los militares golpistas para que evacuen al presidente.

Mientras tanto, Venevisión, Globovisión y las demás cadenas privadas celebran con aires de júbilo el decreto de los golpistas que elimina de un plumazo parlamento, constitución, defensor del pueblo y otras instituciones democráticas.

Durante las 48 horas que dura el golpe, los medios de prensa que no dejaban de hablar de salvar la libertad de expresión en Venezuela muestran su verdadero rostro.

Sus «periodistas» emprenden una caza de opositores, en vivo y en tono jadeante, junto a la policía política mientras que esconden la información sobre la resistencia creciente de la población civil. Los medios de prensa asociativos son blanco de una persecución particularmente intensa, algunos de sus miembros son arrestados, sin que se haya producido la menor protesta de Reporteros Sin Fronteras (RSF).

Medios como Venevisión tienen una larga lista de cómplices en la violación de los derechos humanos. Esa complicidad no ha cesado, como lo demuestran hoy las campañas mediáticas contra dirigentes campesinos que participan en la reforma agraria del gobierno de Chávez, tildados de invasores, de guerrilleros e incluso asesinados después.

En agosto de 2003, cuando la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, en una operación que hubiera sido de simple rutina en Estados Unidos o en Francia, aplica la ley y retira algunos equipos de retransmisión que Globovision había instalado sin la autorización legal necesaria, esta cadena televisiva desencadena una violenta campaña contra este «nuevo atentado contra la libertad de expresión» (campaña de la cual RSF se hace eco inmediatamente) y llama a la ciudadanía a la resistencia contra la dictadura que se instaura en Venezuela.

Aunque la programación de Globovisión no se ve interrumpida en ningún momento, ya que no existe ningún problema con su frecuencia legal y habitual, los funcionarios de la Comisión son insultados y un comando nocturno lanza una granada de mano contra sus oficinas.

¿Libertad de expresión o dictadura mediática?

A pesar del fracaso de su golpe de estado, todos estos medios siguen llamando cotidianamente a los militares a «actuar rápido» para derrocar al presidente, y acentúan su presión sobre el Consejo Electoral, a pocas semanas del referéndum presidencial.

La contradicción política prácticamente no existe en las transmisiones. «Que se vaya Chávez» es el slogan que día tras día lanzan al éter políticos, periodistas, expertos, todos de común acuerdo.

Venevisión, RCTV, Televen, CMT, Globovisión, la radio privada, que ocupan el 95% de la gama de frecuencias y nueve periódicos de los diez en circulación son propiedad de la oposición. Como antes en Chile o en Nicaragua, utilizan «la libertad de expresión» como eje central de la guerra mediática contra un gobierno anti-neoliberal que ha restablecido la soberanía sobre el petróleo y que incomoda mucho a la administración Bush.

Medios de prensa que, además, racistas

Chávez, algunos de sus ministros y hasta los embajadores y presidentes africanos que lo visitan, son llamados «monos», lo cual ha dio lugar a protestas diplomáticas hacia una de las cadenas -RCTV- en marzo de 2004.

Por su lado, el gobierno de Chávez no ha encarcelado a ningún periodista, cerrado ningún medio de prensa o censurado ningún artículo. Siendo así, ¿por qué razón Reporteros Sin Fronteras convierte a Chávez en uno de sus blancos y confirma las alegaciones de los medios privados según los cuales el gobierno de Chávez reprime la libertad de expresión?

La estrategia de RSF en Venezuela

Desde sus primeros informes del año 2000, RSF habla de Hugo Chávez como de un futuro Fidel Castro. Descubrimos entonces que la persona escogida para representar a RSF en Caracas, María José Pérez Schael, es... consejera de la oposición.

En 2002, la honorable representante de RSF se refiera a los golpistas en el diario caraqueño El Universal: «mi corazón vibra al ver a los militares sublevados, al ver a esos hombres virtuosos que desfilan ante nuestra bandera nacional». Ante las protestas, RSF se resigna a escoger a otra persona.

Pero sigue aceptando sin más averiguaciones la versión de la prensa opositora. Y omite decir, por ejemplo, que tribunales venezolanos han comprobado la existencia de un vínculo entre militares golpistas y «auto-atentados» como el de Globovisión, destinados a alimentar una campaña mundial de saturación.

Sin embargo, cuando la televisión asociativa Catia TVE, cuyos programas son elaborados directamente por los habitantes de los barrios populares y que transmite hacia todo el oeste de Caracas, es clausurada en junio de 2003 por un alcalde de la oposición, RSF, visiblemente incómodo porque la oposición es responsable de la única clausura de un medio de prensa en Venezuela, se apresura a anunciar su «reapertura» en septiembre de 2003. Se trata de una mentira. En el momento que se escribían estas líneas (en junio de 2004), Catia TVE sigue clausurada.

La periodista Naomi Klein expresó su sorpresa ante la afirmación de RSF que habla del gobierno de Chávez como de una amenaza para la libertad de expresión.

Según ella, la más grave amenaza viene en realidad de los propios medios que han sido capaces de organizar un golpe de estado y de grupos transnacionales cuyo dueño, Gustavo Cisnero, no esconde su deseo de convertirse en el próximo presidente de Venezuela.

El cineasta argentino Fernando Solanas y el escritor uruguayo Eduardo Galeano, dos personas que nadie puede acusar de ingenuidad en materia de derechos humanos, atestiguaron recientemente sobre «la increíble libertad de expresión que reina en Venezuela».

Curiosamente los medios de prensa franceses, como los diarios Le Monde y Libération, aunque también más recientemente Charlie Hebdo, se hicieron eco de los medios privados venezolanos. El diario de derecha Le Figaro ha sido paradójicamente el único que no ha sucumbido hasta ahora a esa histeria.

El jefe de RSF, Robert Ménard, repercute y refuerza las campañas de los imperios mediáticos contra una democracia transformada en «una futura Cuba». En la nueva revista «Médios» - la revista de los que no quieren criticar a los medios-, que pertenece en parte a RSF, Robert Ménard firmaba recientemente con Pierre Veilletet un largo y venenoso artículo sobre el tema «La guerrilla de los antiglobalización en contra de la información».

Después de echar pestes contra Bourdieu, Ramonet, PLPL y Hamili, los autores de dicho artículo escriben: «Los “antiglobalistas” le perdonan todo al ex-golpista Hugo Chávez, caudillo de opereta que arruina a su país pero se contenta, ¿por ahora?, con hacer discursos al estilo de Castro sin demasiadas consecuencias reales para las libertades de sus conciudadanos».

Ménard le reprocha seguidamente a Ramonet su «silencio sobre los virulentos discursos de Hugo Chávez contra la prensa, los excesos y las reacciones de sus partidarios, la impunidad de la que gozan».

RSF ni siquiera existía cuando Armand Mattelard, al analizar la alianza entre los grandes medios de comunicación y la SIP (asociación de propietarios de medios) durante el derrocamiento de Allende, escribía: «La investigación judicial sobre la administración del diario El Mercurio, acusado de irregularidades fiscales, sirvió como pretexto para denunciar supuestas medidas coercitivas contra la «prensa libre» (...).

El mensaje enviado por la prensa burguesa chilena vuelve a su punto de origen, reforzado por la autoridad que le confiere el hecho de haber sido reproducido en el extranjero. (...)

Estamos ante una SIP que se repite a sí misma. Su campaña no es más que una inmensa serpiente que se muerde la cola». En momentos en que se desmorona en Francia la aureola de los intelectuales mediáticos y expertos en «Derechos humanos» que apoyaron una guerra cuya barbarie era previsible, es hora de investigar sobre la estrategia política de Robert Ménard, a través de RSF, hacia Venezuela.

Los Estados Unidos país vírgen para
Reporteros Sin Fronteras RSF



En el sitio internet de la asociación Reporteros Sin Fronteras (RSF) existe un mapa del planeta donde figura una clasificación por países, del más respetuoso al menos respetuoso de la libertad de prensa (ver gráfico arriba de RSF). Extrañamente los Estados Unidos no figuran. Ni por las muertes misteriosas de periodistas, ver enlaces abajo:

Las evidencias comienzan a indicar que Gary Webb fue asesinado

Libertad de prensa estilo USA: ¿Quién mató a Gary Webb?

El periodista que escribió la primera biografía de George W. Bush fue hallado suicidado misteriosamente

Ni por las manipulaciones mediáticas a gran escala que se practican en los Estados Unidos, y que de este hecho constituye un serio agravio a la libertad de prensa por sus aspectos manipuladores, ver enlaces abajo:

Judith Miller, periodista de desinformación masiva

Un editorialista de prensa se vende a Bush por 240,000 dólares (tarifa USA)

y por no citar solamente que estos dos ejemplos aquí arriba, ante un diluvio existente de desinformación masiva en los EEUU.

La asociación RSF no es una ONG credible a pesar de su fachada de buenas intenciones, la cual utiliza para hacerse una reputación, un noble objetivo, el de defender la prensa y los periodistas, pero su imparcialidad es más que notoria y responde a una lógica bien determinada, bien adiestrada.

*Thierry Deronne
Periodista belga residente en Venezuela desde hace ocho años.

Benjamin Durand
Periodista francés.

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