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El rotativo Patria
sería la obra gloriosa de José Martí en el periodismo.
Fundado el 14 de
marzo de 1892 serviría como arma ideológica del Partido
Revolucionario Cubano: “Nace este periódico ―escribió
en el primer número― por la voluntad y con recursos de
los cubanos y puertorriqueños de New York, para
contribuir, sin premura y sin descanso, a la
organización de los hombres libres de Cuba y Puerto
Rico”.
Pero lo cierto es que
Patria no era su fruto primero en tales lances.
Había creado muchos
años antes ―quizás el antecedente― una
publicación llamada La Patria Libre; saldría a
la luz el 22 de enero de 1869 y en él daría a conocer
su drama “Abdala”, expresión de sus ideas acerca de la
lucha activa.
Pero este tampoco
sería su primera experiencia. Antes, apenas tres días
―el día 19 de enero
del 69― junto a su
amigo Fermín Valdés Domínguez, editó lo que sería su
primera experiencia en las artes de la prensa.
Su título resultó, a
no dudar, un grito sacrílego en la época; el texto,
una muestra de rebeldía latente, pero lista para
aflorar.
El Diablo Cojuelo
―que tal
fue el nombre del impreso―,
fue una especie de volante y se imprimió ―un solo
número― el 19 de enero de 1869 en La Habana, por Fermín
Valdés Domínguez.
Fue en un momento en
que el Capitán General, entonces Domingo Dulce, había
decretado un período de libertad de prensa.
El artículo de fondo
era de Martí y alguno de los sueltos también.
El Diablo...
tenía más valor patriótico que literario o
periodístico; se ha dicho de ese único ejemplar que
son marcas martianas de sus “primeras manifestaciones en
prosa contra el régimen colonial y a favor de la
independencia de Cuba”.
En la portada dejaba claro:
“Nunca supe yo lo que era público, ni lo que era
escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro
que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo a
hacerlo. Poco me importa que un tonto murmure, que un
necio zahiera, que un estúpido me idolatre y un sensato
me deteste. Figúrese usted, público amigo, que nadie
sabe quién soy: ¿qué me importa que digan o que no
digan?”
En otra parte de sus
reflexiones Martí advertía: “esta dichosa libertad de
prensa, que por lo esperada y negada y ahora concedida,
llueve sobre mojado, permite que hable usted por los
codos de cuanto se le antoje, menos de lo que pica; pero
también permite que vaya usted al Juzgado o
a la Fiscalía, y
de la Fiscalía o el Juzgado lo zambullan
a usted en el
Morro, por lo que dijo o quiso decir”.
Al final del artículo
el maestro proclamaba: “¡Conque al periódico, público
amigo!, ¡al periódico, buen diablo!, ¡al periódico
lector discreto!, ¡y lluevan pesetas como llueven
diabluras!”.
En el pequeño impreso
aparecían algunas escenas mínimas, no carente de agudo
humor y trasfondo crítico, reflejo del acontecer
sociopolítico más candente del año:
― “¿Señor Castañón?
― ¿Qué hay?
― Aquí lo busca a
usted la señorita Cuba, que viene a reclamar su voz,
que según dice, ha tomado usted sin su licencia.
― ¡Ay, cierra,
cierra, amigo! Di que me he ido al infierno, que...que
qué sé yo...en fin...mira...como te atosigue mucho, le
dices de mi parte, que pienso mudar de voz, ¿eh? Pero
pronto, ¡pronto!
“No sabemos a
estas horas si la señorita Cuba entró o no entró.
A tiempo
avisaremos este fausto acontecimiento”
Cuando salió a la luz El Diablo Cojuelo
faltábale a Martí nueve días para cumplir los 16. |