Año III
La Habana
2005

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Periodismo en ciernes
EL DIABLO COJUELO
Josefina Ortega
La Habana

 

El rotativo Patria sería la  obra gloriosa  de José Martí en el periodismo.

Fundado el 14 de marzo de 1892  serviría como arma ideológica del Partido Revolucionario Cubano: “Nace este periódico  ―escribió en el primer número―  por la voluntad  y con recursos de los cubanos y puertorriqueños de New York, para contribuir, sin premura y sin descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y Puerto Rico”.

Pero lo cierto es que Patria no era su fruto primero en tales lances.

Había creado muchos años antes ―quizás el antecedenteuna publicación llamada La Patria Libre;  saldría a la luz  el 22 de enero de 1869  y en él daría a conocer su drama “Abdala”,  expresión de sus ideas acerca de la lucha activa.

Pero este tampoco sería su primera experiencia. Antes, apenas tres días  el día 19 de enero del 69 junto a su amigo Fermín Valdés Domínguez, editó lo que sería su primera experiencia en las artes de la prensa.

Su título resultó, a no dudar,  un grito sacrílego en la época; el texto,  una muestra de rebeldía latente, pero lista para aflorar.

El Diablo Cojuelo  que tal fue el nombre del impreso,  fue una especie de volante y se imprimió ―un solo número― el 19 de enero de 1869 en La Habana, por Fermín Valdés Domínguez.

Fue en un momento en que el Capitán General, entonces Domingo Dulce,  había decretado un período de libertad de prensa.

El artículo de fondo era de Martí y alguno de los sueltos también.

El Diablo... tenía más valor patriótico que literario o periodístico;   se ha dicho de ese único ejemplar que son marcas martianas de sus “primeras manifestaciones en prosa contra el régimen colonial y a favor de la independencia de Cuba”.

En la portada dejaba claro: “Nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo a hacerlo.  Poco me importa que un tonto murmure, que un necio zahiera, que un estúpido me idolatre y un sensato me deteste.  Figúrese usted, público amigo, que nadie sabe quién soy: ¿qué me  importa que digan o que no digan?”

En otra parte de sus reflexiones Martí advertía: “esta dichosa libertad de prensa, que por lo esperada y negada y ahora concedida, llueve sobre mojado, permite que hable usted por los codos de cuanto se le antoje, menos de lo que pica; pero también permite que vaya usted al Juzgado o a la Fiscalía,  y de la Fiscalía o el Juzgado lo zambullan a usted en el Morro, por lo que dijo o quiso decir”.

Al final del artículo el maestro proclamaba: “¡Conque al periódico, público amigo!, ¡al periódico, buen diablo!, ¡al periódico lector discreto!, ¡y  lluevan pesetas como llueven diabluras!”.

En el pequeño impreso aparecían algunas escenas mínimas,  no carente de agudo humor y trasfondo crítico, reflejo del acontecer sociopolítico más candente del año:

 

― “¿Señor Castañón?

― ¿Qué hay?

―  Aquí lo busca  a usted la señorita Cuba, que viene a reclamar su   voz, que según  dice, ha tomado usted sin su licencia.

― ¡Ay, cierra, cierra, amigo! Di que me he ido al infierno, que...que qué sé   yo...en fin...mira...como te atosigue mucho, le dices de  mi parte, que pienso mudar de voz, ¿eh? Pero pronto, ¡pronto!

    

    “No sabemos a estas horas si la señorita Cuba entró o no entró. 

      A tiempo avisaremos este fausto acontecimiento”

 

Cuando salió a la luz El Diablo Cojuelo   faltábale a Martí nueve días para cumplir los 16.

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