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Desde hace algunas
semanas, a partir de su presentación en las jornadas de
la Feria Internacional del Libro, la colección Aire
Frío, de Ediciones Alarcos adscrita a la
revista Tablas, ha puesto en circulación un nuevo
volumen de su serie Teatro cubano actual. En esta
ocasión el título contiene significados que transcienden
la acepción temporal o cronológica de nuestra escena.
Gracias a la
selección de Lilian Manzor y Alberto Sarraín, con la
traducción de este último, los lectores podrán recorrer
una muestra, breve, del itinerario de la dramaturgia
escrita por cubanos en EE.UU.
Podría mirarse como
un libro más que aumenta el grueso lomo de Ediciones
Alarcos. Sin embargo, en él se verifican una
estrategia cultural y una perspectiva de una política a
favor de la inclusión. El mundo editorial de la Isla
nunca había actualizado sus páginas con la obra de los
dramaturgos residentes fuera de Cuba.
Con un agudísimo
prólogo de Manzor en el cual se debaten claves
relacionadas con la emigración más reciente nunca
enunciadas desde la perspectiva de la cultura, Teatro
cubano actual nos da señales claras de una urgente
discusión en torno a la dramaturgia cubana
contemporánea, desde una perspectiva contextual,
temática, estilística, autoral e histórica.
Cinco autores cubanos
colaboraron con el libro: María Irene Fornés, Dolores
Prida, Caridad Svich, Nilo Cruz y Jorge Ignacio Cortiñas.
La conducta de la
vida, de
Fornés, es la pieza que da inicio a este recorrido.
Considerada como la maestra y mentor de muchos de los
autores cubanos en la diáspora, Fornés constituye, junto
con nombres del calibre de Virgilio Piñera o Aberlardo
Estorino, una de las firmas más importantes de la
dramaturgia cubana contemporánea.
La conducta de la
vida, con
un lenguaje que apela a lo experimental en la escena,
opera desde los entresijos de un universo inédito en la
totalidad de la dramaturgia nacional, en ocasiones tan
ensimismada y doméstica. La conducta es, por un
lado en términos temáticos, el resultado de un contacto
con otras realidades, con otras sustancias sensibles
para la creación, el universo compartido por los
inmigrantes, en el cual la violencia militar
institucionalizada es lo cotidiano. Por otro, desde una
perspectiva feminista, podemos decir, junto con Beatriz
J. Rizk en sus anotaciones en el libro, que “estamos
ante una obra sobre la mujer, sobre el proceso de
‘empoderamiento’ que de manera gradual la lleva a
enfrentarse a su destino y a actuar”.
Con Casa propia,
de Dolores Prida, llega el tema de la identidad, de la
reafirmación de quién se es ante lo otro a través de un
humor delirante. Las fronteras de lo propio y lo ajeno,
el tránsito de los valores identitarios en generaciones
diferentes, el conflicto ante la necesidad de la
creación de un espacio autoconservador, el fluido
cultural de la diversidad de emigrantes en una
megaciudad como Nueva York están comprimidos en esta
imprenscindible pieza de Prida.
Caridad Svich se
presenta con honores a través de Cualquier otro lugar
menos este. En el decursar lógico de la lectura del
libro después de haber concluido Casa propia,
Cualquier lugar menos este constituye un momento de
dureza, de amargura profunda. Considerada una de las
alumnas más destacadas de María Irene Fornés, Svich nos
traslada, a través de escenas en las que siempre
aparecen dos personajes —de los cuatro de la obra—, a un
mundo desolado, en declive, arrasador, áspero. El estilo
del lenguaje, entrecortado, apoya también la atmósfera
tirante, de incomunicación entre los dos matrimonios.
D.D. Kugler en sus apuntes advierte: “En las obras que
transcurren en un espacio urbano contemporáneo, Svich
emplea un lenguaje agresivo y malicioso, como una
bofetada producida por los múltiples efectos de los
nuevos medios.”
Del ganador del
Premio Pulitzer, Nilo Cruz, está incluida su pieza
Lorca con un vestido verde. Como dramaturgo poeta,
califica Teresa Marrero a Cruz en el texto que acompaña
la pieza. Y tiene razón. No solamente por ser el poeta
andaluz protagonista de esta obra, sino también por las
imágenes poéticas sugeridas para su montaje. La pieza va
tejiendo a través de citas a la vida y obra de Lorca,
una revistación a la historia, a su asesinato, y lo hace
a través de los cuerpos imaginarios del poeta. De
alguna manera, la pieza dialoga con sus similares
temáticos en la Isla: La dolorosa y triste historia
de Don José Jacinto Milanés, La verdadera culpa
de Juan Clemente Zenea, Rondeles, Manzano,
Catálogo de señales.
Abrázame fuerte
es el título que cierra el arco. Jorge Ignacio Cortiñas,
su autor, toma como pretexto el acto de secuestro para
encerrar en una habitación a cuatro personajes,
secuestrados y secuestradores. Sin embargo, como bien
dice José Esteban Muñoz en el apéndice, “no es una obra
sobre secuestradores y secuestrados. De hecho es una
obra sobre sentimientos que se encuentran en estos
extremos del comportamiento humano”.
Metáfora sartreana en
el que el infierno son los otros, en una cruda historia
de resentimientos, traiciones, vejaciones y relaciones
de poder sensibles a desplazamientos y cambios.
Pero el valor de la
reciente entrega de Alarcos no descansa solamente
en las obras que la contienen. Como dije antes, el nuevo
volumen en la serie Teatro cubano actual rebasa
el acto de “ponernos al día” con respecto a nuestra
dramaturgia. No solo nos advierte sobre la diversidad
temática y estética a nivel de lenguaje y construcción
dramática de las obras producidas fuera de las fronteras
visibles del archipiélago, sino que nos convoca,
especialmente a través de su lúcido prólogo, hacia la
comprensión de un fenómeno cultural que debe ser mirado
no desde la exclusión, sino desde la integridad y
totalidad de esa diversidad, de esa fragmentación. Como
bien dice Manzor “el teatro usanocubano es un teatro
plural, múltiple, diverso, que sí responde, de
diferentes maneras, a disímiles situaciones y momentos
sociopolíticos”.
A este proyecto se ha
llegado después de varias acciones
a favor de la inclusión del teatro de arte concebido en
la diáspora dentro del panorama de la escena nacional. Y
tanto Manzor como Sarraín han sido activistas
principalísimos de ese empeño. (Rine Leal y Carlos
Espinosa, en justicia, han sido también destacados
impulsores de este proceso).
Al parecer se impone
ya la necesidad de convocar a un encuentro que revise,
promueve y fomente el intercambio artístico con
teatristas de la Isla y fuera de ella, dispuestos a un
diálogo cultural a favor de la construcción de una
nación múltiple, una nación que agranda sus orillas.
Por esa razón, lo que
más me interesa destacar de este volumen es el proceso
que lo ha generado y concretado. Contar con esta obra a
disposición de directores, críticos, investigadores,
estudiantes, teatristas y público es de una tremenda
significación cultural e histórica.
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