Año III
La Habana
Semana 2 - 8
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de 2005

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Despiden al Papa en la plaza de San Pedro
AGENCIAS


Cuerpo del Papa trasladado a las Grutas Vaticanas

Con una ceremonia de tres horas, centrada en la resurrección y a la que han asistido decenas de miles de fieles y centenares de mandatarios de más de 200 países, se ha dado en la plaza de San Pedro del Vaticano, frente a la Basílica, el último adiós al Papa Juan Pablo II. El funeral por el Papa ha estado presidido por el responsable de la Doctrina de la Iglesia y decano del Colegio Cardenalicio, el cardenal alemán Joseph Ratzinger, y concelebrado por más de 160 purpurados, situados en torno al altar instalado frente a la entrada a la Basílica, delante del cual se ha colocado el féretro de ciprés donde reposa Karol Wojtyla, cuya vida y Pontificado han sido elogiados por Ratzinger en su homilía.

Miles de fieles invadieron la plaza de San Pedro del Vaticano para asistir al funeral por el Papa Juan Pablo II, en medio de un dispositivo de seguridad sin precedentes que ha blindado el estado papal y la ciudad de Roma. Tras pasar la noche a la intemperie, durmiendo sobre la Via Conciliazione, los peregrinos que quieren dar su último adiós al Papa viajero han ido pasando a la zona acotada para el público en la plaza que da acceso a la Basílica Vaticana. El resto de la plaza está ocupada por las autoridades, más de 200 jefes de Estado y de Gobierno y delegaciones oficiales de todo el mundo que han convertido el acto en la mayor cumbre de la historia.

Presidida por un tapiz de Cristo resucitado colgado a la puerta de la Basílica, la ceremonia ha comenzado con el traslado del féretro del Papa desde el interior de la Basílica hasta el altar situado al frente de la plaza de San Pedro, portado por 12 "sediarios", los antiguos portadores de la Silla Gestatoria, mientras sonaba el Requiem eternam dona ei, Domine: et lux perpetua luceat ei ('Señor dale el eterno reposo y que la luz perpetua resplandezca en el'). Uno de los cardenales ha situado el evangelio sobre el ataúd, al tiempo que llegaba la comitiva de los 164 cardenales oficiantes, todos vestidos de rojo, el color del luto papal, que han besado uno a uno el altar instalado para el funeral. Los últimos han sido Sodano y Ratzinger, que preside la misa en calidad de Decano del Colegio Cardenalicio.

Tras las primeras lecturas y actos litúrgicos, Ratzinger ha comenzado la homilía, en italiano, en la que ha expresado que los sentimientos que embargan en estos momentos son de tristeza total, pero también de alegre esperanza y de profunda gratitud. También ha glosado la vida de Juan Pablo II, diciendo que ha "podido portar una carga más allá de las fuerzas humanas: ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia Universal". El elogio a su vida ha concluido con un recuerdo a sus últimos padecimientos: "No olvidaremos como, en el último domingo de Pascua, el Papa marcado por el sufrimiento apareció en la ventana del Palacio Apostólico y dio una última bendición urbi et orbi. Podemos estar seguros de que nuestro Papa bien amado está en la ventana de la casa del Padre. Nos ve y nos bendice". Así ha concluído la homilía Ratzinger, que ha sido recibida con aplausos y gritos en demanda de la inmediata betificación de Juan Pablo II.

Al final de la misa se procederá al rito de la despedida. El cardenal vicario de Roma, Camillo Ruin, implorará a Dios en nombre de la Iglesia de Roma que acoja en su seno a Juan Pablo II.

Mientras los dirigentes y miembros de las delegaciones de todo el mundo han ocupado sus asientos, las decenas de miles de fieles que han colapsado Roma durante los tres días en que se ha podido visitar la capilla ardiente de Juan Pablo II apuran sus últimas horas en la capital italiana. Desde los campings improvisados en espacios públicos y desde sus sacos de dormir en plena calle, han invadido de nuevo la plaza de San Pedro, que se ha abierto a las 6.30 de la mañana, lentamente, ya que todos han tenido que pasar por arcos detectores y controles de seguridad. La plaza se encuentra ya atestada de fieles, por detrás de los asientos reservados a las autoridades, que se han situado en sus puestos. Los que no han logrado acceder a la plaza, ven la ceremonia desde las 31 pantallas gigantes instaladas por toda la ciudad.

Mientras, en el interior de la Basílica de San Pedro, el cadáver del Papa Juan Pablo II ha sido introducido en un triple ataúd -ciprés, zinc y olmo-, en que será inhumado y su rostro ha sido cubierto con un velo de seda en una solemne ceremonia en presencia del cardenal Camarlengo, Eduardo Martínez Somalo, el Maestro de Ceremonias Pontificias, el arzobispo Piero Marini, que ha leído el Rogito, un pergamino en el que está escrita la vida y obras más importantes de Juan Pablo II. Después de que el Camarlengo rociara el cadáver con agua bendita, en presencia también del secretario privado del Papa, Estanislao Dziwisz, Marini ha introducido en el féretro las medallas acuñadas durante el Pontificado y un tubo de plomo en cuyo interior se colocó el Rogito, tras sellarlo con el sello de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio, el que fuera secretario de estado, Angelo Sodano, el cardenal vicario de Roma, Camillo Ruini, han asistido a la ceremonia. Tras el cierre del ataúd, el féretro será llevado hasta la plaza de San Pedro en una solemne procesión encabezada por Ratzinger y Martínez Somalo, mientras los coros entonan Libera me, Domine, de morte aeterna (líbrame Señor de la muerte eterna).

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